Libro. Cómo crear salud. Deepak Chopra

COMO CREAR SALUD  Deepak Chopra

1 Cómo estar perfectamente sano y sentirse siempre joven

La salud es el estado natural del hombre. La Organización Mun­dial de la Salud la ha definido como algo más que la ausencia de enfermedad. La salud es un estado de bienestar perfecto, a nivel físico, mental y social. A esto se puede agregar el bie­nestar espiritual, un estado en el que la persona siente la ale­gría de vivir a cada momento, así como entusiasmo por la vida: una sensación de realización y una conciencia de armonía con el universo que la rodea. Es un estado en el cual uno se siente siempre joven, siempre vivaz y siempre contento. Este bienes­tar no es sólo posible, sino que también es fácil de lograr. Este libro le enseñará cómo adquirir una salud perfecta y sentirse siempre joven.

  1. Mala salud

Cualquier argumento sobre la salud perfecta tiene que incluir algu­nas palabras sobre lo contrario, la mala salud. A continuación se da una lista de algunos de los problemas más comunes que se encuentran en la práctica clínica cotidiana. Después, en los siguientes capítulos, hablaré sobre estos problemas específi­cos de la mala salud. Les diré cómo la comunidad médica se ocupa convencionalmente de ellos, y los casos en que a ve­ces estoy de acuerdo con ella. Pero también hablaré sobre mi  manera de tratarlos, que con frecuencia difiere de la conven­cional y que, sin embargo, considero más efectiva.  Después de ocuparme de estos problemas comunes, dedico el resto del libro a describir las condiciones necesarias para lo­grar una salud perfecta y mantener la juventud. Para terminar, ex­pongo una técnica mental que hace posible todo esto. Depende de usted, como lector, decidir si la técnica le sirve o no; pero es claro que no puede saberlo si no la prueba. Si es usted una de esas personas que solamente va a leer este libro sin experi­mentar lo que le ofrece, está perdiendo su tiempo. Por otro lado, si usted trata al menos de seguir las sugerencias, entonces siga leyendo y podrá lograr una salud perfecta y una sensación de juventud duradera.  Primero hablaremos sobre los problemas de la mala salud y lo que se piensa de ella, tanto de manera convencional como no convencional. Estas son las diferentes clases de pacientes que veo cada día en mi práctica médica:

  1. Gente con hipertensión, enfermedades cardiovascu­lares y cerebrovasculares; o sea, presión alta, ataques al corazón y apoplejía.
  2. Gente que padece cáncer.
  3. Gente con dolores musculares, artritis. dolor de es­palda y otros trastornos musculoesqueléticos

4 Gente con ansiedad y depresión. con trastornos de sueño (insomnio, más que nada) y diferentes tras­tornos psicológicos.

  1. Gente que sufre los efectos del consumo de alcohol. cigarro y drogas.
  2. Gente con problemas de peso, ya sea de más o de menos, generalmente de más y que se queja: "No como nada, pero no puedo bajar de peso.

7 Gente con fatiga, para la cual no se ha determinado ninguna causa médica, y que se queja: "¿Por qué me siento tan cansado todo el tiempo?"

  1. Gente con diferentes problemas sexuales.
  2. Gente que sufre de estrés y se siente agotada físi­camente.
  3. Gente con problemas glandulares, siendo la diabe­tes el más común.
  4. Gente con problemas gastrointestinales, como dia­rrea, úlceras y diferentes padecimientos relacionados con una mala digestión.
  5. Gente que sufre de diferentes infecciones.
  6. Gente que ha sufrido algún accidente en casa, en el auto o en el trabajo.

Ahora trataremos estos problemas detalladamente, dedicándo­les más atención a aquellos que preocupan más a nuestra so­ciedad.

  1. Presión arterial alta, ataques al corazón y apoplejía

La hipertensión, o presión arterial alta, es un padecimiento muy común que afecta a una gran parte de la población. Si usted tiene 30 años o más, tiene por lo menos una probabilidad en cinco de ser hipertenso. ¿Qué es exactamente la presión arte­rial alta? La presión arterial es simplemente la presión causada por la sangre al pasar por las venas y arterias. Generalmente se mide en milímetros de mercurio, mediante un instrumen­to llamado esfigmomanómetro, una especie de brazalete que se infla alrededor de la parte alta del brazo. A la presión que se toma cuando el corazón está contraído se le llama presión sistólica, y normalmente debe indicar menos de 140 mmHg. A la presión que se toma cuando el corazón se encuentra relajado se le llama diastólica, y debe indicar menos de 90 mmHg. En otras palabras, se dice que la presión arterial normal debe mantenerse en menos de 140/90. Cuando la presión arterial se eleva más de 140/90 le llamamos hipertensión, tomando en consideración que co­múnmente la presión arterial aumenta con la edad.

La hipertensión es nociva y debe tratarse, pues daña los ór­ganos vitales, entre ellos el corazón, los riñones y el cerebro. Si no se trata, puede causar un fallo en el corazón o en los riño­nes, así como una apoplejía y, por lo tanto, acortar la vida. ¿Cuál es la causa de la presión alta? En la vasta mayoría de los casos, los investigadores médicos no han sido capaces de determinar la causa exacta de la presión arterial alta. En más del 90% de los casos de presión alta no se ha podido determinar la causa con claridad.

Sin embargo, se han hecho observaciones interesantes al res­pecto. Primero, hay pruebas de que algunos estímulos psicoló­gicos anormales pueden jugar un papel importante en el origen de la hipertensión. Animales que han sido expuestos a un es­trés crónico, de manera experimental, pueden volverse hiper­tensos. Asimismo, frecuentemente encontramos estrés psicológi­co en los pacientes con presión arterial alta. Por otra parte, los sedantes y los tranquilizantes se han venido usando con buen resultado en el tratamiento de algunas clases de hiperten­sión. De modo que la mayoría de los médicos asocian el estrés, sobre todo el psicológico, con la hipertensión, aunque para ellos es una especie de “intangible tangible". Hablaremos más ade­lante de algunos de los factores de la personalidad que más fre­cuentemente se encuentran en gente que padece tensión nerviosa. Otro factor bastante implicado como causa de la presión alta es el consumo de sal. La gente, así como los animales, se pue­de volver hipertensa al incluir en su dieta un alto consumo de sal. (Dedico todo el capítulo 6 a debatir el papel del alimento en la causa y prevención de las enfermedades, en vista de que es un tema vital.)

Recientemente, se ha desarrollado un gran interés en el pa­pel que juegan las hormonas en la hipertensión. Las hormonas son sustancias químicas producidas por estructuras glandulares en varias partes del cuerpo, y que afectan otras partes de la fi­siología, distantes del lugar en donde estas hormonas se pro­ducen. En otras palabras, las hormonas son mensajeros quí­micos. Entre las hormonas que pueden ser alteradas en casos de hipertensión, se encuentran el cortisol, la adrenalina, la al­dosterona y la renina. No es importante que usted se apren­da todos estos nombres o qué función tienen estas hormonas. Lo que sí es un hecho de importancia es que la concentración de ciertas sustancias químicas en la sangre se altera en perso­nas con hipertensión. En realidad, se piensa que la hiperten­sión que provoca el estrés es activada por estas hormonas; que son sustancias tangibles a través de las cuales lo intangible del estrés afecta al cuerpo. Los doctores opinan que algunas emo­ciones, como la ansiedad, el miedo y la ira, causan alteraciones en ciertas sustancias químicas del cerebro. Estas sustancias quí­micas, o neurotransmisores como se les llama, pueden influir, a su vez, en la secreción de hormonas tales como la adrenocor­ticotrofina de la pituitaria, una glándula que se encuentra en la cabeza. Estas hormonas por su parte, estimulan las glándulas suprarrenales que se encuentran sobre los riñones, las cuales de inmediato segregan hormonas en la sangre, tales como el cor­tisol y la adrenalina, elevando de este modo la presión arterial. Aquí tenemos sólo un ejemplo de un fenómeno reconocido co­mo mecanismo clave en el origen de los procesos de la enfer­medad. Este fenómeno es la transformación de una emoción o de un pensamiento en un mensaje químico, el cual, a su vez, estimula un órgano distante. Es la primera aparición de lo que yo llamo la conexión psicofisiológica.

Debido a que la conciencia de los médicos y científicos está tan orientada hacia la enfermedad, la mayor parte de las investigaciones, hasta este momento, han sido canalizadas para ad­quirir un mayor conocimiento sobre los mecanismos que la producen. Sin embargo, suena muy lógico para nosotros dirigir la atención hacia la otra dirección, y decir que las emociones positivas deben tener influencias saludables de apoyo vital al or­ganismo. Se prevé que en el futuro los biólogos estudiarán la alteración que ocurre en los neurotransmisores cuando se ex­perimentan pensamientos positivos como el amor, la compa­sión, la paz, el valor, la fe y la eperanza. Lo que necesitamos conocer más a fondo es el camino exacto que sigue un pensa­miento para transformarse en una molécula del cuerpo. Recien­temente se ha hecho una observación muy importante; ésta nos muestra que algunas hormonas de las cuales antes se creía que solo estaban presentes en la corriente sanguínea, se encuentran, en concentraciones muy significativas, en el tejido cerebral. Por ejemplo, la renina, una hormona secretada por los riñones e implicada en el daño orgánico que ocurre con la hipertensión, también se encuentra en el tejido cerebral. Ahí se asocia con otras hormonas y con los propios neurotransmisores del cere­bro, siendo los más comunes: la dopamina, la serotonina, la epi­nefrina y la norepinefrina. Dejando los nombres a un lado, estas sustancias cerebrales son, justamente, sustancias químicas que se encuentran íntimamente ligadas con los pensamientos. Entonces, es sólo cuestión de tiempo que los biólogos logren identificar y demostrar que los cambios en los patrones de pensamento de una persona, tal vez una súbita emanación de afecto o el recuerdo de un familiar querido, producen cam­bios en los niveles hormonales, así como en otras sustancias quí­micas del cerebro y de las células del cuerpo. En el capitulo 35, examinaré las magníficas y a la vez sencillas tecnologías que ya existen en el área fascinante de la coordinación entre la mente y el cuerpo. De hecho, podemos usarlas para modificar nues­tros patrones de pensamiento y nuestras emociones en una di­rección favorable, afectando directamente al cuerpo de igual manera.

Métodos actuales para el tratamiento de la hipertensión y sus limitaciones

Terapia con medicamentos. La mayor parte de los doctores em­plea diferentes clases de medicamentos para tratar la hiperten­sión. La razón de esto tiene dos aspectos. Primero, las medicinas son la solución más fácil y rápida, tanto para el paciente como para el doctor. En una economía que está diseñada para la pro­ductividad y en una época en la que el propósito de los médi­cos y de la gente en general es el de lograr lo mayor posible con el menor esfuerzo, es más fácil para el médico escribir una receta que sentarse con el paciente y tratar de discutir todas las razones por las cuales puede éste ser hipertenso y los cambios necesarios en su estilo de vida para que su presión arterial baje. Además, en la mayoría de los casos, los pacientes no están dis­puestos a cambiar ni sus hábitos de vida ni su dieta. Es mucho más fácil tragarse una pastilla, un par de pastillas o, como vere­mos más adelante, un montón de pastillas y seguir con nues­tros asuntos. La segunda razón por la que los medicamentos son el méto­do terapéutico más popular en el tratamiento de la hiperten­sión es que son eficaces y algunos de ellos muy eficaces. Vivimos en una sociedad que demanda soluciones instantáneas a todos los problemas, sin importar a costa de qué. La industria farma­céutica, respaldada ampliamente por la comunidad científica, ha empleado años y años de investigaciones, así como millo­nes de dólares, para desarrollar algunos de los fármacos más eficaces en el tratamiento de la hipertensión. Si las pastillas son tan eficaces y tan fáciles de tomar, entonces, ¿cuál es el problema? La terapia a base de medicamentos tiene sus problemas y sus limitaciones:

  1. Las medicinas son caras. El costo de las investigaciones para encontrar mejores productos se le pasa, obviamente, al con­sumidor. Algunos medicamentos para combatir la hipertensión cuestan en estos días hasta un dólar por pastilla, la cual, en oca­siones, se tiene que tomar varias veces al día de por vida.
  2. Todos los medicamentos, sin excepción, tienen efectos se­cundarios. No existe una píldora perfecta. Es larga la lista de algunos de los efectos secundarios más comunes asociados con los medicamentos para tratar la hipertensión: fatiga, boca seca, vista borrosa, alteración del sentido del gusto, deficiencia sexual frecuentemente en la forma de impotencia, en el hombre), ma­reos, falta de concentración y de memoria, daño al hígado, ri­ñones, médula espinal, así como una lista de alteraciones emocionales que van desde la irritabilidad hasta la depresión severa, La lista se hace aún mayor cuando se consideran efec­tos secundarios menos comunes, pero, aun así, reconocidos. Muchos pacientes aprenden a vivir con algunos de los efectos secundarios relativamente "menores" o menos serios, tales como un poco de fatiga (todo el tiempo) y boca seca. Sin embar­go, algunas personas rehúsan tornar medicinas porque no pueden tolerar sus efectos secundarios, aun cuando se dan cuen­ta de que la hipertensión amenaza su vida y la duración de és­tos. En lenguaje médico a este rechazo por parte de los pacientes se le llama "falta de cumplimiento" y aunque a menudo se con­sidera que no está en las manos del médico, de hecho, esta si­tuación es uno de los mayores problemas en el tratamiento de la hipertensión.
  3. Los medicamentos deben tomarse de por vida, pues no son una cura real y a la gente le disgusta la idea de depender de algo el resto de su vida. (Este es uno de los mayores proble­mas en el tratamiento de enfermedades como la diabetes o glau­coma, en donde se les indica a los pacientes que tomen su medicina cada día y de por vida.)
  4. La tolerancia a los medicamentos o taquifilaxia, se vuelve un problema con el tiempo. Es un fenómeno frecuentemente observado en biología y se dice que ocurre cuando al usar con­tinuamente determinado medicamento éste deja de ser eficaz, o cuando cada vez se requiere de mayores dosis para producir el mismo efecto. Frecuentemente, en el tratamiento de la hi­pertensión un medicamento deja de ser eficaz después de su uso continuo, y producir el efecto biológico deseado hace ne­cesarias dosis mayores; con la probabilidad, claro, de que los efectos secundarios aumenten también. Por lo tanto, vemos que hay muchas desventajas en el uso de medicamentos para tratar la presión alta. ¿Cuáles son los me­dios no farmacológicos para tratar la hipertensión?

Dietas para la hipertensión. Se ha verificado muy bien la re­lación entre la presión alta y el alto consumo de sal, que ya he­mos mencionado. Se ha comprobado que disminuir el consumo de sal en la dieta, incluso hasta el punto de eliminarla totalmen­te, es un medio eficaz para bajar la presión arterial, particular­mente si ésta no se encuentra muy elevada. La mayoría de los médicos les advierten a sus pacientes sobre el peligro del alto consumo de sal, pero, como sus hábitos alimenticios están pro­fundamente arraigados a lo largo de su vida, a muchos de ellos se les hace muy difícil seguir hasta esta simple recomendación.

Otros aspectos de nuestra dieta usual han sido considerados como posibles causas de la presión alta. Algunos de los más pro­bables son: 1. La gran cantidad de grasas saturadas que se en­cuentran en cualquier dieta que contenga mantequilla, crema y grandes cantidades de carne; 2. El uso de hormonas como el estrógeno y sustancias químicas relacionadas, que se ha vuelto una práctica muy común en la industria alimenticia de ganado, falta de fibra de cualquier dieta a base de comida proce­sada, en lugar de granos integrales, frutas y verduras. Para los pacientes dispuestos a cambiar sus hábitos alimenticios existen muchas maneras de combatir la hipertensión. Los defensores de la dieta macrobiótica y de la Pritikin son particularmente no­torios; pero asimismo, sin tanta publicidad, muchos médicos previsores y muchas instituciones médicas han adoptado trata­mientos dietéticos similares. La táctica básica en todas estas dietas es reducir la sal, las grasas animales, la leche entera y el azúcar y harina refinada, favoreciendo el pollo, el pescado, la leche descremada, los granos enteros y las frutas y verduras ricas en fibra. Puesto que nuestros malos hábitos alimenticios han estado relacionados con casi todas las enfermedades cau­sadas por nuestro modo de vivir, las cuales atormentan a socie­dades prósperas de todo el mundo, estas dietas pueden ser efectivas naturalmente, sobre todo en casos leves y moderados de hipertensión. Sin embargo todas las dietas tienen el mismo inconveniente: que los pacientes las encuentran muy difíciles de seguir, aun sabiendo que es imperativo para su salud que lo hagan. El he­cho de comer, que debe ser natural y placentero, entra en la categoría de “órdenes médicas" y en cada comida existe la ame­naza de dañar nuestra salud si algún platillo se nos hace irresis­tible. Los pacientes, en este caso, no sólo son imprudentes. ya que profundizando un poco, no es nada saludable comer con tensión, presión y falta de naturalidad. Aunque algunos casos de hipertensión ciertamente requieren de una dieta terapéutica controlada y sensata, lo más necesario es regresar a un estado en el cual, antes que nada, se pueda confiar en que nuestro organismo ingiera el alimento apropiado. El hecho básico en el cual queremos apoyarnos para vivir es que nuestros cuerpos sepan lo que es bueno para ellos. Para vivir de esta manera, necesitamos una técnica que cultive buenos hábitos y elimine los malos espontáneamente. El paciente necesita cambiar sin darse cuenta del cambio y eso quiere decir que el modo de ha­cerlo debe estar a un nivel más profundo que el de las buenas intenciones.

Técnicas mentales. ¿Son las técnicas mentales la respuesta? Muchas maneras de tratar la hipertensión se han popularizado recientemente. Entre las más notables se encuentran la biorre­troalimentación, diferentes clases de relajación y técnicas de visualización y meditación.

La biorretroalimentación es una técnica en la que al paciente se le pone un aparato en el brazo que transmite su presión san­guínea. En un tablero de instrumentos puede ver las fluctuaciones espontáneas de su presión sanguínea. De esta manera puede aprender a subir o a bajar su presión, simplemente con en he­cho de desear que ésta fluctúe en cualquier dirección. Por me­dio de la información continua que obtiene el paciente del tablero de instrumentos, aprende a influir en una función corporal que normalmente es autónoma, o sea, que se autorregula de ma­nera espontánea, sin necesidad de nuestra atención. Este es un ejemplo muy claro de cómo la ciencia médica está usando la conexión psicofisiológica: un deseo es canalizado en una respues­ta fisiológica. En la práctica, sin embargo, la biorretroalimentación actualmente disponible no es un medio muy efectivo de controlar la hipertensión más o menos severa. No obstante, el simple hecho, ya demostrado, de que una persona puede cambiar su presión sanguínea simplemente con desearlo, es, en sí, una observación fascinante y de mucha importancia. Establece ade­más otro ejemplo de cómo los pensamientos se convierten en efectos fisiológicos. Todo mundo está familiarizado con la ma­nera en que los sentimientos eróticos, los pensamientos de te­mor, o las emociones, inmediatamente despiertan al cuerpo, y a veces con un poder y una velocidad fantásticos. Por lo tan­to, no debe sorprendernos que una serie mucho mayor de pen­samientos y emociones puedan provocar otras respuestas fisiológicas aun en los niveles más sutiles del cuerpo. Puede ser que la biorretroalimentación nos haya desilusionado porque el paciente depende demasiado de la máquina; se ha tratado de producir por medios artificiales lo que él podría aprender mejor teniendo contacto con una fuente más profunda dentro de sí mis­mo. Lo esencial que hay que aprender de los estudios de bio­rretroalimentación es que nosotros podemos cambiar nuestra presión sanguínea, o cualquier otra función autónoma, cambian­do nuestros patrones de pensamiento. Debido al gran interés que existe en el control del estrés, hay un gran mercado de técnicas de relajación. Algunas de estas técnicas trabajan en un nivel burdo, manipulando el cuerpo directamente; otras técnicas emplean una secuencia de ejercicios de relajación que se combina con pensamientos o sugerencias tranquilizantes, mientras otras dependen de la habilidad mata del cuerpo para relajarse cuando se encuentra en un estado de ánimo adecuado (popularizado como “la respuesta a la relaja­ción"). Se ha comprobado que algunas de estas técnicas son efectivas en el tratamiento de la presión alta, pero su utilidad se limita por el momento a tratar la hipertensión leve. A menu­do, este método tiene el mismo inconveniente que la biorre­troalimentación: la técnica baja la presión sanguínea mientras se practica, pero los efectos benéficos no permanecen después o fallan al no poder neutralizar los resultados de situaciones ten­sas que elevan la presión sanguínea súbitamente, la cual perma­nece así en algunas personas. Además, como cualquier técnica de relajación debe seguirse fielmente y practicarse todos los días (a veces varias veces al día), mucha gente encuentra que el sim­ple aburrimiento no les permite seguir con el programa. La visualización es una variante de las técnicas de relajación que opera directamente a través de la mente. Se le pide al suje­to que visualice con los ojos cerrados una escena tranquila y serena. La visualización tiene la ventaja de poder emplearse a cualquier hora y en cualquier lugar. Como técnica ha demos­trado ser útil en casos de hipertensión leve. Estudios a largo plazo han demostrado que la meditación, efectuada con regularidad, reduce efectivamente la presión al­ta. Los resultados variables encontrados en algunos estudios de­ben originarse en la noción, común en los círculos médicos, de que todas las formas de meditación son semejantes. Según mi experiencia, la técnica de meditación más prometedora es la Me­ditación Trascendental o MT. Incluso es la más fácil y la que más se practica en Estados Unidos. La gente que practica la técnica MT regularmente no desarrolla hipertensión. Comparada con las técnicas de relajación, la Meditación Trascendental muestra resultados más duraderos y acumulativos, la presión sanguínea se conserva baja aun después de la meditación, y la gen­te está contenta de practicarla año con año. Obviamente, la meditación correcta actúa desde un nivel muy profundo dentro de nosotros; así que regresaré a este tema para comentarlo más ampliamente, después de desarrollar por completo el de la co­nexión psicofisiológica.

Prevención general. Como la causa de la hipertensión se des­conoce en la mayoría de los casos, no se ha determinado nin­gún método exacto para su prevención. Sin embargo, se sabe muy bien que ciertos factores de alto riesgo conducen a una ma­yor probabilidad para desarrollar la enfermedad. Si usted tiene algunos kilos de más, si fuma, si no hace ejercicios con regula­ridad o si existen casos de hipertensión en su familia, entonces se considera que usted tiene un riesgo mayor de volverse hi­pertenso. Los tratamientos y regímenes que hacen que los pa­cientes pierdan peso, dejen de fumar y practiquen aerobics regularmente, han demostrado ser muy efectivos para reducir la hipertensión. No obstante es cuestión de saber nuevamente los cambios que la persona está dispuesta a hacer en su mane­ra de vivir, y si puede seguirlos el resto de su vida.

En esta sección he mencionado brevemente las opiniones ac­tuales acerca de las causas, consecuencias y tratamientos para la hipertensión. Obviamente, la mayoría de los métodos no son ideales. Como tentativa para llevar una vida normal y espontá­nea, muchos se encuentran muy lejos de ser considerados idea­les. ¿Cuál es la respuesta? ¿Existe algún medio para prevenir la hipertensión y curarla una vez que ocurre? Creo que la res­puesta se encuentra en un mejor entendimiento de nosotros mis­mos. Para eso, debemos entender primero qué significa “nosotros mismos". ¿Quién o qué es "el yo"? Una respuesta más clara empezará a vislumbrarse a medida que sigamos des­cubriendo el estado de salud en su más profundo nivel.

Enfermedades del corazón y ataques cardiacos

Las enfermedades de las coronarias son el asesino número uno tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo occiden­tal. Esta enfermedad implica un endurecimiento de las arterias coronarias, que son los vasos sanguíneos que llevan el oxígeno al corazón. Cuando se bloquean debido a depósitos endureci­dos de colesterol, se priva de oxígeno al músculo cardiaco, y esto provoca la muerte de dicho músculo; se llama, también, infarto del miocardio (término médico común para ataque al co­razón). Por supuesto, un ataque severo al corazón tiene como resultado la muerte, generalmente unas horas más tarde. ¿Cuá­les son los factores más comunes que implican un riesgo y que se asocian con los ataques al corazón?

  1. Obesidad. La gente gorda tiene más probabilidades de su­frir un ataque al corazón que la gente delgada.
  2. La hipertensión. Riesgo serio, del cual he hablado amplia­mente en la sección anterior.
  3. Estrés. El estrés psicológico está considerado como un im­portante factor de riesgo, en las enfermedades del corazón. Al­gunas autoridades en la materia hasta perfilan un cierto tipo de personalidad, llamado tipo A, el cual está más predispuesto de lo normal para adquirir enfermedades arteriales. La gente del tipo A (generalmente hombres) es agresiva, impaciente. tensa, difícil de manejar. Siempre tratando de cumplir con fechas lími­tes e incapaces de permitirse estar relajados, su enfermedad pri­mordial es estar siempre de prisa. Investigadores médicos se han preguntado si realmente existe una personalidad tipo A bien de­finida; pero de lo que no hay duda es de que la hostilidad, el miedo o cualquier estrés psicológico suficientemente poderoso puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiacas. (Un ejemplo es el dramático caso que relato en el capítulo 13, en el cual tales emociones llevaron directamente a un infarto cardiaco.)

4, Colesterol elevado. Altos niveles de colesterol en la san­gre; también se llama hipercolesterolemia. Se encuentra más frecuentemente de lo normal en gente con enfermedades de las coronarias. El colesterol es una sustancia química (un lípi­do) que se encuentra en ciertos alimentos, así como en nuestra sangre. La gente que come muchos alimentos altos en coleste­rol, como huevos y carne roja, tiende a desarrollar un alto nivel de este lípido en la sangre; por lo tanto, es evidente que este riesgo se relaciona directamente con la dieta. Ciertas investiga­ciones han demostrado que el ingerir una gran cantidad de ali­mentos ricos en colesterol aumenta por lo general el riesgo de endurecimiento de las arterias.

  1. Fumar. Los fumadores están más propensos a sufrir ata­ques al corazón y cáncer que los que no fuman. Tomemos sólo tres factores de alto riesgo: presión alta, colesterol alto y cigarro; las probabilidades de sufrir un ataque al corazón casi se duplican cuando cualquiera de ellos está presente en el perfil médico de una persona, se cuadruplican si dos de ellos están presentes, y se multiplican por ocho si se encuentran los tres presentes.
  2. Falta de ejercicio. Los ataques al corazón ocurren más fre­cuentemente en personas inactivas y en aquellas que llevan una vida casi sedentaria.
  3. Otros factores de alto riesgo más específicos incluyen la genética, el riesgo es mucho mayor si ya existe alguien en la familia que haya sufrido ataques al corazón, la diabetes fuera de control y la vejez. El hecho de haber nacido varón ha sido también un factor clásico de riesgo; pero esto está cambiando lentamente, a medida que las mujeres se exponen a los privile­gios del mundo del hombre, como el fumar, la obesidad, la inac­tividad y las tensiones del tipo A.

Es obvio que la mayoría de estos factores de alto riesgo se encuentran bajo nuestro control. Nosotros podemos controlar la obesidad, fumar, la falta de ejercicio, el estrés y la presión arte­rial alta. Así que las enfermedades de las coronarias se pueden prevenir. Sin embargo, el índice de este mal está declinando muy lentamente. ¿Cómo es que algunos de nosotros logramos con­trolar estos factores de alto riesgo y otros no? Pienso que la respuesta surgirá sólo por medio de un mejor conocimiento de nosotros mismos. Al descubrir exactamente qué es "el yo", encon­traremos la solución para adquirir autocontrol; pero no ese autocontrol superficial y perjudicial del tipo A, sino el autocontrol se­guro, espontáneo y relajado que forma parte de la salud perfecta.

Apoplejía

El mismo endurecimiento y deterioro de los vasos sanguíneos que causa los ataques al corazón causa también apoplejía; pero en este caso el área afectada es el cerebro. La apoplejía ocurre cuando uno de los vasos sanguíneos que va al cerebro se blo­quea o se rompe. La severidad del daño cerebral resultante de­pende de qué tan serio fue el bloqueo o el sangrado. Ataques leves de apoplejía pueden causar debilidad muscular, visión bo­rrosa, falta de claridad en el habla y otros defectos de los senti­dos. Ataques severos de apoplejía pueden causar parálisis o hasta la muerte. Una vez que una persona ha sufrido un ataque de apoplejía, el único tratamiento posible es la terapia física para restaurar las funciones deterioradas o perdidas. A pesar del gran progreso en esta clase de tratamiento, la recuperación total de un ataque severo es muy rara. La única manera razonable es prevenir di­cha situación. Las causas de la apoplejía están ligadas en general a enfer­medades del sistema cardiovascular, por lo que la sección an­terior sobre enfermedades del corazón concierne a la apoplejía también. Una vez más, el fumar, la hipertensión, la vejez, y el hecho de que haya una herencia de apoplejía en la familia, crean riesgos particularmente altos; pero cualquier factor que contri­buya a la aparición de arteriosclerosis, o bloqueo arterial por depósitos grasos, también implica un peligro de apoplejía.

  1. Cáncer

Cáncer es el término que define un crecimiento anormal de células en el cuerpo. Las células anormales invaden el tejido nor­mal y se esparcen a otros órganos, causando un funcionamiento impropio y, finalmente, la muerte de dichos órganos. Se esti­ma que uno de cada cuatro norteamericanos desarrollará en el organismo alguna clase de cáncer durante su vida. A pesar de que la causa exacta de cáncer a nivel molecular no se ha defini­do todavía, en general se coincide en que existen muchas cla­ses diferentes de cáncer, y se ha identificado a ciertos agentes exteriores como causa de algunos de ellos.

Causas del cáncer

  1. Está bien establecido actualmente que ciertos virus pue­den producir cáncer. Por ejemplo, del virus EB, que general­mente es el agente infeccioso de la mononucleosis (enfermedad infecciosa común, popularmente llamada “mono"), se ha com­probado que produce el linfoma de Burkitt, cáncer específico de las glándulas linfáticas. Es, también, una causa del cáncer nasofaríngeo, que afecta la nariz y la cavidad existente entre la boca y el esófago. Obviamente, no a toda la gente que contrae mononucleosis le da cáncer. De hecho, sólo una mínima pro­porción de la gente que está expuesta a este virus desarrolla cán­cer. ¿Por qué un virus puede causar cáncer en cierta gente y en otra no? La razón exacta se desconoce. Sin embargo, pare­ce que algunas personas son más propensas a contraer cual­quier enfermedad, incluyendo el cáncer.

Algunos factores propicios se encuentran involucrados en es­to, incluyendo un estado llamado inmunosupresión. Este tér­mino denota una inmunidad deficiente o una pérdida de la habilidad del cuerpo para pelear contra una enfermedad, generalmente una infección o un cáncer. ¿Qué puede causar la supresión del sistema inmunológico? Varios factores se encuen­tran implicados, incluyendo los virus, el uso de drogas y una mala nutrición. En algunos casos, dicha supresión ocurre por­que el cuerpo produce las clases erróneas de anticuerpos, los cuales fallan al distinguir entre los agentes exteriores nocivos y las propias células del cuerpo. Cuando esto pasa y los mecanis­mos de defensa del cuerpo no pueden distinguir entre lo que es suyo y lo que no, la resistencia a los organismos invasores dismi­nuye y esto puede dar como resultado una infección o un cáncer. Cualesquiera que sean las causas, a nivel celular o químico, esta­mos viendo, una vez más, que nuestro conocimiento del “yo" es muy importante.

Carcinógenos. Varios agentes carcinógenos (que producen cáncer) han sido aislados en ciertos alimentos, en el medio am­biente de trabajo de ciertas ocupaciones y en sustancias quími­cas específicas. Una lista de los más comprobados incluye:

  1. El hecho de fumar, que está ligado con el cáncer del pulmón, de boca y de los bronquios. y está asociado con el cáncer de la vejiga.
  2. Los asbestos, que como se sabe producen cáncer en los pulmones.
  3. El cloruro vinílico, que causa cáncer en el hígado.
  4. El uranio, que está ligado con el cáncer del pulmón.
  5. Los tintes de la naftalina, que producen cáncer en la vejiga.
  6. Los nitratos y nitritos de la clase que se usa rutinaria­mente para preservar carnes, y que están muy impli­cados en el cáncer estomacal e intestinal.

Ciertas hormonas y drogas, incluyendo algunas que se usan para tratar el cáncer, pueden causarlo también. La exposición a cual­quier tipo de radiación nuclear, a un exceso de luz solar o a un exceso de rayos X son algunas causas conocidas del cáncer; lo mismo que una infinidad de agentes industriales, desde el hollín común de las chimeneas, hasta el arsénico, el alquitrán de carbón y los líquidos usados para lavar en seco. Los carci­nógenos, en combinación, hacen que el riesgo de desarrollar cáncer sea aún mayor; en particular, el humo del tabaco y los asbestos aumentan en gran medida el peligro de otros carcinó­genos y de sí mismos.

Además de estos carcinógenos comprobados, algunos alimen­tos están ligados al cáncer tan profundamente como para ha­cerlos bastante sospechosos. De hecho, el cáncer es considerado cada vez más como una enfermedad causada por nuestro esti­lo de vida, y que puede prevenirse tan sólo con cambiar nues­tros hábitos; por ello, se está dando bastante atención a la clase de dieta que puede reducir las probabilidades de desarrollar di­cha enfermedad. Vea la siguiente sección de este capítulo, don­de trato detalladamente esta iniciativa tan importante.

Otras causas posibles. La gente propensa a desarrollar cán­cer pudo haber heredado esa tendencia, aunque aún se desco­noce dicho mecanismo. Por medio de su ADN,  todas las células heredan la habilidad de reproducirse normalmente. Cuando esta capacidad, regulada por ellas mismas, se pierde, y una célula comienza a multiplicarse incontroladamente, dicha célula está, en efecto, engendrando su propia línea de células "inmortales". En el corazón de la célula, una pequeña porción del código genético se ha convertido en un oncogéno cancerígeno. Dicha célula se reproduce de manera violenta e inútil, destruyendo otras células que son útiles. En general, este me­canismo se ha comprendido perfectamente en la actualidad. El problema es cómo asociar un proceso a nivel genético, con un medio ambiente más grande, como es el del aire, el agua, los alimentos y las cualidades hereditarias. Se tiene un gran interés en el estrés, por el papel que puede jugar en el desarrollo del cáncer. Nuestras células son capaces de reaccionar ante el estrés en una forma directa y muy pode­rosa. El estrés es interno y no externo, como piensa la gente por lo común. La percepción de una demanda exterior que se le hace al cerebro o a cualquier otra parte del cuerpo es el ver­dadero estrés, es una reacción no específica. Como resultado de esta reacción a la tensión, ocurren cambios en el sistema musculoesquelético, en el nervioso, en el endocrino (responsable de hormonas importantes) y también en el sistema inmunológi­co. Todavía no se sabe exactamente cómo se relaciona el es­trés con el cáncer. Algunas teorías actuales sostienen que el estrés libera hormonas de la pituitaria, como la ACTH, que a su vez causa la liberación de otra hormona, el cortisol, de las glándu­las suprarrenales. Se sabe que el cortisol disminuye la inmunidad del cuerpo ante la enfermedad, porque inhibe la producción de anticuerpos y de las "asesinas" células "T", producidas por el timo, que son las responsables en el sistema inmunológico de vigilar las enfermedades. El resultado final cuando seguimos esta cadena de sucesos, desde el estrés hasta la disminución de la reacción inmunológica, es que, según los investigadores, el organismo se vuelve más susceptible a los virus y a los carci­nógenos.

En un nivel más generalizado, con sólo observar a sus pa­cientes, algunos doctores creen que existe una asociación defi­nitiva entre el estrés psicológico y el desarrollo del cáncer. Ya sea que el cáncer sea causado por la presencia de hormonas que producen estrés en la sangre, o no, parece significativo que la enfermedad aparece en personas solteras, viudas o divorcia­das, más a menudo que en las casadas y se sabe que el estrés es mucho mayor en la gente soltera. Los perfiles de personalidad de los pacientes con cáncer pueden mostrar también que esa gente tiene tendencia a reprimir las emociones fuertes y a tomar la posición habitual de no permitirse una libre expresión en la vida. De algún modo, una situación interna excitada por el estrés y que no tiene una salida viable, hace a una persona propensa al cáncer. Creo que esto es muy importante cuando pensamos en una estrategia para prevenirlo.

Medios actuales para tratar el cáncer

No existe ningún tratamiento completamente satisfactorio. Las opciones actuales son las siguientes:

Cirugía. Si el tumor canceroso se limita a un solo órgano o solamente a una porción de él, entonces, puede haber una cura el extraer dicho órgano o la parte enferma; pero esto sucede muy rara vez. El procedimiento quirúrgico es a menudo muti­lante, causa de pena y angustia para los pacientes y puede dar como resultado severos impedimentos por haber extraído del cuerpo un órgano funcional.

Radiación. Algunas células cancerosas mueren al ser expues­tas a la radiación o rayos X en dosis altas. El problema, por su­puesto, es que la radiación también daña, al mismo tiempo, las células normales y sanas. El tratamiento puede causar efectos secundarios devastadores y debilidad en el paciente, quien se siente mal y sin fuerzas. Por lo general, la radiación no cura el cáncer realmente.

  1. Es el tratamiento con medicamentos, y es efi­caz en ciertos tipos de cáncer. Sin embargo, dichos medicamen­tos se encuentran asociados a menudo con efectos secundarios debilitantes y devastadores, como la pérdida del cabello, la im­potencia, la esterilidad, la náusea y el vómito. Al causar supre­sión en el sistema inmunológico, del que ya hablamos, la quimioterapia también puede hacer al paciente más susceptible a otros tipos de cáncer.

Técnicas mentales y remisión espontánea del cáncer

En las investigaciones médicas se está aprendiendo cada vez más acerca de la relación que existe entre mente y cuerpo en dife­rentes enfermedades, y el cáncer no es ninguna excepción. Un fenómeno raro, pero muy bien conocido entre pacientes que tienen cáncer es "la remisión espontánea", o sea, una comple­ta recuperación del cáncer por razones desconocidas. Los mé­dicos que tratan pacientes con cáncer, regularmente saben muy bien que a aquellos que tienen una actitud fuerte y positiva les va mucho mejor que a los que tienen una actitud negativa y que afrontan su enfermedad con un sentimiento de desamparo y desesperación.

En un estudio hecho en 1975 por el doctor Carl Simonton, especialista en cáncer, se examinó la actitud de 152 enfermos de ese mal, así como el curso del tratamiento. La respuesta de cada paciente al tratamiento fue catalogada en una gama que iba desde "pobre" a "excelente". Veinte pacientes mostraron una respuesta excelente a sus tratamientos. Cada uno de éstos mostró también una actitud catalogada como positiva. La si­tuación de 14 de ellos era muy mala al principio y hubieran teni­do menos del 50% de probabilidades de sobrevivir por cinco años, según las estadísticas disponibles.

Veintidós pacientes respondieron muy pobremente al curso del tratamiento. Además, todos ellos mostraron actitudes ne­gativas con relación a su situación. Esas actitudes positivas o negativas son básicamente extensiones de proceso de pensa­miento positivo o negativo. Las actitudes positivas generan las poderosas emociones de fe, esperanza, valor, felicidad y creen­cia. Yéndonos al otro extremo, las actitudes negativas generan sentimientos de miedo, hostilidad, desamparo y desesperación, que son igual de poderosos. Por lo tanto, la actitud no es algo que se pueda considerar superficialmente. La diferencia entre actitudes positivas y negativas, en la medida en que afectan la habilidad del cuerpo para sobreponerse a una crisis, es como tener dos enfermedades diferentes. A una la llamamos curable, a la otra, incurable.

¿Pueden crearse las actitudes positivas o ya existen por natu­raleza? Varias técnicas mentales, incluyendo las terapias de vi­sualización, se muestran prometedoras y serán un elemento adicional para el tratamiento del cáncer. En una técnica, se pide a los pacientes que visualicen su enfermedad, su tratamiento y las defensas de su organismo, formándose imá­genes concretas propias. Algunos ven batallas en el espacio, otros se imaginan masas flotantes de luz y oscuridad. Yo tuve un encuentro fascinante con esa técnica. Atendí a una pacien­te que vino a mi consultorio para que le practicara un examen físico. Era tina mujer joven que se veía vigorosa, muy inteli­gente y atractiva; además, necesitaba el examen físico como requisito para una solicitud de trabajo.

Mientras establecía su historia clínica, descubrí que a esta pa­ciente se le había diagnosticado, alguna vez, un linfoma de Hodgkin o cáncer de las glándulas linfáticas. Se le había reco­mendado que recibiera tratamiento en un prominente hospital docente, que estaba asociado con una famosa escuela médica en el área de Boston. Ahí recibió su primera serie de quimiote­rapia. El cáncer estaba extremadamente avanzado, y se le ha­bía clasificado como estado IV B, lo que significaba que ya había invadido la médula ósea. La paciente sufría los efectos secun­darios de la quimioterapia, y eran tan debilitantes que decidió no terminar la serie completa del tratamiento. Sus padres eran médicos; por consiguiente, ella se encontraba bajo mucha pre­sión por parte de toda su familia para que continuara el trata­miento.

En lugar de ceder a dicha presión, salió del país para vivir en un pequeño pueblo europeo por un año. Ahí practicó sola las sencillas técnicas de visualización propuestas por el doctor Simonton, después de haber leído mucho sobre ellas. Un año más tarde regresó a Boston. Se dio cuenta de que los nódulos linfáticos inflamados y las masas anormales de varias partes de su cuerpo habían disminuido de tamaño. Cuando se le exami­nó otra vez en la clínica para casos de cáncer en donde se le había atendido previamente, todos los médicos estaban muy sor­prendidos al no encontrar ni siquiera alguna evidencia de que esta paciente tuviera cáncer.

Le preguntaron qué clase de quimioterapia había estado re­cibiendo y en dónde. Cuando les dijo que no había seguido nin­gún tratamiento médico típico, sino que había estado practicando la técnica Simonton, completamente sola, la reacción de los doc­tores fue la típica de la medicina institucionalizada. Le dijeron que a su recuperación se le conocía como remisión espontá­nea; pero no la discutieron ni lo trataron de averiguar con ella y ni siquiera le explicaron lo que quería decir. Para ellos el tér­mino mismo de remisión espontánea les permitía borrar de su mente el fenómeno. Como muchos otros científicos y médicos, tenían una mente cerrada. El hecho real era que la paciente ha­bía estado practicando una técnica definitiva, y en su mente, por lo menos, había una relación de causa y efecto entre la téc­nica y los resultados clínicos que siguieron.

En otra ocasión tuve una paciente con cáncer en el pulmón que mostraba una respuesta a la radiación y a la quimioterapia increíblemente buena. Dos años después de que se curó, me confió que cada mañana se sentaba con los ojos cerrados, por 10 minutos, repitiéndose: “Voy a estar mejor y me voy a re­cuperar completamente." Me dijo que creía sinceramente que esto pasaría y que tenía absoluta fe en sus afirmaciones. Repe­tía este procedimiento de cuatro a cinco veces al día, pero sin revelarle a nadie lo que estaba haciendo, ni siquiera a mí. Sólo hasta que pasaron muchos años reveló su secreto. En la actua­lidad, tres años después de su tratamiento inicial, no muestra ninguna evidencia clínica de cáncer en el pulmón.

Desde entonces he mencionado estos ejemplos a muchos de mis pacientes, aconsejándoles mantener en secreto absoluto el hecho de que están practicando tales técnicas y no hablar de ello con nadie. La razón por la que doy este consejo es que temo que los comentarios negativos de amigos y familiares pue­dan disminuir la efectividad de la práctica. Estoy convencido, por la observación de estos pacientes, de que hasta este mo­mento están mucho mejor de lo que estarían en otras circuns­tancias. También recomiendo enérgicamente que continúen sus tratamientos de radiación, quimioterapia o cirugía, si un oncó­logo o especialista en cáncer lo considera necesario; pero creo que, al menos, las técnicas mentales juegan un papel de apoyo muy importante en su tratamiento. Estoy totalmente convencido de que se puede aislar una clase típica de persona que desarrolla cáncer, y al mismo tiempo creo que se puede vencer al cáncer, que es posible prevenirlo y curarlo, estableciendo la actitud mental correcta. Hemos vis­to ya que las células cancerosas, en su inútil y torpe multiplica­ción, han perdido contacto con su inteligencia básica, con la habilidad, a nivel genético, que debe regular una división celu­lar adecuada. De algún modo, estas técnicas mentales restau­ran la inteligencia al operar desde la conciencia de la mente. Es una inteligencia dentro de nuestro cuerpo que se comunica con otra y la normaliza. Lo que parece muy prometedor es que la curación surge dentro del paciente, aprovechando la cone­xión mente cuerpo.

El papel de la dieta en el cáncer o la conexión dieta cáncer

A pesar de que parte del público común y corriente ha declara­do a menudo que existe una relación entre el cáncer y el alimen­to que ingerimos, la institución médica, de hecho la comuni­dad científica en general, ha sido bastante lenta en estudiar y establecer la conexión dieta cáncer. Sin embargo, la gran ma­yoría de los científicos se ha convencido de que la relación existe. El Consejo Nacional de Investigación ha publicado un reporte bajo el título de "Dieta, nutrición y cáncer" (1983). Re­presenta la publicación más completa hasta el momento de la investigación mundial sobre el cáncer y la dieta; pero menciona, con la acostumbrada cautela, que la prueba de la relación entre ellos se encuentra todavía incompleta. Sin embargo, el consejo ha publicado las siguientes normas dietéticas como ayu­da para la prevención del cáncer.

  1. Se deben reducir las grasas considerablemente en la dieta diaria. Para un norteamericano típico, el consumo de grasas as­ciende aproximadamente a un 40 o 45% de las calorías de los alimentos ingeridos en un día. El reporte recomienda reducirlo a un 30%, lo que para mucha gente significa reducir la cantidad de comida con grasa a la mitad. El consejo observa que la asociación del consumo de grasas y ciertos tipos de cáncer, particularmente el de los senos, del colon y de la próstata, representa la relación causa efecto más grande en to­do el campo de la dieta y el cáncer. Estos tipos de cáncer son los mayores asesinos de nuestra sociedad.
  2. Se deben comer más cereales enteros, fruta fresca y ver­duras; sobre todo, lo que contenga mucha vitamina C. El con­sejo también recomienda, particularmente, el consumo de frutas y verduras ricas en ßcaroteno (sustancia químico orgánica que el cuerpo convierte en vitamina A); por ejemplo, vegetales verde oscuro, zanahorias, calabaza y los relacionados con la col, así como el brócoli, la coliflor y la col de Bruselas.
  3. Deben consumirse muy pocas comidas ahumadas, sala­das o en vinagre; por ejemplo, salchichas, tocino, "hot dogs", pescado ahumado y jamón. El consejo aún no ha recomenda­do una dieta completamente sin carne, pero yo presentaré ar­gumentos sobre esto después.
  4. El alcohol debe consumirse sólo con moderación. Al ha­cer esta recomendación, él consejo hace hincapié en la gran re­lación que existe entre el alcohol y el cáncer de la boca, del esófago y del estómago. El consejo está siendo muy cauteloso aquí, al permitir todavía el consumo de alcohol, por poco que éste sea. Creo que el alcohol, en cualquier cantidad, predispo­ne al bebedor a un mayor peligro de desarrollar cáncer.
  5. Debe evitarse una dosis alta de suplementos vitamínicos mu­cho mayor que la "dieta diaria recomendada" por el gobierno norteamericano (RDA). La teoría es que dosis altas de ciertas vitaminas, particularmente la A y la E, pueden producir toxici­dad. Sin embargo, los doctores rara vez ven esta clase de into­xicación en sus pacientes y desde mi punto de vista, los suplementos vitamínicos tienen un efecto benéfico. Por ejem­plo, las vitaminas A, C y E probablemente jueguen un papel im­portante en la prevención del cáncer, aunque las dosis óptimas para este propósito no se han determinado. Las vitaminas C y E actúan como antioxidantes, los cuales neutralizan el efecto de ciertos carcinógenos. La vitamina A ayuda en la inhibición de ciertos cambios precancerosos en las membranas celulares. Habitualmente doy a mis pacientes las siguientes recomen­daciones adicionales en relación con su dieta, hábitos diarios y el cáncer:
  6. No fume. Aparte de causar directamente cáncer en los pul­mones, el tabaco aumenta las probabilidades de que otros carcinógenos presentes en el aire causen dicha enfermedad, incluyen­do sustancias que por sí mismas no la producirían.
  7. No coma en exceso. La obesidad está ligada a una alta incidencia de ciertos tipos de cáncer, particularmente el de la matriz y el de los riñones.
  8. No beba alcohol, ni con moderación.
  9. Evite beber café caliente, té y refrescos de cola en exceso. El consumo excesivo de té caliente en Japón ha sido relaciona­do con el cáncer del estómago. Parece ser que existe una ma­yor incidencia de cáncer en el páncreas entre los grandes bebedores de café (que toman más de tres tazas al día). El té, el café, el chocolate y los refrescos de cola están cargados de sustancias llamadas metilxantinas. Dichas sustancias pueden ser peligrosas, pues estimulan ciertas reacciones celulares que ha­cen que las células sean sensibles a ciertas hormonas. Aunque las implicaciones de este proceso aún no han sido comprendidas en su totalidad, de todas formas recomiendo precaución en este sentido.
  10. Incluya grandes cantidades de comida con fibra en su die­ta. Existe una correlación entre el cáncer del colon y una die­ta baja en fibra, como la occidental. Aumentar la fibra de granos enteros, frutas y verduras puede servir como defensa contra al­gunos carcinógenos potenciales que pasan por los intestinos du­rante el proceso digestivo. De todos modos, la gente que sigue una dieta alta en fibras corre un riesgo menor de desarrollar cán­cer del colon.
  11. Evite comer carne, pescado o cualquier tipo de alimento asado al carbón. Se ha demostrado, en forma concluyente, que el hecho de asar cualquier alimento al carbón produce carcinó­genos provenientes de las grasas carbonizadas.
  12. Tome suplementos vitamínicos si la dieta es pobre en vita­minas A, C y E.
  13. Evite las comidas rancias, enmohecidas o pasadas. Se sa­be que el moho o lama produce carcinógenos.
  14. No limite su dieta a ciertos alimentos repitiéndolos una y otra vez. La variedad en la dieta probablemente prevenga la in­gestión en exceso de un solo carcinógeno, y probablemente tam­bién nos evitará ingerir los carcinógenos naturales que, parece producen varios vegetales para protegerse de insectos y hon­gos, aunque esta área se encuentra todavía en tinieblas para muchos investigadores.
  15. Coma generalmente una dieta bien balanceada, ingirien­do todos los alimentos con moderación, y tomando, cuanto más sea posible, agua pura, pues el problema de las toxinas indus­triales que se encuentran en el agua potable se ha vuelto una seria preocupación en todos los países.

Usted encontrará recomendaciones adicionales en el capítu­lo 26. "Dieta y destino", pero ya podemos ver que para preve­nir el cáncer la dieta es casi la misma, en términos generales, que la que se da para las otras enfermedades causadas por nues­tro estilo de vida. Por otra parte, podemos ver que el gran número de factores ais­lados que contribuyen al desarrollo de dicha enfermedad se puede dividir en dos amplias categorías:

1, Agentes exteriores, incluyendo virus, carcinógenos y algunas influencias sospechosas del medio ambiente.

  1. Problemas intrínsecos en la persona que desarrolla el cán­cer. Son aquellos que aumentan la susceptibilidad a dicho mal en el cuerpo mismo.

Por lo general, así todos los tipos de cáncer podrán preve­nirse, teóricamente, si evitamos exponernos a los agentes que lo causan (aunque excluirlos todos está completamente fuera de nuestro control) y si disminuimos antes que nada, nuestra susceptibilidad a él. Esto significa que debemos encontrar un medio, si es que lo hay, de promover la propia resistencia in­terna del cuerpo para luchar contra los agentes que producen cáncer. Por último, lo que ya sabemos sobre este mal nos lleva a una búsqueda más profunda de la conexión psicofisiológica.

5 Abuso del tabaco, del alcohol y las drogas

Si se eliminaran de nuestra sociedad el cigarro, el alcohol y las drogas "recreativas", los hospitales estarían casi vacíos. Un gran porcentaje de pacientes que son admitidos en los hospitales por alguna enfermedad pueden encontrar el origen de ella, o al menos las condiciones que la agravaron, en el cigarro, el alcohol o en el uso de drogas "recreativas" como la mariguana o más fuertes y, algunas veces, en la combinación de todo esto. Habla­ré brevemente acerca del peligro que estos vicios representan para la salud. Sin embargo, estamos conscientes de que el cigarro, el alcohol y las drogas reciben muy poca atención en nuestra so­ciedad Las advertencias. las buenas intenciones y hasta las cam­pañas de concientización no sirven de mucho en este caso. Entonces. La pregunta importante es: ¿Qué es lo que realmente e necesita para detener estos abusos que obviamente amena­zan la salud?

El cigarro. Más de 70 millones de norteamericanos fuman, y la razón por a que lo hacen es que están habituados; aunque muchos médicos dirían que se han vuelto adictos a la nicotina La nicotina es un veneno al que el organismo se puede acos­tumbrar así como se acostumbra al alcohol. Una vez que el cuer­po se sobrepone a la aversión inicial, los efectos placenteros de fumar apoyan el hábito. Estos placeres se encuentran sobre todo en la mente, pues el fumador ve en el cigarro un estimulante o un relajante, dependiendo de lo que necesite subjetivamente.

Fumar es, indudablemente, un colaborador de importancia para nuestros dos principales asesinos: las enfermedades car­diacas y el cáncer. Las enfermedades de las coronarias son 50 veces más comunes entre fumadores. La gente que fuma un paquete de cigarrillos al día tiene ocho veces más probabilida­des de desarrollar cáncer en el pulmón que la que no fuma. Estas probabilidades aumentan a 18 veces más si se fuma de una a dos cajetillas al día, y a 21 veces más si la persona fuma más de dos cajetillas al día. El índice actual de mortalidad para fumadores, al compararlo con el de los que no fuman, es 70% mayor en las enfermedades de las coronarias; 500% mayor en las de bronquitis y cáncer, y 1000% ma­yor en el caso del cáncer en el pulmón. Los fumadores tienen muchas más probabilidades de desarrollar otras enfermedades, por ejemplo; enfisema, úlceras, cáncer en la boca, en el esó­fago, en el estómago y en la vejiga. Los llamados cigarros ba­jos en nicotina a menudo contienen más cantidad de otras to­xinas, y por lo general, incitan a los fumadores a consumir más cajetillas al día. Sin duda, fumar es una enfermedad y justifica la atención mé­dica inmediata. Para ayudar a la gente a que deje el cigarro han sido puestos al alcance del público todo tipo de programas, y la mayoría pueden ser efectivos. Los programas de grupo, pa­trocinados por la Sociedad Americana del Cáncer y por varios hospitales, han tenido un éxito notable. Esos grupos ofrecen el apoyo moral de otros fumadores que están tratando de dejar el cigarro, y esto es una gran ayuda cuando alguien está su­friendo los síntomas reales y a veces prolongados de la adic­ción a la nicotina. Algunos estudios han demostrado que ningún método por sí solo es la respuesta. Aquellas personas que han logrado dejar de fumar, generalmente lo intentan varias veces y usan varios métodos antes de liberarse totalmente del vicio. Yo creo que el hecho de fumar se acaba con una sola "mu­tación" en el cerebro, generada por el pensamiento: "ya no tengo deseos de fumar". Con esta visión viene la siguiente com­prensión espontánea: "Puedo dejar de fumar, es fácil para mí." En otras palabras, no es el tratamiento realmente lo que no fun­ciona, sino la actitud recién adquirida de que, antes que nada, el problema ya no existe. Cuando a este discernimiento se le per­mite entrar en la mente, cualquier tratamiento será efectivo, in­cluyendo simplemente el dejar de fumar. Al promover la idea de que dejar de fumar es difícil y al res­paldaría con descripciones detalladas de los síntomas físicos de la adicción a la nicotina, en realidad, los médicos hacen que sea más difícil para la gente dejar el cigarro. Están fomentando una actitud errónea y una visión equivocada de la realidad, que además se arraigan en la mente de los pacientes. Esto ayuda a comprender, en mi opinión, por qué la gente continúa ha­ciéndose daño al continuar fumando, a pesar de estar consciente del peligro que corre. La disposición a dejar el cigarro viene cuan­do la idea del peligro no se encuentra presente.

  1. Ya nadie contradice que el alcoholismo es una en­fermedad. Los alcohólicos están sujetos a un índice de mortali­dad bastante mayor de lo normal (y es aún más alto si también son fumadores). La gente que bebe con exceso tiene un índice de mortalidad tres veces mayor que la que no bebe. Su muerte es causada, generalmente, por enfermedades del sistema digesti­vo, suicidio, accidentes automovilísticos y desnutrición. También ocurre con frecuencia la destrucción del músculo cardiaco, del te­jido cerebral, del hígado, del páncreas y del estómago.

Sin embargo, cuando se trata de beber ocasionalmente, la sociedad y los círculos médicos, tienden a mostrar una actitud diferente. Algunos médicos han llegado hasta el hecho de su­gerir que pequeñas cantidades de alcohol pueden tener efectos benéficos. Con esto generalmente quieren decir que una copa (un vaso de vino, por ejemplo) baja la presión arterial y libera de inhibiciones y preocupaciones. Es interesante notar que en una encuesta en que se le preguntó a la gente cuál era la canti­dad que consideraba como un consumo excesivo de alcohol, la definición de "excesivo" era la cantidad que excedía el pro­pio consumo de la persona a la que se le preguntaba.

Opino que el alcohol es una toxina; deteriora la percepción clara y la coordinación motora; tiene efectos nocivos en el co­razón, el hígado y el cerebro, los cuales parecen ser irreversi­bles. Contribuye a muertes sin sentido causadas por accidentes automovilísticos, que suman hasta 25 mil víctimas al año. Algo así de dañino, aun en pequeñas dosis, no pertenece a una legí­tima parte de la salud perfecta; por lo tanto, recomiendo abste­nerse totalmente del consumo del alcohol. ¿Qué es lo que causa adicción al alcohol, en primer lugar? Algunas personas pueden estar predispuestas al alcoholismo, ya sea por herencia o debi­do a la manera en que los educaron. Algunos gemelos idénti­cos, que fueron separados en su infancia y criados aparte, al crecer han demostrado un desarrollo similar en sus hábitos pa­ra beber, y si uno se vuelve alcohólico, el otro tiende a serlo al mismo tiempo. Otras personas son llevadas hacia el alcoho­lismo de una manera lenta pero segura, empezando con algu­nas copas ocasionales en su adolescencia. Yo creo que es importante notar que tanto fumar como beber, para la mayoría de la gente tiene su origen en la adolescencia, en una época en que el yo está confundido y aún no está formado. Esto ayu­da a que dichos hábitos se arraiguen en un nivel profundo de la personalidad y hace más difícil que los patrones saludables del pensamiento adulto desplacen a los que ya están establecidos en la mente. Como en el fumar, el tratamiento para el al­coholismo requiere solamente un cambio de actitud, pero muy profundo. Los programas de grupo que han tenido éxito, como el de Alcohólicos Anónimos, ofrecen ayuda para que se efectúe este cambio interno, sin el cual ningún cambio es realmente posible.

Drogosrecreativos". Este término incluye vagamente las diferentes sustancias que la gente ingiere para intensificar, distorsionar o de otra manera afectar la percepción. Al principio la persona recurre al uso de tales drogas porque la experiencia que éstas le producen es placentera. En nuestra sociedad. la serie de placeres puede derivarse de muchas fuentes principalmente del alcohol. de los opiáceos  (morfina, codeína, heroína). de la marihuana de la cocaína y de varios alucinógenos, como la mezcalina y el LSD. Se puede enumerar una gran lista de sus­tancias que alteran la química del cerebro y. en consecuencia. se puede decir que afectan la mente. La gente que se opone al consumo de café, té, y hasta de azúcar puede, con cierta ra­zón clasificarlos como drogas. En la última década, los científicos se sorprendieron al des­cubrir que el cerebro humano era capaz de sintetizar sustancias químicas muy similares a los opiáceos. A estas sustancias las llamaron endorfinas, de la raíz end que significa dentro del cuer­po, y orfin, que tiene la misma raíz que la palabra morfina. Estos opiáceos endógenos son los analgésicos producidos por el propio organismo y, de hecho, demostraron ser mucho más po­derosos que los que se compran en las farmacias. Investigaciones recientes han demostrado también que el cerebro posee células receptoras muy particulares para recibir estas endorfinas. Un opiáceo que podemos recibir del exterior (llamado "opiáceo exógeno") ejerce su efecto analgésico en el cerebro al unir­se a estos mismos receptores. Por el hecho de que dichos receptores han sido capaces de evolucionar por todos los me­dios, deben tener algún uso; los opiáceos internos y externos parecen tener la misma función, ya que encajan en los mismos receptores. El cerebro puede ser afectado también por las drogas que se mencionaron primero, incluyendo alucinógenos muy podero­sos que alteran la mente. Asimismo se supone que deben exis­tir receptores en el cerebro para estas drogas o para sus análogos (equivalentes químicos). En otras palabras, seguramente tene­mos la capacidad de sintetizar dichas drogas dentro de noso­tros, por lo menos hasta cierto punto. De otra manera, ¿por qué elaboramos los receptores y los entrelazamos? Esta conclusión ofrece la clave a la incomprensible pregunta de por qué la gen­te ha buscado y experimentado con drogas que alteran la men­te desde tiempos inmemoriales. Tal vez el organismo humano esté diseñado para experimentar un campo de conciencia más amplio de lo que suponemos. Las drogas que alteran la mente aparentemente funcionan porque nuestro sistema interno de receptores y análogos ya está dispo­nible. Lo que no está muy claro ahora es qué condición natural y saludable de la mente y del cuerpo produciría estados altera­dos como parte normal de la vida. Puede ser que cuando nuestra dotación de estos estados no se satisface normalmente, tende­mos a llenar el hueco con análogos externos.

Sin embargo, los análogos farmacéuticos, al no haber sido diseñados para nosotros naturalmente por la sabiduría mata de nuestro cuerpo, tienen toxicidad. El aumento reciente del uso de estas drogas ha sacado a relucir el hecho de que casi todas ellas son tóxicas. Por ejemplo, se había pensado hasta hace poco que la marihuana era relativamente inocua, pero aho­ra se ha demostrado que afecta el sistema inmunológico desfa­vorablemente. El principal ingrediente activo de la marihuana (THC)se localiza, muy concentrado, en el bazo, entre otros lu­gares. El bazo es un lugar importante para la fabricación de los linfocitos T, que forman una sección especializada del sistema inmunológico y realizan acciones muy significativas para com­batir el cáncer, así como diferentes infecciones. Los linfocitos T en los organismos de fumadores asiduos a la marihuana combaten la enfermedad a un nivel menor de lo normal. No sólo es menor la cantidad de linfocitos T presentes, sino que también se hacen más lentos e inactivos y se dividen cuando se encuentran frente a la fuerza enemiga; a saber, una infección potencial. La información sobre el deterioro del sistema inmunológico debido al uso habitual de la mariguana no ha recibido la publi­cidad que se merece. En un descubrimiento significativo, rea­lizado en la Universidad de Columbia, se constató que los anticuerpos producidos por los fumadores de marihuana dismi­nuyeron drásticamente en un mes de uso excesivo de la droga. Sin embargo, cuando dejaron de fumar completamente, los anticuerpos regresaron a los niveles normales de manera muy lenta y cinco semanas más tarde todavía existían señales de disminución. A pesar de que esta inmunotoxicidad (daño al sistema inmunológico) que se encontró es más impresionante en el caso de la marihuana, aparentemente es producida tam­bién por la adicción a otras drogas. A menos que la actitud hacia la drogadicción cambie de una manera relevante, nos enfrentamos a la perspectiva de que un gran número de perso­nas que usa drogas "recreativas" se vuelva muy susceptibles a las enfermedades.

Estas drogas son dañinas también porque alteran la mente al actuar en forma directa sobre el tejido cerebral. Simplemente con la observación diaria podemos ver que la euforia causada por las drogas cambia con el tiempo a algo completamente di­ferente. Los drogadictos de todo tipo no sólo tienden a la adic­ción sino que requieren dosis cada vez mayores para satisfacer sus necesidades, además, se produce un cambio en el efecto real de la droga sobre el cerebro. Las sensaciones placenteras encaminan al letargo, a la introversión, a la depresión, al abu­rrimiento y a otros estados psicológicamente perjudiciales. A veces los médicos se refieren a estas situaciones como "estados subyacentes de la mente", pero es igual de probable que el uso continuo ya haya alterado, de hecho, la estructura del tejido cerebral. Los centros cerebrales responsables de las emociones y los ritmos biológicos son estimulados por medio de muchas drogas "recreativas" y existe la prueba de que este estímulo ar­tificial conduce a cierto tipo de agotamiento o desgaste con las tristes consecuencias que todos observamos en nuestra sociedad.

No necesito insistir en el punto de que la ingestión de drogas causa un gran daño a los jóvenes, haciendo aún más difícil y hasta dolorosa, la transición a la etapa adulta. Obviamente tam­bién las drogas contribuyen en forma directa al crimen, los acci­dentes, el suicidio y el asesinato. Lograr un incremento natural y benéfico de la conciencia puede ser un gran paso hacia ade­lante en el desarrollo personal, como veremos después. Las dro­gas pueden imitar tal estado por un momento, pero en realidad son los enemigos del mismo.

El fumar, el beber y el abuso de las drogas existen porque satisfacen una necesidad natural que se ha vuelto ansia. Para resolver los problemas que estos vicios crean, debemos obser­var, una vez más, la mente humana. ¿Por qué algunas perso­nas ansían estímulos que alteran la mente? ¿Podemos susti­tuirlos con otros estímulos (aquellos que no necesitan de un agente externo), que serían realmente útiles para llevar una existencia perfectamente saludable? Mi respuesta es, definitiva­mente, sí. Existen técnicas mentales que engrandecen la vida y el hecho de practicarlas es más placentero que el consumo de alcohol, nicotina y otras drogas tóxicas. Analizaremos estas técnicas en la segunda parte del libro.

  1. Control de peso y obesidad

La obesidad es el más común de los trastornos metabólicos en las sociedades opulentas. A una persona se le llama obesa y no sólo pasada de peso, cuando llega a acumular más de 10% de su peso ideal. ¿Cómo se determina el peso ideal? Una manera muy sencilla para calcularlo aproximadamente es la siguiente: para hombres de constitución mediana. el peso nor­mal se calcula así: 48 kilogramos para los primeros 1.52 metros y 2.72 kg por cada 2.54 cm adicionales. Pue­de uno restarle o sumarle un 10% al resultado. para constituciones delgadas y pesadas respectivamente. Para las mu­jeres el peso normal es de 45.50 kilogramos para los primeros 1.52 metros y 2.27 kg por cada 2.54 cm adi­cionales. Aquí también se puede agregar o restar al total el 10% para constituciones pesadas y delgadas respectiva­mente. Por lo cual. un hombre de constitución mediana. que mide 1.72 m debería pesar 69.85 kg. Una mujer de esa estatura debería pesar 63.50 kg. A cualquier per­sona que sobrepase su peso ideal en más de 10% se le considera gorda.

La obesidad no solamente no es atractiva. sino que. en sí. no es saludable y también predispone a la persona a un sinnú­mero de enfermedades. Estar gordo se encuentra ligado. defi­nitivamente. a los siguientes problemas:

  1. Problemas cardiacos. La obesidad crea una carga excesi­va sobre el corazón y también se le asocia con la expansión del mismo. Esto es reversible si el paciente baja de peso. La obesi­dad se encuentra ligada también a fallas cardiacas por conges­tión y a enfermedades de las coronarias.
  2. Deterioro de las articulaciones. Debido a que el sobrepeso se deposita en el esqueleto. la obesidad se encuentra ligada a la osteoartritis. enfermedad degenerativa de las articulaciones.

La gente gorda está más propensa a sufrir ataques de artritis por gota. Tratar de bajar de peso con dietas drásticas, altas en proteína, puede causar ataques de gota también.

  1. Trastornos pulmonares. Debido a que el peso excesivo crea una carga sobre los pulmones, al dificultar la respiración, su función se deteriora; una cantidad inadecuada de oxígeno entra en la sangre, a causa de la respiración forzada. Esto expli­ca la fatiga de la que frecuentemente se queja la gente gorda.
  2. Hipertensión. La arteriosclerosis o endurecimiento de arterias ocurre más frecuentemente en personas gordas, y como resultado, son más propensas a tener la presión alta.

te estado, sumamente peligroso, que puede ser reversible al bajar de peso, está ligado a otras numerosas enfermedades que in­cluyen angina de pecho y muerte súbita por paro cardiaco.

  1. Cálculos en la vesícula. La gente gorda, especialmente las mujeres, tienden a formar cálculos biliares más a menudo de lo normal. Al sobrepeso se le asocia con altos niveles de secre­ción de colesterol en la vesícula, lo cual conduce a la formación de cálculos de colesterol.
  2. Diabetes. Aproximadamente el 80% de los dia­béticos que desarrollan esta enfermedad en la edad adulta son obesos. La obesidad afecta, con adversidad, las células grasas, por lo que no responden adecuadamente a la insulina y el re­sultado es una elevación en el azúcar de la sangre, o sea la dia­betes. Muchos diabéticos obesos que por lo general son tratados con medicamentos, usualmente inyecciones de insulina, po­drían librarse de ellos simplemente con bajar sus kilos de más.
  3. Cáncer. He hablado ya sobre el gran interés que están demostrando los médicos en la relación que existe entre el cáncer y la dieta. Parece ser que comer en exceso puede estimular la pro­ducción de la hormona estrógeno, la cual se encuentra implicada en el inicio del desarrollo del cáncer. Además, las mujeres obesas, particularmente después de la menopausia, están más propensas al cáncer de los senos y de la matriz. La obesidad es también un factor de riesgo de cáncer en la próstata para los hombres. La lista puede seguir e incluir enfermedades por grasa en el hí­gado, venas varicosas y un alto riesgo quirúrgico para la gente gor­da. cuando, por alguna razón, se les tiene que operar. Afortuna­damente, muchos de los riesgos potenciales para la salud, que exis­ten si se tiene sobrepeso, desaparecen cuando éste es eliminado. ¿Cómo ocurre la obesidad? Muy sencillo; el cuerpo sube de peso cuando el consumo de calorías excede a la cantidad que él mismo necesita para las actividades físicas y para el crecimien­to. Como casi todos los médicos, veo a diario, pacientes que quieren bajar de peso. Me consultan porque creen que tienen "un problema glandular", pero la mayoría no lo tiene. Lo que pasa es que comen demasiado. La mayoría de ellos han recu­rrido a dietas variadas y han bajado de peso sólo para volverlo a subir con el tiempo. Este es el síndrome familiar de subir y bajar los mismos dos kilogramos cada año. Como esta gente no es feliz y se siente frustrada, anhela que el médico le diag­nostique algún trastorno glandular específico y le alivie de su enfermedad. De hecho algunos sí tienen algún trastorno glan­dular u hormonal, por ejemplo, hipoactividad de la tiroides o un tumor en la pituitaria. En dichos casos se requiere. obviamen­te, de una serie de tratamientos; por lo tanto. recomiendo a la gente que ha estado a dieta continuamente y que no ha logra­do éxito alguno, que le practiquen un examen físico. el cual, aunado a pruebas de laboratorio, nos revelará la posibilidad de algún problema endocrino. hormonal o metabólico.

El paciente común y corriente cuyo problema es comer de­masiado, bajará de peso si sigue una dieta con regularidad. El propósito de este libro no es recomendar ninguna dieta comer­cial: algunas son obviamente razonables y otras no. El principio básico de las que tienen un sentido común es que uno debe disminuir el consumo de calorías si pretende bajar de peso. To­do lo que necesito agregar a este punto es que. para que usted tenga éxito permanente en cualquier dieta, tiene que disfrutar­la. De hecho, usted no debe sentir, en lo absoluto. que está a dieta. Todos debemos tener una dieta saludable que controle nuestro peso, no porque pensemos que es buena para noso­tros y que bajaremos de peso. sino porque, honestamente, pre­feriríamos no comer ninguna otra cosa.

Entonces una vez más. nos encontramos atraídos hacia con­ceptos positivos como la preferencia y el gozo. Estos conceptos reflejan actitudes que residen en la mente. Me gustaría poner ma­yor énfasis en que. para la mayoría de la gente. el hecho de estar gordos reside en la mente y su cura se encontrará en tecnologías que actúen sobre la mente y su perspectiva básica. Permítanme explicarles lo que quiero decir de manera más específica.

Muy a menudo, nos encontramos con quejas de las perso­nas con sobrepeso: “Sólo con ver la comida subo de peso." En muchos casos, esto puede ser literalmente cierto, según los ex­pertos en problemas de obesidad. Han demostrado que algu­nas personas tienen una reacción metabólica al mirar la comida, al olerla o tan sólo al oír que están cocinando; esta reacción no se puede distinguir de la que tienen cuando en realidad están comiendo. En estas personas, sólo el pensar en comida crea una trayectoria hormonal, de la pituitaria a la suprarrenales, y luego hacia el páncreas, causando un aumento de insulina en la corriente sanguínea. A su vez, la insulina causa punzadas de hambre irresistibles y acelera el proceso que convierte en grasa la comida ya ingerida anteriormente. Algunos experimentos que se realizaron en Yale también mostraron un aumento sorpren­dente en los niveles de insulina de pacientes con sobrepeso, cuando se les pedía que vieran cómo cocinaban, a la parrilla, un grueso y jugoso bistec.

Hoy en día, numerosos especialistas en dieta aconsejan a sus pacientes que eviten cualquier situación que provoque estas reacciones. Deben evitar los brillantes y atractivos anuncios de televisión donde se hace ver la comida como algo fascinante. No deben frecuentar restaurantes o tiendas de emparedados o ultramarinos, aun cuando vayan con un amigo. De hecho, lo ideal sería que no cenaran con amigos que no tienen proble­mas de sobrepeso, pues la actitud de la otra persona puede in­ducirlos a comer. No es necesario decirles que no deben pararse frente a la ventana de la pastelería sólo para “echar una miradi­ta". Los pensamientos de comida deben ser remplazados, pero sin forzar, por otras imágenes placenteras.

Otra observación fascinante sobre el mismo tema, la cual se­ría corroborada por muchos médicos, es que las dietas drásti­cas pueden hacer que los pacientes dejen de bajar de peso completamente. Se ha notado, aunque el mecanismo de esto no se conoce con exactitud, que las dietas drásticas, en compa­ración con las moderadas, pueden, en realidad, hacer que su­ba uno de peso. Una teoría sobre este fenómeno sostiene que la restricción calórica severa incita al cuerpo a disminuir su rit­mo de actividad metabólica, pues aunque se ingieren menos calorías, el cuerpo también decide quemar menos cantidad. Más bien, hasta estas calorías tan limitadas se convierten en grasa. Es como si el cuerpo, al comer tan poco, viera venir una crisis de hambre y entonces, de una manera bastante inteligente, de­cide bajar su consumo y almacenar lo poco que entra como fu­turo combustible. Cada organismo parece tener un punto establecido, que es un factor muy importante para su ritmo me­tabólico. Este punto establecido regula la conversión de comi­da, ya sea en energía o en músculos y grasa. En realidad, trabaja como un termostato, de modo que, cuando se come demasia­do o se come muy poco, hace que el metabolismo se ajuste pa­ra mantener un equilibrio determinado. Esto es lo que hace tan difícil que la gente cambie su peso “establecido"; pero, ¿qué es lo que determina este punto establecido? Difícil de decir, pero informaciones recientes muestran que la imagen que uno tiene de sí mismo, el concepto mental de cómo se ve uno, tiene que ver mucho en esto. Una imagen de sí mismo como gordo, que se encuentre profundamente arraigada, tiende a conservar es­to como una realidad. Entonces la única terapia efectiva es tra­tar de cambiar el punto establecido, por medio de un cambio en la imagen mental que tenemos de nosotros mismos. Llevar el punto establecido hacia el peso normal es, después de todo, lo que la naturaleza pretende al crear tal mecanismo autoarre­gulador y mucha gente que come todo lo que quiere y no engorda está simplemente obedeciendo a su sentido de equilibrio interno. Lo que ellos quieren comer y lo que su cuerpo quiere, coincide. La gente obesa puede estar sufriendo las consecuen­cias de una imagen imperfecta de su cuerpo. Cada quien tiene una imagen de sí mismo, pero el sentirse gordo, leo o enfermi­zo, interfiere con la transformación de la imagen correcta del cuerpo en una realidad. La gente saludable, que tiene el peso ideal, proyecta esta actitud: “Este es el cuerpo que debo tener, sano y bello." ¿Cómo se podría transmitir una actitud sana co­mo ésta, a quien le hace falta? Los neurofisiólogos están desa­rrollando tales técnicas, trabajando con los mecanismos del cuerpo que conectan la imagen de uno mismo con el punto me­tabólico establecido. Pienso que estas técnicas son muy impor­tantes para tratar la obesidad, así como muchas otras cosas. Cuando pensamos “sólo con ver la comida subo de peso", esto se vuelve realidad, pues usamos (de una manera que no nos gusta) la conexión psicofisiológica. No hay razón por la que es­to mismo no pueda actuar en nuestro favor.

  1. Fatiga crónica

La fatiga de toda clase, cansancio, indiferencia, languidez, falta de energía, pérdida de ambición, debilidad, es uno de los síntomas más comunes que tienen los pacientes que acu­den a los consultorios médicos. Los síntomas de fatiga pueden ocurrir en una amplia variedad de casos médicos, entre ellos infecciones crónicas, fallo cardiaco por congestión y enferme­dades debilitantes como el cáncer. La gente adicta al cigarro, al alcohol y a las drogas, experimenta fatiga cuando deja el há­bito. En estas situaciones, la fatiga no es el problema médico primario. Acompaña a otra condición primaria y a menudo se asocia con Otro síndrome primario más aflictivo, como la falta de aire. Cualquier persona puede experimentar fatiga, por exceso de trabajo y descanso inadecuado. El exceso de trabajo no tiene que ser sólo físico; el estar continuamente trabajando en exce­so, tanto mental como físicamente, tiene como resultado fatiga crónica. Cualquier persona fatigada por exceso de trabajo pue­de no quejarse de fatiga en si, pero el problema se puede mani­festar por medio de síntomas como intranquilidad, insomnio e irritabilidad. La fatiga crónica puede tener efectos dañinos en un cuerpo que de otro modo se consideraría sano. Puede lle­var a la pérdida, en el tejido muscular, de un carbohidrato com­plejo llamado glicógeno, y a la acumulación en la sangre de sustancias químicas tóxicas, como el ácido láctico. Los investi­gadores han descubierto algo muy interesante: al inyectar san­gre de un animal fatigado a otro que está descansado se producen en éste todos los síntomas de fatiga. Ello indica que esto se produce por la acción de las toxinas que los músculos y otros órganos liberan en la corriente sanguínea.

Existen suficientes pruebas clínicas que indican que la fatiga cambia el metabolismo de la persona afectada. Los pacientes con fatiga a menudo muestran una respiración más agitada, un pulso más rápido, pupilas dilatadas y presión arterial más ele­vada. Un análisis de su sangre puede mostrar un aumento en el número de leucocitos. Todas estas señas fisiológicas son exac­tamente opuestas a las que se ven en una persona que se en­cuentra descansando profundamente. ya sea por medio del sueño o del tranquilo pero alerta estado de la meditación A pesar de que la fisiología parece que se acelera después de tra­bajar con exceso, obviamente la fatiga no intensifica la activi­dad. La gente que padece fatiga crónica no puede trabajar tanto ni tan bien como quisiera, pues siente incapacidad para luchar con los problemas de la vida diaria o para tomar decisiones acer­tadas. Esta incapacidad de juzgar situaciones de manera realis­ta conduce a síntomas comunes de comportamiento irracional e irritabilidad.

Cuando la fatiga es un síntoma secundario, asociado con un estado de enfermedad primaria, no es difícil de manejar. pues­to que el tratamiento consiste en tratar el trastorno. El proble­ma del tratamiento surge cuando la fatiga es la queja principal y no se puede descubrir alguna enfermedad a qué achacársela. En estos casos, el médico generalmente encontrará otros sínto­mas, como nerviosismo, depresión, falta de apetito y deseo se­xual, dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad e incapacidad para concentrarse. Los pacientes con tales padecimientos que son admitidos en el hospital por “agotamiento", se encuentran dentro del gran número de casos diagnosticados como neuro­sis de ansiedad o depresión. En un estudio, al 75% de dichos pacientes se les diagnosticó como ansiosos neuróti­cos, al 10% como deprimidos y el resto padecía de una amplia variedad de trastornos físicos y psicológicos. Se han propuesto muchas teorías para explicar el desarrollo de la fatiga en gente que, de otro modo, se consideraría como sana. Las emociones fuertes como la ansiedad pueden provo­car la liberación de sustancias químicas en la corriente sanguí­nea (por ejemplo, cortisol y adrenalina). lo que. a su vez. conduce a la acumulación de toxinas. Estas toxinas en la san­gre son las que causan las manifestaciones externas de fatiga. En escena, el llamado "miedo al público", consecuencia de preo­cupaciones intensas y de ansiedad. es un ejemplo de tal fenó­meno. La emoción fuerte da. como resultado. debilidad física.

incapacidad para actuar, confusión y. finalmente, agotamiento. Esta teoría explica la debilidad producida por emociones  poderosas; pero no explica la fatiga que aparece sin ser acompañada de sucesos emotivos. Algunos psicólogos han señalado que la fatiga aparece como una llamada de atención y que los síntomas de ella son autoprotectores. Cuando alguna actitud o actividad particular se vuelve demasiado intensa o demasiado persistente y. por lo tanto debe cambiarse, aparecen los sínto­mas de fatiga como un medio de autoconservación; traen el mensaje de que algo más profundo está mal. La teoría de algu­nos psicólogos es que llevamos dentro de nosotros un gran nú­mero de actitudes e ideas inaceptables. Reprimimos estas ideas, o sea, no las dejamos salir, y este esfuerzo requiere de un con­sumo de fuerza mental, la cual a menudo es llamada por los psicólogos "energía psíquica". Cuando la fuerza de la represión se vuelve tan grande como para realmente agotar nuestra re­serva de energía psíquica, entonces salen a relucir los síntomas físicos de fatiga. Otros psicólogos han dicho que la fatiga no es un mecanismo de autoprotección, sino que viene del incons­ciente; en este caso, de un deseo de estar inactivo por cualquiera que sea la razón oculta. A pesar de estas teorías refinadas (a veces bastante contra­dictorias), algunas observaciones sobre la fatiga son demasiado tri­viales. La fatiga parece ser más común entre gente que no tiene un propósito definido en la vida. Aparece en gente que tiene demasiado tiempo en sus manos, que está aburrida o metida en la monotonía de rutinas diarias. Cuando esta gente encuen­tra una oportunidad de salirse de su rutina y empezar proyec­tos nuevos con un propósito definitivo en mente. por lo general se deshace de su fatiga automáticamente. Se siente llena de optimismo y entusiasmo. y el recuerdo de que alguna vez estu­vo fatigada ni siquiera acude a su mente. Por lo tanto, la fatiga puede pertenecer muy bien a la catego­ría de problemas de actitud. En mi experiencia con los pacien­tes, las causas más comunes de fatiga son: el aburrimiento, la falta de curiosidad y la ausencia de entusiasmo. Estas causas representan estados mentales definidos: la curiosidad, el entu­siasmo y el ansia de vivir son aspectos normales de salud per­fecta. Volveremos a ellos a medida que aprendamos más sobre la salud como una condición que nosotros podemos crear.

  1. Trastornos gastrointestinales

Los trastornos del estómago e intestinos son muy comunes y se encuentran sensiblemente relacionados con situaciones de la vida diaria. Cualquiera que haya sentido "mariposas" o "nu­dos" en el estómago durante incidentes de estrés no necesita convencerse de que el sistema nervioso y el digestivo están ínti­mamente ligados Biológicamente, el sistema gastrointestinal del embrión humano se desarrolla como una ramificación del siste­ma nervioso. En un adulto, el tracto intestinal completo se en­cuentra abundantemente abastecido de nervios, a través del sistema nervioso autónomo, la parte del sistema nervioso que se regula automáticamente. También se ha descubierto que al­gunas hormonas del sistema gastrointestinal se encuentran pre­sentes en el sistema nervioso (por ejemplo, la gastrina, la secretina, el glucagón, la somatostaina y media docena más). El papel exacto que juegan estas hormonas en el sistema ner­vioso todavía no está bien definido.

Basta decir que la conexión entre el sistema neuroendocrino y el digestivo existe, y que tendrá consecuencias importantes para los investigadores. Esta conexión debe hacer aún más clara la obser­vación común, bien conocida por todos los médicos, de que mu­chos trastornos digestivos son de carácter sicosomático. En otras palabras, las actitudes de la mente pueden manifestarse en el siste­ma digestivo, en forma de úlceras, intestinos irritables y diferentes grados de colitis (inflamación del colon). Debido a que los proble­mas emocionales sirven por lo menos para agravar estas enferme­dades tan comunes, la gente que padece úlceras o problemas digestivos frecuentes no puede esperar curarse mientras su vida emo­cional siga siendo perturbada a diario. Sus síntomas pueden ali­viarse si sigue una dieta blanda y toma relajantes, antiácidos y otros medicamentos, pero aun cuando se practique alguna operación para extraer las porciones dañadas del tracto digestivo, la probabilidad de que los síntomas vuelvan a aparecer puede existir por años, in­cluso toda la vida.

  1. La actividad de los jugos digestivos se ve afectada se­veramente por las emociones. Por lo común, la capa interior de la pared intestinal se encuentra protegida por sustancias quí­micas poderosas que existen en el estómago, como el ácido clor­hídrico; pero cuando esta defensa natural se destruye, el estómago literalmente comienza a digerir parte de sí mismo. En­tonces, se desarrolla una herida abierta, que sana muy lenta­mente y a la cual se le llama úlcera péptica. Las úlceras con frecuencia ocurren durante periodos de estrés. Las personas identificadas como "personalidades de úlcera", generalmente hombres, son difíciles de manejar; son apresurados, tercos, cri­ticones, obstinados, aprensivos y emotivos. Frecuentemente son también fumadores y alcohólicos empedernidos y además tie­nen malos hábitos alimenticios. Ya que ellos se consumen tra­bajando, no es de extrañarse que sus estómagos decidan hacer lo mismo.

Otros factores intervienen en la causa de las úlceras, por ejemplo, la herencia de úlcera en la familia o el hecho de tener san­gre tipo "O"; y las causas exactas aún están siendo debatidas. Las úlceras leves se pueden tratar con una combinación de die­ta blanda que contenga leche, antiácidos que neutralicen los áci­dos estomacales y abstinencia de alcohol, cigarro y cafeína. Sin embargo, las úlceras tienden a volver a pesar de estas medidas. y si no se tratan pueden abrirse totalmente hasta la capa estomacal (a esto se le llama perforación), dando como resultado la muerte del paciente. No se conoce ninguna manera definiti­va de prevenir esto, por lo que las víctimas de úlcera pueden pasar el resto de su vida cuidándose en su dieta y evitando es­trictamente el alcohol, el cigarro y la cafeína.

Sin embargo, esto es muy difícil para la gente con "persona­lidad de úlcera". Como ellos siempre se observan con ojo críti­co, pedirles que lo hagan aún más profundamente sólo empeora la situación. Algunas veces, el hecho de renunciar al alcohol y al cigarro, su único medio de escape, les provoca tanta ten­sión que sus úlceras en realidad responden mucho menos al tratamiento. Las úlceras también tienden a crearse durante pe­riodos de trastornos emocionales, en gente propensa a este pro­blema, sin importar qué tan cuidadosos hayan sido.

Colon irritable. El síndrome del colon irritable es el más co­mún de los trastornos gastrointestinales que se observan en la práctica clínica. Causa una aflicción considerable en los pacien­tes y es muy difícil de tratar. Los síntomas son: dolor en la parte baja del abdomen, con diarrea y estreñimiento alternados. Los pacientes que sufren de colon irritable tienen en su vida un aumento de estrés bastante marcado y leves rasgos de perso­nalidad neurótica. Los especialistas aún debaten si esta gente está emocionalmente afligida debido a sus síntomas o silos sín­tomas aparecieron primero como resultado de su trastorno emo­cional; los dos hechos parecen constituir un círculo vicioso. Los síntomas físicos en sí son bastante difíciles de tratar directamen­te pero, de manera significativa, el hecho de tratar con éxito los síntomas neuróticos del paciente hace que generalmente los síntomas físicos desaparezcan. El tratamiento acertado de pro­blemas del colon, particularmente en los casos más leves, significa que la ansiedad y la preocupación inmediatas desapa­rezcan también. Estos son sólo unos ejemplos adicionales de lo que la medi­cina está descubriendo cuando se estudia cualquier proceso de enfermedad en cualquier sistema del cuerpo: el fenómeno de la psiquis afectando el soma, la mente afectando al cuerpo. Cuando un estado de la mente se manifiesta con cambios dañi­nos para la fisiología, el resultado de esto es lo que llamamos proceso de enfermedad.

  1. Insuficiencia sexual

Existe un número cada vez mayor de pacientes deseosos de con­sultar a sus médicos sobre problemas sexuales. En parte, esto refleja mayor libertad para discutir un tópico que alguna vez se consideró como tabú, pero, desde mi punto de vista, también refleja una incidencia mayor de un mal funcionamiento sexual en la generación actual. Puede ser que la sociedad esté pres­tándole más atención al sexo en el contexto superficial del pe­riodismo y el entretenimiento; pero esto, en parte, puede ser porque la gente está más preocupada por él y más incierta so­bre lo que es normal y saludable. El mal funcionamiento sexual ha llegado a clasificarse clásicamente en dos amplias categorías: cambios de libido (impulso sexual) o cambios en la habilidad para realizar el acto sexual y lograr satisfacción. Por lo que a la ciencia médica concierne, los padecimientos más comunes de las mujeres son: la falta de excitación al hacer el amor y la imposibilidad de llegar al orgasmo. Los padecimientos más co­munes en los hombres son: eyaculación prematura e impotencia.

Problemas sexuales

Insuficiencia sexual en las mujeres. Aunque, en mi opinión, no existen ideas convincentes sobre las causas de la insuficiencia sexual en la mujer, algunos factores parecen contribuir a ello. Si una niña siente que sus padres, particularmente la madre, tiene una actitud negativa hacia el sexo o si una niña inocente en materia de sexo se encuentra expuesta traumáticamente a un acto sexual, la mujer adulta puede desarrollar problemas se­xuales más tarde. Otra causa muy común es que la mujer pue­de tener sentimientos negativos, no necesariamente sexuales hacia su esposo o compañero, o hacia el matrimonio. Frecuentemente, encuentra algo en el comportamiento de su esposo que la hace enojarse constantemente con él, aunque no lo demuestre abiertamente; también es posible que haya recibido preceptos que condenaban al sexo profundamente, inculcados por sus padres o por instructores religiosos. Cualquiera de estas situaciones produce inhibiciones que bloquean el goce sexual. No importa cuál sea la causa del mal funcionamiento sexual haciendo a un lado la posibilidad de que exista un trastorno médico que pueda ser tratado y diagnosticado, el resultado final tiene un rasgo común: la paciente comienza a fijarse más en evaluar su actuación y su estado de excitación durante el acto sexual, en vez de disfrutarlo simplemente. Los pensamientos de evaluación inhiben claramente los primeros estados de rela­jación de la respuesta sexual. El orgasmo no se puede lograr ni se le permite que siga su propio curso cuando no hay goce del acto sexual en primer lugar. El orgasmo es, después de to­do, una experiencia culminante y sólo es posible cuando se ex­perimenta libremente, sin pensamientos críticos, porque, ideal mente, todos los pensamientos se trascienden en ese momento. Casi todos los estudios que se han hecho sobre este pro­blema han llegado a la conclusión de que el hecho de estar ansiosa o preocupada por su actuación contribuye en la mujer a la insuficiencia sexual.

Insuficiencia sexual en el hombre. La eyaculación prematura, que se define como el hecho de eyacular antes de que uno o ambos compañeros lo deseen, es totalmente un problema psi­cológico. Ya sea clasificado como un acto reflejo o como una reacción adquirida que tiene motivaciones escondidas, este pa­decimiento sexual masculino, que es de los más comunes, existe en la mente. Masters y Johnson, con sus investigaciones, llega­ron a la conclusión de que la eyaculación prematura la apren­dió el hombre en los primeros encuentros sexuales, al asociarlos con la premura de tiempo, la culpa y el miedo de ser detectado.

La impotencia es la incapacidad para obtener o sostener la erección cuando existe deseo sexual. Esta situación tiene algu­nas causas médicas, entre ellas, trastornos hormonales de la pi­tuitaria, de la tiroides o de los testículos. También puede aparecer en diabéticos o en cualquier otra persona debilitada por alguna enfermedad o que esté sufriendo los debilitantes efectos secun­darios de tratamientos medicamentosos. También el alcohol y la marihuana, entre otras drogas, pueden producir estados de impotencia, particularmente entre los muy adictos. En la ma­yoría de los pacientes, sin embargo, esto también es un proble­ma psicológico. El miedo o el sentimiento de culpa con relación al sexo, o la ansiedad sobre nuestra actuación durante el acto sexual son, a menudo, los responsables de este padecimiento. De todos estos factores, la preocupación fija en nuestra actua­ción parece ser el más importante, pues enmascara el miedo al fracaso, que hace imposible una excitación natural

Pérdida de libido. En ambos sexos, la disminución del deseo (pérdida de libido) generalmente tiene detrás una causa emo­cional o psicológica. Sin embargo, también es común ver la fal­ta de deseo sexual con el uso del alcohol, los opiáceos o la mariguana. La gente puede suponer que las drogas aumentan la libido y la potencia sexual, pero no es así. Las drogas pue­den aumentar "la actividad" sexual al quitar inhibiciones, pero dicha actividad es inadecuada en términos generales, pues es­tas drogas tienen un efecto depresivo en el sistema nervioso cen­tral. Parafraseando a Shakespeare, el alcohol y las drogas "pro­vocan el deseo, pero se llevan la actuación", por lo que no son compatibles con un gozo sexual saludable. Como causas psicoló­gicas de la disminución del deseo sexual, la depresión parece ser la más común, pero el miedo, la inseguridad y la culpa pueden ser responsables también.

Procedimientos para tratar trastornos sexuales

Yo creo que los procedimientos acertados para tratar la insufi­ciencia sexual giran alrededor de un cambio en los patrones de pensamiento del paciente. El sexo es una parte hermosa y ma­ravillosa de nuestra vida; como todos los otros instintos bási­cos, tiene su origen en la mente. La actitud mental que le permite que fluya es abierta, natural y poco exigente. Los patrones de pensamiento que favorecen el goce sexual espontáneo existen en personas que saben dar y amar. Es un error pensar que la cantidad de sexo en la vida de uno es crucial y que mientras más, mejor. La actividad sexual es buena sólo cuando sus enemigos se encuentran ausentes, y ellos son el miedo, la frustra­ción y la represión. El procedimiento clínico moderno para tratar problemas se­xuales generalmente se enfoca a cambiar el comportamiento equivocado. Existe una técnica común llamada "desensibiliza­ción sistemática". Esencialmente, este método considera la insuficiencia sexual como resultado de un aprendizaje imperfecto, en el que el sexo se asocia con miedo y tensión. Así, el propó­sito es volver a aprender sobre el sexo, eliminando el miedo, en un procedimiento que va paso a paso El paciente es lleva­do a través de estados de relajación muscular voluntaria; des­pués, hace una lista de situaciones sexuales, en el orden en que le afectan con más ansiedad, y, finalmente, expone estas situa­ciones a la técnica de relajación, visualizándolas y aprendiendo a relajarse al mismo tiempo. Otros procedimientos de modifi­cación del comportamiento tratan las situaciones sexuales físi­camente, pero todas estas técnicas procuran quitar el miedo que se ha arraigado profundamente debido a una primera instruc­ción sexual inadecuada. Estos procedimientos han demostrado claramente que son útiles para tratar la impotencia y la incapa­cidad de lograr el orgasmo, pero aun así, la insuficiencia sexual permanece como un problema generalizado. Creo que es así porque ha habido demasiada preocupación y pensamientos de­liberados sobre algo que es natural, instintivo y espontáneo. Cuando la gente goza de un estado de salud perfecta, no exis­ten los problemas sexuales. En lugar de preocuparse por las ve­ces en que se tienen relaciones sexuales o por ver qué tan buenas son, la gente sana pone la sexualidad en su lugar, es decir, co­mo una parte privada de su vida, que se expresa a través del amor por otra persona. Cuando los pacientes me piden asesoría, me aprovecho de que el sexo es una de nuestras necesidades naturales más po­derosas y espontáneas y les digo que lo dejen por la paz. Cuando se hace a un lado y no se hace hincapié en él, el sexo comienza a despertar. Los hombres no logran la erección sólo con de­searlo, pero eso es precisamente lo que trata de hacer el hom­bre preocupado. Es un alivio para él cuando el doctor le prohibe que piense en el sexo o se ocupe de ello. Estos pacientes, que estaban completamente preocupados con el sexo y eran inca­paces de gozarlo, ahora encuentran que el gozo y la esponta­neidad les vuelven sólo porque tratan arduamente de ni siquiera considerar el sexo como una posibilidad. Al hacer que pongan su atención en "dejarlo por la paz", simplemente les estoy per­mitiendo que quiten de por medio los obstáculos que interfie­ren con la espontaneidad. El cambio opera, una vez más, a nivel de la mente, en donde la salud quiere afirmarse como una fuerza irresistible.

  1. El sueño y el insomnio

El sueño es completamente natural, absolutamente necesario y, sin embargo, es casi un misterio. Los hechos básicos sobre el sueño se han investigado sólo recientemente y todavía está por descubrirse por qué es tan necesario y cómo nos restaura en cuerpo y mente. Se sabe que el hombre y la mujer no difie­ren en las horas que duermen. La mayoría de la gente, alrede­dor del 60%, duerme de seis a ocho horas, por la noche; aproximadamente el 36% duerme más de ocho horas, y menos del 4% duerme menos de seis ho­ras. Nunca se ha encontrado a alguien que no duerma en abso­luto y muy poca gente puede lograr cambiar las horas que duer­me de una manera natural, por medio de un esfuerzo consciente. En un estudio realizado con miles de personas, alrededor del 57%, tanto mujeres como hombres, comentaron que se despiertan sintiéndose como nuevos después de una noche de sueño, pero hay muchos que no se sienten así. En aquellos que sufren insomnio se muestra la primera diferencia significa­tiva entre las mujeres y los hombres. Las mujeres exceden en dos por uno a los hombres al informar que han pasado aunque sea una noche sin dormir en absoluto. También, en la misma proporción, las mujeres toman pastillas para dormir más a me­nudo que los hombres.

Los fisiólogos han descubierto dos clases comunes de sueño en los mamíferos, incluyendo al hombre. Estos son: sueño de movimientos oculares rápidos (MOR ) y sueño de ondas lentas o "noMOR". Dentro de estas dos categorías, sin embargo, hay muchos niveles de sueño: ligero, pesado, inconsciente y semi­consciente. El sueño MOR ha atraído muchas investigaciones y también la atención pública, porque es la fase del dormir en la que uno sueña. Se cree que esta fase es la responsable del descanso y el rejuvenecimiento que el dormir nos produce. Como comúnmente se sabe, necesitamos ambas cosas, dor­mir y soñar, para sentirnos como nuevos, en la mañana. A pe­sar de que mucha gente, especialmente la que padece de insomnio crónico, afirma que pasa la noche completamente sin dormir o sin soñar, de hecho, esta creencia existe sólo en su mente. Estar sin dormir y sin soñar hace que, en poco tiempo, el cerebro funcione de manera muy anormal. El hecho de que alternemos el descanso y la actividad, en un ciclo, nos une a todas las especies vivientes. En realidad, el sueño MOR se ha encontrado en pájaros, en reptiles y peces, y es una marca distintiva del lugar al que pertenece una especie en la escala de la evolución. Como más adelante trataré más detalladamente, funciones como el sueño nos muestran que nuestro sistema nervioso se encuentra interconectado con to­das las cualidades primarias y vitales de la naturaleza. Nuestro ciclo ordinario de dormir, soñar y despertar, nos une con todas las cosas del universo. El patrón de sueño en los seres humanos varía durante dife­rentes periodos de la vida. El dormir principalmente por la no­che aparece de manera temprana, en las primeras semanas de vida, y continúa hasta la vejez. Después, sin embargo, el mo­delo comienza a variar. En general, la gente mayor asegura que no solamente duerme menos (a veces dormir de cinco a seis horas por la noche es normal para ellos), sino que experimen­tan, también, un nuevo patrón de sueño, al despertarse en la noche y dormir la siesta durante el día.

Los investigadores, al analizar la pregunta (sin respuesta) de cómo funciona el sueño, han elaborado teorías que exponen que la fatiga diaria produce en nosotros una sustancia llamada hipnotoxina, la cual activa una porción del cerebro, la forma­ción reticular, para producir la reacción del sueño. El sueño no sólo es un estado de conciencia, sino, también, un estado en que la química del cuerpo se encuentra alterada. Si se to­mara líquido de la columna vertebral de un gato que estuviera dormido y se inyectara en la de un gato que estuviera comple­tamente despierto, este últimó se dormiría inmediatamente. De la misma manera, nosotros despertamos cuando el cerebro se­grega las sustancias químicas necesarias para neutralizar las que nos mantienen dormidos. El hecho de permitir que estos pro­cesos biológicos se efectúen normalmente y de acuerdo con nuestros propios ritmos personales de sueño es una parte im­portante de una vida saludable.

Privarnos del sueño nos conduce rápidamente a una pérdida de bienestar. Si se priva del sueño a animales de laboratorio, aunque sólo sea por pocos días, se mueren. El hecho de privar a los seres humanos del sueño comienza por causar fatiga, irri­tabilidad y falta de concentración. Pronto nos conduce a una desorientación física y mental, a ilusiones y alucinaciones y a un descenso progresivo en la habilidad de hacer cualquier mo­vimiento de coordinación. Los estados más avanzados son in­tensamente molestos pues producen los síntomas de enfermedades neurológicas reales, incluyendo debilidad en los músculos, visión defectuosa y habla entrecortada.

Aparentemente, alrededor de una cuarta parte de los adul­tos norteamericanos necesita medicamentos para dormir, a juz­gar por las ventas de pastillas. Cuando los médicos tratan el insomnio, recetan hipnóticos y sedantes, los cuales pertenecen al grupo de” drogas que más se recetan. En su variedad más co­mún, el insomnio no se relaciona con ningún trastorno físico. Puede ocurrir aunado al dolor, a ciertas enfermedades orgáni­cas y al uso” de drogas o medicamentos, pero las causas comu­nes y corrientes del insomnio son: nerviosismo, preocupación y ansiedad. Frecuentemente, el insomnio se encuentra acom­pañado de problemas psicológicos más serios, como la sicosis maniacodepresiva o la depresión en sí. En estos padecimien­tos, tanto la cantidad como la calidad del sueño se deteriora se­riamente. Al hablar de una mala calidad, queremos decir que no todos los estados del ciclo del sueño se experimentan por completo, particularmente el sueño MOR. Una de las caracte­rísticas de la depresión es despertarse en la madrugada; en es­tos casos, el paciente no tiene ninguna dificultad para dormir, pero luego se despierta a las 2:00 o 3:00 de la mañana y no puede volver a conciliar el sueño. Mucha gente con ansiedad se da cuenta de que se despierta de repente, casi con un chas­quido, e inmediatamente está consciente de sus pensamientos acelerados y nerviosos. Las investigaciones sobre la bioquímica de las funciones ce­rebrales han sido dirigidas, también, a la búsqueda de medica­mentos que produzcan sueño. Estos varían desde los com­puestos simples y relativamente inertes que se venden sin rece­ta médica, hasta los barbitúricos y una nueva clase de dro­ga llamada benzodiacepina. Las dos últimas son más efectivas, pero crean hábito. Todos los medicamentos que se recetan pa­ra combatir el insomnio comparten el mismo inconveniente: la tolerancia a la droga, o sea que después de un periodo corto ya no son efectivos. Los pacientes que regularmente necesitan pastillas para dormir requieren de dosis cada vez mayores para lograr el mismo efecto. Estas drogas no proveen la calidad ade­cuada de sueño, porque interfieren con periodos de sueño MOR. El estupor producido por el consumo de demasiado alcohol pue­de parecerse al sueño, peto también nos priva del sueño MOR. La calidad tan mala de sueño producido con los medicamentos es comprobada por los pacientes cuando se quejan de crudas matinales, de fatiga, de estreñimiento, de falta de energía, falta de apetito sexual e incapacidad para recuperarse pronto de una enfermedad. Cuando se les retiran estos medicamentos, algu­nos pacientes experimentan delirio y alucinaciones. Así, pare­ce claro que la investigación que pretende buscar una solución farmacéutica para el insomnio está en la dirección equivocada.

No se necesita más que el sentido común para darnos cuen­ta de que cuando no podemos dormir es porque nuestros pen­samientos nos mantienen despiertos. La preocupación y la ansiedad no son más que pensamientos negativos sobre algo que ya ocurrió o que puede ocurrir en el futuro (que general­mente no ocurre). Claro que, algunas veces, es un pensamien­to feliz o la anticipación de algún acontecimiento feliz lo que nos mantiene despiertos. Sin embargo, esta clase de insomnio, por lo general, no nos importa mucho, pues cualquier sueño que pueda venir eventualmente es, por lo regular, bastante repara­dor. Un sueño tranquilo, en general, indica buena salud y la calidad del sueño al que uno está acostumbrado indica el bienes­tar físico y mental al que uno también está acostumbrado La gen­te feliz, contenta y amorosa rara vez sufre de insomnio. La gente dominada por sentimientos de culpa, ansiedad o desdicha, lo sufre habitualmente. No se necesita del apoyo de la ciencia para verificar este hecho que fa gente ha conocido por anos. Los trastornos en el sueño son prácticamente descono­cidos por los niños (a menos que se encuentre presente una enfermedad grave y dolorosa o un trastorno mental real). Los niños pueden dormir bien porque son inocentes. Si es­peramos tener éxito al tratar los trastornos del sueño de los adultos, necesitaremos empezar con los patrones de pensamien­to que no son sanos, que interfieren con lo que debería ser com­pletamente automático y libre de preocupaciones. En la pro­fundidad de la mente, en el origen del pensamiento, encontra­remos nuestras respuestas.

  1. El estrés y el síndrome de agotamiento total

Los investigadores médicos han sospechado, por mucho tiem­po, que el estrés es dañino; pero en la última década se volvió obvio el hecho de que éste es, sin duda, una de las mayores causas de enfermedad y hasta de muerte. Hoy en día, se en­cuentra implicado en casi todas las enfermedades, desde tras­tornos del corazón e hipertensión hasta cáncer, sin dejar fuera la diabetes, diferentes problemas metabólicos y trastornos hor­monales, como las enfermedades de la tiroides.

¿Qué es exactamente el estrés? Se le ha dado crédito al doc­tor Hans Selye como el primero que usó esta palabra aplicán­dola a la fisiología; y él lo definió de la siguiente manera: "La respuesta no específica del cuerpo a cualquier demanda que se le haga." Describió "un síndrome de adaptación general", en el cual el cuerpo reacciona ante cualquier estímulo desafiante, por medio de una secuencia predecible de cambios internos, incluyendo la liberación de ciertas hormonas. Esto nos es fami­liar y lo conocemos como el instinto de "pelea o escape", que ocurre cuando nos encontramos físicamente en peligro. Como indica el término, estas reacciones surgen en nosotros y en todos los seres vivientes como un mecanismo de protec­ción; permiten que todos los organismos respondan a los cam­bios de su medio ambiente. Aunque Selye pensó que una serie de reacciones predecibles aparecía frente a todos los factores que producían estrés, fueran físicos o psicológicos, ahora pare­ce que ese no es realmente el caso. Actualmente, los científicos creen que los organismos poseen reacciones especificas y bastante individualizadas, contra las amenazas externas. La definición "típica del estrés" ahora en­caja más con lo que la gente ordinariamente piensa cuando apli­ca el término a sí misma:  El estrés es la acumulación de presiones normales y anormales de la vida diaria que ponen a prueba la habilidad del individuo para enfrentarías." Cualquie­ra que gasta sus energías enfrentándose con la velocidad, el ruido y el caos de cosas que existen hoy en día, puede identificarse con esta definición. Sin embargo, se piensa comúnmente que el estrés se encuen­tra fuera de nosotros, que es la velocidad, el ruido y el caos de cosas. Este punto de vista es un error, puesto que el estrés se en­cuentra dentro de nosotros. El doctor Daniel X. Friedman, una autoridad en ello, dice al respecto: El estrés es una acción conjunta del cuerpo y la mente, que involucra la evaluación de una amenaza, una regulación instantánea de la reacción. El mecanis­mo que lo acciona es la percepción de la amenaza por el indivi­duo, no un suceso. La percepción es modificada por el tem­peramento y la experiencia." Las cursivas son mías, con ellas quiero hacer hincapié en la naturaleza subjetiva del estrés. El doc­tor Friedman indica que cada persona responde a amenazas ex­ternas a su manera, dependiendo del “nivel previo de excitación y de la habilidad para adaptarse. El estrés apropiado ayuda al in­dividuo a adaptarse. Sin embargo, el estrés inapropiado no sirve para ningún propósito útil y puede producir una enfermedad".

Por lo tanto, la percepción de la amenaza , que tiene el indi­viduo y no el hecho en sí, es lo que produce el estrés. Es muy importante que nos demos cuenta de esto; por ello, menciona­remos algunos ejemplos. Los factores más frecuentemente ci­tados que producen estrés en nuestra vida incluyen el divorcio, la muerte de un ser querido, la pérdida de dinero, de posesiones o del trabajo, la enfermedad de un familiar cercano y las críticas de la gente. Sin embargo, éstos no son realmente los factores que producen el estrés. Los verdaderos factores que lo producen son el miedo al divorcio, el miedo a perder un ser querido, el miedo a perder el trabajo y el miedo a la crítica. Aun la muerte inminente no es en sí la verdadera amenaza, sino el miedo de uno a morir. Una vez más, volvemos a las ideas y a los patrones del cerebro que incitan a que ocurran cambios bioquímicos y neurales. El estrés está actuando por estas sen­das desde la mente hasta el cuerpo.

Existen, hoy en día, datos considerables que nos informan sobre los cambios hormonales y bioquímicos que ocurren du­rante situaciones de mucho estrés. El cortisol, una hormona se­cretada por las glándulas suprarrenales, aumenta como respuesta a una amplia variedad de sucesos que producen estrés. Por ejemplo, muchos informes demuestran que el cortisol se incre­menta en la sangre cuando el individuo va a ser operado. No obstante, un estudio más detallado de estos informes reveló que no era la cirugía en silo que causaba este aumento en los nive­les de cortisol, sino la “anticipación" a la cirugía. Otra hormona que se ha estudiado en condiciones de estrés es la hormona del crecimiento. Se demostró que dicha hormona se elevaba en al­gunos estudiantes cuando tenían algún examen o cuando se les pedía que vieran escenas explícitas de sexo y violencia en pelí­culas; también se elevaba significativamente cuando los estu­diantes esperaban un ejercicio exhaustivo o se les confrontaba con pruebas que provocaban ansiedad.

Entre las otras hormonas cuyos niveles se elevan en circuns­tancias similares se incluyen la epinefrina, la norepinefrina y la prolactina (hormona de la pituitaria). Todos estos ejemplos prue­ban que el estrés opera a través de la conexión psicofisiológica: un pensamiento da como resultado la secreción de una hormo­na, generalmente un grupo de hormonas, que, a su vez, conducen a muchos cambios en el metabolismo y en la fisiología. En términos simples y generales, cuando una persona perci­be una amenaza, su cerebro la registra, mandando señales pa­ra la liberación de hormonas y éstas sirven como mensajeros para todas las partes del cuerpo que necesitan reaccionar. Esta reac­ción al estrés, que puede hacer que todo el cuerpo trabaje vi­gorosamente en una acción poderosa, sucede en sólo milésimas de segundo. ¿De qué manera se manifiesta la reacción al estrés de un mo­do anormal? A menudo, se manifiesta como una enfermedad. Ya que la enfermedad implica bastantes cambios a través del tiempo, debemos decir que el estrés se manifiesta como un proceso de enfermedad cuyos efectos se acumulan en el cuerpo. Este proceso puede producir hipertensión en una persona y úl­cera en otra (hay un dicho en medicina que dice: "Las úlceras no son el resultado de lo que uno come, sino de lo que se lo come a uno."). El estrés también se puede manifestar bajo la forma de síntomas no específicos. aquellos que constituyen lo que comúnmente se llama “síndrome de agotamiento total".

Lo que la gente experimenta cuando se siente totalmente ago­tada y lo que los médicos están reconociendo cada vez más, es que este agotamiento se encuentra en todos los niveles del cuerpo, a nivel de las emociones y de las actitudes ante la vida. Los malestares físicos incluyen: fatiga, insomnio, dolor de ca­beza, dolor de espalda, mala digestión, falta de aire, resfriados prolongados y pérdida o aumento de peso, sin desearlo. Las emociones, así como la actitud ante la vida, probablemente cam­bien hacia el aburrimiento, la intranquilidad, la sensación de es­tancamiento y la depresión. La gente totalmente agotada termina el día racionalizando su comportamiento o entregándose a acti­vidades y pensamientos obsesivos. En comparación con gente que se encuentra en un estado de salud y amor por la vida, las personas agotadas se irritan fácilmente, no pueden alabar a otros ni gozar de sus triunfos, y reaccionan a sucesos de la vida diaria con cinismo, poniéndose a la defensiva y culpando a otros. Para liberarse un poco de sí mismos, frecuentemente se vuelven adictos al alcohol y a las drogas.

La reacción al estrés puede ser letal. Un descubrimiento re­ciente muy importante nos muestra que el estrés agota el siste­ma inmunológico del cuerpo. Cuando una persona se encuentra en un estado crónico de tensión, parece inhibirse la producción de las células "asesinas" naturales del cuerpo, llamadas linfoci­tos T y macrófagos. Tal vez esta inhibición ocurre debido a los niveles excesivos de cortisol y de otras hormonas que se obser­van en la gente con tensión nerviosa. Ya que estas células ase­sinas tienen la responsabilidad de pelear contra las infecciones y contra cualquier otra enfermedad, podemos encontrar aquí la relación que conecta al estrés con el desarrollo de enferme­dades como la neumonía y el cáncer.

¿Es el estrés en algún modo necesario? A veces, la gente con estrés racionaliza su estado malsano declarando que lo necesita para funcionar bien. Con esto, generalmente quiere decir que lo necesita para competir y tener éxito en su agitada existencia. Algunos escritos afirman lo mismo, que algo de estrés es bueno para uno, pero que si es demasiado, particularmente del ina­decuado, es malo. Yo creo que esta actitud es completamente errónea. Todos los organismos vivientes poseen mecanismos innatos que les permiten crecer y adaptarse. Los girasoles siguen al sol porque un mecanismo interno controla ese compor­tamiento, y en días nublados, ese mecanismo, de manera automática e inteligente, no opera. Lo que vemos aquí es que las adaptaciones son apropiadas y naturales. Los seres huma­nos están dotados con la variedad más amplia y creativa de ta­les mecanismos, en toda la naturaleza. Nuestra habilidad para adaptarnos no tiene fin. En una persona perfectamente sana, la reacción apropiada y natural para cada situación está a la mano. Esto incluye reacciones como no hacer nada, mostrar pa­ciencia y silencio y saber cuándo descansar. Sin embargo, cuando nos forzamos por reaccionar de un mo­do antinatural, que interfiere con las reacciones que ya residen en nuestra inteligencia, los problemas comienzan. El estrés se acumula cuando no vivimos de acuerdo con nuestra inteligen­cia interior. Decir que necesitamos más estrés en la forma de un comportamiento más excitante, es como decir que necesita­mos aprender a ajustarnos a anormalidades como la presión, la competencia excesiva y la prisa constante. Este argumento, obviamente, muestra una gran desconfianza en la inteligencia interna del cuerpo. El manejo del estrés" sólo puede tener éxi­to cuando no hay ningún manejo. Hay una variedad infinita de reacciones que ya nos guían por la vida y si se les da una opor­tunidad nunca fallarán en hacer frente a las situaciones de la vida diaria.

Sin embargo, estas reacciones tienen que estar coordinadas instantáneamente, de manera que trabajen de acuerdo con la naturaleza. La mente puede tomar decisiones, pero también el corazón, las vías hormonales, cada célula y el ADN que se en­cuentra en el centro de cada célula. Cuando todos ellos actúan con armonía, el resultado es una salud perfecta y una inteligen­cia natural que engrandece la vida. Todo lo que necesitamos para aprovechar esto al máximo es una vida sin presiones y pa­ra ello, lo más importante es una actitud confiada y relajada. Así son las innumerables manifestaciones de las reacciones al estrés. La clave para todas ellas se encuentra en un lugar, que es de lo que trata este libro; la mente humana, el origen de todos los pensamientos y de todos los procesos del cuerpo que comienzan con los pensamientos. Descubriremos que mu­cha de la controversia sobre el estrés y cómo manejarlo, que existe hoy en día, se vuelve algo sin sentido una vez que dirigi­mos nuestras terapias hacia el nivel más profundo de la salud. En lugar de las definiciones médicas del estrés que actualmen­te existen, prefiero la que expresa Maharishi Mahesh Yogi, una autoridad en lo que se refiere a la conciencia, desde la perspec­tiva oriental: "El estrés es lo que bloquea la expresión completa de la inteligencia creativa." Teniendo en cuenta esta definición. una persona sin estrés se vuelve un modelo de vida, un ser hu­mano que vive usando su potencial de inteligencia al máximo.

  1. Enfermedades emocionales y depresión

Se ha creado una gran controversia en la medicina acerca del ori­gen de los trastornos emocionales y particularmente sobre la de­presión, la cual afecta a millones de personas. Durante un ataque de depresión, la persona se siente triste y agotada, sin capaci­dad para gozar la vida o para superar la sensación general de fatiga y debilidad que, en casos serios, es prácticamente paralizante. Además, la depresión se acompaña, generalmente, de una sensación de ansiedad, pérdida del apetito e insomnio. Na­die comprende claramente por qué ocurren tales ataques; en las personas severamente propensas a la depresión. los ataques duran más y se vuelven más frecuentes con el tiempo, hasta que. a la larga. ya no encuentran ninguna razón para vivir. El debate actual es decidir si se les proporciona a estas personas tratamiento psiquiátrico. mediante asesoría, o tratamiento mé­dico, o sea, con medicamentos. La publicidad reciente que se le ha dado a los tratamientos que han tenido éxito con el uso de antidepresivos químicos ha hecho que el público se dé cuenta de que no sólo la depresión, sino que todos los trastornos "de la cabeza" también tienen consecuencias en el cuerpo. Ahora podemos decir, con toda seguridad. que una amplia variedad de desórdenes psicológicos se asocian no sólo con sín­tomas mentales sino también con perfiles bioquímicos definidos. como son los siguientes:

Depresión mayor. Se pueden apreciar ciertos trastornos bio­químicos en pacientes que sufren de depresión. De hecho. pron­to será común que los médicos realicen pruebas de sangre que ayuden al diagnóstico de este padecimiento. Entre los cambios más notables se encuentran: el aumento en la secreción de cortisol, hormona de las glándulas suprarrenales; la secreción defi­ciente tanto de la hormona del crecimiento como de la hormona que estimula la tiroides (TSH),” y la elevación en los niveles de prolactina, hormona que secreta la pituitaria.

  1. Esquizofrenia. Este es un padecimiento psicológico serio de los adultos jóvenes. Más de un millón de personas lo sufren en los Estados Unidos, aunque no se ha llegado a un acuerdo de lo que es exactamente. Las personas esquizofrénicas pierden contacto con la realidad y sufren de muchos síntomas serios, como delirio, alucinaciones y pensamientos desordenados. Un ataque agudo de esquizofrenia vuelve la persona incapaz de fun­cionar dentro de la sociedad; en el pasado se requería poner al paciente en un asilo, debido a su estado de excitación, agita­ción, intranquilidad y comportamiento irracional. Este es, en la actualidad, el otro padecimiento psicológico más importante, aparte de la depresión (y una variación que se llama psicosis maniacodepresiva), que puede tratarse rutinariamente con me­dicamentos. La gente que tiene esta enfermedad muestra anor­malidades en muchas hormonas de la pituitaria, incluyendo la hormona del crecimiento, la prolactina y las gonadotropinas, que son hormonas sexuales. Sin embargo, otras hormonas ce­rebrales y endocrinas pueden estar involucradas también.

Anorexia nerviosa. Este es un trastorno en la forma de co­mer, al que se le ha dado amplia difusión hoy en día, y que afecta principalmente a mujeres jóvenes y niñas adolescentes. El paciente tiene un miedo malsano de subir de peso y se ima­gina que su cuerpo es más gordo de lo que es en realidad; esta idea persiste aun cuando su organismo casi desfallece por falta de alimento. Las personas que sufren de este mal, rechazan la comida, y continúan bajando de peso. A veces este trastorno se alterna con bulimia, un apetito insaciable y descontrolado en el comer, seguido de remordimiento y vergüenza (esta for­ma de comer se sobrelleva induciendo el vómito, en secreto); ambos trastornos pueden existir por separado. El perfil bioquí­mico de la anorexia muestra, también, secreciones anormales de la pituitaria, y en ello están involucradas la hormona del cre­cimiento, así como la folicular y la luteinizante (ambas, hormo­nas sexuales).

Todos estos trastornos (y la lista podría prolongarse conside­rablemente) son muy difíciles de tratar psiquiátricamente, pero esto no quiere decir que se hayan encontrado métodos curati­vos a base de sustancias químicas. Los medicamentos para tra­tar la mente, aun cuando sean relativamente eficaces, siempre tienen efectos secundarios. Algunos de los medicamentos em­pleados para calmar los procesos desordenados del pensamiento en los esquizofrénicos son muy drásticos al reducir también el pensamiento normal en estos pacientes, por lo que, algunas ve­ces, se les llama "camisas de fuerza químicas". La revolución en el tratamiento de los trastornos mentales con medicamentos ha traído alivio a algunas personas y ha desocupado camas en los hospitales para enfermedades mentales, pero nadie puede afirmar que la mayoría de estos pacientes se haya curado. Simplemente observemos la forma en que las enfermedades mentales y los patrones de pensamiento desordenado causan cambios bioquímicos en el cuerpo. La controversia sobre qué apareció primero, los trastornos emocionales o los cambios quí­micos, para mí, resulta irrelevante. No importa qué fue lo que apareció primero, con tal de que observemos, en las palabras de la vieja adivinanza, que la gallina sale del huevo y el huevo sale de la gallina.

Por ejemplo, existe un trastorno no muy común, llamado ena­nismo psicológico, en el cual los niños muestran tardanza de la pubertad y un tamaño bastante reducido (como el 50% de la altura normal para su edad), así como un retar­do en su edad ósea. Estos niños provienen, en general, de fa­milias desamparadas emocionalmente. Sus pruebas de sangre mostraron un nivel mucho menor de lo normal en la hormona del crecimiento. Sin embargo, cuando estos niños fueron lleva­dos a un medio ambiente que ofrecía apoyo emocional, rápi­damente comenzaron a crecer y hasta tendieron a alcanzar su altura normal según la edad. Lo que es muy importante es que cuando comenzaron a mejorar clínicamente, el nivel de la hor­mona del crecimiento, en su sangre, comenzó a aumentar, al mismo tiempo. Otros niños con "el síndrome de privación materna" muestran un comportamiento apático y ensimismado que se arraigó en ellos debido a la falta de calor materno a tempra­na edad. Estos niños se alejan del contacto social y hasta pare­cen insensibles al dolor físico; a menudo se lastiman a si mismos. A intervalos, aparecen en ellos arranques de mal genio y per­turbación. Sin embargo, si son tratados en un medio emocionalmente cálido, por gente cariñosa, esmerada y compasiva. las anormalidades bioquímicas que "causan" su comportamiento anormal son reversibles.

En otras palabras, la química del organismo de estos niños respondió de un modo a emociones como el miedo, la ansiedad y la depresión, pero de otro modo muy diferente. al amor y a la compasión. Lo que vemos aquí es que, en realidad. no existe una dualidad ni una conexión psicofisiológica. Nosotros creamos esa conexión, o sea que, en primer lugar, hemos se­parado a la mente del cuerpo, para que podamos entender la fisiología. En el campo de la psiquis, Sigmund Freud hizo su gran adelanto en la psicología al ver que no existe una verda­dera dualidad entre los pensamientos de la gente perturbada y el llamado pensamiento normal; más bien, todos los pensa­mientos ocurren siguiendo una línea que va continuamente a través de la experiencia humana. Ahora podemos extender esa línea para incluir a la fisiología, que es, finalmente, una expresión del mismo organismo unificado al que llamamos humano. A un nivel más profundo, este organismo es sólo una expre­sión de procesos del pensamiento y estímulos de la inteligen­cia, en el campo de la "la mente". Este es el punto de vista en ­que nos acercamos cuando examinamos la conexión ente la mente y el cuerpo. Yo creo que todo esto es muy importante para la terapia men­tal. La gente que sufre de depresión o de otras enfermedades ­psicológicas es víctima de la destrucción de su integridad. Una vez que sale de la situación en que mente y cuerpo se encuen­tran sanos por estar juntos, entonces docenas y docenas de síntomas mentales y físicos los pueden agobiar. Decimos que algunos de estos síntomas son mentales y otros físicos. Depen­diendo del punto de vista del médico, el tratamiento será por medio de psiquiatría o medicamentos, pero, esencialmente, una sola cosa se ha perdido: la integridad del cuerpo y de la mente Está fuera de nuestro alcance poder restaurar esta integridad tratando de aliviar cada síntoma. La integridad se debe resta­blecer desde nuestro interior, eso debe ser obvio a estas alturas, y el proceso comienza sólo cuando comprendemos el nivel más sutil del organismo humano, el “yo".

  1. La conexión psicofisiológica: Algunos casos dramáticos

Ya hemos visto que la conexión psicofisiológica juega un papel esencial en el inicio de los procesos de la enfermedades, siendo su papel igual de importante en las consecuencias. Los pacien­tes difieren enormemente en la forma en que su mente y su cuer­po reaccionan ante la enfermedad. Las historias de los casos que veremos a continuación revelan algunos ejemplos sorpren­dentes al respecto.

Caso número 1. Un ejecutivo de 42 años, el señor Avery, me llamó para decirme que había estado experimentando do­lores intermitentes en el pecho por varios meses. Su descrip­ción del dolor indicaba una angina pectoris, la cual resulta cuando hay una disminución en el suministro de sangre al co­razón. Decía que el dolor le venía cuando estaba deprimido. ansioso o apurado, tratando de cumplir con la fecha límite de algún compromiso de su trabajo, no cuando hacía ejercicio. Esta descripción indicaba que su dolor se debía a un espasmo de las coronarias, arterias que llevan la sangre al corazón, con­trario a la estrechez fija de dichas arterias, que ocurre al endu­recerse las mismas. Le aconsejé que viniera a mi consultorio para examinarlo. Contestó, muy enojado, que no tenía tiem­po, y que "de ninguna manera" podía dejar sus proyectos de negocios ni siquiera por un solo minuto. Sin embargo, las situaciones de dolor se volvieron más fre­cuentes y finalmente, aceptó venir a consulta. Se agitó en ex­tremo cuando tuvo que esperar quince minutos en la sala de recepción y empezó a gritarle a la secretaria, afirmando que él  era un hombre extremadamente ocupado que no podía perder el tiempo y que no debía haberle dado una cita si no podía aten­derlo inmediatamente. Cuando lo Vi en el consultorio, un poco después estaba muy enojado y empezó por decirme que los doctores creían que sólo su tiempo valía y que no tomaban en consideración el de los pacientes. Después de examinarlo, le informé que probablemente estaba teniendo ataques irregula­res de angina pectoris. En mi opinión, debía internarse en el hospital para practicarle más estudios de diagnóstico.

Cuando el señor Avery oyó esto, perdió el control. Gritó y se enfureció. diciendo que no podía seguir mi consejo. Pude ver que comenzaba a echar espuma por la boca y estaba po­niéndose pálido. En ese momento, se apretó el pecho y cayó al piso. Era obvio que había sufrido un paro cardiaco, y traté de resucitarlo de varias maneras, pero fue inútil. Veinte minu­tos después de que este paciente entró a mi oficina, ya estaba muerto. La autopsia reveló, más tarde, lo que ya habíamos sospechado; el paciente sufrió un infarto del miocardio o sea un ataque al corazón. Sin embargo, la autopsia también reveló que sus arterias estaban limpias, no había obstrucción como la que se ve cuando una arteria está tapada. En lugar de que el ata­que al corazón fuera causado por un espasmo de las corona­rias, fue directamente producido por su hostilidad, resentimiento. impaciencia, miedo y los sentimientos exagerados de creerse indispensable.

El señor Avery fue asesinado por sus pensamientos en me­nos de dos minutos. Ya he detallado el mecanismo que existe detrás de este fenómeno, pero, básicamente, las emociones ne­gativas intensas y los pensamientos de hostilidad y miedo pro­ducen cambios fisiológicos complejos al liberar hormonas a través del eje pituitario suprarrenal. Los cambios que ocurren en el cuerpo son drásticos, rápidos y complicados, difíciles de com­prender, pero podemos determinar que la presión arterial se ele­va, igual que los latidos del corazón, y hasta las coronarias pueden experimentar un espasmo, como ocurrió en este caso.

Caso número 2. Me pidieron que examinara a un paciente extranjero de 46 años. el señor Patel que había sido admitido a la unidad de enfermedades coronarias en un hospital local docente del área de Boston. Venía de la India y estaba visitando Bos­ton. Haba estado asistiendo a unas conferencias de negocios cuando sufrió un ataque al corazón. Se encontraba en la sec­ción de terapia intensiva del hospital, en donde se le encontra­ron arritmias que amenazaban su vida. Esto quiere decir que el ritmo de los latidos del corazón es anormal, del tipo que de­bilita la contracción y, por lo tanto, hace difícil que el corazón bombee la sangre con eficacia.

Este paciente había sufrido arritmia de la clase más peligrosa, llamada fibrilación ventricular. En ésta, los latidos son virtual­mente inefectivos; es un tipo de palpitación rápida. A menudo, esta palpitación viene después de un ataque al corazón y es cau­sada por inestabilidad eléctrica en el mismo. A menos que el paciente sea inmediatamente resucitado, generalmente aplican­do un choque eléctrico al pecho, la muerte es instantánea. El señor Patel había tenido ya muchos incidentes de fibrilación y afortunadamente cada vez había vuelto en sí con los choques eléctricos. No era nada claro por qué continuaba con estos ata­ques de arritmia. Lo que sí era claro, sin embargo, era que si estos acontecimientos continuaban, no saldría vivo del hospital.

Cuando lo vi, descubrí que estaba muy preocupado por la forma en que iba a pagar la cuenta del hospital. Como era un visitante de otro país, no estaba cubierto por ningún seguro de gastos médicos y había oído que en Estados Unidos, si una per­sona es hospitalizada sin tener seguro de gastos médicos, esta­rá en deuda de por vida. Me dijo que prefería morir que pasar el resto de su vida en deuda. Lo tranquilicé al decirle que su cuenta del hospital sería solventada de algún modo, a pesar de lo que había oído, y que, de hecho, sin que él lo supiera, su compañía había tomado una póliza de viaje especial para él y toda su delegación. Después de que se le dio esta noticia, sus signos vitales se estabilizaron y no tuvo más fibrilación ventricu­lar. Se le dio de alta en tres semanas y dejó el país, rumbo a su casa, una semana más tarde, completamente libre de sínto­mas. De no haberse apaciguado a tiempo, es casi seguro que los pensamientos de temor de este paciente lo hubieran mata­do. Nunca me enteré quién pagó su cuenta en el hospital.

Caso número 3. El señor Badgeff, abogado de 35 años, lle­gó a la sala de emergencia del hospital, quejándose de un do­lor en el pecho, que no podía especificar. Después de examinarlo cuidadosamente el doctor de guardia de la sala de emergencia le aseguró que todo estaba bien; el dolor  era de origen muscular. Apenas llegó el paciente a su casa, le regreso el dolor por lo que volvió a la sala de emergencia, me pidieron que lo examinara. Después de practicarle un examen físico completo y de examinar su electrocardiograma (ECG) que era normal, de todas maneras decidí admitirlo en el hospital, para tenerlo en observación, debido a la ansiedad tan severa que tenía. Veinticuatro horas después me di cuenta de que en verdad había algunos cambios en su ECG, lo que indicaba que su corazón había sufrido algún daño. Estos cambios no eran aparentes en un principio. cuando el señor Badgett llegó a la sala de emergencia. Cuando le informé esto al paciente, se molestó mucho. In­mediatamente me dijo que iba a demandar al hospital y al doc­tor que lo vio primero, por "incompetencia”. A pesar de que yo le aconsejaba, una y otra vez, que se calmara, pasó las si­guientes dos horas llamando a sus colegas legales y haciendo preparativos para “una demanda que les daría una lección a esos sinvergüenzas". Su presión arterial se elevó bastante a pe­sar de que tratamos de bajársela con medicamentos. Una hora más tarde, cuando aún se encontraba hablando por teléfono, el paciente sintió dolor en el pecho por tercera ocasión. Esta vez, murió inmediatamente. La autopsia reveló una ruptura en el miocardio, literalmente una lesión en la porción débil o da­ñada de su corazón. El deterioro tan rápido del paciente y. a fin de cuentas, su muerte, fueron causados directamente por sus pensamientos.

Caso número 4. El señor Casey, vendedor de seguros, de 64 años, con un historial de exceso en el fumar, vino conmigo para que le practicara un examen físico de rutina. No tenía nin­gún síntoma de enfermedad; pero debido a su manera excesi­va de fumar ordené que le tomaran una radiografía del pecho. la cual reveló una gran lesión en el lóbulo inferior del pulmón izquierdo. Pruebas adicionales revelaron que la lesión corres­pondía a un diagnóstico de cáncer en, el pulmón. Más tarde. al examinar una radiografía de hacía cinco años, se descubrió una pequeña lesión del tamaño de una moneda, en la misma área. lo que sugería que el cáncer había estado creciendo lentamente, por lo menos durante los cinco años previos. De cual­quier modo, el paciente no había tenido ningún síntoma hasta el momento. Sin embargo, después de que el señor Casey es­cuchó su diagnóstico. de repente su estado se deterioró con ra­pidez. En un lapso de tres días estaba escupiendo sangre y en tres semanas desarrolló una tus severa e incontrolable y le falta­ba el aire. Murió de cáncer en el pulmón. un mes después.

Este caso comprueba lo que con frecuencia he observado. que la progresión rápida de los síntomas y posteriormente la muerte por cáncer. ocurrieron después de que se hizo el diag­nóstico de dicho mal. Es casi como si el paciente se estuviera muriendo a causa del diagnóstico y no de la enfermedad. Po­dríamos decir que es como el efecto de un placebo, pero al re­vés, porque la causa se origina en el pensamiento: "Tengo cáncer, por lo tanto me estoy muriendo." Este pensamiento da como resultado una secuencia de cambios patológicos en el cuer­po del paciente. debido a la conexión psicofisiológica. y éste comienza a declinar rápidamente.

Caso número 5. La señora Di Angelo, de 63 años, fue internada en el hospital, con ictericia; ésta se aprecia por la coloración amarilla en la piel y en lo blanco de los ojos. En este caso, se creyó que la causa eran piedras en la vesícula, por lo que se programó a la paciente para una operación. Cuando le abrieron, se descubrió que, en lugar de piedras, tenía cáncer en la vesícula. El mal abarcaba toda la cavidad abdominal y había invadido el hígado. Se consideró inoperable a la paciente, por lo que, sin más maniobras, se le volvió a cerrar el abdo­men. Mientras la señora Di Angelo se encontraba todavía en la sala de recuperación, le informé a su hija acerca del diagnóstico. Me insistió que no le dijera nada a su mamá: "Conozco a mi mamá y sé que se moriría lnmediatamente si le dice que tiene cáncer." Muy a mi pesar, le dije a la paciente que en verdad había tenido cálculos en la vesícula y que a se los habíamos quitado. Yo creí que su hija le diría la verdad en algún momento después de que se fueran a casa. También creí que la paciente no viviría más de un par de meses. La siguiente vez que la vi fue en mi consultorio,. ocho meses mas tarde. La ictericia había desaparecido totalmente y se veía radiante y saludable. No existía ninguna evidencia clínica de cán­cer. La señora Di Angelo aún me visita regularmente para sus exámenes de rutina y no tiene ninguna enfermedad. La última vez que vino a verme me dijo: "Doctor, cuando me internó en el hospital hace tres años con ictericia, yo estaba segura de que tenía cáncer. Me sentí tan aliviada después de la operación, cuando me dijo que eran cálculos en la vesícula, que decidí no enfermarme más”.

Este es uno de los casos más sorprendentes con los que me he encontrado. El placebo, en este caso, no fue un medicamen­to, sino la operación. Aunque clínicamente la operación fue inútil, fue lo que condujo hacia una curación completa. Claro que, en realidad, ni siquiera fue la operación, sino los pensamientos posteriores de la paciente, los que la hicieron vivir.

Caso número 6. El señor Keller, hombre de negocios de 54 años, fue admitido en el hospital con una úlcera duodenal que le sangraba por tercera vez en tres años. Una inspección cuida­dosa de su historia clínica reveló que sus tres casos de sangrado habían ocurrido en el mes de abril. Resultó que el señor Ke­ller, como a cualquier otro, no le gustaba pagar sus impuestos. Cuando le pregunté, admitió que cuando tenía que pagar sus impuestos se ponía muy tenso. También resultó que estaba acostumbrado a hacer unos ajustes justificados", aquí y allá, en su informe de ganancias, por varios miles de dólares, sufi­cientes para salvarlo de pagar un poco de impuestos. Estos "ajus­tes" fueron suficientes también para causarle sentimientos de cul­pa y aprehensión. Como sucede en muchos pacientes propensos a las úlceras, el descontento del señor Keller consigo mismo fue convertido, por su cuerpo, en un síntoma físico: su estómago literalmente comenzó a digerirse a sí mismo. Cuando el caso tan obvio del sangrado de su úlcera le fue explicado, el paciente decidió que no valía la pena seguir ha­ciendo lo mismo. Le entregó sus asuntos fiscales a un contador y le dio instrucciones para que hiciera contribuciones a un fondo anónimo mantenido por el Servicio Interno de ingresos para estas situaciones, justamente. Desde entonces. el señor Keller ha pagado algunos miles de dólares más en impuestos, pero se ahorra muchos miles más en cuentas del hospital y su salud ha mejorado bastante.

Este caso no es extraordinario, pues la relación que existe en­tre el desarrollo de las úlceras y el exceso de estrés en nuestra vida se conoce desde hace mucho tiempo. Sin embargo, sólo recientemente los investigadores han confirmado que los pen­samientos de inquietud y preocupación por sí mismos pueden producir jugos gástricos excesivos, lo cual da como resultado ataques de úlcera. El doctor Herbert Weiner, al comentar sobre el descubrimiento de que algunos "sucesos significativos" pue­den causar úlceras, se preguntaba por qué tal descubrimiento no se había confirmado antes. Su conclusión es la siguiente: de­bido a que los médicos no conocen el exacto mecanismo del cuerpo que convierte sucesos significativos en síntomas de en­fermedades, tienden a ser incrédulos al respecto. Otra razón es que los investigadores buscan "una serie común de sucesos o una sola reacción emocional que perturbe a todos esos pacien­tes" Sin embargo, es natural que los pacientes con úlceras viven una vida bastante diferente uno del otro y que experimenten situaciones diarias muy específicas de cada individuo. La con­clusión que el doctor Weiner obtiene de todo esto  y yo estoy completamente de acuerdo con él  es que el acontecimiento externo no es la causa importante, "más bien, es el significado que tiene el suceso para la persona que lo experimenta". En la manera en que la medicina científica está establecida actual­mente, se pasa por alto mucho de lo que es completamente ob­vio sobre la conexión psicofisiológica, porque, otra vez con las palabras del doctor Weiner, "no se ha inventado aún algún ins­trumento que proporcione información confiable sobre el signi­ficado de un suceso para una persona". Sin embargo, esto es precisamente lo que une todos estos casos.

Caso número 7. Recién comenzaba mi práctica en una co­munidad que se encontraba a 32 kilómetros al norte de Bos­ton, cuando me uní a un grupo de internistas, de los cuales dos se habían especializado en cardiología. Un domingo, en la noche, me tocaba estar de guardia por todos mis compañeros. Me encontraba manejando desde un hospital, en el que ya había acabado mis visitas de rutina, hacia otro situado a ocho kilóme­tros de distancia, cuando recibí un mensaje de que me comuni­cara con la señora Johnson inmediatamente. Ella se encontraba en una extensión telefónica de uno de los grandes hospitales docentes de Boston. La voz de la operadora en servicio sonaba con cierta urgencia, por lo que paré en el primer teléfono públi­co que encontré, para reportarme. La voz que se oía al otro lado de la línea sonaba histérica. "Doctor Chopra, dijo, mi esposo está programado para una operación de las coronarias, para mañana, y en el último momento quiere retractarse”. La señora Johnson me estaba hablando porque su esposo era pa­ciente de un cardiólogo que era mi socio. El señor Johnson sufría de angina pectoris inestable. Temiendo que pudiera sufrir un ataque cardiaco masivo si no se practicaba la operación inmediatamente, mi socio lo había transferido al hospital docente para injertar de emergencia un bypass.  El hospital al cual se le había transferido era uno de los más famosos del mundo, el procedimiento iba a ser efectuado por el doctor W, un ciruja­no cardiólogo famoso mundialmente también. ¿Por qué quiere su esposo retractarse?, le pregunte a la señora Johnson.

Porque no le gusta el doctor W. ¿Qué es lo que no le gusta del doctor W?, a lo que replicó:

Nada en particular, nada más no le gusta.

Señora Johnson, le dije impaciente,. hay gente que vie­ne de todo el mundo para que la opere el doctor W. El es fa­moso por su habilidad como cirujano y el hospital en que su esposo se encuentra es uno de los más famosos en el mundo. Jeques del medio oriente, estrellas de Hollywood y jefes de es­tado vuelan hacia acá para recibir tratamiento. Menos del 1% de los pacientes a quienes se les practica el procedi­miento que se le va a hacer a su esposo han muerto en la ope­ración. Si su esposo se quiere retractar es su problema, pero debe tener una razón mejor que sólo el hecho de que no le guste el doctor W. Entonces la señora Johnson me preguntó ansiosamente si po­día hablar directamente con el doctor F, mi compañero car­diólogo. quien era realmente el médico de su esposo, no yo. Mi esposo conoce al doctor F, dijo, y a él sí le hacía caso. Mi esposo no tiene nada contra el doctor W: de hecho, el doctor W fue muy amable con él y le explicó todo sobre la operación, con mucha paciencia. Lo que pasa es que a mi es­poso no le gustó el doctor personalmente, usted sabe, es sólo una corazonada. Se me estaba haciendo tarde, pues tenía que llegar a la sala de emergencia del otro hospital y no podía entender lo que me quería decir.

Es la noche que descansa el doctor F, le dije impaciente,. De todos modos, creo que está fuera este fin de semana. Creo que su esposo tiene suerte de estar en ese hospital con un cui­dado tan excelente. Al doctor F le costó mucho trabajo arreglar todo para la operación y creo que su esposo debe seguir ade­lante con ella, si no puede tener muchos problemas. Me va a disculpar ahora, pero tengo que colgar, pues tengo que aten­der una emergencia. A la mañana siguiente, le comenté esta conversación a mi socio. En el momento en que le estaba contando la historia, se fue rápido hacia el teléfono. ¿A dónde va?, le pregunté.

A hablar para que cancelen la operación, dijo, ya apren­derás, Deepak, que nunca debes mandar un paciente a una ope­ración si no le tiene confianza al cirujano, se quedó en el teléfono un rato y luego colgó. Demasiado tarde, ya lo están operando. Esa noche, el famoso cirujano llamó a mi socio para darle malas noticias. Una complicación muy rara e imprevista surgió cuando se preparaban para quitarle al señor Johnson la bomba cardiaca. A pesar de los enormes esfuerzos que se hicieron pa­ra resucitarlo, murió en la mesa de operaciones.

Caso número 8. Cuando era estudiante del cuarto año de medicina en la India, me asignaron una vez el trabajo clínico de un paciente desahuciado, con cáncer en el páncreas. Era un aldeano de 70 años, que se llamaba Laxman Govindass. Aparte de que se sentía bastante mal, estaba confuso y algo pas­mado al encontrarse en un hospital grande y moderno, con ma­quinaria sofisticada y grupos de médicos con cara seria y largas batas blancas. Los doctores que lo atendían eran del tipo académico profesional, pasaban en cada visita una hora al la­do de su cama, discutiendo con los médicos internos y residen­tes la patogénesis del carcinoma pancreático y sus diferentes

presentaciones clínicas. Después pasaban al caso siguiente, a veces sin siquiera preguntarle al señor Govindass cómo se sentía. Los médicos internos y los residentes se ocupaban de los problemas médicos de él, de una manera competente, pero es­taban demasiado ocupados para hablarle personalmente.  Como estudiante de medicina sólo me asignaban tres prácti­cas a la semana, por lo que tenía bastante tiempo para platicar. En un par de días nos hicimos buenos amigos. Me enteré que era granjero de un distrito cercano, que tenía tres hijos mayo­res que ya se encargaban del rancho, que antes había sido un borracho empedernido y por eso su familia lo había desampa­rado y abandonado. Cuando se enfermó de gravedad, uno de sus hijos lo trajo al hospital y se despidió de él con estas pala­bras: “Es probable que te mueras!"

Por supuesto, el paciente se sentía perturbado al estar en el hospital; y ya sin los efectos adormecedores del alcohol, empe­zó a sentir el dolor tan agudo que tenía en el estómago. Por primera vez, se dio cuenta de lo enfermo que estaba. Su esta­do se deterioró rápidamente y su dolor aumentó. Encontró a los doctores más interesados en su enfermedad que él. Sin nin­gún familiar que lo confortara, muy pronto empezó a desear su muerte. Yo pasaba alrededor de una hora con él, cada tarde, a me­nudo sin intercambiar muchas palabras. Era claro para los dos que le quedaba muy poco tiempo de vida. Después, se acabó mi trabajo en la clínica. Me asignaron a una enfermería peque­ña, situada en una aldea, a unos 300 kilómetros de ahí. Fui a despedirme del señor Govindass, sabiendo muy bien que no estaría vivo cuando yo regresara al hospital, en un mes. Sin embargo, me armé de valor y le dije: Señor Govindass, aquí nos vemos cuando regrese en 30 días. Sonrió tristemente y dijo: Ahora que se va, ya no tengo nada por qué vivir, me moriré, se encontraba ya moribundo y demacrado y no pe­saba más de 34 kilos. Era un milagro que estuviera vivo. Sin saber más que decir, murmure: No sea tonto, usted no se puede morir antes de que lo vuel­va a ver. Salí rumbo a la aldea donde tendría mi puesto. El dispensario al que me asignaron resultó estar bastante falto de personal y yo siempre estaba ocupado haciendo lo que en realidad harían cuatro hombres. Me avergüenza decir que rara vez pensé en mi amigo moribundo que estaba en el hospital. Cuando re­gresé, un mes después, ya casi me había olvidado de él. Sin embargo, afuera de la sala del hospital, vi el nombre de Lax­man Govindass y mi corazón comenzó a latir violentamente. Empecé a sudar frío, no podía creer que estuviera vivo. Corrí hacia su cama. El viejo yacía acurrucado en posición de feto. No era más que piel y huesos, excepto por un aspecto sorpren­dente: sus grandes ojos abultados me miraron fijamente y pe­netraron profundamente hasta los lugares más recónditos de mi alma.

Ha regresado, dijo, usted me advirtió que no podía mo­rir sin verlo otra vez. Ya lo estoy viendo ahora!, cerró sus ojos y después de un suspiro, murio. Yo estaba profundamente estremecido. No podía perdonar­me haber prolongado la agonía final de este hombre. Me sentí miserable y culpable, y muchas noches desperté para encon­trarme mirando fijamente a sus ojos, que me acusaban. Nunca olvidaré a Laxman Govindass. Fue por medio de él que tropecé con la conexión psicofisiológica.

Segunda parte (Estableciendo las base)

Que los pensamientos nobles vengan a nosotros de todas partes.  Rig Veda

  1. Toda la salud se origina en un solo lugar

A estas alturas, el lector debe estar consciente de la hipótesis que estoy desarrollando; la prueba de ello es inequívoca. Ya hemos hablado de problemas serios, como presión arterial alta, enfermedades del corazón, cáncer, sobrepeso, fatiga crónica, depresión, síndrome de agotamiento total y enfermedades psi­quiátricas. Hemos encontrado que la mente juega un papel cru­cial en el origen de todos estos padecimientos. En mi opinión, lo mismo ocurre en cualquier otra enfermedad que observemos. Las úlceras ocurren en personas irritables y ansiosas. La colitis ulcerosa (un padecimiento intestinal doloroso) afecta a perso­nas que son compulsivas y obsesivas. La impotencia y otros va­rios problemas sexuales son causados casi siempre por ansiedad sobre la manera de actuar durante el acto sexual. Muy a menu­do, los accidentes les pasan a personas que son propensas a ellos, habitualmente; a las que siempre están muy distraídas y por eso los atraen. Podríamos seguir hablando sobre otros numerosos ejemplos bien documentados. Sin embargo, a medida que indagamos más sobre la patogénesis de la enfermedad, aparece una verdad ele­mental: toda enfermedad resulta de un bloqueo en el flujo de inteligencia. Cuando la gente habla de inteligencia, se refiere, casi automáticamente, al intelecto y su manera de relacionar los conceptos. No obstante, la inteligencia no se encuentra simple­mente en la cabeza. Su expresión puede estar a nivel subcelu­lar, a nivel celular o del tejido, o a nivel del sistema nervioso central. Las enzimas, los genes, los receptores, los anticuerpos, las hormonas y las neuronas, son expresiones de inteligencia y poseen una inteligencia. Regulan funciones esenciales, con una habilidad perfecta y lo hacen desde los puntos más remotos del cuerpo, por decirlo así, lejos de la fortaleza donde se establece el intelecto. A pesar de que todas estas expresiones de inteligencia se pueden ubicar, la inteligencia en sí no se pue­de delimitar. Impregna cada nivel de su manifestación, nos in­vade totalmente y es universal por naturaleza. La inteligencia es la mente y, como veremos, su alcance abarca el cosmos. Se­ríamos imprudentes al suponer que opera solamente desde los confines del cerebro. En ese sentido, todo proceso de enferme­dad se origina en esta fase más vasta de la mente; lo mismo ocurre con la salud

  1. La felicidad y la química cerebral de la salud

Es obvio que la gente saludable es más feliz que la que no tiene salud. Lo que se confirma, cada vez más, a través de estudios, es que también la gente feliz es más sana que la infeliz. Parece ser que la felicidad, que significa simplemente tener pensamien­tos felices la mayor parte del tiempo, causa cambios bioquími­cos en el cerebro, los que a su vez tienen efectos muy benéficos en la fisiología. Por otro lado, los pensamientos tristes o depresivos produ­cen cambios en la química del cerebro, que tienen un efecto nocivo en la fisiología. Las sustancias químicas del cerebro, por medio de las cuales los pensamientos trabajan, se llaman neu­rotransmisores. Se han identificado 30 clases diferentes, por lo menos, en el tejido cerebral. Según el temperamento que una persona haya desarrollado, cambia la proporción de estos neu­rotransmisores entre sí mismos. Como los pensamientos se en­cuentran bajo nuestro control, o sea, que podemos escoger conscientemente cualquier pensamiento en particular, es obvio que la química del cerebro puede ser controlada muy fácilmen­te, aunque esto pueda ser difícil de analizarse científicamente. Pensar es practicar química cerebral. La química influye en la secreción hormonal desde varios lugares de todo el cerebro, co­mo el hipotálamo y la pituitaria, y luego estas hormonas llevan mensajes a órganos distantes del cuerpo. Demos algunos ejemplos de pensamientos infelices. Los pen­samientos hostiles y de enojo aceleran los latidos del corazón, suben la presión arterial y sonrojan la cara, entre otras reacciones. Los pensamientos de ansiedad también pueden acelerar los latidos del corazón y elevar la presión arterial; asimismo, pue­den producir temblor en las manos, sudor frío, un nudo en el estómago y el debilitamiento que prevalece cuando decimos que una persona “está muerta de miedo". Diferentes clases de pen­samientos deben producir cambios químicos en el cerebro, pa­ra explicar tales manifestaciones físicas. El pensamiento severa­mente perturbado se ha relacionado, desde hace mucho, con distorsiones en la química cerebral. Citando a un investiga­dor: "No hay pensamiento enredado sin alguna molécula enre­dada."

Del mismo modo, los pensamientos felices de toda índole, como los de amor, paz, tranquilidad, compasión, amistad, ama­bilidad, generosidad, afección, calor e intimidad, producen, cada uno, un estado correspondiente en la fisiología, por medio del flujo de neurotransmisores y hormonas en el sistema nervioso central. Los profundos cambios fisiológicos que producen los pensamientos felices dan como resultado una buena salud, por­que los neurotransmisores que les sirven de mediadores en el cuerpo tienen un efecto estimulante. Si, como ya hemos visto, el sistema inmune del cuerpo se debilita con los sentimientos e ira, apatía, enemistad, resentimiento, conflicto y tristeza, los patrones de pensamientos felices deben servirnos, entonces, para ­aumentar la resistencia del cuerpo a la enfermedad, por medio de un efecto similar pero contrario. Esto se puede apreciar en el "efecto placebo", mediante el cual los pensamientos, por sí solos, determinan el resultado de un proceso de enfermedad. Un placebo es una píldora hecha sólo de azúcar y algún colorante inerte, que lo hace ver como medicamento auténtico. Se les da a los pacientes diciéndoles que en realidad es una medicina muy poderosa, generalmente un analgésico. Como los pacientes esperan un alivio (la pala­bra placebo viene del latín que quiere decir "yo complaceré"), éste llega. Por ejemplo, en un estudio reciente, a miembros de un grupo de pacientes que tenían una úlcera abierta se les dio algo que sus doctores describían como el medicamento más po­tente para tratar úlceras. Las úlceras de más del 70% dejaron de sangrar de inmediato. Sin embargo, a otro grupo le dijeron que el medicamento era experimental, y que, por lo tanto, su eficacia era desconocida; solamente en el 25% de este grupo la úlcera dejo de sangrar. En realidad, los dos grupos sólo tomaron un placebo. Las consecuencias de tales investigaciones van más allá de lo que se había imaginado previamente. En el pasado se creía que el efecto placebo tomaba el lugar del "verdadero" tratamien­to, más o menos engañando al paciente o, más bien, haciendo que él mismo se engañara. Los doctores reconocían que los placebos servían, pero su acción parecía un efecto secundario psi­cológico. Ahora ya sabemos que los placebos activan los propios mecanismos curativos del cuerpo (ya he descrito una clase com­pleta de analgésicos internos, las endorfinas, que el cuerpo pro­duce para este propósito). Si vemos hacia el futuro, podremos apreciar que los placebos pueden ser la mejor de todas las me­dicinas. Yo los veo como una especie de permiso que la mente se da a si misma para que se efectúe la curación. Los investiga­dores están comenzando a ver las posibilidades de emplear el efecto placebo en el tratamiento de enfermedades orgánicas se­rias, incluyendo el cáncer. Norman Cousins, cuyos libros han despertado al público a tales posibilidades, escribe: "El placebo es más bien un proceso que una pastilla. El placebo es el doctor que uno lleva dentro."

Los placebos actúan por medio de la liberación de neurotrans­misores. Esto significa que, en realidad, no es el placebo el agen­te activo, sino el pensamiento del paciente que lo toma. En el estudio sobre las úlceras, los pacientes dejaron de sangrar por su creencia de que el medicamento serviría y mientras más dé­bil fue la creencia, más débil fue la cura. Los placebos son tan poderosos cuando si funcionan, que en un estudio que se hizo en pacientes con náusea, ésta desapareció cuando se les admi­nistró una pastilla de la cual se les dijo que era un medicamento antináusea muy fuerte. De hecho, la pastilla era un medicamento muy fuerte para producir náusea. Cuando la creencia se cana­liza en una dirección, no sólo se puede intensificar "la realidad" de la acción de un medicamento, sino que se puede cambiar por completo. La creencia de que una pastilla quita el dolor de cabeza o cualquier otro dolor, que disminuye la presión arte­rial, que mejora la habilidad sexual, que aumenta la fuerza y la vitalidad, que mejora el apetito, que hace bajar o subir de peso o incluso, que cura una enfermedad maligna, puede pro­ducir estos resultados. Para que los pensamientos sean capa­ces de curar, se deben tener de una manera inocente y se debe creer en ellos sinceramente durante cierto periodo pues mien­tras más tiempo influyan los patrones de pensamiento curativo en los neurotransmisores apropiados, estos últimos podrán in­fluir más en la fisiología del cerebro. Si los patrones de pensa­miento y el estado de nuestra mente son tan importantes, ¿cómo podemos transformarlos en algo mejor? Para contestar esta pre­gunta primero tenemos que entender lo que es un pensamien­to y lo que queremos decir con la mente; este es el tema del siguiente capítulo 16 Los pensamientos: Impulsos de inteligencia; la mente humana: Receptáculo de inteligencia.

El libro que está usted leyendo en este momento no es más que una serie de pensamientos que fluyen de mi mente y llegan a la de usted a través de los sentidos. Vea a su alrededor y verá pensamientos que se han manifestado por todos lados. La silla en la que está sentado tuvo su origen en un pensamiento, así como la casa o el departamento en el que vive, la cama en la que duerme, la ropa que usa, el coche que maneja, el alimento que come y el trabajo que tiene. Realmente no puede haber ninguna polémica sobre este hecho tan obvio: cualquier objeto que usted perciba a su alrededor, y que haya sido creado por el ser humano (carreteras, coches, aviones, naves espaciales, computadoras, novelas de misterio, dulces, etcétera), no es más que una serie de pensamientos manifiestos; algunos son pro­pios, aunque la gran mayoría son de gente que usted ni cono­ce, pero todos son pensamientos, a fin de cuentas. Maharishi Mahesh Yogi, una autoridad en el estudio de la conciencia y un gran expositor de la misma, llama a los pensamientos "im­pulsos de inteligencia creativa". Estos impulsos surgen de la men­te, en forma natural e ilimitada; la mente es, por consiguiente, el receptáculo de la inteligencia creativa. Cuando los pensamien­tos o impulsos de inteligencia creativa se organizan de manera adecuada, conducen fácilmente a la acción creadora cuyas ma­nifestaciones externas son los libros, los objetos y los cuerpos sanos.

La ruta que conduce desde la conciencia hasta los objetos creados ya existen en nuestra propia experiencia, pero casi no le prestamos atención de manera consciente. Sin embargo, cuando lo hacemos. se abre ante nosotros un panorama de la vida más amplio. Por ejemplo, digamos que soy un artista. Los impulsos de inteligencia que brotan de mi conciencia (mi men­te), cuando se encuentran organizados apropiadamente, con­ducen a una acción. Reúno la materia prima, brochas y pintura, y comienzo a mezclarlos de manera organizada. El resultado será algo nuevo creado por mi pensamiento: una pintura. Para que se pueda crear dicha pintura, algunos complementos son totalmente necesarios: a) la conciencia o mente, de la cual surgirán, b) los pensamientos o impulsos de inteligencia creativa que sur­gen, c) de manera organizada; esto conduce a, d) una acción y el resultado final es e) mi pintura, un cuadro satisfactorio del Taj Mahal a la luz de la luna.

La habilidad para organizar los pensamientos es tan mata como los mismos pensamientos, o como el hecho de que sean inteligentes. Cualquier actividad de la vida que no sea casuali­dad, y ningún acto creativo en toda la naturaleza es casual­idad, lleva consigo, desde que nace, el poder de organizar. Cuando un arquitecto dibuja un plano, cada una de sus líneas lleva consigo la capacidad para ser transformada en realidad. A este poder mato de organización, Maharishi lo llama "cono­cimiento". Las ideas no podrían convertirse en hechos de ma­nera tan natural si no llevaran consigo el conocimiento. No­sotros pasamos por alto el poder organizador debido a que forma parte de nuestra inteligencia. Cuando la mente quiere ce­rrar el puño de la mano, la respuesta de ésta no es automática; pero sería necesario un curso entero de fisiología para poder explicar el conocimiento que corre silenciosamente desde el ce­rebro hasta la mano, por medio de la habilidad de los neuro­transmisores, de las hormonas, de cargas eléctricas, de enzimas y de acciones musculares, sin mencionar el flujo de inteligencia que mantiene la vida y la nutrición del cerebro y las manos. De hecho, podemos definir la mente como la estructura que tiene poder organizador.

¿Qué pasa con los objetos que no son hechos por el hombre, los objetos de la naturaleza? Estos, para nosotros, se dividen en dos categorías: animados e inanimados. Esto no quiere de­cir que la cultura vea las plantas y los animales como algo animado, y al fuego, la tierra y el viento como algo inanimado, pero podemos considerarlos de esa manera. Entre los anima­dos, la ciencia ya admite ahora que no hay nivel alguno sin in­teligencia. La extensión del poder de organización abarca desde el cerebro hasta el núcleo de cada célula. En el momento de la concepción, el óvulo unicelular que fue fertilizado no es más que un instructivo codificado en una molécula de ADN con do­ble filamento. Las instrucciones están enlazadas de manera or­ganizada, la manifestación que se despliega de ellas conduce a un ser humano específico. Si el ADN se desarrolla en la for­ma de Albert Einstein, entonces esta capacidad de cambiar el mundo con el pensamiento se moverá a una distancia infinita. Se traslada desde las sustancias bioquímicas organizadas de una célula, hasta la mente infinitamente creativa de Einstein. Esta­mos viendo que la vida tiene un poder organizador infinito, o conocimiento, dentro de ella. Consideremos a los objetos inanimados de la naturaleza. To­me usted una roca y analícela, quiébrela, pulverícela, depure sus elementos básicos, luego macere las sustancias químicas has­ta que se vuelvan átomos, convierta los átomos en partículas elementales, y entonces, ¿qué vemos? Vemos organización; ob­servamos protones, electrones y otras partículas dispuestas de manera organizada. Antes de quebrar, destrozar, pulverizar y aplastar la piedra, este conocimiento ya existía de una manera coherente, automática y, podríamos decir, inteligente. Todos los objetos inanimados expresan su propia variedad de destre­za, en el esquema de la naturaleza. Estoy tratando de hacer hincapié en esto: todo lo que capta­mos con nuestros sentidos, o sea, todos los objetos hechos por el hombre o los de la naturaleza, animados o inanimados, son expresiones de un poder organizador o conocimiento. Otra idea de Maharishi Mahesh Yogi viene a la mente: "El conocimiento está estructurado en la conciencia." Ya hemos visto cómo esta idea se aplica a nuestras mentes. Cada impulso que emana de nuestra mente, o conciencia, lleva consigo el conocimiento, pero en realidad, es el concepto el que se lanza hacia el universo. El mismo Einstein notó que toda ciencia comienza con "una con­vicción profunda de la racionalidad del universo". El describe sus sentimientos de “asombro y éxtasis ante la armonía de la ley natural" y una de sus convicciones principales es que tal ar­monía indica que hay una inteligencia de extrema superioridad que se muestra en el universo. Una de las más famosas perlas de la sabiduría hindú, de los Vedas, es esta oración: "Yo soy Eso, Tú eres Eso, todo esto es Eso y Eso sólo es.” No pensare­mos que esto es una rima mística cuando sepamos que la pala­bra "Eso" significa "inteligencia". Así, en el universo todo surge de la conciencia como conoci­miento. Este es un concepto sorprendente, difícil de captar y con el que no es fácil estar de acuerdo. Nos dice que lo único que es real y tangible en el universo, es el conocimiento. Este conocimiento (o poder organizador) tiene su sede en la con­ciencia y el resto del mundo material no es tan real, en compa­ración. Los objetos materiales tienen su propia e innegable reali­dad en el orden del universo, las estrellas, las rocas, los hon­gos y los canguros se encuentran aquí, pero cuando nos remontamos a su origen, todos ellos son manifestaciones de una realidad fundamental: el conocimiento. Napoleón Hilí, quien desarrolló un método para triunfar en la vida, basado en este concepto, recuerda: "No observemos las cosas que se ven, sino las que no se ven, porque las cosas que se ven son transitorias y las que no se ven son eternas." (La Biblia, 2 Corintios 4.18.)

Permítanme volver a plantear lo que se ha dicho, desde un nivel práctico. Primero tenemos la conciencia, en la cual resi­den todos los impulsos de la inteligencia creativa. Estos se ma­nifiestan como pensamientos en nuestra mente. Cuando se manifiestan de una manera organizada  por medio del poder organizador, o conocimiento  conducen a una acción, y dan como resultado una obra material. Este proceso que ocurre en nosotros es comparable a lo que sucede de un extremo a otro de la naturaleza, en una escala universal. Nuestros impulsos son los mismos que todos los demás impulsos de inteligencia, sólo que nosotros los conocemos como pensamientos. Un pájaro, al volar en medio del Atlántico, también tiene un impulso de inteligencia que lo guía, que lo lleva a emigrar (incluyendo to­das las demás acciones previas de almacenar comida, escoger la estación adecuada para emigrar, etcétera). Ese impulso en el cerebro del pájaro es, también, una clase de pensamiento, sólo que no lo llamamos así porque estamos acostumbrados a hablar de pensamientos sólo en términos humanos. Podríamos decir que son pensamientos los que guían a la abeja a recolec­tar el polen y a hacer la miel, si estuviéramos acostumbrados a decir eso. Toda la naturaleza, por consiguiente, no es más que un uni­verso lleno de toda clase de impulsos o pensamientos que se expresan en la infinita variedad de la creación.

Así es, también, cuando observamos nuestro cuerpo. Vemos actuando la misma inteligencia infinita. Sólo que estamos acos­tumbrados a pensar que la inteligencia reside únicamente en el cerebro, porque estamos acostumbrados a igualar la inteligen­cia con la capacidad intelectual. Sin embargo, con nuestra nue­va percepción descubrimos una inteligencia que opera en cada célula de nuestro cuerpo. La intrincada maquinaria del cora­zón, el riñón, el sistema inmunológico y el hormonal, son, to­dos ellos, otras manifestaciones de este poder organizador. Lle­gamos a la inevitable conclusión de que la mente, llamémosle conciencia o inteligencia,, prevalece en cada parte del universo creado Nuestra propia mente es una expresión de inteligencia, de la cual nuestra conciencia humana deriva su infinito alcance.

  1. Evolución

Hace algunos años, una cantidad infinita de información alma­cenada en un minúsculo y flageliforme esperma unicelular se combinó con otra cantidad infinita de información comprimida en un óvulo unicelular microscópico. El resultado fue, de nuevo, una cantidad infinita de información, ahora contenida en un "conceptus" unicelular, infinitamente pequeño. Este "con­ceptus era singular porque en todo el universo no existía nada exactamente como él, ya que era el único que poseía ese pa­quete de información infinita, codificada en un doble filamento de ADN. Con las condiciones y los alimentos adecuados. la célula se dividió, una y otra vez, millones de veces, siempre lle­vando consigo su conocimiento y su paquete de información únicos. En la actualidad. esa célula está compuesta por millo­nes de células que trabajan en armonía una con otra, en una demostración de conocimiento e inteligencia que nunca pierde sus intrincados poderes de organización. Hoy en día. esa célula es usted.

No es sólo su sustancia, son todos sus pensamientos. emo­ciones, gustos, disgustos, deseos y pasiones. Actualmente. us­ted puede estar dirigiendo una empresa o puede estar viendo la estrella vespertina desde un bote de remos o leyendo griego o armando una revolución. Usted podría ser un Hitler o un Gandhi, y el mundo podría tener diferentes pensamientos por­que usted vivió en él. ¿Quién es usted? En realidad usted no es más que aquella célula única engendrada accidentalmente cuando una de las miles de millones de células espermatozoi­des que. llevando su instructivo único y adelantándose a sus compañeros. entró en un óvulo, en la matriz de su madre.

El código de instrucciones de ese doble filamento de ADN es el mismo, hoy, que en ese momento. Es todo usted: su piel sus ojos, sus sentidos, su mente, su intelecto. Usted es conoci­miento. Ese conocimiento se sigue expresando en una varie­dad infinita; entonces, usted no es la misma persona de ayer y será una persona completamente diferente mañana. El flujo del cambio se hace posible gracias a lo que parece ser lo opues­to: el código incambiable almacenado en su ADN. Al trabajar juntos los dos opuestos, se produce un crecimiento continuo, tanto en lo que cambia como en lo que no cambia. Eso es a lo que llamamos evolución.

La evolución no significa que usted se haya vuelto diferente o que haya adquirido más conocimiento.. Desde un principio, el conocimiento estaba completo, íntegro. Ya era infinito cuan­do empezó como la información almacenada de una célula. Es sólo que la expresión de ese conocimiento siempre se está ex­pandiendo. ¿Existe un límite para esta expansión y, por lo tan­to, para la evolución? El enfoque de la ciencia sobre el mundo material nos puede hacer pensar que la evolución es básicamente una escalera para que los organismos primitivos asciendan, hasta que completen su desarrollo como especies de plantas y ani­males en la tierra. Sin embargo, la ciencia está a punto de com­prender que la evolución es mucho más que eso: la evolución es la naturaleza de la vida. Permítanme citar al eminente médi­co e investigador Jonas Salk:

El principio de la evolución que debe tenerse en mente es que ésta penetra todo. Antes de la evolución biológica hubo una evo­lución prebiológica; antes de eso, hubo la evolución del cosmos. Después de la evolución biológica hubo una evolución metabio­lógica, la evolución de la conciencia, y de la conciencia de la conciencia, así como de la conciencia de la evolución. En este momento, la evolución está ocurriendo dentro de la mente hu­mana, como resultado de su experiencia, que nosotros metabo­lizamos e incorporamos a nuestro ser. El pensamiento y la creatividad humana se han desarrollado como respuesta al me­dio ambiente del hombre. La evolución metabiológica implica la supervivencia del más sabio. La sabiduría se está volviendo ahora el nuevo criterio para la salud.

El doctor Salk nos dice, con esto, que el objetivo de la evolu­ción en el hombre es "la supervivencia del más sabio". Hemos llegado hasta este punto a través de dicha evolución, la misma que formó las estrellas, la tierra y la vida en la tierra. En todas esas etapas, la evolución opera sin esfuerzo. Simplemente está dentro de la naturaleza de la existencia. Evolucionar sabiamen­te será la siguiente etapa del crecimiento. Todo lo que tenemos que hacer es seguir la tendencia natural que nos hizo conscien­tes, en primer lugar, y luego ser conscientes de nuestra con­ciencia, en segundo lugar. Si la sabiduría es el criterio para la supervivencia, entonces ¿qué es la sabiduría? En la India, la definición clásica de un hom­bre sabio es: "Un conocedor de la realidad." Podríamos decir que la sabiduría es el conocimiento de la vida como un todo. A medida que la inteligencia humana se expande sin esfuerzo, llegamos a comprender a la vida en su totalidad y es por eso que estamos tan interesados en la salud perfecta y la felicidad. Estas son las metas naturales que se están desarrollando en la gente que comienza a captar la inteligencia infinita que se ex­presa en su mente y su cuerpo. Una vez que aceptamos nues­tra tendencia natural, expandemos nuestro conocimiento. El siguiente paso es mostrar por qué el objetivo de esta expansión es aumentar la felicidad.

  1. La salud: Suma de impulsos, positivos y negativos, de la inteligencia

En todo momento, la salud de usted es la suma total de todos los impulsos positivos y negativos, que emanan de su concien­cia. Usted es lo que piensa. Si es feliz, quiere decir que tiene pensamientos felices la mayor parte del tiempo. Si está depri­mido, quiere decir que tiene pensamientos tristes la mayor par­te del tiempo. En esta suma entran, también, todos los demás estados de. nuestra mente, nuestra ración diaria de ira, miedo, envidia, ambición, bondad, compasión, benevolencia y amor. Todos estos son simples pensamientos. Cuando uno de” ellos predomina, conduce a un correspondiente estado de la mente, y, como hemos visto, a una situación determinada de la fi­siología. De hecho, podemos volver a exponer la prueba de la cone­xión psicofisiológica, en una oración: para cada estado de con­ciencia existe un estado correspondiente de la fisiología. Si usted tiene pensamientos hostiles, se reflejarán en su humor, en su expresión facial, en su comportamiento social y en su bienestar físico. Si usted está de mal humor, si es una persona impacien­te y difícil de tratar, su estómago producirá demasiado ácido y segregará demasiada adrenalina en la corriente sanguínea, por lo que, consecuentemente, podrá desarrollar úlceras pépticas e hipertensión. Para una persona observadora, no es nada difí­cil leer sus pensamientos; las células de su cuerpo los están re­gistrando de una manera mucho más acertada.

En la mayoría de la gente, la conexión psicofisiológica opera más o menos al azar. Los pensamientos surgen de interacciones con el mundo y afectan al cuerpo para bien o para mal, dejando una impresión duradera, en forma de arranques de có­lera o melancolía, tendencia a enfermedades, síntomas reales de enfermedades y, con el tiempo, un proceso de desgaste del cuerpo, al cual llamamos envejecimiento. Muy poco de esto está bajo nuestro control consciente. Sin embargo, es obvio que al­gunos pensamientos están bajo nuestra dirección y este sencillo hecho da la oportunidad de un mayor desarrollo en la direc­ción apropiada, hacia el dominio del "yo", o del ser. A este dominio del "yo" se le ha llamado clásicamente, "ilu­minación". Ya que este concepto se malinterpreta en nuestra sociedad, lo trataremos más adelante. No obstante, la ilumina­ción simplemente significa tener control sobre la conexión psi­cofisiológica. La mente altamente evolucionada no es víctima de influencias casuales de mala salud; tiene dominio sobre lo que piensa. Por lo tanto, lo que piensa es feliz y saludable. Un dominio de esta clase no es algo peculiar o "anormal". Simple­mente es una extensión de la habilidad normal de controlar al­gunos pensamientos. Esta capacidad normal, cuando se le da espacio para expandirse y evolucionar, se dirige hacia una sa­lud perfecta y una mayor felicidad. Esto es lo que el doctor Salk quiso decir con la supervivencia del más sabio.

Nosotros no tenemos que hacer nada para evolucionar en la dirección apropiada, porque el hecho de evolucionar está den­tro de la naturaleza de la vida. Lograr el dominio del "yo", con todos sus beneficios para la salud, significa algo más que qui­tarse del camino y permitir que la inteljgencia infinita de la mente y el cuerpo cooperen de manera más íntegra: eso es lo que quie­ren hacer. Cuando dejamos de interferir y somos lo suficiente­mente listos para permitir que la conexión psicofisiológica trabaje para nosotros, y no en nuestra contra, la mente se dirige con rapidez hacia la salud perfecta.

  1. La vida y la longevidad. El problema del envejecimiento

El envejecimiento es el deterioro progresivo del funcionamien­to físico y mental, que ocurre con el tiempo y finaliza con la sus­pensión de todas las funciones, o sea, la muerte. La mecánica del envejecimiento no está clara. Hasta sólo recientemente los científicos no habían mostrado mucho interés en el proceso del envejecimiento y no existe, al respecto, una gran investigación a largo plazo. Sin embargo, se ha estudiado claramente la fun­ción de los distintos órganos del cuerpo y sólo existe una ma­nera de describir cómo envejecen; declinan, progresivamente, con el tiempo. También se han estudiado las hormonas, y los investigadores han encontrado que ocurren cambios interesan­tes respecto de su concentración en la sangre, particularmente en lo que se refiere a la pituitaria y las suprarrenales. A medida que la gente envejece, hay una elevación, en la sangre, de la llamada hormona estimulante de la tiroides (perteneciente a la pituitaria), y un descenso en la concentración de sulfato de dehi­droepiandroterona (hormona suprarrenal). (Este nombre no es para que usted lo recuerde; yo lo sé porque participé en algu­nas de estas investigaciones.) La inversión de estos niveles, que tienen un significado importante para la inversión del proceso de envejecimiento, se tratará en la cuarta parte de este libro.

Algunas investigaciones recientes realizadas con animales, que pueden aplicarse o no de la misma manera a los seres huma­nos, nos aclaran la mecánica del envejecimiento. Por ejemplo, se ha descubierto que el ayuno periódico aumenta la longevi­dad de las ratas. El ayuno ha sido, tradicionalmente, parte de muchas culturas y aparece en la mayoría de las religiones; por ejemplo, nuestro alimento de la mañana se llama "desayuno" porque antiguamente se consideraba que rompíamos un ayu­no. Si se comprueba que el ayuno tiene un beneficio fisiológi­co, esta verificación podría estar relacionada con el hecho de que el ayuno aumenta el nivel de la hormona del crecimiento. secretada por la pituitaria.

Uno de los efectos de dicha hormona es estimular la produc­ción de los linfocitos "T", del timo, los cuales juegan un papel importante en el mantenimiento de la inmunidad del cuerno con­tra la enfermedad. El envejecimiento y las enfermedades rela­cionadas con éste, como la artritis, ocurren cuando la respuesta del sistema inmunológico del cuerpo se ha debilitado. En la ac­tualidad, se sabe, también, que el ejercicio físico aumenta el ni­vel de la hormona del crecimiento. De este modo, la ciencia objetiva afirma lo que dice mucha gente común y corriente: que el ejercicio regular y el ayuno son medidas que prolongan la vida. Desde hace tiempo, se ha pensado que dormir bien du­rante la noche ayuda a que uno viva más y resulta que el nivel de la hormona del crecimiento también aumenta durante el sue­ño. Los aminoácidos arginina y ornitina tienen el mismo efec­to, por lo que las tiendas naturistas de Estados Unidos los están vendiendo ahora como "píldoras para la juventud", respalda­das por la creencia popular sobre la prolongación de la vida.

Es demasiado prematuro decir si los intentos por aumentar los niveles de la hormona del crecimiento por medio del ejerci­cio, del ayuno o de suplementos, prolongan realmente la vida, pero los datos iniciales parecen prometedores. Debo advertir que el ayuno tiene sus desventajas cuando se hace con exageración, pues puede producir desnutrición, a causa de bajo consumo de proteínas y calorías, y también puede debilitar el sistema inmu­nológico.

En todo caso, las medidas dietéticas aceptadas por la mayo­ría de la autoridades en ese campo siguen estos preceptos: re­ducir gradualmente la cantidad de alimentos que usted ingiere, en un periodo de varias semanas; evitar todo alimento proce­sado; evitar comidas con mucha grasa, sal y azúcar, y concen­trarse en aumentar la cantidad de fruta fresca y vegetales. en su dieta. Una vez que usted se haya ajustado a estos cambios, puede comenzar con ayunos, omitiendo una comida al día o bebiendo leche o jugo solamente, en lugar de una comida. Si usted ayuna un día entero, entonces es suficiente hacerlo una vez a la semana. Los consejos para la "prolongación de la vida" también men­cionan. respecto de la dieta, unas sustancias llamadas antioxi­dantes. Se ha pensado que el envejecimiento y los procesos de enfermedad que se relacionan con la edad, como el endureci­miento de las arterias, pueden ocurrir al formarse, en el cuer­po. “los radicales libres" Son sustancias altamente reactivas. que crean enlaces químicos anormales, en el tejido del cuerpo: re­sultan de interacciones entre nuestras células y agentes exter­nos que entran a nuestro cuerpo, por medio del aire contami­nado, el humo del cigarro, impurezas en el agua y algunos ali­mentos. El oxígeno se agota durante estas reacciones. Nos aconsejan tomar antioxidantes porque previenen la formación de estos radicales libres al evitar que el oxígeno se fije quími­camente.

Muchos de estos antioxidantes se encuentran en alimentos naturales, pero el plan para la "prolongación de la vida" nos dice que los reforcemos con suplementos. Los que generalmente se encuentran en las tiendas naturistas incluyen las vitaminas A, C y E, el ácido pantoténico y los conservadores BHT y BHA. También es fácil comprar oligoelementos o micronutrientes, co­mo el zinc y el selenio, así como los aminoácidos cisteína, orni­tina y arginina, los cuales también se recomiendan. Como esta área no está lo suficientemente” clara, no les estoy dando las dosis recomendadas por el programa para la "prolongación de la vi­da", ni estoy apoyando estas recomendaciones. Se sabe que los conservadores de alimentos tienen efectos tóxicos, por un lado, y el hecho de querer comprar cápsulas con conservado­res, en lugar de consumir alimentos cuya etiqueta diga "sin con­servadores", simplemente muestra que nuestro conocimiento al respecto es incompleto. Los partidarios de la vitamina E han afirmado, por mucho tiempo, que tiene efectos benéficos pa­ra retardar el envejecimiento, pero aunque se esté de acuerdo con eso (y no todos los investigadores están convencidos), no se ha establecido la. dosis óptima. El estrés emocional y las preocupaciones pueden acelerar el proceso de envejecimiento. Al trabajar por medio del eje neu­roendocrino. con el que ya estamos familiarizados en este li­bro, los pensamientos que producen estrés se transforman en neurotransmisores, en el cerebro. Estos, a su vez, afectan la con­centración de las hormonas que producen estrés, como la ACTH de la pituitaria. Cuando la serie hormonal completa se activa, el resultado es un debilitamiento del sistema inmunológico o sea una inmunosupresión. Como ya lo hablamos visto antes, cuando la reacción inmunológica se suprime, el cuerpo se vuelve mu­cho más susceptible a enfermedades de toda clase, incluyendo el cáncer. Por lo tanto, se cree que los beneficios de la reduc­ción del estrés aumentan nuestras probabilidades de vivir mas.

Longevidad e inteligencia

Así de interesante como está resultando la bioquímica del en­vejecimiento, creo que es muy fructífero profundizar en ella. Para empezar, una vez que los investigadores se dieron cuenta de que el sistema nervioso central juega un papel muy importante en el envejecimiento, comenzaron a formar hipótesis fundadas en el hecho de que el envejecimiento es un mecanismo preestablecido. Esta teoría surge a raíz del conocimiento de que nues­tro ADN programa, "a tiempo", muchos de los sucesos de nuestra vida, incluyendo cuando nos salen los dientes y cuan­do llegamos a la pubertad. También se descubrió que la canti­dad de antioxidantes naturales que el cuerpo produce es hereditaria, en gran parte; esto nos ayuda a comprender por qué gente que pertenece a ciertos grupos genéticos pueden dis­frutar de más longevidad, pues estos grupos cuentan con miem­bros que, consistentemente, pasan por los 80 años.

Entonces, la teoría es que el cerebro posee un reloj biológico que determina el periodo de vida de cada persona. Por medio de este reloj se determina el límite máximo de vida de las espe­cies y sólo ciertos factores del medio ambiente podrían afectar dicho limite. Este reloj funciona en los animales, así como en el hombre; por ejemplo, el ciclo de vida del salmón termina po­co después de que ha nadado corriente arriba para depositar sus huevos, una función establecida previamente en el sistema nervioso central de todos los peces. La fijación del reloj biológi­co se determina genéticamente y este hallazgo ha proporciona­do posibilidades sensacionales para hacer un manejo genético, llamado, a menudo, ingeniería genética, la cual tendría el efec­to específico de prolongar la vida. Esencialmente, esto involu­cra un cambio en la codificación del ADN, para que el reloj se vuelva a poner a una hora determinada. La posibilidad de crear células inmortales, desde el nivel genético, está estimulando la imaginación de los biólogos de ese campo. Ya existen técnicas que "inmortalizan" a las células en el tubo de ensayo; en otras palabras, estas células vivirán para siempre.

Sin embargo, la inmortalidad no es nada nuevo para la natu­raleza. La humilde ameba, uno de los organismos unicelulares más comunes, es, físicamente, inmortal, en un sentido bastan­te literal. Cuando una ameba está ya muy vieja, se divide en dos amebas más jóvenes y vibrantes. La ameba original no mue­re; se convierte en dos seres y, a medida que éstos maduran, harán lo mismo. En esta propagación de nuevas generaciones, continua y duradera, la primera ameba todavía subsiste, no se encuentra ningún cadáver. Otro organismo primitivo que se encuentra en el agua, la hidra, ha alcanzado una vida perpe­tua, por otros medios. Su metabolismo es tan rápido que todas las células de su cuerpo se regeneran cada dos semanas. Así, su promedio de vida es constante; no existe para ella ni enveje­cimiento ni muerte.

La inteligencia de la naturaleza ha programado otras espe­cies de sangre fría  ciertos tipos de peces y cocodrilos, con un ritmo metabólico tan bajo que sus células siempre están de­sarrollándose. Estas especies continúan madurando siempre. no tienen ningún tamaño adulto lijo y la muerte les llega sólo cuan­do son presa de otros depredadores. Entre las plantas, las se­coyas y el llamado nogal americano, pueden no ser inmortales completamente, pero viven bien hasta los dos mil o cinco mil años. El árbol "Bodhi". bajo el cual Buda meditó hace tres mil años, todavía está de pie, hoy en día, y se usa como altar y como lugar de peregrinación, en la India.

Cuando los científicos tratan de inmortalizar a las células, usan­do técnicas de microingeniería, no están alterando el contenido real de los genes, tan sólo la manifestación de éste. Los genes en sí, siempre han conocido el secreto de la inmortalidad. Son la única entidad viviente, dentro de nosotros, que nunca mue­re. Puede que ocurran mutaciones, que cambie la manifesta­ción de los genes a través de milenios, pero ellos nunca mueren

Este hecho salió a relucir en mi hogar, de una manera dra­mática, hace catorce años, cuando mi esposa Rita estaba em­barazada de nuestro primer hijo. Una prueba rutinaria de sangre reveló que estaba un poco anémica. Supuse que tenía una leve deficiencia de hierro, pero mi curiosidad me impulsó a exami­nar, con el microscopio, una gota de su sangre. Cuando obser­vé ciertas formas peculiares en sus glóbulos rojos, consulté con el patólogo de nuestro hospital, quien inmediatamente pronun­ció el diagnóstico de "leve anemia del Mediterráneo". Otra prue­ba de sangre. más sofisticada, reveló que Rita tenía el rasgo menor de talasemia, como el patólogo ya lo había diagnosticado. La talasemia es un trastorno común en la sangre de la gente del Mediterráneo, pero mi esposa es de Nueva Delhi y no tiene parientes conocidos fuera de esa parte de la India. Fui a la bi­blioteca e indagué con epidemiólogos e investigadores de la In­dia, y de esa manera descubrí que la "zona de talasemia" comprendía desde Macedonia, en el norte de Grecia, hasta una región llamada Multán, que se encontraba en lo que hoy es Pa­quistán. Resulta que el tatarabuelo de Rita emigró de Multán a la India. Además, la "zona de talasemia" sigue, aproximadamente, el paso de las campañas de Alejandro Magno, a lo lar­go de la ruta que tomaron sus ejércitos, más de tres siglos antes del nacimiento de Cristo.

Al estar sentado en el oscuro laboratorio del hospital de la comunidad de Nueva Jersey, observando por centésima vez la diminuta muestra de sangre, con un sentimiento repentino de entusiasmo me di cuenta de la realidad de la inmortalidad. Los genes que corrían por las venas de mi esposa, dentro de toda su eventualidad, habían sobrevivido a todo: a Alejandro, abati­do en las orillas del Indo; al Sermón de la Montaña; a la des­trucción de Pompeya; a las cruzadas; a la retirada de Napoleón, de Moscú; a siglos de la revolución, y una serie de aconteci­mientos, a los cuales ni un solo hombre y sólo algunas ideas han sobrevivido. Aquellos genes que yo observaba tan insisten­temente habían persistido, sin alterarse, cuando todo lo demás había sucumbido al cambio; habían sobrevivido a los avatares más drásticos de los siglos y continuaban sobreviviendo en mi esposa, y ahora ya habían pasado a mis hijos. Seguro que no necesitamos pruebas más convincentes de la inmortalidad, pues­to que los genes son su encarnación viviente.

¿Debemos considerar a los genes como estructuras físicas o como expresiones únicas de conocimiento, impulsos de inteli­gencia? Son ambas cosas. Son algo físico, porque podemos ver,

los y analizar su estructura en términos de componentes químicos, pero, igual que cualquier otro tejido viviente, los ge­nes trascienden su mera naturaleza física. Su existencia se en­cuentra siempre en una relación dinámica con la naturaleza, en su totalidad. Se encuentran dentro del mismo flujo de evolu­ción que mantiene al universo, ya sea en la escala de una micra o de una galaxia. Los genes son una información condensada, son la manifestación física del conocimiento, en la forma má­xima de concentración que siempre ha existido. Sin embargo, los genes también mantienen la vida aquí y ahora; son el meca­nismo fundamental de la naturaleza para permitir que lo incam­biable cambie con cada movimiento. Igual que nuestros pensa­mientos, nuestros genes nunca serán los mismos después de este instante, pero su estabilidad química permite que los innu­merables instantes se unan para formar un periodo de vida: la vida de un ser humano. Los genes han encontrado su hogar en nuestras células, pe­ro en realidad fueron instruidos en el cosmos. Pasó una eter­nidad antes de que el universo "aprendiera" cómo formar el hidrógeno, el carbono y otros elementos de la tabla periódica para que se formaran moléculas orgánicas de una complejidad cada vez mayor y, finalmente, para que se erigiera un escena­rio viable, este planeta,, para que la vida siguiera adelante, libre y sin limites. Todo lo que últimamente se aprendió, cual­quier tipo de información importante para el producto final ac­tual, que es la humanidad, se almacenó en los genes humanos; todo parece indicarnos que el proceso continuará. Por lo tanto, nuestros genes han aprendido algo de la inmor­talidad. Si queremos captarla en otros niveles de nuestra inteli­gencia, tendremos que encontrar algún modo de experiencia que no esté limitado a "pensar en ella", o tratar de verla, o tocarla. Nuestra necesidad diaria de usar el pensamiento y los sentidos se encuentra ligada, permanentemente, a eso que llamamos tiempo. Ya que el envejecimiento ocurre a medida que el tiempo pasa, debemos tener un concepto más claro del tiempo, si queremos una idea más precisa del envejecimiento. J. Krishnamurti, un sabio pensador y maestro de la India, lla­mó al tiempo "el enemigo psicológico del hombre". Esto pare­ce inegable, pues casi todos nosotros tememos envejecer, pero, ¿qué es el tiempo? Krishnamurti dice simplemente: "El pensamiento es el tiempo." Para el paciente que experimenta el en­vejecimiento de su cuerpo y de su mente. o para el médico que trata los síntomas, que son el resultado práctico del tiempo. en la fisiología, esta es una idea fascinante. Nos hace darnos cuen­ta que el tiempo es un concepto. En Espacio, tiempo y medicina, un libro que recomiendo am­pliamente. el doctor Larry Dossey comenta:

Nosotros nos aferramos a una idea de un tiempo que realmente existe, un tiempo que fluye y que se divide en pasado, presente y futuro. Nuestra creencia es un tiempo lineal y verdadero es el fundamento de nuestros conceptos básicos sobre la salud y la enfermedad, sobre la vida y la muerte. No obstante, esta ma­nera de pensar se relaciona con una ciencia más antigua.

La ciencia más antigua. a la que se refiere, fue derrocada por la teoría de la relatividad de Einstein. la cual nos forzó a consi­derar el tiempo. el espacio y los órganos de los sentidos del ser humano. como si estuvieran ubicados en un continuo. Para po­der considerar la “realidad" del tiempo, debemos tomar en cuen­ta la conciencia que lo está percibiendo y la totalidad de la naturaleza, en la cual ambas moran. Nosotros hemos creado el tiempo, usted y yo. Es un mecanismo mental, un concepto que usamos para medir las posiciones relativas de las cosas que existen. No debemos pensar más en el tiempo como una enti­dad en sí. Es sólo un socio en el continuo espacio tiempo. y ciertos cambios específicos en ese continuo pueden cambiar al tiempo. Einstein fue el primero en afirmar que si usted viaja lo bastante rápido como para acercarse a la velocidad de la luz (aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo). podría re­tardar o "dilatar" el tiempo. Eso quiere decir que si usted con­serva esa velocidad el tiempo suficiente para alcanzar la estrella más próxima y regresar en tres años, encontrará que el tiempo en la tierra ha transcurrido 21 años. Esto sería una realidad para las células de su cuerpo, que serían más jóvenes que las de la gente que no realizó el viaje, por lo que usted habría experi­mentado el envejecimiento como un fenómeno relativo. Esto encierra mucho más y no solamente enigmas sobre la física de alta velocidad. El doctor Dossey continúa: La mortalidad, el nacimiento, la muerte, la longevidad, la en­fermedad y la salud, son ideas que inconscientemente nos for­mamos, y a los cuales les incorporamos un tiempo absoluto, del cual suponemos que forma parte de una realidad externa. Sin embargo, si Einstein está en lo cierto, al afirmar que todo cono­cimiento de la realidad comienza y termina con la experiencia, no existe una realidad externa de la cual estos sucesos obtengan algún significado. Nuestro conocimiento sobre la salud comien­za y termina con la experiencia.

Entonces, la salud, la enfermedad, la vida y la muerte, no son absolutos; se relacionan con nosotros y provienen de nosotros. Nuestra manera de vernos nos hace lo que somos. Si nosotros tan sólo pudiéramos cambiar nuestra manera de ver, en reali­dad podríamos cambiar todas las nociones que tenemos y, por lo tanto, todas las realidades de la vida, el envejecimiento, la mortalidad y, a la larga, la inmortalidad, porque son nuestros conceptos los que construyen esas realidades. Llegamos a esta conclusión una vez que captamos la idea de que nuestros pen­samientos y nuestra manera de verlos, estructuran, en verdad, todo el universo material.

Piense en ello por un momento. ¿De qué se compone su cuer­po? Se compone de tejidos y células, las cuales, en una es­cala más sutil, no son más que moléculas y átomos ordenados de una manera organizada. Aún más pequeñas que éstos son las partículas subatómicas que han existido desde que el tiem­po fue tiempo. No fueron creadas cuando nacimos, ni morirán cuando se descompongan nuestras células. Estas partículas for­man parte de la materia del universo y, por lo tanto, forman parte del continuo espacio tiempo. Es sólo la manera tan espe­cular en que están dispuestas ahora, lo que constituye nuestro ser. De hecho, nuestro cuerpo no se encuentra constituido, actual­mente, ni siquiera por las mismas partículas que lo formaban hace algunos años. Gracias al remplazo constante de las célu­las viejas por las nuevas, de la materia vieja por la nueva, el cuerpo se está reordenando continuamente, por siempre.

Usted no debe pensar que su cuerpo es una escultura inmó­vil, sino un río. Heráclito, antiguo filósofo griego, nos legó una oración que ha descrito nuestra naturaleza, por siglos: "No se puede nadar dos veces en el mismo río, porque siempre está corriendo agua nueva." La analogía con un río es particularmente apta y bella. Mientras que el flujo del cambio, dentro de nosotros, sea nuevo, estaremos perfectamente saludables. El envejecimiento es el estancamiento de ese flujo: No hay mu­cho que podamos hacer por nuestro cuerpo, físicamente ha­blando, antes de llegar al punto donde lo único que se necesita es ser natural con él, lo cual significa ser sabio. Pienso en la fi­siología del ser humano cuando leo lo que Hermann Hesse es­cribió en Siddharta: "Ama este río, quédate junto a él y aprende de él." Como Siddharta quería aprender más de sí mismo, se quedó junto al río: Quería aprender de él, quería oírlo. Le parecía que quien enten­diera a este río y sus secretos, entendería mucho más, muchos secretos, todos los secretos, ahora vio solamente uno de los secretos del río, uno que conmovió su alma. Vio que el agua fluía y fluía continuamente y, sin embargo siempre estaba ahí; era siempre la misma y, no obstante, a cada momento se reno­vaba. ¿Quién podría entender y concebir esto? El no lo com­prendió; sólo estaba consciente de una leve sospecha, de un vago recuerdo, de voces divinas.

Así como el río, nuestro cuerpo es siempre el mismo y, sin embargo, es nuevo a cada momento; no somos absolutos, ni materia estática. La materia misma fue, alguna vez, polvo inte­restelar, y, en el futuro, la naturaleza le tiene asignados otros usos en el cosmos. En este momento, el carbono de nuestros huesos y el oxigeno de nuestro plasma sanguíneo se están mo­viendo en un intercambio dinámico con el mundo, por medio de los procesos de la digestión, la respiración y la eliminación. Por cada átomo que está en casa, otro está viajando y el otro espera en la estación. Entonces, si nuestro cuerpo material no parece clasificarse como nuestro "verdadero yo", siendo. más bien, ¿amo la corriente que lleva el agua cuesta abajo y las sobras de la comida desde la mesa hasta el montón de basura. ¿qué es nuestro verdadero yo?

Nuestro verdadero yo es el orden, el poder organizador, el conocimiento, la inteligencia, el impulso de la conciencia que diseña algo material para darle nuestra apariencia. Esa es la única realidad digna de ser clasificada como nosotros, en su totalidad No es material; es íntegra, dinámica, y no obstante, comple­tamente estable e infinita en su capacidad de evolucionar. Por medio de su propia expresión infinita, da la apariencia de algo que cambia, que evoluciona. que declina, que se deteriora y que muere, pero, esencialmente, está lejos del cambio, puesto que la inteligencia lo controla. Más adelante, veremos cómo la ciencia contemporánea, por medio de una especialidad llamada física cuántica, explica todo esto en términos mensurables. Por ahora, sólo necesitamos ver que la intuición humana ha dominado ese conocimiento por mu­chos siglos. Al hablar de la naturaleza esencial del hombre, el antiguo Bhagavad Gita declara: EI nunca nace ni muere; ni habiendo sido alguna vez, cesa de ser. Sin haber nacido, eterno, perpetuo, antiguo, no muere cuan­do el cuerpo muere, Las armas no lo hieren, ni hay fuego que lo queme; ni agua que lo moje, ni viento que lo reseque. Es eter­no, todo lo penetra, es estable, inmutable, siempre el mismo. Se declara como no manifiesto, inconcebible, incambiable.

La palabra él de este pasaje es la inteligencia, la cual actúa Como la fuerza que se encuentra dentro de nosotros y, por lo tan­to, ella es nuestro verdadero yo. Para describir las fuerzas básicas en el universo, la ciencia utiliza el término campo. Así como un campo magnético puede organizar limaduras de hierro siguien­do un patrón específico en una hoja de papel, el campo colec­tivo del universo puede organizar el cuerpo y la mente, y así ha sido. De este campo surgen todos los impulsos responsa­bles de la creación. Todo lo que vive y muere participa en este campo y nunca lo abandona. Maharishi Mahesh Yogi lo llama simplemente "el campo de todas las posibilidades". He llevado el problema del envejecimiento hasta este punto sabiendo que acabaríamos mucho más allá de los niveles hor­monales y de las pastillas para "prolongar la vida". Ya nos di­mos cuenta, al principio, cuando examinamos los procesos de las enfermedades, que la salud se encuentra a nivel del "propio YO". Hemos llegado ahora a ese "propio yo". que es nada me­nos que nuestra inteligencia consciente. Si la empleamos en antiguas suposiciones, creadas en épocas de experiencias aflictivas, entonces la enfermedad y el envejecimiento nos serán inevitables. Haríamos bien en informarles a nuestros hijos de su pobre herencia, si queremos ser justos con ellos. Sin embargo, creo que, en lugar de eso, nuestro estado de evolución actual, que el doctor SaIk introdujo como la supervivencia del más sabio, nos guiará hacia la expansión de nuestro ser.

Esta expansión se hará sin ningún esfuerzo, puesto que vie­ne de nuestro interior, pero la actitud que prepara la tierra para la nueva semilla es la voluntad de crecer. La enfermedad y el envejecimiento persisten debido a los mitos y prejuicios que im­pulsan a la gente a la decadencia. Nuestro sistema actual de con­vicciones, en otras palabras, lo que esperamos de nuestro cuerpo, se ha creado a través de siglos de acondicionamiento cultural y enseñanza. (La mayoría de nosotros, por ejemplo, recordamos el shock que tuvimos cuando resultó que la acu­puntura servía. ¿Acaso no estábamos convencidos, hasta ese momento, de que la cirugía requería absolutamente de un anes­tésico químico potente?) Nuestro sistema de convicciones ha hundido sus raíces muy dentro de nuestra fisiología, y por eso lo llamamos "verdadero". El hombre común decae y declina rápidamente con el tiempo a causa de esta ”verdad", mientras que al hombre que logra vivir una vida larga y llena de vitalidad se le considera fuera de lo común. Todo esto puede cambiar y lo hará por medio de la conexión psicofisiológica. Cualesquiera que sean nuestros pensamientos y nuestras convicciones, ellos se transmiten a través del sistema nervioso central; para empezar, así es como nuestros antiguos pensamientos echaron raíces en nuestras células. Cuando se cambian los mensajes provenientes del sistema nervioso cen­tral, el cuerpo no tiene otra alternativa que cambiar también. Primero tendremos que tirar las reliquias y los residuos de ideas obsoletas; debemos querer estar siempre saludables. De esa ma­nera, la inteligencia combinada de la mente y el cuerpo, al ser liberada, progresará hacia un nuevo estado de evolución. Ac­tualmente existe la tendencia hacia dicha evolución, si no nun­ca se escribirían libros como este. Por consiguiente, lo que debemos considerar enseguida es cómo serán nuestras nuevas expectativas.

  1. Del hombre al superhombre

El hombre ha evolucionado a través de miles y miles de años. desde un organismo unicelular hasta una criatura de un poten­cial infinito. Hoy en día. se encuentra en el umbral de descubri­mientos cada vez más nuevos y arriesgados. Sin embargo. no existe descubrimiento alguno en la naturaleza que ocurra sin que antes haya aparecido en la mente humana. La calidad de nues­tra mente conduce directamente a la calidad del mundo que creamos. La tecnología del tiempo libre viene del deseo de que el cuer­po esté cómodo. La tecnología de la investigación proviene” del descontento con la limitación de la vista, del oído y del tacto. Cada deseo ha encontrado el medio para lograr su cometido. porque el deseo y la acción surgen al mismo tiempo. Eso es lo que quisimos decir cuando hablamos antes sobre el "poder organizador" que existía dentro de cualquier conocimiento válido. Hemos llegado al punto en que nuestro deseo es la salud per­fecta y la longevidad. ¿Qué descubrimiento es necesario para esto? En el pasado. dirigimos nuestra atención hacia la tecnolo­gía médica. con resultados muy brillantes. Hemos erradicado casi todas las enfermedades infantiles: hemos conseguido blo­quear el dolor, para que se pudiera crear la cirugía moderna. y hemos educado poblaciones enteras respecto a la pureza del aire y del agua, lo que, según algunas autoridades. ha hecho más para prolongar la vida humana que todos los métodos pa­ra prevenir las enfermedades. Entonces, si nuestra sociedad to­davía sufre físicamente debemos dirigir nuestra atención hacia Otro lado. Sabremos cuál será la dirección correcta. porque así como la evolución humana se manifiesta al por mayor siempre que se produce un avance en la vida, tanto el deseo de hacerlo como el medio de lograrlo son promovidos por la naturaleza.

Otra observación que podemos hacer es que algunas perso­nas encuentran la manera de vivir más tiempo y de una mane­ra más sana. El psicólogo Abraham Maslow dedicó su carrera al estudio de dichas personas (a las que llamó "autorrealizadas"), pues sintió que una psicología basada en la observación de la personalidad de la gente enferma, que es lo que hacen, ge­neralmente, la mayoría de las clínicas de psicología y psiquia­tría,, no le daría una respuesta a lo que él quería saber: ¿Cómo puede el hombre continuar su desarrollo? La respuesta a esta pregunta, como Maslow lo descubrió, no es futurista ni imposi­ble. Sólo es necesario que el resto de nosotros alcance a los mejores.

La gente que Maslow estudió eran personas que habían triun­fado y que la sociedad premiaba. Sus habilidades para pensar, pintar, componer música, tratar la enfermedad o manejar corporaciones, eran, obviamente, superiores. No obstante, Maslow dirigía su atención hacia el interior del hombre y lo que encontró nos hace pensar en nosotros de una nueva ma­nera. Primero. descubrió que en verdad estas personas eran más saludables más felices y más sabias de lo normal. No sólo consi­deraban la vida como algo preciado, sino que, también, con­fiaban en sí mismas como creadoras de su propia existencia. Para comenzar, esta gente cree en la bondad del “yo". Lo más notable de esto es que ha hecho que dicha gente solvente mu­chas dificultades externas. Así Maslow encontró que cuando la gente autorrealizada se enfrentaba con problemas externos, siempre buscaba la solución dentro de sí mismas, y la mayoría de las veces la encontraba.

Estas pocas personas, Maslow calculaba que sumaban me­nos del 1% de la población, han descubierto, por ellas mismas, la conexión psicofisiológica. Lo más importante es que, teniendo tales actitudes positivas respecto de sí mismas, su mente y su cuerpo trabajaban juntos para producir salud. Es algo totalmente simple y natural para ellos. Como Maslow dijo: "Lo que a esa persona le gusta y lo que disfruta, es exactamen­te lo que es bueno para ella. Sus reacciones espontáneas son tan capaces, eficientes y certeras como si hubieran sido preme­ditadas."

¿Cómo es la vida, en general, para estas personas? A juzgar por lo que hicieron, Maslow encontró una gran diversidad en lo que les sucedió a aquellos que estudió. Sin embargo. tenían en común la actitud de que todos ellos estaban creando algo desde su interior. El mundo material no les daba nada tan ma­ravilloso de disfrutar como las "experiencias máximas", que los elevaban a un reino de libertad interna y creatividad. Estos eran sus momentos de descubrimiento e inspiración. La gente no te­nía control sobre esos momentos, ni cuando llegaban ni cuan­do se iban, Fuera de sus experiencias máximas, las personas autorrealizadas sufrían, decaían y se sentían confundidas, co­mo cualquiera. Sin embargo, esos momentos máximos eran su­ficientes para clasificarlos como seres humanos extraordinarios. Aparte de que esos momentos son creativos y alegres,  nos di­ce Maslow,, son de salud perfecta. Por consiguiente, aquí está nuestra clave. Una vez que la so­ciedad viva de acuerdo al nivel de la gente excepcional que ya ha producido, entonces la salud perfecta se vuelve una reali­dad viviente. Las personas saludables y creativas son nuestros "superhombres", ejemplos de la evolución humana que progresa en dirección a una mayor expansión y una mayor felicidad. Yo sé que la palabra “superhombre" es desagradable para muchos ciertamente, se ha hecho mal uso de ella en el pasado,, pe­ro estoy recurriendo a ella intencionalmente porque es obvio que no podemos progresar hasta que admitamos que existe un plano superior al de la vida ordinaria. De manera significativa, Maslow descubrió que las personas débiles, aquellas que se han conformado con la neurosis, la mala salud y la infelicidad, co­mo algo "normal", todas ellas, de manera consistente, mues­tran temor a fortalecerse. Incluso evaden a la gente que demuestra ser saludable, que tiene éxito, que es cariñosa y sen­sata. En pocas palabras, tienen miedo de evolucionar.

Como veremos en el transcurso de este libro, la posibilidad de llegar a un plano superior es bastante real para todos. No se requiere de ninguna fuerza, esfuerzo o sacrificio. Implica un poco más que cambiar nuestras ideas acerca de lo que es nor­mal, o, poniéndolo en términos de Maslow, significa tener con­trol sobre las experiencias máximas, para poder mantenerlas cada día. Al estar permanentemente en este punto máximo, se está en un estado de salud perfecta. Con todo lo fabulosas que puedan parecer las experiencias máximas, la gente nos habla de una sensación de libertad absoluta, de una realización inter­na. de felicidad desprovista de dudas. de un flujo continuo de amor y creatividad,. el camino hacia este punto máximo es seguir nuestro propio instinto. Si se permite un crecimiento cons­tante, este llegará al punto culminante. La diferencia significativa entre el hombre y el superhombre es que el primero es maquinal. y no se puede hacer nada al respecto. Las acciones y las reacciones de la gente común son completamente predecibles. y. de esa forma, existen sólo co­mo mecanismos mecánicos. Cuando se aplica un estímulo, se obtiene la reacción esperada. A lo que el pensamiento oriental llama esclavitud del ser , no es nada misterioso, es el hábito que la mayoría de nosotros tenemos, de pensar siguiendo la misma rutina todo el tiempo. Si usted es honesto consigo mis­mo, se dará cuenta de la manera tan mecánica como se com­porta todo el tiempo. Esta conducta se guía por los patrones de pensamiento. Nada fuera de nosotros cambia realmente es­tos pensamientos , sólo los activa; sin embargo, experimentamos que algo “nos hizo" enojar, estar tristes, contentos o exaltados. Podríamos en realidad tomar a algunos de los intelectuales más avanzados de nuestro tiempo, a gente que consideramos fuera de lo ordinario, y ponerlos a prueba. Note cómo se mo­lestan al no estar de acuerdo con ellos. Alábelos y vea qué feli­ces se ponen. Búrlese de ellos, ridiculícelos o critíquelos y vea cómo se enojan, cómo se deprimen y aíslan. Elógielos, glorifique sus logros y véalos hincharse de orgullo. La gente que pueda llegar a estar por encima de la naturale­za mecánica del pensamiento, no la vence. Según Maslow, la gente autorrealizada está deseosa de aceptar el mundo y tiende a no preocuparse por sus propias reacciones mecánicas ante la vida. Fue debido a ese desapego que fueron capaces de amar de esa manera tan profunda, de sentir una compasión verdadera y de mostrar una auténtica sabiduría. Tendemos a ver esto como una contradicción, pero no lo es. Si usted se siente aprisionado por sus necesidades. entonces creerá completamen­te en ellas y las convertirá en todo lo que conoce. Si las acepta como parte de la vida y cree que producirán lo mejor, entonces se abrirá ante usted un mundo mucho más amplio. Hasta aho­ra nadie ha encontrado un mundo nuevo al preocuparse por él. Entonces, ¿cómo haremos para evolucionar constantemente en dirección a la salud perfecta?

Tercera parte: Estrategias para la creación de la salud perfecta

La fuerzo curativo natural que hoy dentro de cada uno de nosotros es lo más grande que existe paro curarse.  Hipócrates

  1. La conciencia de sí mismo

A lo que le ponemos atención, crece. Si dirigimos nuestra aten­ción hacia situaciones y emociones negativas, éstas crecerán en nuestra conciencia. Esta se compone de todas las cosas a las que prestamos atención. En ciertas personas, su atención se ve afectada por pequeñas áreas de crisis, pedacitos de negatividad que parecen insignificantes por sí mismos, pero que, juntos, son suficientes para mantener fatigada la conciencia. Los psiquiatras ven gente en este estado todos los días que se queja de depresión leve y de una ansiedad sin motivo. La psiquiatría a veces se refiere a estas personas como “los muy inquietos", pe­ro no están bien. La experiencia interna de estas personas, su conciencia, es de desamparo: nunca llegan a una crisis total, pero tampoco enfocan sus energías adecuadamente.

Cuando la atención encuentra algo significativo en qué enlo­carse, como una meta importante, da un paso hacia adelante en la creación de la salud. Una meta le da a la gente motivos para vivir, un proyecto, una profesión, una familia, y el cuer­po responde con vitalidad. Esta clase de conciencia regenera la energía perdida. La persona que se orienta hacia una meta, cuando despierta cada mañana ya está lista para dedicarse a la tarea que tiene a la mano. Sin embargo, si el proyecto falla o llega la edad de retirarse, o si un miembro de la familia muere de repente, esas personas se deprimen o enferman. Su con­centración tan intensa en una meta los pone en una posición precaria a la larga, porque su conciencia corre por un canal muy angosto. El río de la vida no corre en un solo canal. El estado más elevado de atención va más allá de cualquier objetivo. Las circunstancias no lo agitan, ni las crisis diarias lo afectan. El panorama interno es sereno y, sobre todo, tranqui­lo. Se le tiene que prestar la misma atención al descanso que a la actividad. Por lo tanto, la conciencia está balanceada y es vital e íntegra. Observamos que esta gente es profundamente tranquila y muy comprensiva acerca de la vida. El solo hecho de sentir su atención sobre nosotros nos relaja. La calma que esta gente emana se acerca a la sabiduría. Esta es la verdadera base para crear la salud; se le llama conciencia de si mismo.

Cualquiera que haya llegado a experimentar esta conciencia de sí mismo, aunque sea de manera interrumpida, o que haya pasado algún tiempo cerca de una persona que lo haya logra­do, sabe que esta cualidad no tiene precio. El poder de la fuer­za y del dinero son triviales en comparación con el poder del autoconocimiento, el cual produce actitudes positivas todo el tiempo, sin tener que luchar para conseguirlas, sólo dejando que la vida las proporcione. El hecho de resistirnos o de apa­rtemos a nuestros pensamientos negativos es otra manera de prestarles atención. A lo que le prestamos atención, crece. El pensador hindú Krishnamurti nos habla sobre lo inútil que es pelear contra nuestros patrones de pensamiento negativos.

No es bueno tratar de pulir la estupidez pretendiendo ser astuto. Primero debo saber que soy estúpido y que soy torpe. El hecho de estar consciente de la torpeza me libera de ella; o sea que, al decir “Soy un tonto", no sólo diciéndolo verbalmente, sino sintiéndolo: “Bueno, soy un tonto", entonces ya está uno alerta y deja de ser un tonto. Sin embargo, si se resiste uno a lo que es, entonces lo será cada vez más. En el mundo, el apogeo del in­telecto es ser muy astuto, muy listo, muy complejo, muy erudi­to pero el ser erudito no tiene nada que ver con la inteligencia. El hecho de ver las cosas dentro de nosotros, como son, sin crear ningún conflicto al percibirías tal cual, requiere de la tremen­da simplicidad de la inteligencia.

Krishnamurti nos dice que cuando la atención es pura e inocente, sin condiciones, es mucho más poderosa. No obstante sólo la conciencia de sí mismo sabe esto. Las llamadas emociones tiernas brotan de la fuente de la vida, por lo que son increí­blemente poderosas. Nuestro conocimiento interno crea la sa­lud porque es algo vital. Nos basta sólo observar el resplandor de la mujer que acaba de dar a luz o el juego de un niño feliz, para percibir ese estado de enriquecimiento de la vida. La atención está permitiendo que la vida fluya a través de ella y el resultado tiene que ser sano. Nuestra naturaleza mecánica nos mantiene desatentos. Nues­tra verdadera naturaleza, nuestro ser, nuestra inteligencia, no nos puede ayudar si nosotros no le prestamos atención. A lo que no se le presta atención, no crece. Cuando se sintoniza la atención apropiadamente, sin excitación y sin esfuerzo, en­tonces la conciencia de sí mismo florece simplemente. Se abre el canal por el cual el cerebro puede proporcionarle salud al cuer­po de manera consistente. Una forma simple de inteligencia se manifiesta por todas partes en la fisiología de manera natural. En presencia de una atención tranquila, no pueden existir sen­timientos como la ira, el miedo, la sospecha, la ambición, la cul­pa, la intolerancia, la ansiedad o la depresión. Todos ellos desaparecen como “tigres de papel". No obstante, mientras no desaparecen, siguen siendo verda­deros tigres. Mientras les prestemos atención, crecerán. Inclu­so, antes de que participemos seriamente en técnicas para obtener la conciencia de nosotros mismos, es muy saludable sa­ber de antemano que es inútil pelear contra la negatividad que hay en nosotros. Todas las estrategias para crear salud comien­zan aquí.

  1. Vivir en el presente

La salud es lo único que nos hace sentir que este momento es el mejor del año. Franklin Adams

El ayer no es mas que un sueño; el ma­ñana no es más que una visión, pero el presente bien vivido hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por lo tanto, prestemos atención a este día.  Proverbio sanscrito

¿Ha oído usted decir alguna vez que las preocupaciones enve­jecen? Existe una gran verdad en estas palabras. Todos hemos visto gente que se llena de canas de un día a otro cuando atra­viesa por una crisis emocional o financiera. ¿Cuál es exactamente el patrón de pensamiento al que llamamos preocupación? Pa­rece tener la habilidad de envenenar muchas horas de nuestra existencia; podríamos hasta decir que las preocupaciones nos hacen envejecer porque aceleran el tiempo. La preocupación es obviamente un cierto hábito del pensamiento; es el hecho de estar nervioso por algo que ya sucedió o tener miedo de que algo suceda en el futuro. Las preocupaciones no corresponden al presente. Analicemos primero el pasado. Nadie ha descubierto alguna manera de alterarlo. Una vez que algo ya ocurrió no hay ma­nera de cambiarlo. Se registra en el pasado de una manera in­deleble e irrevocable; el tiempo lo transporta a un lugar donde ya no es posible hacer nada para mejorarlo. Lamentarse de erro­res o daños del pasado es improductivo. También es nocivo, pues libera en nuestro organismo toda clase de sustancias tóxicas que elevan la presión arterial y sobreexcitan el corazón. La estrategia para desarmar a estas preocupaciones es reconocer los errores pasados por lo que son, aprender de ellos y dejarlos en su lugar permanente: el pasado. Consagrar nuestra atención al presente requiere de una comprensión sana de que el pasa­do se ha ido para siempre. El hecho de preocuparse es rehu­sarse psicológicamente a enfrentar esto. Lo que parece algo o, aparentemente inevitable en nuestra vida, es que los errores, los daños, los rencores y los actos injustos dejan cierta impre­sión en nuestra mente y se filtran a nuestra fisiología por medio de la conexión psicofisiológica.

La segunda clase de preocupación se fija en el futuro. Consiste en evitar el dolor tratando vanamente de controlar el futu­ro. Un médico internista, colega mío, me proporcionó un ejemplo preciso de esta clase de pensamiento. El había estado tratando a una paciente durante los últimos 20 años; en ese periodo, ella lo visitaba dos veces al año para que le practicara un examen físico completo. Siempre que la veía, ella mostraba una gran preocupación de que pudiera tener cáncer. Aunque no mostraba ningún síntoma de dicha enfermedad, inventa­ba una serie de dolencias que forzaban al internista a practicarle varias pruebas, sólo para asegurarle, de nuevo, que no tenía cáncer. Esta escena se repetía una y otra vez, año tras año. Cada vez el internista hacía todo lo posible por tranquilizar a su paciente y asegurarle que no tenía cáncer y cada vez ella se iba pregun­tándole “¿está usted seguro?" Sin embargo, en la última ocasión su médico le practicó una serie de pruebas y tuvo malas noticias. Se enfrentó a la mujer llevándole un diagnóstico con­firmado de cáncer, a lo que ella replicó alzándose como en son de triunfo: ”!Se lo dije; se lo he estado diciendo durante 20 años!"

Con sus preocupaciones, esta mujer imaginó claramente una enfermedad a la que tenía gran temor, y a lo que le prestó aten­ción, creció. La conciencia en sí tiene una manera de alterar los hechos. Nuestra mente subconsciente, de manera bastante automática, puede hacer que las cosas que imaginamos clara­mente se vuelvan realidad. La gente que se preocupa con faci­lidad se ha convencido a sí misma de que el hecho de preocuparse es, de alguna manera el estilo correcto del pensamiento para hacer que algo malo no pase; pero la atención es la atención. Si imaginamos claramente algo que no queremos que suceda, casi seguro que va a suceder. Tal vez sólo algo "igual de malo" pase; da lo mismo. Si debemos imaginarnos el futuro de algún modo, pensemos en hechos positivos. alegres y felices. Sin embargo, la gente sana no vive ni en el pasado ni en el futuro. Vive en el presente, en el ahora, lo que le da al ahora un sabor a eternidad: porque no hay sombras que se le inter­pongan. Las preocupaciones no ocurren en el presente. Cuan­do se le presta atención al momento presente. éste crece en su totalidad. Cuando uno pasa la vida viviendo momentos sucesi­vos del ahora, entonces el tiempo no es el enemigo psicológico del hombre. El mal causado por las preocupaciones se vence cuando apreciamos lo que la vida tiene que dar hoy.

  1. La satisfacción del ego

Aunque usted no lo crea. tengo muchos pacientes que gozan estando enfermos. De hecho. tengo algunos que se ponen más contentos mientras más enfermos están. Uno de estos pacien­tes es una mujer que tiene una enfermedad crónica de los in­testinos, llamada colitis ulcerosa; tiene ciclos en que su enfer­medad se vuelve aguda y, a veces, bastante peligrosa. Durante los periodos en que su enfermedad es crónica, casi siempre la mujer pasa mucho tiempo en mi consultorio, quejándose de lo miserable que se siente, de que no puede hacer esto o lo otro y de que su único deseo es morirse. Sin embargo. durante las ocasiones en que su enfermedad se vuelve grave y peligrosa muestra una actitud de lo más tran­quila. relajada y a veces actúa con una despreocupación que exaspera. Le puede estar sangrando abundantemente la parte baja del intestino y sus análisis de sangre pueden mostrar una anemia severa, pero ella insiste en que se siente completamente normal. A pesar de sus protestas de sus familiares y de mis sú­plicas. se rehusa a internarse en el hospital. afirma que no hay nada de qué preocuparse. que va a estar bien. Cuando su en­fermedad se vuelve crónica busca atención constantemente. Cuando está muy enferma y hasta moribunda. goza de la satis­facción de no tener que buscar atención. la consigue automáti­camente. La enfermedad gira por completo alrededor del estado de su ego y de su necesidad de sentirse importante y de llamar la atención que merece.

La satisfacción del ego es una necesidad humana básica. Cuando falta. se promueve un desequilibrio y a veces un tras­torno en las emociones y en la fisiología. Esta pobre mujer que yo estaba tratando se enfermaba para satisfacer su ego. Su método. extremadamente peligroso y malsano. de satisfacer su ego, forzaba desmedidamente a su organismo. Este estado es com­pletamente opuesto al que Abraham Maslow se refiere cuando dice que las personalidades realmente sanas necesitan y disfru­tan de lo que es bueno para ellas.

Como médico, veo pacientes todos los días cuyas enferme­dades mejoran o empeoran según las necesidades de su ego. En otras palabras, el principio de los procesos de la enferme­dad están íntimamente ligado a alguna deficiencia en la satis­facción del ego. ¿Cuáles son estas deficiencias? Son situaciones bastante comunes: el no sentirse importante, la falta de apre­cio, de aprobación, de ánimo y de amor.

Nuestro ego se alimenta de aprecio, de ánimo y de amor. Se nos hace más fácil hacer frente a las deficiencias de vitami­nas y minerales en el cuerpo, que a las deficiencias del ego, las cuales son, en realidad, más importantes para la mayoría de la gente. Cuando no se satisface cualquier necesidad básica del ser humano, los resultados pueden ser desastrosos e incluso pue­den llevarnos hacia la enfermedad. Si vemos a nuestro alrede­dor, fácilmente observamos que la gente sana y feliz parece tener abundancia de amor, aprecio, elogios e importancia. Una creencia que se opone a dar esta valoración en nuestra sociedad es la idea de que no debemos alabar a la gente ni hacerla sentir importante, pues se dice que esto le hace sentir una falsa supe­rioridad o presunción. La psicología nos ha demostrado, una y otra vez, que esta actitud es errónea. Los elogios, el amor y el aprecio dan como resultado un sentimiento de valor interno, sano y equilibrado. Sin todo esto, el ego no tiene un marco de referencia; está continuamente moviéndose entre sentimientos exagerados de inutilidad y exageradas fantasías de vanidad.

Las personas infelices, así como las personas enfermas son quienes más anhelan la atención de los demás; pero no pare­cen conseguirla. Se ha dedicado una gran atención clínica al análisis de esto para tratar de corregirlo. Creo que la respuesta es simple y la solución directa. La técnica para la satisfacción del ego. en una de sus formulaciones más conocida es la siguien­te: “Haz a otros lo que quisieras que te hicieran a ti." Si quieres que te elogien, elogia a otros. Si sientes que necesitas más apre­cio, aprecia más a la gente que te rodea. Si anhelas amor, en­tonces, inocentemente sé tú más amoroso. Si quieres tener importancia, haz que otra persona se sienta importante, pero hazIo sinceramente.

No hay nada nuevo acerca de esta técnica. Cada una de las tradiciones basadas en la sabiduría, ha incluido alguna versión de “lo que siembres, cosecharás". Claro que el problema resi­de en que el hecho de comprender esto es una cosa, y actuar de esa manera es otro totalmente diferente,  han surgido escuelas de “pensamientos positivos" que enseñan a la gente a emplear el gran poder de dar para poder recibir. Para algunos individuos es fácil pensar positivamente y por lo tanto, funciona. Sin em­bargo, la mente es mucho más profunda que los pensamientos superficiales, o incluso que los pensamientos acerca de los pen­samientos. En su nivel más profundo, la mente ya está cose­chando lo que sembró. Cada pensamiento se convierte, auto­máticamente, en una función fisiológica diferente. Si la cooperación entre la mente y el cuerpo es armónica, el mismo flujo de la vida traerá consigo una apreciación más completa de la vida misma. La satisfacción del ego llegará como uno de los re­galos naturales de la salud. Para un gran número de personas los obstáculos que existen para satisfacer su ego son bastante reales. Se experimentan en forma de intranquilidad, culpa, negación del placer y preocu­pación por el propio yo. Todo esto es lo que forma una mala conciencia. Bajo este hechizo, el ego puede satisfacerse a sí mis­mo sólo a través de medios engañosos. En este sentido, todas las neurosis y enfermedades causadas por uno mismo son co­mo una desviación. Para que el camino recto se vuelve eviden­te, tiene que existir una conciencia de sí mismo.

  1. La importancia de estar satisfechos con nuestro trabajo

El trabajo se debe efectuar con un espíritu de devoción. Napoleón Huí

Varios son nuestros actos, varias las ocupaciones del hombre. El carpinte­ro desea madera, el médico desea en­fermedad, el Brahmán desea un adorador que ofrezca soma. Rig Veda

En numerosos estudios efectuados en diferentes centros médi­cos se ha estado de acuerdo con el hecho de que la gente vive una vida más larga y saludable si está contenta con su empleo. Pasamos un tercio de nuestra vida ejerciendo la vocación que escogimos. Si no estamos contentos con nuestro empleo, lo más seguro es que continuemos con esta infelicidad aun fuera de las horas de trabajo. Seguramente seremos infelices todo el tiem­po y, por consecuencia, estaremos más propensos a la enfer­medad y al deterioro físico.

Una y otra vez, veo pacientes en mi consultorio cuyos pro­blemas médicos se pueden relacionar directamente con su falta de satisfacción en el trabajo. No les gusta lo que hacen y pasan las horas laborales llenos de hostilidad, resentimiento y frustra­ción, logrando muy poco en su trabajo y en su vida. Cuando llegan a casa se les hace cada vez más difícil recuperarse del mal humor que les produce su trabajo y desahogan su resenti­miento fumando, bebiendo y comiendo en exceso. Su sueño se ve interrumpido por incesantes preocupaciones relacionadas con su empleo y por su descontento con lo que logran en éste. Los veo demacrados, con expresiones de cansancio. queján­dose de migraña, palpitaciones, insomnio, obesidad, hiperten­sión y ansiedad. Se ven y se sienten biológicamente más grandes de su edad cronológica. Mis observaciones clínicas a través de los años me han hecho creer que la gente que no está contenta con su trabajo, en reali­dad sufre padecimientos serios con más frecuencia que la que trabaja duro, pero es feliz con lo que hace. Hay cierta verdad en el dicho: "Estoy tan ocupado que no tengo tiempo de enfermarme." Por lo tanto, la ociosidad no es la respuesta, pues yo observo que gente que acaba de perder su trabajo, o que generalmente está sin empleo, tiene una mayor incidencia de males que afectan todos los sistemas del cuerpo. Sus cuerpos sufren de la misma clase de atrofia que la naturaleza nos mues­tra por todos lados cuando algo se vuelve inútil. En el esquema de las cosas, lo inútil pronto muere. La naturaleza, incluyendo nuestra naturaleza interna, no tiene lugar para lo inútil. Promue­ve la salud sólo en aquellas cosas que contribuyen a un creci­miento y a un continuo desarrollo. Progresar es sobrevivir.

Los fisioterapeutas y los fisiólogos están bastante conscientes de un fenómeno llamado atrofia por falta de uso. Esto es, la pér­dida de una extremidad o de un órgano por falta de uso. Una vez que dicha extremidad se hace útil y funcionable de nuevo, el proceso se hace reversible. La sangre empieza a fluir hacia la parte que se estaba quedando sin vida y mientras más se res­tablezca su función, se hace más fuerte y poderosa. La activi­dad, la utilidad y el progreso en sí son los grandes secretos de la longevidad y la salud. Respecto a esto, Emerson dijo estas bellas palabras: "La gente no envejece, se vuelve vieja cuando deja de evolucionar."

Siéntase útil y séalo. Contribuya a la evolución de la vida, de la cual usted forma parte. La gente que oye este consejo a menudo lega a la conclusión de que tiene la profesión equivo­cada; y esto puede ser verdad. Sin embargo, es su actitud ne­gativa. generalmente, la que ha envenenado toda oportuni­dad de tener satisfacción en su trabajo. Cada empleo tiene al­gún propósito útil, pues siempre habrá alguien que lo pueda utilizar para su propia evolución y desarrollo. La utilidad social del trabajo fue, en un tiempo, su fuente de importancia tradi­cional; así. se crearon los empleos para satisfacer necesidades concretas. Sin embargo. la evolución en nuestro siglo se ha en­focado claramente hacia el desarrollo personal. Por lo tanto, la gente exige satisfacción personal con su trabajo, no porque sea más egoísta que la gente de generaciones pasadas, sino por que comprende, acertadamente, que la utilidad primaria del traba­jo es para su yo.

La gente que se siente útil no se deteriora ni se enferma. Apo­yada en su propia satisfacción, se encuentra lista para hacer que el trabajo colectivo prospere. Sin embargo, la pirámide laboral incluye, obviamente, muchos más empleos rutinarios, abajo, que empleos creativos, arriba. Cuando vienen a verme mis pacien­tes se quejan de su penoso y rutinario trabajo. Lo primero que hay que decir es que los trabajos que se encuentran en la cúspi­de tienden a ser para la gente más saludable, aquella que es naturalmente más apta para lograr más; pero creo que su acti­tud positiva surgió primero y creó las posibilidades para la pro­moción. Cualquier trabajo, ya sea de rutina o no, implica repetición y disciplina. La persona que carece de conciencia in­terna, rápida e inevitablemente llega al punto en que la repeti­ción de su trabajo le causa aburrimiento y fatiga. Es de aquí de donde surgen todos los demás síntomas.

La persona que está segura de sí misma encuentra soluciones creativas al trabajo de rutina. No tiene la costumbre de re­parar en lo que es aburrido. cansado y repetitivo. En primer lugar, esta gente tiene el valor de encontrar trabajos que le gus­ten. No se preocupa de la seguridad financiera cuando su felici­dad está en juego. Una vez qué encuentra un empleo que la satisface, lo conserva sin pensar ni siquiera en retirarse. Esto se debe a que lo que la vida tiene que ofrecerle ya lo encuentra en su trabajo: desarrollo, progreso y prosperidad. Si usted está desesperado por tener ratos libres, entonces su trabajo lo está matando. Si espera con ansia jubilarse, entonces ya está jubila­do de antemano, en lo que concierne a la felicidad en el trabajo.

Como médico no puedo ayudar a mis pacientes consiguién­doles mejores empleos o haciendo que les gusten los que ya tienen. Lo único que puedo hacer es ayudarlos temporalmente tratando sus síntomas. Sin embargo, al dirigirnos hacia el cono­cimiento espontáneo y saludable de ellos mismos, puedo indi­carles dónde se encuentra la verdadera solución.

  1. Cómo canalizar la mente inconsciente: La fuerza del hábito

Cada impulso de inteligencia necesita un canal que seguir. Cuan­do hablamos de un desarrollo en nuestra conciencia, tenemos que estar hablando de nuevos canales de inteligencia; de otro modo, la conciencia de sí mismo no sería más que un estado de ánimo. Al canal creado conscientemente para la inteligencia se le llama hábito. Ordinariamente tendemos a pensar en los hábitos como algo bastante monótono de nuestra rutina diaria: el mismo cepillo de dientes, el mismo jugo de naranja, la mis­ma esposa. Sin embargo, cada tipo de habilidad o de talento depende de un hábito. Levante la mano y clave un clavo y ese deseo que se transformó en acción física por medio de un canal fijo, puede dar como resultado la destreza de un maestro car­pintero. Coloque su dedo índice sobre la tecla de un piano para obtener un do mayor y usted estará haciendo lo que un virtuoso acostumbraba realizar hace muchos años, y que todavía hace gracias a la fuerza del hábito.

Prácticamente es imposible detener la fuerza del hábito una vez que su canal se ha abierto. La mente consciente se puede decir a sí misma que puede controlar los hábitos diarios, bajar de peso cuando quiera, dejar de fumar, aceptar nuevas creencias y tener pensamientos desconocidos, pero la fuerza del hábito es como una marejada y la mente consciente es como su jinete que se balancea inestablemente en ella. Por ejemplo, al hábito no le preocupa si nosotros lo consideramos bueno o malo. Todos hemos escuchado la exclamación del fumador em­pedernido: "Yo ni siquiera quería ese cigarro", y de la persona que está a dieta: "Ni siquiera tenía hambre cuando me comí ese pastel." Para poder descubrir por qué el hábito es tan fuerte, debemos observar más de cerca la naturaleza de la mente. Los psicólogos, por lo general, dividen la mente en consciente e inconsciente Por mente consciente, a la cual se le adjudica no más del 10% del funcionamiento del cerebro,, entendemos aquellos pensamientos que están bajo nuestro con­trol consciente, de los cuales tenemos conciencia en forma de ideas. La mente inconsciente, más del 90% del total, es una bestia mucho más difícil de domar y no se le comprende muy bien; es después de todo, inconsciente. Freud le llamó el id, que simplemente quiere decir “eso" en latín. Sin embargo, el inconsciente nos revela muchos de sus misterios por medio de nuestro conocimiento sobre la fisiología del cerebro, conoci­miento que no estuvo disponible para Freud durante su vida. Los fisiólogos especialistas en el cerebro nos dicen que sus diferentes partes son responsables de funciones especificas y que, cuando esas partes se activan, ocurren dichas funciones. Sólo un pequeño número de esas funciones (específicamente el pen­samiento abstracto y la llamada actividad mayor de la corteza cerebral) parecen estar en nuestro conocimiento consciente. Sin embargo, algunas investigaciones actuales sobre el cerebro nos informan que cualquier pensamiento puede activar muchas par­tes del cerebro al mismo tiempo. Por lo tanto, un solo pensa­miento no es como una imagen en una pantalla mental; más bien es como una foto del periódico, la cual se compone de mi­les de puntitos que siguen un patrón preciso para formar una imagen. Considerando esto, vemos que las partes consciente e incons­ciente de la mente no están separadas. La mente no tiene divi­siones o compartimentos rígidos; simplemente nosotros los creamos para poder hablar sobre ella. En cualquier momento, nuestro cerebro está trabajando en su totalidad, pero nuestra conciencia o atención sólo saca a flote aquellos aspectos del to­do que crean nuestros pensamientos y nuestras emociones o inspiraciones del momento. Sin embargo, para tener cualquier pensamiento debemos establecer los canales que literalmente corran por todo el cuerpo. Eso es lo que quería decir cuando hablé, en un principio, de los "caminos" que convierten los pen­samientos en reacciones físicas por medio de la conexión psicofisiológica. Cuando esos canales están íntegros y libres de estrés, entonces hay salud. Cuando están obstruidos o forma­dos de manera errónea, hay enfermedad. Se trata tan sólo de darle a la inteligencia los caminos adecuados para seguir; se trata por lo tanto, de un hábito. Cada hábito es una empresa en la que cooperan la mente y el cuerpo. Hablando de manera general, la mente conduce dicho acto y el cuerpo lo sigue como un compañero silencioso. Esto funciona muy bien cuando el hábito es algo apropiado, co­mo mover una raqueta de tenis o tocar el violín. La formidable habilidad que el cuerpo muestra en los deportes o en actuaciones musicales se hace posible gracias al simple hecho de que el atleta o el músico no tienen que pensar en lo, que están ha­ciendo. Cualquier intención, por mínima que sea, se transfor­ma en reacciones del cuerpo y de la mente, increíblemente coordinadas. Ellos aprovechan, al máximo, su coordinación mente cuerpo gracias a la fuerza del hábito.

No obstante, como vimos cuando hablamos sobre los sínto­mas de las enfermedades, la naturaleza mecánica del hábito pue­de funcionar para mal. Aunque la mente tenga la intención de obtener satisfacción, si los canales que ya están programados automáticamente incluyen hábitos como fumar, beber o comer en exceso la fuerza del hábito conducirá al cuerpo hacia la en­fermedad. La sociedad entre la mente y el cuerpo es como un globo: si se oprime en un lado, se abulta en otro. En un mal hábito, el cuerpo da todo lo que puede para acomodarse a los deseos de la mente, por ejemplo, al permitir que la presión arterial suba; que las hormonas del estrés activen de manera inadecuada la reacción de “pelea o huye": y al aumentar los latidos del corazón, pero con el tiempo las partes tensiona­das del cuerpo crecen para llenar lo que está abultado y entonces ya no queda más flexibilidad. El resultado es: presión alta cró­nica, un sistema hormonal exhausto y un corazón sobreexcitado.

  1. no existe límite para el número de nue­vos canales que la inteligencia está dispuesta a seguir. Cuando decimos que el potencial de la mente humana, o sea, de nues­tra mente, es infinito, la flexibilidad de la inteligencia es la realidad práctica que hace esa afirmación válida. Cualquier hábito, por sí solo involucra millones de impulsos del sistema nervioso central que se comunican con todo el cuerpo. Nuestra mente puede estar consciente solamente del movimiento de la raque­ta de tenis, pero los cambios en la bioquímica tan sólo a nivel de las membranas celulares que efectúan esta acción requerían de una gran computadora para poder analizarse, sin men­cionar la sorprendente complejidad involucrada cuando la inteligencia activa las hormonas, las enzimas, las reacciones musculares y las partes del cerebro que se necesitan para mantener el equilibrio, para enfocar la vista, para pensar con estrategia, etcétera. Cualquier reacción que incluya millones de cambios también conduce a millones y millones de nuevas combinaciones de los mismos elementos y eso le proporciona a la inteli­gencia todo un mundo de nuevos canales en donde desenvol­verse.

Si queremos comenzar a crea salud en este momento, entonces tenemos que empezar a canalizar nuestra mente incons­ciente por medio del hábito. Según mis experiencias, cualquier método para adquirir nuevos hábitos debe seguir estos princi­pios: el hábito debe adquirirse sin ningún esfuerzo dentro de lapso determinado, debe estar guiado por pensamientos positivos y debe repetirse conscientemente, pero siempre con bue­na disposición, nunca forzándolo como si fuera el enemigo del hábito malo. Al cultivar los nuevos hábitos de este modo, estos condicionan todo el sistema mente cuerpo para crear salud y felicidad de manera automática. De nuevo vienen a mi mente aquellas dos frases que dijo Abraham Maslow acerca de la gente sana y creativa: "Lo que esta persona quiere y disfruta es exac­tamente lo que es bueno para ella. Sus reacciones espontáneas son tan hábiles, eficientes y correctas como si hubieran sido pre­meditadas." Suena demasiado bien para ser verdad, pero es 1así como el hábito funciona.

Todo lo que se necesita es estar consciente de que la rutina de la mente inconsciente se puede cambiar; y luego, simple­mente se cambia. La gente que ha sido infeliz durante toda su vida puede ser feliz sólo con entender que el origen de ese cam­bio reside dentro de ella misma. La responsabilidad de toda en­fermedad y de toda cura reside dentro de nosotros. El incons­ciente puede refinarse y canalizarse de nuevo por medio de la sugestión, la repetición y, sobre todo, de la atención. La aten­ción, o la conciencia, es la que toca los poderes dormidos de la mente y los vitaliza de nuevo. Ni se preocupe mucho por saber cómo pasa todo esto, éste es sólo un dicho antiguo: "No va a pasar, no puede pasar." El más mínimo cambio en la aten­ción puede cambiar el mundo que usted percibe y el cuerpo con el que vive. Cuando usted compra una rosa, compra tam­bién sus espinas. Si observa la rosa, experimentará la belleza; si observa las espinas experimentará el dolor. Por lo tanto, los hábitos sanos no tienen precio como fuerzas para adquirir salud. Permítame proporcionarle una forma de em­pezar. En el Instituto Weimar de California vi un cartel que de­cía: "Nuevo comienzo: los remedios naturales de Dios", el cual resutó ser un mensaje codificado sobre la creación de la salud:

Nutrición  /  Ejercicio   /  Agua  /  Sol   /   Moderación   /   Aire   /  Descanso   /  Fe en Dios y control sobre nuestros procesos de pensamiento

Nutritión, Exercise, Water, Sunshine, Temperance, Air, Rest, Trust in God and Control of One”s Thought Processes

De la mayoría de estos elementos ya hemos hablado con an­terioridad y la mayoría de los restantes nos recuerda que una vida natural logrará, en realidad, resultados sorprendentes con los que la medicina no puede rivalizarse. El aire y el agua pu­ros, la comida nutritiva, la actividad moderada, una pequeña caminata bajo el sol y un sueño reparador durante la noche: la clave de todo esto es el hábito. Son elementos muy podero­sos para prevenir las enfermedades si usted los convierte en un hábito. A los hábitos buenos pero ocasionales no se les puede considerar como hábitos. El punto más importante aquí es per­mitir que la inteligencia creativa, o sea la conexión entre la mente y el cuerpo, funcione automáticamente. Si usted tiene que pen­sar en “estar bien", entonces su cuerpo no está acostumbrado a la salud y de hecho ese "bienestar" ocasional puede ser bas­tante dañino.

Como afirma la ciencia médica, la persona que juega golf so­lamente los domingos o que trabaja al aire libre sólo cuando tiene “que quitar la nieve de la acera, es susceptible a un agotamiento muscular o a un fallo cardiaco. El cáncer de la piel más peligroso que existe llamado melanoma, tiende a atacar más a las per­sonas que sólo se asolean en sus vacaciones una vez al año, (con las consiguientes graves ampollas) que a las que trabajan bajo el sol todo el tiempo. Incluso si esto se hace durante la ni­ñez, aunque no se vuelva a hacer, puede provocar reacciones anormales mente cuerpo que saldrán a relucir en forma de un tumor maligno años más tarde. Por eso, adquiera los hábitos gradualmente, pero de manera consistente y no cultive ningu­no que no le guste en realidad. Quisiera hacer un pequeño comentario sobre dos hábitos de la lista. Moderación es una palabra que se malinterpreta fá­cilmente, pero quiere decir simplemente no hacer nada con exceso. Eso es muy importante por razones morales, sino por que los mecanismos del cuerpo funcionan dentro de sus límites, por lo que la moderación en la comida, en el descan­so, en el trabajo y en el ejercicio respeta esos límites. El hábito canalizará un enorme poder organizador de la mente incons­ciente, pero sólo si a la conexión mente cuerpo se le permite fluir con suavidad. Millones de cosas suceden cada vez que usted tiene un pensamiento o mueve un dedo, pero en rea­lidad sólo sucede una: la inteligencia fluye. El hecho de hacer cualquier cosa en exceso crea estrés, lo que ya hemos defi­nido como "cualquier hecho que bloquea el flujo de la inteligencia creativa "Fe en Dios y control sobre nuestros procesos de pensamiento"; esto no lo estoy dando aquí como un dictamen religioso. He señalado en cada capítulo la prueba de una inteligencia infi­nita que impregna la naturaleza y se expresa a través de nues­tro cuerpo y nuestra mente. Por sí sola produce una salud perfecta; su flujo sencillo y sin obstrucciones es el único "con­trol" que puede dirigir magistralmente los innumerables proce­sos de la vida. La única actitud significativa que podemos tener hacia esa inteligencia es la confianza.

  1. Dieta y destino

La Comida es Brahmán. Rig Veda

Todas las criaturas nacen gracias al ali­mento. viven de éste después de su muerte regresan a éste. El alimento es lo primordial. Se dice que es la medi­cina para todas las enfermedades del cuerpo. Aquellos que veneran a la co­mida como Brahmán. ganan todos los objetos materiales. Todo ser nace del alimento y al nacer crece gracias a és­te. Todo ser se nutre del alimento, al morir. vuelve a formar parte de éste. Taittiraya Upanishad

Una vida comienza como un deseo. Los impulsos de inteligen­cia a los que llamamos amor y deseo se convierten. a través de nuestros padres, en el embrión. fusión de diminutas canti­dades de material genético. Por lo tanto. somos concebidos como consecuencia del amor y del deseo, y comenzamos nues­tra vida como material genético. A pesar de ser tan diminuto, el ADN que compone este material genético contiene, en su interior, la programación completa de nuestro destino. La ma­teria prima del ADN es el azúcar y una sustancia química com­pleja llamada ácido nucleico. La complejidad del ácido nucleico cuando se encuentra dentro del ADN. es suficiente para co­dificar toda la inteligencia que surgió del amor y del deseo que nuestros padres otorgaron a la primera célula que concibieron.

Nos alimentamos de la suma total del amor, el deseo y la in­teligencia; todos ellos vertidos en una materia prima, a la cual se le conoce comúnmente como alimento. Nosotros somos el alimento que se transforma y al cual se le da conciencia. Si que­remos que una papa o un grano de trigo se vuelvan tan cons­cientes como nosotros, nos lo comemos. Luego, la inteligencia que impregna cada célula de nuestro cuerpo comienza a traba­jar en ese pedacito de comida. En realidad, nada drástico le pa­sa. Los constituyentes químicos de sus nutrientes son simple­mente transformados, para que puedan entrar en nuestras cé­lulas. El material del cual se compone ese alimento se vuelve parte de nosotros: ojos, cabello, cerebro, intestino. He aquí la creación; el acto de comer y asimilar el alimento implican la inteligencia infinita del universo manifestándose a través de este acto especifico de la creación. El universo comenzó al crearse la naturaleza a sí misma, en forma de explosiones titá­nicas de masa y energía, que condujeron a la creación de in­mensas galaxias y nebulosas. Sin embargo, cuando la natura­leza evolucionó lo suficiente para crear algo realmente com­plejo, aprendió a comer. Considere lo siguiente: yo tomo un vaso de jugo de naranja. Cada una de las células de mi cuerpo (el cual contiene millones y millones de células) se encuentran con cada molécula de glu­cosa de ese jugo. Cada célula de mi cuerpo consume la ración de jugo de naranja que necesita y, por medio de esa necesi­dad, convierte el jugo en parte de sí misma. Las complejidades de lo que la célula ha hecho, hasta donde la ciencia ahora lo comprende, son suficientes para llenar grandes espacios en las bibliotecas del mundo. Cuando usted esté consciente de la com­plejidad y, al mismo tiempo, de la simplicidad, inocencia y ele­gancia con la que el poder organizador de la inteligencia transforma el alimento en seres humanos y en todas las criatu­ras de la tierra, entonces estará listo para participar en su pro­pio destino. Puede usted sentarse y comer.

La gente que no tiene el suficiente respeto por la comida de­muestra que no está consciente del flujo del poder organizador que esto representa. Comer indiscriminadamente, comer apura­damente, comer generalmente con exceso o quedarse sin comer todo el día, son violaciones de las leyes de la naturaleza, es de­cir, de los procesos biológicos que deben funcionar en sus canales preordenados. para que la comida forme parte de nosotros. Innumerables trastornos están relacionados con la dieta y los hábitos alimenticios. Por ejemplo, se piensa que más del 90% de los casos de cáncer gastrointestinal, inclu­yendo uno de los grandes asesinos, como es el cáncer del colon, se encuentran directamente relacionados con la nutri­ción. La presión arterial alta, los niveles altos de colesterol en la sangre y las enfermedades graves del corazón, que son una epidemia en las sociedades occidentales, sin mencionar la dia­betes, la hipoglucemia, las úlceras y la artritis gotosa,, demues­tran que existe una obvia relación entre ellas: los malos hábitos alimenticios y el consumo de alimentos poco adecuados. No creo que sea necesario que nos volvamos nutriólogos pa­ra comer adecuadamente. De hecho. quiero darle sólo algunos consejos detallados sobre la dieta, en este libro; únicamente lo necesario para señalar la verdad más importante: la inte­ligencia de nuestro cuerpo sabe lo que es bueno para ella. Una vez que la inteligencia se canaliza a través de hábitos correc­tos, y esto comprende tomar decisiones conscientes al prin­cipio, los problemas alimenticios y los riesgos de una dieta inadecuada desaparecen.

Una persona con sobrepeso puede no estar de acuerdo con este punto, arguyendo que su cuerpo no parece ayudarse a si mismo cuando se encuentra ante la comida. Sin embargo, con­sidere lo siguiente: si usted sube 5 kilos al año. mismos que en algunos años lo harían que estuviera pasado de peso y en una década lo harían bastante obeso. todavía está comiendo de más, aunque sea sólo un promedio de menos de 100 calo­rías al día. Eso corresponde a un poco más de dos cuchara­das de aceite, un tercio de una barra de chocolate o a medio puño de cacahuetes. En otras palabras, hasta el aumento de peso crónico e "incontrolable" implica sólo un pequeño ajuste en la idea que tiene el cuerpo de la cantidad adecuada que se debe comer. Siguiendo con la misma lógica, un pequeño ajuste en la dirección opuesta hará que baje uno de peso. Es­te ajuste debe comenzar en la mente, con la intención de res­petar la inteligencia del cuerpo.

Somos constantemente bombardeados. por todas partes. con información sobre dietas. Alguna información sirve a los intere­ses de los productores que venden alimentos, otra es impul­sada por intereses médicos que quieren invertir el curso de la enfermedad y las demás sirven a intereses diversos, Todo esto es irrelevante una vez que las células de nuestro cuerpo comienzan a pasar información al cerebro, acerca de lo que realmente quieren” una cantidad moderada de nutrientes variados, administrados a ciertas horas del día. Los hábitos nuevos que se canalizan en esta dirección son más valiosos que cualquier consejo proveniente de una autoridad en dietética. Esta es la ocasión de reflexionar por un momento: ¿qué tan razonable es nuestra obsesión por las vitaminas, los minerales. las proteínas y el resto de nuestra dieta? La cantidad de datos sobre nutrición que almacenamos en nuestro cerebro me pare ce irrelevante, en lo que concierne a la salud como un estado natural del cuerpo. ¿Qué tan probable es que los pájaros del bosque sufran una deficiencia de vitamina D? ¿Existe alguna otra especie viviente de la tierra, aparte del hombre, que re­gule su vida de acuerdo con la dieta diaria recomendada" de algún nutriente? Las autoridades en nutrición comprenden es­to y han declarado “varias veces que nuestro conocimiento so­bre los nutrientes es deficiente hasta en el mejor de los casos. La mayoría de la información que obtenemos proviene de ex­perimentos con animales, a los que se les privaba de varios nu­trientes hasta que mostraban alguna enfermedad por cierta deficiencia. El resto de la información que tenemos proviene de la observación de gente que ya ha contraído enfermedades causadas por deficiencias de algún nutriente. Por lo tanto, lo que se sabe depende, en su mayor parte, del estudio de esta­dos fisiológicos anormales. No obstante, es bien sabido que ca­da célula del cuerpo posee una habilidad precisa para seleccionar exactamente lo que necesita de la dieta, para su desarrollo. Es por eso que las sociedades premodernas tenían suficiente vita­mina C para evitar el escorbuto, aun cuando conscientemente no sabían nada sobre ella y no tomaban jugo de naranja todos los días.

La naturaleza no nos ha dejado en una situación peor que la de los pájaros, los reptiles y otros mamíferos. Es cierto que hemos adquirido algunos malos hábitos a través de los años, que en el presente oscurecen nuestra inteligencia mata, pero, en realidad, la inteligencia no puede ser erradicada. Nuestros instintos que tienden hacia una alimentación apropiada han sido embotados, en parte por escuchar a gente que nos dice lo que comamos, lo que sabe bien, lo que es bueno para nosotros y lo que no lo es. El mejor consejo que he oído al respecto es el del doctor Wayne Dyer quien dijo: “Sé, primero, un buen animal.” Cuando lleguemos a la última parte del libro, hablaré de un medio de restablecer el comportamiento correcto y auto­mático de todas las partes del sistema psicofisiológico. A este medio se le llama: "acción naturalmente correcta”. Por un momento, reconociendo que la mayoría de la gente quiere tener una salud perfecta, pero no sabe cómo activar su inteligencia interna, quiero proporcionar algunos principios so­bre la alimentación. Son producto de mis propias observaciones y no son recomendaciones oficiales de medicina científica, en general. Sin embargo, hay otros médicos que estarán abso­lutamente de acuerdo conmigo. Lo que tienen en común to­dos los puntos siguientes es que, de una manera suave pero continua, impulsan al cuerpo y a la mente a unirse en un flujo de inteligencia. Así como en Otros aspectos de la salud, una vez que dicho flujo se establece, lo único que se necesita es disfru­tar de la vida.

  1. Preste atención a la manera de comer.
  2. Haga una pausa antes de comer y siéntese en silencio, o dé gracias, para que la conciencia comien­ce la comida con tranquilidad.
  3. Coma sólo cuando tenga hambre.
  4. No se siente a comer si está enfadado; su cuerpo está mucho mejor sin alimento, hasta que usted se sienta bien.
  5. Tómese su tiempo para comer, masticando bien y len­tamente.
  6. Aprecie la compañía que tenga cuando coma y felici­te a la cocinera por la comida.
  7. Evite comer en compañía de personas que lo hagan sentir mal; por el contrario, cuando pueda, coma con gente que congenie, amigos o familiares.

En la actualidad, algunos de estos consejos pueden sonar ex­traños. Sin embargo, nuestra época es una excepción. Todas las culturas han vivido con estas costumbres y, gracias a ellas, son lo que son y han encontrado el total bienestar de una vida sana. La actitud diaria del hombre hacia la comida ha sido de agradecimiento. En sus momentos de reflexión profunda, esta actitud se torna en reverencia. El alimento bueno, que se pro­vee con abundancia y se ingiere con agradecimiento, es una señal de que el hombre acoge con satisfacción su unión con la naturaleza y ésta le responde alimentándolo bien.

El caso del vegetarianismo

Igual que muchos otros médicos, estoy convencido de que la dieta vegetariana es lo mejor para la salud. Una persona vege­tariana es aquella que vive principal o totalmente a base de una dieta sin carne. Aunque algunos vegetarianos se abstienen de comer carne porque aborrecen la idea de asesinar a los anima­les, esta razón no se discute aquí. Además, si la dieta de usted incluye huevos, pollo y pescado, en cantidades muy pequeñas, creo que obtendrá los mismos beneficios que consiguen los ve­getarianos estrictos. A través de la historia, la mayoría de las sociedades humanas ha subsistido llevando dietas casi vegeta­rianas; por lo tanto, hasta cierto punto es una norma y no "una práctica dietética especial". Tendemos a racionalizar que los europeos vivieron de col y mijo por siglos debido a su pobreza, o que los asiáticos se sustentan con arroz y vegetales hoy en día, debido a la sobrepoblación.

La verdad es que la fisiología humana mantiene mejor la sa­lud cuando el consumo de grasa y proteínas animales es peque­ño o inexistente. La Sociedad Dietética Americana, en un folleto titulado El enfoque vegetariano hacia la alimentación (The Vegetarian Approach to Eating), hace notar que "pruebas científi­cas, cada vez mayores, apoyan la relación que existe entre el consumo de una dieta basada en vegetales y la prevención de ciertas enfermedades". Las siguientes enfermedades han sido relacionadas, de manera definitiva, con nuestra dieta común y corriente, que es alta en el consumo de carne y grasas animales:

  1. Enfermedades de las coronarias. Su causa exacta es des­conocida, pero una cantidad de pruebas cada vez mayor su­giere que dichas enfermedades, el asesino número uno de nuestra sociedad, son un trastorno crónico y degenerativo, relacionado con la dieta. Las grasas saturadas y los alimentos altos en colesterol tienen relación, de una manera definitiva, con el endurecimiento de las arterias (arteriosclerosis), que es lo que propicia las enfermedades de las coronarias.

Las grasas saturadas y el colesterol se encuentran principal mente en la carne, el queso y la mantequilla. Cuando se cam­bia la dieta a alimentos derivados de los vegetales, hay un descenso definitivo en los niveles de colesterol en la sangre. Se sabe que las enfermedades de las coronarias son de un 30 a un 50% menos comunes entre las personas que han sido vegetarianas por mucho tiempo, como los Adventistas del Séptimo Día, quienes abogan por el vegetarianismo como par­te de sus creencias religiosas. Esta gente también tiende a tener otros buenos hábitos, como el no fumar, pero en el estudio de los Adventistas que no eran vegetarianos se encontró un índice de mortalidad por ataques al corazón tres veces mayor que el de los vegetarianos de la misma edad, de la misma secta.

  1. Cáncer. Ya hemos hablado de la conexión cáncer dieta en la primera parte de este libro, pero mencionará, de nuevo, que el cáncer del colon y del seno están relacionados con el alto consumo de grasas y colesterol, y que las dietas bajas en fibra vegetal se encuentran implicadas en muchos tipos de cán­cer del tracto digestivo. Todas las agrupaciones responsables. como la Sociedad Americana del Cáncer, recomiendan, en la actualidad, bajar el consumo de carne, para que el riesgo de cáncer disminuya.
  2. Obesidad. La idea tan popular de que una dieta con mu­cho pan, papas, arroz, frijoles, pasta y otros alimentos básicos de la dieta vegetariana, engorda, no se basa en hechos. Como ya hemos visto, la obesidad se asocia con numerosos riesgos para la salud y con casi todas las enfermedades graves. Existen estudios que muestran, de manera clara, que los norteameri­canos que comen carne pesan más que los que no la con­sumen.
  3. Caries dental. La caries dental, a lo que comúnmente se le llama "picadura", ocurre con menos frecuencia entre vegeta­rianos que entre los que comen carne.
  4. Osteoporosis. Este trastorno consiste en el adelgazamien­to de los huesos y la pérdida de masa ósea que afecta seria­mente a muchas mujeres que pasan de la edad de la menopausia. A medida que dichas mujeres envejecen, la osteopo­rosis crea problemas en la columna vertebral y es causa de fracturas frecuentes, lentas para sanar. A pesar de que la car­ne es una buena fuente de calcio (también lo son los produc­tos lácteos, el pescado, los frijoles y los vegetales con hojas), los estudios indican que llevar una dieta alta en proteína, por un periodo largo, da como resultado la pérdida de calcio y masa ósea.

A medida que la mayor parte de la población norteamerica­na vaya asimilando estos hechos, las dietas vegetarianas serán más comunes; ya son lo bastante como para que, incluso los atletas. que tradicionalmente comían mucha carne roja en la me­sa de entrenamiento, estén viendo el beneficio de sustituirla con carbohidratos, como fuente de energía. (Un estudio clásico so­bre esto, llevado a cabo. hace algunas décadas en Yale, mues­tra que ningún atleta que comía carne podía tener los mismos niveles de resistencia en las pruebas que los vegetarianos.) Una fuente de energía estable, como la que se obtiene de los granos enteros y de otros carbohidratos completos, es mucho mejor para el organismo, en general. que los aumentos de energía re­pentinos causados por el azúcar (o el alcohol), y además, el sis­tema digestivo digiere esta clase de alimentos con mayor facilidad que las grasas y proteínas animales. En todo caso, las estadísti­cas sobre la generación de bebés de aquella época (los que hoy en día tienen de 30 a 40 años) indican que fumar, beber y el alto consumo de carne, han declinado. Esperemos que la epidemia de enfermedades causadas por nuestro estilo de vida se reduzca de una manera drástica.

Para aquellos que quieran cambiar hacia el vegetarianismo. puedo proporcionar algunos consejos. con los cuales la mayo­ría de la gente generalmente está de acuerdo. (Ver también las observaciones sobre la dieta en los capítulos 4 y 6, sobre el cán­cer y la obesidad, respectivamente.)

  1. No cambie su dieta de manera repentina o drástica. Reali­ce cambios graduales, de preferencia en momentos en que se sienta relajado, tranquilo y sin presiones.
  2. Empiece por escoger pescado y pollo, en lugar de carne roja, y coma porciones más pequeñas de éstos. si le apetece.
  3. Coma alimentos bien preparados, no platos de frijol. arroz y verduras hervidas, como penitencia. Casi todas las cocinas asiáticas se basan en verduras y arroz, con pequeñas porciones de carne. Los platillos de pasta italianos son, también, bajos en proteínas provenientes de la carne o hasta completamente ve­getarianos.
  4. Siempre que pueda, prefiera panes, panecillos y cereales integrales, en lugar de los de harina blanca. Los granos integra les proporcionan proteína completa para el cuerpo. en cualquier combinación con nueces, leguminosas (frijoles y lentejas) o se millas. Es seguro que cualquier comida vegetariana que inclu­ya leche o tofu, contiene también una proteína completa

Recomendaciones generales

A pesar de que existen en el mercado variados libros con bue­nos consejos sobre nutrición, no he visto ninguno que nos en­señe cómo cultivar el flujo de inteligencia de nuestro cuerpo, para que nos diga, a tiempo, de manera automática, lo que de­bemos comer. Por lo tanto, trataré de dar algunas sugerencias al respecto, con la advertencia de que se basan en mis propias observaciones y en mi propia lectura sobre medicina, no en in­vestigaciones actuales. En la cuarta parte de este libro hablo sobre la manera de enfocar la inteligencia creativa, a través de la mente, siendo este enfoque el que, finalmente, hace de la salud perfecta una realidad práctica, en todos los aspectos de la vida. Sin embargo, el interés actual en la dieta me im­pulsa a establecer los siguientes puntos:

  1. El cuerpo desea una cantidad moderada de alimento, que contenga varios nutrientes, a determinadas horas del día. Si usted ya está cumpliendo con esto (y no bebe ni fuma), entonces ya está llevando a cabo lo principal, lo cual permite que el cuerpo equilibre su metabolismo y su digestión. Al cuerpo le gustan los hábitos. Coma un poco de todo, más o menos la misma cantidad todos los días, y trate de que sea siempre a la misma hora aproximadamente.
  2. Cuando la inteligencia del cuerpo se encuentra trabajando a su capacidad total, nuestras papilas gustativas son una guía excelente para saber lo que debemos comer. Lo que es bueno para nosotros debe ser exactamente lo que nos gusta. A la ma­yoría de nosotros nos engaña el paladar, porque lo estimula­mos de más de una manera equivocada. Para volver nuestras papilas gustativas a su estado normal, son muy útiles los siguien­tes puntos:

a) Reducir el consumo de sal en nuestros alimentos y no comer bocadillos salados antes de las comidas.

b) Dejar de estimular nuestro paladar con alcohol, antes de las comidas, y si es posible, dejar de consumirlo total­mente.

c) Beber agua tibia, no fría (para limpiar nuestro paladar), durante la comida.

d) Comenzar a apreciar el sabor natural de las comidas, in­cluyendo todos los sabores de cada una: lo dulce, lo agrio, lo salado y lo amargo.

  1. Si el ansia por comer es un problema, no intente atacarlo de frente. Esto representa hábitos profundamente arraigados o mensajes de importancia mal dirigidos, que provienen de su fisiología. Simplemente coma otros alimentos que formen parte de una dieta balanceada. Cuando sienta ansia por comer algo dulce o salado, o algún otro sabor favorito, trate de comer la mitad de lo que tanto desea, pero sin presionarse.
  2. Aprenda a reconocer cuando ya ha comido lo suficien­te. Para esto, el cuerpo posee una señal llamada reacción de saciedad. Opera de manera natural cuando la dieta contiene muchos granos y alimentos sólidos y líquidos, pues todo esto nos hace sentir satisfechos rápidamente. Sin embargo, la dieta alta en grasas, azúcar y sal, hace que esta reacción no funcione adecuadamente. Una manera fácil de cultivar dicha reacción de saciedad es beber agua con la comida y comer pan antes de empezar a comer. (En un estudio que se hizo, se les indicó a algunos estudiantes que comieran dos rebanadas de pan inte­gral al empezar cada comida, y en pocos meses bajaron de peso, en forma considerable. Este es un buen ejemplo de có­mo hacer dieta sin esfuerzo.)
  3. Tome su comida más abundante al mediodía y coma sólo dos tercios de su capacidad. Estos dos hábitos ayudan a sentir hambre de verdad, que es la única señal válida del cuerpo para avisarnos cuándo debemos comer. Comer pesado en la noche, sobrecarga nuestro organismo y provoca una digestión irregular.
  4. Acostúmbrese a comer solamente alimentos frescos y recién preparados. He mencionado este punto al final porque espero que se les grabe en la memoria. Estamos programa­dos, por la naturaleza, para comer alimentos frescos y natu­rales. Aunque nuestro cuerpo se puede adaptar a comer ali­mentos enlatados o congelados, sobras, alimentos procesados y adulterados y comida "chatarra", no es la manera de lograr una salud óptima. Comer alimentos frescos y recién prepara­dos en cada comida, es la dieta correcta para todo el mundo. Si no le gusta cocinar, vaya algún restaurante donde pueda tomar comida sana, balanceada y recién preparada. Cómala con calma, y, por la noche, cene un sándwich y un vaso de leche solamente. Si usted desayuna sólo un jugo de naranja, un café y una dona, cámbielo por avena, pan integral y leche, o cualquier otra variación que le guste, del típico desayuno caliente norteamericano. De este modo, se restaura rápida­mente el organismo que experimenta un descenso de energía durante el día.
  5. Ritmos, descanso y actividad

Cuando un electrón vibra, el universo se estremece. Sir Arthur Eddington

El mismo flujo de vida que corre por mis venas día y noche, corre por el mundo y danza con un movimiento rítmico. Rabindranath Tagore

La naturaleza funciona en ciclos de descanso y actividad. Vivi­mos en un universo que late y sus latidos se reflejan en todos los niveles de la existencia. La naturaleza de la luz, en forma de ondas, los ciclos de vida tan inmensamente largos de las estrellas, el flujo y reflujo de los mares y la respiración de los seres vivientes son, todos ellos, variaciones de actividad que alternan con el descanso. Un antiguo texto védico de la India manifiesta que el universo es el macrocosmos y el hombre es el microcosmos. Nuestras células pulsan con un ritmo cuyo cronómetro es todo el universo. El flujo de inteligencia que regula nuestra mente y nuestro cuerpo atiende mejor sus pro­pios ciclos y funciones cuando se les presta más atención.

La ciencia contemporánea todavía tiene que ponerse de acuerdo sobre la manera exacta en que los ritmos universales y biológicos interactúan, pero la simple observación nos mues­tra cuatro ciclos naturales, cuyos ritmos colaboran con los nues­tros. Ellos son: 1) La rotación de la tierra alrededor de su eje creando el día y la noche; 2) La rotación de la tierra alrede­dor del sol creando el ciclo de las estaciones; 3) El movimien­to de la luna alrededor de la tierra, que se observa en las fa­ses de la luna, y que crea el ciclo del mes lunar, y 4) Los cam­bios de la fuerza de gravedad de la tierra, la luna y el sol du­rante el año, los cuales se observan en la marea alta y baja.

Hace algunos siglos, dirigimos la observación de estos ritmos hacia el exterior, por lo que la gente, hoy en día, piensa en ellos como en hechos de astronomía. No obstante, cada ser viviente incluyendo a los humanos, está biológicamente pro­gramado para responder a estos ritmos. Los pájaros no emi­gran porque observan las estaciones, ni las frutas maduran, ni las semillas germinan, ni los osos invernan sólo porque se mantienen alertas. Los ritmos de la naturaleza están en su in­terior y, por lo tanto, su inteligencia se encuentra siempre mo­viéndose en ciclos. El ciclo del día y la noche y las estaciones del año afectan profundamente al ser humano. La gran ma­yoría de la gente que vive fuera de la ciudad todavía se des­pierta y se duerme, cosecha y siembra, trabaja y descansa, crece y declina, de acuerdo con los ritmos establecidos por la naturaleza, no por los humanos.

Ya que estos ritmos no se encuentran fuera de nosotros, no tenemos que evocarlos a nivel del pensamiento. No obstante es Importante respetarlos y no forzar nuestra fisiología en con­tra de ellos. En investigaciones médicas se ha descubierto que el equilibrio del fluido de las células y de los electrolitos del plasma sanguíneo parece fluctuar con las fases lunares; este equili­brio sigue el movimiento de la marea. Los lados del corazón establecen sus patrones de onda constantes, en la corriente sanguínea; los diferentes patrones de ondas cerebrales son tan complicados que en algunas investigaciones a penas se está comenzando a comprender sus movimientos. Por esto, el in­vestigador pionero J. Lhermiffe se expresa así: “Esta materia sublime y etérea llamada mente." Todas las hormonas del cuerpo son secretadas en oleadas, y un constante movimiento ondular, llamado peristalsis, pulsa a través del tracto digestivo, desde la garganta hasta el colon.

Creo que la importancia de los ritmos biológicos se podrá com­probar a medida que los datos clínicos nos proporciones un pa­norama más claro de ellos, pero ya se ha pensado que la interrupción de los ciclos naturales del cuerpo actúa como pre­cursor de los procesos de la enfermedad. Por ejemplo, la gente que trabaja turnos de noche y duerme durante el día muestra cambios en el ritmo diario de la hormona cortisol, así como en el de ciertas hormonas de la pituitaria. La gente que trabaja de noche puede ajustar sus hábitos a sus horarios, pero si, como se piensa, sus células no se pueden adaptar totalmente, enton­ces las interrupciones de sus ritmos biológicos se pueden mani­festar en diferentes formas: se puede experimentar una sensación vaga de desorientación, tener cierta susceptibilidad a los resfria­dos y a las infecciones y reaccionar ante el estrés de manera exagerada. Pasará algún tiempo antes de que la medicina determine exac­tamente como reaccionan el sistema inmunológico y hormonal, ante los ciclos naturales, pero toda persona observadora los pue­de apreciar a su alrededor. Nuestras emociones cambian con las estaciones: nos resfriamos en invierno, sentimos la prima­vera en nuestros huesos", nos volvemos pensativos y “madu­ros" en el otoño. Nuestro sentimientos se dirigen hacia el amor en la primavera y se vuelven más íntimos en el invierno. Varios trastornos tienen su propio tiempo también. Por ejemplo, las úlceras empeoran y sangran, comúnmente, entre septiembre y enero. La depresión se ve favorecida en el invierno, y sus ho­ras especiales, durante el día son el crepúsculo y alrededor de la medianoche. Un descubrimiento fascinante en esta área se refiere a cierta gente que sólo en invierno se deprimía de una manera crónica, a veces hasta el punto de querer suicidarse. Padecían de lo que se le llama síndrome SAD,  es decir, "trastorno afectivo esta­cional". Se encontró que la sangre de estos pacientes contenía altos niveles de melatonina, hormona secretada por la glándula pineal. Para reducir estos niveles y aliviar la depresión, ahora los doctores simplemente les recomiendan a estos pacientes que caminen más a la luz del día. Esto es lo más fascinante, que las secreciones de la glándula pineal reaccionen con la luz, a pesar de que aquélla se encuentra profundamente oculta deba­jo del cráneo y rodeada por tejido cerebral. Parece que la ac­ción de esta glándula es nuestra manera de supervisar el año y, aparentemente, se debe a nuestra programación genética.

Puesto que nuestra existencia moderna no está atada a la na­turaleza. como antes, nuestra vida puede perder el contacto con nuestros ritmos internos. Es posible programar nuestros propios relojes. en una sociedad tecnológica. Podemos trabajar y dor­mir cuando queramos, ordenar, prácticamente, cualquier ali­mento en cualquier época del año y estimularnos con la televisión, la música, los libros y los juegos, a cualquier hora. El ritmo de esta era forma parte de su evolución, pero, como médico, encuentro que los pacientes que mejor se adaptan a la velocidad moderna son aquellos que también respetan los rit­mos internos de su cuerpo. Esto no es nuevo; la gente verda­deramente sana y de éxito es con frecuencia, aquella que ha aprendido a dormir profundamente durante la noche, a disfru­tar de algunos ratos de quietud durante el día, a comer cómo­damente y sin prisa, a levantarse con el sol y a acostarse temprano.

De hecho, debido a que el ciclo básico que sirve de funda­mento a todos los demás es el del descanso y la actividad, la clave para normalizar nuestros ritmos internos es obtener sufi­ciente reposo. Todas las terapias para trastornos físicos y men­tales incluyen descanso; el estímulo continuo es un enemigo de él. Cuando durante el día existe un nivel bajo de excitación del cerebro, a lo que inconscientemente mucha gente es adicta,, se dificulta en extremo el funcionamiento natural del ciclo del descanso y la actividad. La gente que padece toda clase de trastornos psicológicos, incluyendo aquellos que se agra­van con la fatiga y el estrés, casi siempre muestra agitación en sus pensamientos y en sus emociones. Parece ser que ya no tiene ningún ritmo interior, sólo excitaciones. La gente que no puede dormir, que sufre de tensión y de otros indicios de estrés, que abusa del tabaco, del alcohol y de las drogas, también se en­cuentra muy mal. Lo mismo ocurre con las víctimas de depresiones crónicas leves y preocupaciones.

Las técnicas mentales a las que me referiré en la cuarta parte de este libro tienen como base alternar el descanso con la activi­dad. Estas técnicas nos brindan los profundos beneficios de una salud perfecta, porque nos conectan con el ciclo singular que sostiene toda la creación. Por medio de los genes nuestro cuerpo ha registrado una historia de descanso y actividad que se remonta a la creación del universo. Sólo al mantener cada ciclo específico en coordinación con todos los demás, la inteligencia infinita de la naturaleza pudo formar niveles evolutivos que van del átomo a la molécula, de ésta al tejido viviente, y de éste a la mente consciente.

Si usted desea avanzar hacia la creación de salud, creo que es bueno seguir los ciclos que observamos en la naturaleza. No utilice reloj despertador para levantarse, use su reloj interno. Dis­ponga de un tiempo de quietud al despertarse y antes de irse a dormir; en otras palabras no se apresure a leer las noticias en la mañana, ni ver la televisión en la noche. Trabaje en un área tranquila que tenga ventanas y excluya música repetitiva en la oficina. Manténgase sereno y descansado después de ca­da comida. Tome su último alimento del día cerca de la puesta del sol o por lo menos, tres horas antes de que se vaya a dor­mir. Recuéstese quince minutos antes de la cena y unos minu­tos después de la comida. Maneje con tranquilidad, sin encender automáticamente el radio del coche. Camine a la luz del sol to­dos los días por lo menos unos minutos. el tiempo que le tome recordar que el universo es nuestro verdadero cronómetro.

  1. Una mente abierta

Hace algunos años, un endocrinólogo muy famoso, catedrático de una escuela de medicina muy conocida en Nueva York y au­tor dé muchos libros de texto sobre enfermedades endocrinas, me envió una paciente. Resultó que ésta era familiar cercana del doc­tor y, por supuesto, me sorprendí al descubrir su identidad. ¿Por qué una autoridad en trastornos endocrinos como él, que debía saber mucho más que un antiguo estudiante como yo sobre en­fermedades familiares, me enviaba a esta paciente? Pronto des­cubrí la razón. Padecía de un trastorno llamado edema cíclico idiopático. Tales pacientes. siempre mujeres. retienen una can­tidad excesiva de líquidos en el cuerpo durante ciertas fases del ciclo menstrual, ocasionándoles un aumento de peso, hincha­zón y malestar general. Aunque existen muchas teorías acerca de ello, la causa de este trastorno no se conoce con exactitud. Lo único que el médico puede hacer de acuerdo con los tra­tamientos comunes, es restringirle al paciente él consumo de sal y prescribirle diuréticos (medicamentos que aumentan la eli­minación de líquidos del cuerpo). Esto puede funcionar hasta cierto punto. pero en general este padecimiento es difícil de tra­tar. Los diuréticos generan también una drástica reducción de potasio en el cuerpo. lo que puede causar debilidad en los mús­culos y calambres dolorosos. Esta paciente mostraba todas las características de dicha enfermedad la cual había sido muy re­sistente a todas las terapias que se habían empleado hasta el momento. Engordaba hasta ocho kilogramos y se hinchaba de­masiado durante ciertas fases de su ciclo menstrual. La ropa no le quedaba, se sentía lea y deprimida y los diuréticos sólo ser­vían para crearle efectos secundarios. La paciente estaba de­sesperada y parecía estar al borde de un colapso nervioso. Después de examinarla. le dije honestamente que lo único que podía ser por ella era recetarle otra clase de diuréticos. Aceptó probarlos, pero tampoco le sirvieron y continuó sufriendo los mismos síntomas. Escribí una carta a mi maestro, diciéndole que no me había sido posible ayudar a la paciente.

Unos meses más tarde, cuando estaba yo comiendo en la ca­fetería del hospital, una mujer delgada y atractiva vino a saludar­me; era mi antigua paciente, pero totalmente irreconocible. Me dijo que ya se había curado totalmente de su mal, y era obvio; que había ido con un acupunturista, quien con tres o cuatro tratamien­tos logró que el exceso de líquido se eliminara por completo. Esto me causó mucho asombro. ¿Cómo era posible que unas cuantas agujas insertadas durante unos minutos en diferentes partes del cuer­po, de las cuales la medicina occidental afirma que no tienen una conexión neurológica verdadera,, pudieran lograr esto?

Apunté el número telefónico de su acupunturista y lo llamé. Se mostró muy complacido al ver mi interés y pasó bastante tiempo diciéndome exactamente cómo funcionó el tratamien­to. No obstante, quedé muy desilusionado pues él habló de "campos de energía" en varias partes del cuerpo y de cómo trasladaba energía desde el ombligo hasta el hígado y así suce­sivamente. Desde el punto de vista médico, todo esto era in comprensible. Desde mi punto de vista su explicación no era científica en lo absoluto y, por lo tanto, no tenía ningún senti­do. Mis últimos pensamientos sobre el caso. después de colgar el teléfono, fueron explicaciones racionales: esta mujer debió haberse curado por mera casualidad o, a lo mejor. por un elec­to placebo.

Sin embargo, posteriormente me encontré con más pacien­tes que habían experimentado con terapias de la medicina oc­cidental, sin obtener ningún alivio y que habían conseguido resultados increíbles con la acupuntura. Ya no pude refrenar mi curiosidad, por lo que traté de investigar más a fondo la me­cánica de la medicina china. Descubrí que, en realidad. existía una explicación racional para los resultados que había presen­ciado. Incluso, logré traducir algunos de ellos a mí propio len­guaje, el de la medicina científica moderna. Una vez que comencé con este nuevo plan de acción, en otras palabras. una vez que abrí un nuevo canal de conocimiento,. me di cuenta de que las posibilidades para crear salud iban más allá de mi entrenamiento en la escuela de medicina. Mantener nuestra mente abierta hacia lo nuevo es un verda­dero fenómeno. Cuando mi mente estaba cerrada, obstruida por el prejuicio. no me pude mantener en contacto con la reali­dad de la curación de esta mujer. Por lo tanto, la curación no tenía ninguna realidad para mí, a pesar de que la presencié. Esta es la gran ventaja de tener una mente abierta y razonable: per­mite que la realidad nos muestre algo nuevo, algo que se pen­saba que era imposible. y esto lo hace meramente con el poder de la conciencia. Posteriormente, pude ver el Juego desde el lado opuesto. Co­mo veremos en la cuarta parte de este libro, me interesé en los efec­tos de la meditación y aprendí la sencilla técnica de la "Meditación Trascendental". Antes de comenzar a practicarla, tenía los comu­nes vagos prejuicios acerca de monjes que se sentaban durante años, en las desnudas cuevas del Himalaya. Sin embargo, des­cubrí por experiencia propia que la meditación correcta impli­ca una simple técnica mental que proporciona profundos beneficios a la fisiología y aviva, por completo, la conexión psi­cofisiológica. Cuando traté de explicar esto a otros científicos y doc­tores muchas veces no quisieron ni escuchar. Su mente está ce­rrada por el prejuicio; para ellos "todo es misticismo" y, por lo tanto, no tiene ninguna realidad. Su idea es que con el sólo hecho de ser "meditación" y basarse en "la experiencia subjetiva", esta técni­ca tiene que ser algo sin sentido, sin ningún fundamento científico.

No podemos evolucionar cuando nuestra mente está cerrada, puesto que es nuestro mismo instrumento para la evolución. Como ya hemos visto, no puede existir ningún conocimiento nuevo, a menos de que se abra un camino por el cual fluya la inteligencia. Una persona que tiene la mente abierta simplemente tiene el hábito de abrir canales nuevos. En lugar de temer, acepta que encontrará algo nuevo en el mundo, un descubri­miento que en verdad desafía sus prejuicios y, de ese modo, derriba sus ídolos sagrados. Cuando la inteligencia encuentra un canal nuevo, fluye más vida para nosotros. Los malos há­bitos son sólo los senderos ya gastados de la mente, caminos que una vez condujeron hacia la libertad. porque hicieron ac­cesibles nuevos pensamientos y que ahora ya no conducen a ningún lado. Todo lo que tenemos que hacer es observar la mente enfer­ma de la gente con prejuicios, para darnos cuenta de que la intolerancia es tóxica, envenena el desarrollo del ser humano y hace imposible que florezca la salud perfecta La inteligencia es como el agua. tiene que estar corriendo constantemente pa­ra conservarse pura. Una mente abierta. inocente e inquisitiva. es un prerrequisito para vivir sanamente. Si usted se abre hacia nuevas posibilidades en su vida, ese hecho, por sí solo, le dará acceso a dichas posibilidades: la disposición favorable lo es todo.

  1. Maravilla y creencia

Estamos dentro de la verdad y no po­demos salir de ella. Maurice MerleauPonty

¿Por qué no disfrutamos también de una relación primordial con el universo? Ralph Waldo Emerson

El hecho de estar aquí y ahora resulta ser sólo un incidente en el continuo espacio tiempo. Un grupo de átomos se acomodó de cierta manera, formando así una materia más compleja y el resultado final fue una gota de protoplasma: yo. Los elemen­tos que la constituyen han existido desde el comienza del uni­verso y seguirán existiendo por siempre. Sus formas y figuras que están cambiando eternamente, llenan el cosmos manifies­to y esencialmente no existe ninguna diferencia entre ellas. ya sea que vivan dentro de mío en el polvo interestelar. Este mun­do de apariencias no es lo suficientemente firme como para sos­tenerse por mucho tiempo. Es lo que en la filosofía hindú se llama moya, “aquello que no es", o sea, la ilusión.

La fuente de la ilusión es. simplemente, el cambio. A nues­tros sentidos no les gusta el cambio y por eso han decidido de tener el mundo. Seleccionan una porción del cambio, la encasillan “en fase" y así la pueden percibir como una realidad fija. No obstante, en el mejor de los casos, las fases encasilladas son estaciones de paso y nada más. En realidad, la vibración del universo nunca se detiene, ni por un instante. El poeta Keats se deleitó con todo esto cuando escribió:

La poesía de la tierra nunca cesa; La poesía de la tierra nunca muere.

Mientras percibamos al mundo como si estuviera hecho de for­mas fijas en las que creemos, estamos participando en una reali­dad que se ha detenido: el flujo de inteligencia se ha detenido en una estación de paso. Cuando fluya de nuevo, la realidad cambiará otra vez.

Vivimos en un periodo en el cual un cambio grandioso y ver­dadero está en vías de realizarse. Después de siglos de tratar de explicar la naturaleza, de disecarla y de quitarle su aspecto místico, la ciencia está lista para unirse de nuevo a este flujo de inteligencia. Según las palabras de llya Prigogine, ganador del Premio Nobel, la ciencia ya ha madurado lo suficiente co­mo para respetar la naturaleza. A la fase siguiente, es decir cuan­do podamos encontrar una vez más la relación primordial con el universo, la llama “el regreso al encanto de la naturaleza". El encanto es nuestro estado natural. Puedo ser sólo una pe­queña gota de protoplasma, pero aquí y ahora, no puedo dejar de maravillarme de mí mismo y de la maravilla en sí.

Se está verdaderamente sano cuando se evoluciona y no se puede lograr esa evolución a menos que nuestro punto de vista sea desprejuiciado, inocente y, sobre todo, provisional. Nada está fijo y el resultado de todo en la vida está abierto a la aventura. Hay un dicho maravilloso en el Talmud que indica que Dios creó el universo, diciendo estas palabras: “!Esperemos que es­to funcione!" Es una cualidad divina dejar que la vida sea lo que va a ser. Es una capacidad natural en los niños, quienes por naturaleza no son cínicos ni se aburren ni se deprimen. Cuan­do estas actitudes comienzan a notarse en nuestra vida. sabe­mos que por fin somos adultos. La psicología moderna ha tratado de descubrir la edad en la que la personalidad del ser humano deja de evolucionar. Hasta este momento, no se ha establecido ningún límite. La evolu­ción es un proceso continuo, al que la ciencia no le ha encon­trado ningún fin, pero, aún así, no lo llama inteligencia.

En la actualidad, la idea de una naturaleza inteligente se con­sideraría como un instrumento de una mera creencia para un "científico obstinado". La ciencia no se basa en la creencia, porque ésta empaña la objetividad y, por lo tanto, no es susceptible de ser comprobada. Sin embargo, la revolución científica actual comenzó cuando ciertos pensadores empezaron a notar que no nos encontramos fuera de la naturaleza y, por con­siguiente, no podemos separarla de lo que creemos que es. La creencia y la fe son fuerzas primordiales de la naturaleza. Todos creemos en algo; los valores que adoptamos y lo que consideramos como verdadero forman nuestro sistema de creen­cias. En el efecto placebo, como ya vimos anteriormente, la fe del paciente en una pastilla inerte produjo verdaderos resulta­dos curativos. De esta manera trabaja nuestro sistema de creen­cia y eso es lo único que es: un sistema de creencias. No obstante, nuestro cuerpo actúa según la creencia, para lograr dichos resultados. Por ejemplo, al paciente se le dice que la pas­tilla que va a tragar le quitará el dolor por completo, pero antes de dársela se le inyecta un narcótico antagonista (medicamento que bloquea el efecto de los analgésicos); entonces, el efecto del placebo no funcionará. Esto demuestra que la creencia del paciente realmente produce verdaderas moléculas de analgési­cos internos (las endorfinas, de las que ya hemos hablado), las cuales han sido bloqueadas por el narcótico antagonista.

Dicha creencia no se limita a los medicamentos; puede estar relacionada con cualquier cosa o persona, y puede afectar cual­quier clase de reacción biológica. Por ejemplo, en la curación por medio de la fe. la persona debe creer que se curará: y, con más razón, el curandero. En los casos de remisión espontánea, el paciente debe creer en sí mismo. Nadie, ni siquiera los in­crédulos. pueden vivir sin algún sistema de creencias. Un cien­tífico que se educó con la metodología objetiva tradicional puede decir que no cree en la existencia de una inteligencia infinita en el universo. Sin embargo, cada vez que hace un experimento, expresa su creencia de que existe un orden "alía afuera". que se puede palpar y que hará que el resultado del experimento sea el mismo, si se repite de la manera correcta una segunda vez. Sin tal creencia, la ciencia no seria posible.

Cuando aceptamos y comprendemos la naturaleza de la in­teligencia, a nivel intelectual, alcanzamos un nivel superior de creencia. Es la creencia del razonamiento consciente. El nivel de creencia más alto surge cuando la mente hace contacto con su propia inteligencia, como una experiencia. La mente ya no necesita razones para creer en la inteligencia de la naturaleza, porque ahora se siente completamente dentro de esa inteligen­cia, se siente familiarizada con ella. El hecho de lograr esta creencia ha ocasionado en el hombre una profunda reverencia por sí mismo: “Aquello que ordenes, te será otorgado y la luz alumbrará tu camino." Y también: “Pide y te será concedido; busca y encontrarás; llama a la puerta y se te abrirá." Para la persona cuya conciencia es tal que cree realmente en estos pen­samientos, no habrá fallas, sufrimientos, enfermedades ni miserias. Dicha persona solamente experimentará fuerza, paz. vitalidad e integridad. Por lo tanto, lo que la creencia puede lograr no conoce lími­tes, porque la habilidad de la inteligencia para crear nuevos as­pectos de la realidad es ilimitada. Nos estamos acercando a lo que se refiere la oración védica que mencionamos anteriormen­te: El universo es el macrocosmos y el hombre, el microcosmos. Cuando se une nuestra vida interior con nuestra realidad exte­rior, una vez más, la naturaleza se vuelve un encanto. El pro­fesor y escritor Napoleón Hilí nos dice que creer en la inteligencia universal “devuelve la salud donde todo lo demás falla, desa­fiando abiertamente todas las reglas de la ciencia moderna. Cura las heridas, la pena y la decepción, sin importar su causa". Esta creencia es un paso inevitable hacia la conciencia de sí mismo.

  1. La compasión

La compasión está en el origen de la vida. Cuando la conciencia de uno mismo profundiza, basta tocar suavemente el origen de la vida para que la compasión aparezca de manera espontánea:

la conciencia la ha animado. La compasión es la cualidad que muestra la gente capaz de expresar la bondad libremente. Por naturaleza, no requiere de ningún esfuerzo y nunca se encuentra tan sólo en la superficie. Es una conciencia compasiva. que se apiada del infortunio de los otros y quiere mitigar su dolor. De todas las emociones que la mente humana puede generar. la compasión es la más delicada y la que más nos recompensa. Al igual que las demás emociones tiernas, cuando la compa­sión es descrita con exactitud, se despierta en el oyente. Estas son las palabras de Shakespeare que dice Porcia en el Merca­der de Venecia:

La clemencia no requiere de esfuerzo, cae del cielo como suave lluvia.

Es dos veces bendita, puesto que bendice al que la da y al que la recibe.

Es la más poderosa entre los poderosos:

hace que el monarca reinante sea mejor que su corona. El cetro muestra la fuerza de un poder transitorio, el atributo de la majestad y la reverencia, donde se posa el temor y el miedo de los reyes, pero la clemencia se encuentra por arriba de este imperio; establece su trono en el corazón de los reyes, es un atributo proveniente de Dios.

La piedad, la compasión y la bondad no son algo accidental en el sentimiento humano. Surgen de las tendencias universa­les de la naturaleza, de acuerdo con el proceso de evolución.

Todos los organismos vivientes muestran patrones de compor­tamiento que favorecen la unidad por encima de los intereses de las partes individuales. Las células no funcionan por ellas mis­mas, sino que trabajan para la integridad del tejido del cual for­man parte. Del mismo modo, los tejidos operan con eficiencia completa, para mantener la integridad de los órganos. y éstos, a su vez, mantienen la integridad de todo el organismo. La biología moderna considera esto como una clase de altruismo ge­nético. Cualquier parte de un organismo vivo está dispuesto a morir para proteger la integridad genética de la entidad principal.

A este proceso lo llamo el comienzo de la compasión, por­que cada célula, “de una manera compasiva", siente la necesi­dad de todas las otras células y automáticamente responde a dicha necesidad. La compasión, como característica humana, puede implicar grandeza, pero, a su vez, muestra la continui­dad de un instinto natural básico. No puede llevarse a cabo nin­guna curación sin compasión, puesto que ésta motiva al cuerpo de una manera inherente y despierta el deseo de sanar. Cuan­do falta esta cualidad o es deficiente, un médico la puede pro­porcionar. Sin compasión, sus técnicas médicas casi no sirven. La corriente de compasión que emana del médico moviliza una serie compleja de reacciones bioquímicas que, finalmente, pro­ducen la curación a nivel fisiológico.

Norman Cousins lo explica claramente cuando escribe acer­ca de los pacientes y su “vasta colección de necesidades emocionales, quieren que se les dé confianza, que se les escuche; quieren sentir que el médico se preocupa por ellos y saber que les es muy importante si viven o mueren. Quieren sentir que se encuentran en el pensamiento del médico." Esto último, es­tar en el pensamiento del médico, me parece que es la fuerza más poderosa que existe en la práctica de esta profesión, por­que le pide al médico que su sentimiento fluya desde el nivel más sutil y requiere de la compasión que se genera en el origen de la vida.

La compasión no es lo que comúnmente la gente llama al­truismo. A la larga, se vuelve un mecanismo que nos sirve a nosotros mismos porque restaura y renueva a la persona que la da, restablece al que cura. Cuando falta la compasión, se es­tá aislando de las emociones de los otros, lo que es un estado peligroso que provoca enfermedades. Aunque la compasión es inherente en el hombre, necesita desarrollo y evolución; por lo tanto. se puede cultivar. El lama budista del Tíbet, Tharthang Tulku Rinpoche, nos dice cómo cultivar la compasión: Todo está relacionado internamente, de una manera extraordi­naria. En el momento en que nos damos cuenta de esto, cada relación se fundamenta en sentimientos de amor; no es amor calculado, sino una amistad natural hacia todos los seres vivien­tes, una sinceridad natural basada en el entendimiento natural de la interrelación. Gradualmente, toda idea de egoísmo desa­parece y cuando no se procura el propio interés, todos nuestros problemas se solucionan; ya no existe ningún problema indi­vidual.

Encuentro esto alentador. porque muestra cómo el estado ideal de la mente, "no tengo problemas",  se desarrolla en noso­tros simplemente como parte de la vida; no nos esforzamos para lograrlo. Tharthang continúa diciendo que hay que ver a la otra gente como parte de nuestra propia vida: Mientras más aprendo de los problemas de los demás, automá­ticamente se desvanecen los míos. Por lo tanto, es importante observar los problemas ajenos... el conocimiento de la otra per­sona aumenta el autoconocimiento y éste aumenta la compa­sión, la cual aumenta el conocimiento de la otra persona. Es un círculo muy estrecho, al cual sólo se puede entrar si dejamos de preocuparnos por nuestros propios problemas.

Las diferentes escuelas de psicología moderna, comenzando por el psicoanálisis. han sido culpables, hasta cierto punto. de fo­mentar esta preocupación excesiva por nuestros propios pro­blemas. Puede ser que el Oriente no haya logrado sus ideales de iluminación en toda la sociedad, pero se ha beneficiado al tener, como parte de una idea superior de iluminación, el con­cepto de que estamos consagrados a todo ser sensible. Al mis­mo Buda se le conoce, en todas partes, como "el compasivo

El hecho de preocuparnos por nuestros propios problemas no?  una señal de autodesarrollo; indica una visión cerrada y limi­tada, donde la compasión es la salida. A los ojos de la compasión. todos somos iguales. Formamos parte de la vida infinita del universo y todos merecemos el mismo lugar en éste. Sin duda, esta realidad se ha podido apreciar cuando las puertas de la percepción ya se limpiaron. No puedo expresar lo que quiero tan bien como lo hace este poema del gran poeta bengalí Rabindranath Tagore: Upagupta, el discípulo de Buda, se encontraba dormido sobre la tierra, cerca del muro de la ciudad de Mathura. Todas las luces estaban apagadas, todas las puertas cerradas y todas las estrellas escondidas bajo el cielo sombrío de agosto. ¿De quién eran esos pies con brazaletes en el tobillo que tintineaban y le tocaban el pecho de repente?

Se despertó sobresaltado y la luz de la lámpara de una mujer iluminó sus ojos indulgentes.

Era la bailarina, llena de joyas brillantes, vestida con un manto azul pálido, embriagada con el vino de su juventud. Ella bajó la lámpara y él vio su rostro joven, austeramente bello.

"Perdóname joven asceta", dijo la mujer, "amablemente ven a mi casa; la tierra polvosa no es una cama apta para ti". El joven asceta respondió: "Mujer, sigue tu camino; cuando sea el momento apropiado, iré hacia ti." De repente, la noche oscura mostró sus dientes con un destello de relámpago. La tormenta retumbó desde la orilla del cielo y la mujer tembló por temor a algún peligro desconocido. No había pasado ni un año. Era el anochecer de un día de abril, en primavera. Todas las ramas de los árboles al borde del camino estaban en floración.

A lo lejos, flotaban las alegres natas de la flauta, en el tibio aire de la primavera. Los ciudadanos se habían ido al bosque, al festival de las flores. La luna llena se contemplaba en medio del cielo, sobre las sombras del pueblo silencioso. El joven asceta caminaba por la calle desierta, mientras que por encima de su cabeza, los cuclillos enamorados emitían su queja continua desde las ramas del árbol de mango. Upagupta pasó por las puertas de la ciudad y se detuvo cerca de la base del muro. ¿Era una mujer la que yacía a sus pies, en la oscuridad del huerto de mangos?

Afectado con negra pestilencia, su cuerpo estaba cubierto de llagas de viruela. La habían sacado rápidamente del pueblo para evitar su venenoso contagio.

El asceta se sentó a su lado, colocó la cabeza de ella sobre sus rodillas, humedeció sus labios con agua y untó su cuerno con bálsamo de sándalo. "¿Quién eres tú que te apiadas de mi?", preguntó la mujer. "Por fin llegó el momento de visitarte y aquí estoy", contestó el joven asceta.

  1. Una visión de integridad y amor

El amor no es tan sólo un impulso: de be contener la verdad. que es la ley. Rabindranath Tagore

La mecánica de la evolución es la mecánica del amar. Todos fuimos concebidos por un pensamiento de amor, deseo que se encerró en una diminuta materia genética. De recién naci­dos. nos aumentó ese mismo amor y nuestros primeros pensa­mientos sobre nosotros mismos estaban tan entrelazados con el amor de nuestra madre, que no existía conciencia alguna de separación. Si la fuerza del amor puede concebir la vida, ali­mentarla y darle una identidad, entonces esa fuerza debe ser parte de la inteligencia que somos nosotros.

La mente que está consciente de sí misma es simplemente la que continúa usando su inteligencia con amor. A veces, in­cluso, puede tener una experiencia de amor puro. Sin importar la edad o el lugar. todas esas experiencias tienen una semejanza innegable. La descripción es, siempre, la de una fuerza mo­triz fundamental. a la vez dinámica y penetrante. que no puede separarse de la  totalidad. Aquellos pocos que han corrobora­do la experiencia del amor puro son los que guían la humanidad. No obstante. esa misma guía está incorporada en nuestras células literalmente no podemos tener una vida consciente o un impulso de inteligencia sin consultarla. El amor guía la inteli­gencia. Es como un hilo común que no podemos dejar caer de nuestras manos mientras estemos en la corriente de la evolu­ción. Ese hilo conduce hacia el pórtico del universo, desde nues­tro propio yo y a través del umbral de nuestros pensamientos. Todos llevamos nuestro pedazo de hilo en un filamento de ADN que nos marca corno parte irremplazable de la existencia. En los momentos profundos de atención, se puede sentir al amor como el suave tirón de la evolución. El amor hace que el pro­ceso de la vida siga adelante, simplemente porque quiere se­guir adelante. La evolución, en este sentido, no es una fuerza “inflexible", sino una secuencia de deseos inocentes. El amor es muy inocente y directo; se deleita en todo lo que ve, y, en su estado más puro, no reconoce un objetivo más alto que el deleite. Es por eso que la conciencia pura de otras per­sonas tiene un poder real y ejerce una influencia que transfor­ma: esto es amor. Simplemente, el sólo hecho de ver cómo el amor llena toda la naturaleza, que es lo que se consigue en las experiencias superiores, hace que la vida sea creativa. Un solo toque de amor es una fuerza creativa y por medio de la crea­ción se busca la felicidad y la inmortalidad. La convicción más fuerte del amor es la unidad. La mente puede abrumarse al ver esto de repente, pero dicha unidad se encuentra en los hechos diarios de la vida. Todos amamos nues­tra casa, nuestros hijos, nuestro jardín; pero, llevando esto has­ta su conclusión, el mismo sentimiento se vuelve infinito: “Amo al universo, es mío." El “swami" Satchidananda expresa esta idea de una manera hermosa e inocente: Un día me encontraba trabajando en el campo, cuando me cor­té el dedo.

Pude haberlo ignorado, pero, en cambio, lo limpié y lo vendé. Silo hubiera ignorado y el dedo se hubiera infectado, todo mi cuerpo hubiera sufrido. De la misma manera, si sentimos que formamos parte del cuerpo cósmico, de todo el universo, ¿có­mo podemos dejar de amar a las otras partes?

De estos simples razonamientos surge la necesidad de colocar la vida en un plano más alto. Si lo diferente es tan sólo una ilu­sión que se produce en la mente, entonces al ver que no hay diferencias se restablece la realidad: el amor la restaura. El maes­tro continúa:

Una vez que sentimos que formamos parte del toda, que perte­necemos al todo y que todo el mundo nos pertenece, ese mis­ma sentimiento nos hace amar y ese mismo amor nos cura... Ningún curandero puede curar sin ese amor universal. Si nos damos cuenta de que no samas solamente un individuo, sino que somos una parte de todo el universo, no le tendremos mie­do a nadie. Un hombre que no teme, vive siempre; un hombre que teme, muere cada día, cada minuto.

¿Tiene alguna importancia el sólo hecho de pensar que forma­mos parte de todo el universo? Tan sólo como pensamiento, no lo creo. Pero “un razonamiento" es más que un pensamien­to. Significa que un momento de conciencia ha cambiado la rea­lidad. Algo nuevo despierta cuando la conciencia lo toca.

David Bohm, uno de los pensadores que más sobresalen en la vanguardia de "la nueva física", ha planteado la conciencia de unidad como hipótesis científica. Creó el término "orden implícito" y lo ha usado para conectar todos los sucesos físicos del universo, de tal manera que un estudio detallado de cualquier parte daría, en principio, un conocimiento total de los demás. Esto implica que las personas que están en contacto con una realidad universal cuando aman o cuando experimentan visiones “místicas". En realidad, se están uniendo a otras en el nivel de una conciencia unificada. Bohm lo describe de la siguiente manera: Aun cuando cien personas fueran capaces de percibir el nivel más profundo de la realidad e interceptaran la mente colectiva, su ego desaparecería y formarían una sola conciencia, así como se integran. en un todo, los elementos que forman a una perso­na perfectamente equilibrada.

La física moderna también ha aportado la idea de que nuestro universo  el cuerpo cósmico  en un principio era íntegro y que siempre lo será. Puede ser que la ciencia llegue a la con­clusión de que las corrientes (en ebullición) de materia y ener­gía no tienen ninguna realidad, y que si la tienen, es pobre y de segunda. en comparación con el sentido implícito de orden que mantiene la integridad del todo. Hasta donde la sabiduría humana ha sido capaz de expresarlo, la verdadera realidad de "la integridad" es el amor. El hecho de encontrar implícito en la naturaleza el mismo orden que existe dentro de nosotros, no es un descubrimiento casual. La ciencia está verificando, a tra­vés de su sistema de creencias, la misma idea que una persona sensata puede encontrar en su propia conciencia: "Estamos den­tro de la verdad y no podemos salir de ella", como lo dijo Merleau,Ponty. Un hombre que realmente puede creer en "su universo" lo verá como un universo de inteligencia pura, guia­do por el amor.

Todos estos sentimientos son excelentes. nos inspiran y los encontramos en las palabras de cada santo, en todas las religiones. Podemos estar de acuerdo con ellos, tomarlos en serio y hasta al pie de la letra, pero, ¿quién es capaz de ponerlos en práctica? El amor se hizo para cultivarse; ha sido captado por cada con­ciencia, pero no se ha usado en su totalidad. Debe usarse para curar, pues cuando fluye sin esfuerzo, desde la profundidad del ser, crea salud. Cuando se priva a los niños del calor materno, durante la infancia, sólo se pueden curar por medio del amor y de la compasión. Su cuerpo es capaz de borrar años enteros de tensiones y carencias emocionales, con sólo renovar el con­tacto con el amor. En ese sentido, el amor es bastante práctico. Se emplea en el momento en que lo sentimos en nuestra con­ciencia.

La gente amorosa y compasiva, aquella cuya inteligencia se usa con amor, es, en general, la más sana y feliz. Siempre nos dirán que su amor, a fin de cuentas. es egoísta. puesto que los restablece y renueva cada día. Cuando la vida es plena, tan sólo es amor y cuando la conciencia es plena, nos da sólo amor. Cada impulso de inteligencia en nuestra mente comienza su tra­yectoria desde la fuente de la vida, como amor y nada más.

Podemos colocar nuestra vida en un plano superior de con­ciencia y así comprenderemos lo simple que es el amor. Ya no será un pensamiento, una esperanza, un sentimiento o un sue­ño; formará parte de nosotros, será el aliento de nuestra vida. Como veremos en la última parte de este libro. es fácil llevar nuestra conciencia a su origen porque. por naturaleza es ahí don­de quiere estar.

Cuarta parte: Hacia una realidad superior: Meditación metamorfosis

  1. La realidad, lo manifiesto y lo no manifiesto

La realidad es un símbolo. Fazal lnayatKhan

Tendemos a considerar como verdadero lo que percibimos en nuestros sentidos. Generalmente pensamos que lo que no po­demos percibir de esa manera es irreal o imaginario y hasta ca­lificamos el grado de realidad de un objeto en proporción al número de sentidos que puede estimular. Algo caliente, que se mueve, que es sólido y que tiene fragancia, nos parece bas­tante vívido y por lo tanto más real que un microbio por ejem­plo. En el fondo, nos inclinamos hacia lo que es sólido. Si se supone que algo es verdadero, tenemos que tocarlo. Debido a que nuestras nociones de la realidad se crean den­tro de un nivel subjetivo, es bastante fácil ver por qué nos afe­rramos a la idea de que algunas cosas son verdaderas y otras no. Después de todo, lo más verdadero para nosotros somos nosotros mismos. Después de tomar un curso de filosofía po­demos dudar de la existencia de todas las cosas del universo, pero de que estamos completamente seguros es de nuestra pro­pia existencia. Mientras más nos recuerda un objeto a nosotros mismos, más dispuestos estaremos a admitir que también es ver­dadero y que tiene una existencia válida. La educación supe­rior cambia un poco este criterio fortuito. La mayoría de los científicos no acepta la existencia de nada que no sea manifies­to para los sentidos. Por supuesto, la ciencia ha avanzado de una manera espec­tacular, trayendo muchas cosas al alcance de nuestros sentidos.

Con la ayuda de un receptor de radio podemos ampliar consi­derablemente nuestro sentido del oído. En la actualidad. ya es posible escuchar sonidos provenientes del espacio exterior por medio de dispositivos electrónicos. Sin la ayuda del radio no tendríamos ni la menor idea de que dichos sonidos llegan a la tierra todo el tiempo y nos justificaríamos diciendo que no exis­ten. Los telescopios. que aumentan enormemente el alcance de lo que podernos ver actualmente. nos hacen posible la ob­servación de estrellas cuya luz recibimos desde hace millones de años. Por lo tanto, al ampliar nuestro sentido de la vista. el telescopio cruza también la barrera del tiempo. para prolongarlo. Si estamos viendo la luz de una estrella que ya se apagó. afirmamos que estamos viendo. con el telescopio. algo que ni siquiera existe.

  1. estamos construyendo una realidad de acuer­do con nuestra percepción. Rabindranath Tagore, quien fue no sólo un poeta. sino también un pensador teórico. escribió: "Es casi una trivialidad decir que el mundo es como lo percibimos Imaginamos que nuestra mente es un espejo que está reflejando. de una manera más o menos precisa. lo que sucede en nues­tro exterior. Es todo lo contrario. pues nuestra mente en sí es el elemento principal de la creación. FI mundo. al momento de percibirlo. se está creando para nosotros. incesantemente. en el tiempo y el espacio." Las percepciones que usamos para juz­gar la realidad provienen de nuestros sentidos. pero todo lo que éstos captan, al oler la fragancia de una rosa, al ver la luna llena o al sentir la neblina, se transmite a la mente. Sin embar­go. por más que ampliemos nuestras percepciones con detec­tores de cuásares o microscopios de electrones. finalmente. toda percepción ocurre en la mente. Si nos paramos de cabeza en la playa. nuestros ojos podrían ver algo bastante real al presenciar cómo fluye el océano por encima del cielo. pero a nuestra mente no la podemos engañar. A final de cuentas. es nuestra mente la que ve, escucha, saborea, huele y toca. La realidad en su percepción final se constituye en la mente. Fuera de nuestras percepciones. pensamientos y experiencias. la realidad no tiene validez. La forma. tamaño. apariencia. o cualquier otra característica de un objeto es, meramente, una cualidad subjetiva. Nosotros creamos nuestra propia realidad.

Por ejemplo. imaginemos por un momento que el ojo hu­mano está equipado con un cristalino cuadrado. en lugar del ovalado que realmente tiene. Con tan sólo este cambio en nues­tro aparato sensorial normal. se alteraría por completo la apa­riencia de todo el mundo. Al percibir una canica. a través de dicho lente cuadrado. ésta podría tener. ahora, la forma de un lápiz y al rodarla por nuestros dedos tendríamos una sensación muy diferente de la que generalmente experimentamos al ro­dar una esfera lisa y uniforme. que es a lo que estamos acos­tumbrados y damos por hecho. Si todos los seres humanos tuviéramos estos lentes cuadrados aceptaríamos la nueva for­ma de las canicas y pensaríamos que ver rodando objetos en forma de lápiz y que al tocarlos se sienten lisos. es algo absolu­tamente normal.

Por ejemplo. un conejo percibiría la canica de acuerdo con la propia estructura de su ojo y. para él. esa sería su realidad. El camaleón dirige cada ojo en diferente dirección. en vez de girarlos juntos hacía el mismo lado. por lo que no podemos ima­ginarnos su mundo ni de la manera más remota: su visión no tiene nada en común con la manera en que nuestra vista traba­ja en el sistema nervioso. Se sabe que un tiburón puede oler sangre de un pescado muerto a muchos kilómetros de distancia, lo que tampoco podemos imaginar. puesto que nuestro sen­tido del olfato ni siquiera trabaja debajo del agua. Volvamos a la canica; si preguntamos cuál es su verdadera forma. la respuesta será que no existe ninguna forma "verda­dera". La canica no tiene ninguna forma independiente de la que percibe la persona que la observa. Es la percepción lo que le da la forma a la canica y lo mismo sucede con los demás sen­tidos. Es obvio concluir que la canica no tiene una existencia perceptible. independiente de la que tiene el que la percibe.

La percepción no sólo se forma por medio de los sentidos y se interpreta por medio de la mente, sino que depende de experiencias pasadas que se han ido acumulando en la fisiolo­gía. Un sencillo experimento que efectuaron Helmut y Spinelli. con unos gatitos, muestra lo que quiero decir. Se criaron tres grupos de gatitos por separado. en un medio ambiente diferen­te uno del otro. Se colocó a un grupo en un cuarto que tenía las paredes pintadas con rayas horizontales y eso era todo lo que podían ver. El segundo grupo creció en un medio ambien­te de rayas verticales y el tercero en un medio ambiente com­pletamente blanco. sin marcas de ninguna especie.

Cuando estos gatitos llegaron a la edad adulta, cada grupo percibía el mundo de manera diferente. Los que estaban expuestos sólo a las rayas horizontales desde que nacieron, po­dían ver formas horizontales perfectamente, pero no podían ver nada que fuera vertical. Por ejemplo, se tropezaban con las pa­tas de los muebles, como si éstas no existieran, porque para ellos no existían. El problema de los gatos que vivían en el mundo vertical era exactamente el opuesto, mientras que los que cre­cieron en el medio ambiente completamente blanco no lograron desarrollar una visión adulta adecuada y, por lo tanto, tuvieron la peor desorientación vital. Esto no tiene nada que ver con lo que los gatos creían. Sus cerebros sólo podían perci­bir una parte limitada y selectiva del continuo visual que ofrece la naturaleza. Esto mismo pasa con todos nosotros.

Otros experimentos han conducido a resultados similares. Cuando a unos monos recién nacidos se les tapó un ojo, por un tiempo determinado, las conexiones del cerebro con el ojo que no podía ver disminuyeron y finalmente dejaron de funcionar, mientras que las del otro ojo prosperaron. También se en­contró que el tiempo adecuado para el desarrollo de la per­cepción es crucial. Los gatitos nacen ciegos y después aparece la vista; pero si se les vendan los ojos al nacer, aunque sea por ese corto periodo (algunos días), se quedan ciegos de por vida. Todos estos experimentos muestran que los patrones eléctricos almacenados en el sistema nervioso provenientes de experiencias previas, crean conexiones y receptores físicos responsables de la percepción. Por lo tanto, la verdadera estructura del ce­rebro en sí, donde se encuentra la percepción, depende de nues­tras experiencias previas en el mundo. Estas palabras del antiguo místico Rumi nos aclaran todo esto: "La necesidad crea nuevos órganos de percepción."

Sin embargo, parece que nos estamos contradiciendo, pues­to que decimos que la experiencia forma la percepción; pero al principio decíamos que era la percepción la que le daba for­ma a la experiencia: es un círculo muy ceñido. Necesitamos darnos cuenta de que tanto la percepción como la experiencia se cre­an en la mente. El ojo y lo que ve, el oído y lo que oye, la lengua y lo que saborea. la nariz y lo que huele, los nervios y lo que sienten, todo esto se crea en la mente. El mundo material no existe en una forma independiente de la mente.

En concreto, sin la mente no existiría el universo material. Literalmente, éste es un espejismo. algo efímero que la mente ha creado. A pesar de que la mente no es algo tangible para los sentidos y ni siquiera algo manifiesto, se expresa a través del mundo material y sus infinitos objetos. Estos poseen, cuando mucho, una realidad de segunda mano, que, de hecho, no es ninguna realidad cuando se compara con lo que sí es verdade­ro: la mente no manifiesta. La mente es una fuente creativa del universo; usted y yo somos la fuente del mundo. Toda nuestra realidad surge de nosotros, de nuestras ideas, de nuestras no­ciones de lo verdadero. La realidad es una expresión manifies­ta y simbólica de una idea no manifiesta.

Para crear algo "allá afuera" (en el universo), todo lo que te­nemos que hacer es empezar por estar de acuerdo en que exis­te ahí cierta realidad, con ese acuerdo entre nosotros cons­truiremos esa realidad. En el capítulo anterior mencionamos la hipótesis de David Bohm de que todos los seres humanos, en algún nivel profundo, compartimos una sola conciencia. Al es­tar de acuerdo en construir la realidad juntos, hacemos que tra­baje esta conciencia colectiva. En un nivel mucho más profun­do que aquél en el cual podemos cambiar opiniones superfi­cialmente, nuestra conciencia colectiva está de acuerdo en que existe esa realidad. Ha fundido sus raíces en nuestra fisiología y hemos creado un mundo alrededor de ella.

Antes de que algo pueda volverse realidad, tiene que existir en forma de semilla, como una chispa, como una perturba­ción de la conciencia colectiva. Dicha perturbación sucede de manera inconsciente y se manifiesta primero como la más pe­queña noción que podemos tener en nuestra mente: existo Esta es, precisamente, nuestra tendencia a pensar que somos algo real, que es la idea con la que comenzamos este capítulo. Tan pronto como se acepta el "existo". podrán aparecer en es­cena millones y millones de cosas. Se manifiestan como emo­ciones débiles y corno ideas vagas: más adelante, como grupo de creencias y como ideas más fuertes y, finalmente, como un mundo completo.

Para bien o para mal, el resultado final es la realidad. Si la conciencia colectiva  o sea, usted y yo  está de acuerdo con la existencia de las guerras, entonces habrá guerras. Ellas son las manifestaciones de cierta clase de perturbación de la conciencia colectiva, llamada estrés. Si no estuviéramos de acuer­do con las guerras, no existirían. Hasta ahora, con lo que hemos estado de acuerdo, usted, yo y los demás, es horrible; pero en algún otro nivel de las profundidades de la conciencia colectiva se volvió realidad porque estuvimos de acuerdo con ello. En­vejecemos, nos enfermamos y nos volvemos personas incapa­citadas a causa de nuestras nociones e ideas de que todo esto es la realidad de la vida. Eso es lo que nos dijeron; lo acepta­mos y continuamos creándolo. Si en un principio no aceptára­mos esas nociones, no aceptaríamos necesariamente la edad y la enfermedad como una realidad.

Les daré un ejemplo: todos estamos de acuerdo en que si uno corre, se cansa; esto es un hecho fisiológico. No obstante, algunos indios de la Sierra Madre, en México, corren grandes distancias, a veces más de 80 kilómetros, como parte normal de su cultura. A todos nos encantaría hacerlo, pero para no­sotros es difícil imaginar correr una distancia dos veces ma­yor que un maratón y estos indígenas hasta patean una pelota al correr. Inmediatamente después de una de esas carreras, un fisiólogo norteamericano verificó con algunos instrumentos, los latidos del corazón del ganador y encontró que su corazón latía más despacio que al comenzar la carrera.

La clave para la realidad de nuestro universo se encuentra en el hecho de que nosotros la estamos escogiendo. Antes de escogerla, necesitamos darnos cuenta de la mecánica por me­dio de la cual nuestras ideas se manifiestan como realidad. En el momento que estemos totalmente conscientes de esa mecá­nica, entonces podremos volver realidad sólo esas ideas que sean evolutivas. Podemos elegir el valor, la esperanza, el amor, la paz, la salud y hasta la inmortalidad, como nuestras realida­des. Sin embargo, hasta este momento, hemos escogido, ter­camente, el miedo, el odio, la ambición, la envidia, la guerra, la enfermedad y la muerte. Antes de siquiera haber pensado conscientemente en la materia, ya se nos habían impuesto to­das estas ideas. Lo que nuestro cuerpo puede hacer y lo que nuestro cerebro puede concebir es la viva expresión de opiniones recibidas. Si queremos cambiarlas para bien, entonces pri­mero debemos aprender cómo cambiar la conciencia colectiva. Como ya lo hemos visto muchas veces, a través de la historia. la realidad no se puede cambiar sólo con buenas intenciones.

En el fondo, somos conciencia pura mucho antes de que surja cualquier perturbación o alguna chispa de idea. Al ahondar en nuestro origen, descubrimos la mecánica de la creación. Ya que la hayamos encontrado, podremos escoger. Seremos ver­daderamente libres para pensar, por lo que podremos pensar en la paz, en la salud perfecta y en la juventud plena. cualquier realidad que escojamos estará bajo nuestro control. Obviamen­te, un paso necesario es tener buenas ideas en nuestra mente, pero éstas no se convertirán en una realidad completa hasta que remplacemos las ideas erróneas arraigadas en la conciencia co­lectiva. De hecho, para la mente escéptica la conciencia colec­tiva no parecerá verdadera hasta que podamos demostrar que realmente podemos hacer algo con ella. Sólo lo que se puede percibir con los sentidos tiende a ser aceptado como realidad. Por lo tanto, el siguiente paso es dirigir nuestra atención hacia la fuerza capaz de dar forma a toda realidad: la inteligencia.

  1. La naturaleza y el alcance de la inteligencia

El alcance la inteligencia creativa es: desde lo más pequeño de lo pequeño hasta lo más grande de lo grande, desde lo manifiesto, a través de todas sus manifestaciones, ilimitado, infinito, eterno, hasta lo no manifiesto: desde Aquí, hasta Aquí desde "el Yo" hasta "el Yo", desde una semilla hasta otra semilla, desde la plenitud hasta la plenitud. Maharishi Mahesh Yogi

Antes de que consideremos infinita la inteligencia, veamos qué tan grande es ya. La palabra tiene muchos significados dife­rentes. Según nuestro punto de vista, la inteligencia puede ser: la habilidad para aprender o comprender, para saber ma­nejar situaciones nuevas o molestas, para emplear el conoci­miento, para manipular nuestro medio ambiente, para pensar de manera abstracta, para organizar información de manera coherente y usarla a fin de resolver un problema. Todos estos significados de la inteligencia son válidos. No obstante, la in­teligencia también tiene la característica de ser una cualidad humana. Debido a que nos consideramos inteligentes, tende­mos a limitar la idea de la inteligencia a una capacidad huma­na: el poder del razonamiento.

Sin embargo, la inteligencia es mucho más que la habilidad para razonar con el intelecto. Es cierto que dicha habilidad para razonar es la capacidad consciente que sitúa a la humanidad so­bre todas las demás criaturas de la naturaleza y que sirve para medir "una mayor" inteligencia en términos de proeza intelec­tual. No obstante, todo en la naturaleza, empezando por una sola partícula o un cúmulo de energía, contiene información de la cual se deriva cierto conocimiento. Por lo menos, esta partí­cula sabe actuar como tal y sabe también como interactuar apro­piadamente con otras partes inanimadas del universo. Cualquier conocimiento que puede usarse es un signo de inteligencia. ltz­hak Bentov, al escribir sobre la naturaleza básica del cosmos, define la conciencia como "la habilidad de un sistema para reac­cionar a un estímulo". Considero que esa definición también sirve para hablar de la inteligencia en su nivel más simple, donde no se puede separar de la conciencia.

Según esta definición, el nivel de inteligencia que muestra un sistema depende de las diversas reacciones que exhibe al ser estimulado, mientras más complejo, variado e innovador sea un sistema, se puede considerar más inteligente. Esta medida de inteligencia es mecánica, pero tiene una gran ventaja: la mis­ma norma serviría para medir toda clase de inteligencia. Evita­ríamos pensar que cualquier clase de inteligencia (la de los seres humanos por supuesto), sólo por el hecho de ser diferente es mejor que cualquier otra. No obstante, todavía podemos caer en el error de colocar algo "simple" como un electrón en la parte más baja del poste totémico sólo porque es menos inteli­gente que, por ejemplo, una ballena. Necesitamos recordar que sin el electrón, la ballena no tendría ninguna existencia propia y por lo tanto, ninguna inteligencia de la cual vanagloriarse.

Un electrón parece ser capaz de tener tan sólo una cantidad limitada de reacciones. Básicamente, escoje una orbita alrede­dor del núcleo de un átomo y permanece ahí, a menos que re­ciba un estímulo para saltar a una órbita mayor. Cuando el estímulo desaparece, el electrón automáticamente regresa a su lugar. Sin embargo, hasta esta reacción tan simple causa la emi­sión de un fotón de luz; por lo tanto, vemos de inmediato que cualquier estado del universo en el cual haya luz requiere de un comportamiento organizado de electrones que actúan en si­tuaciones increíblemente diversas. Por consiguiente, no es justo que nosotros aislemos al elec­trón. Es un sistema complejo dentro del complejo sistema del átomo, el cual, a su vez, actúa dentro del complejo sistema de las moléculas. Podemos subir por el poste totémico hasta al­canzar el cerebro humano y ahí encontraremos un sistema capaz de producir reacciones infinitas. No obstante, su inteligencia infinita está en coordinación total con el electrón que está hasta abajo. Los electrones son lo bastante "inteligentes" para no obrar mal, pues si lo hicieran, el poste totémico se vendría abajo y sería un caos.

Sin embargo, la inteligencia de la mente humana es creativa. mientras que el electrón es aparentemente mecánico. El pen­samiento creativo no es más que una reacción nueva, o no re­gistrada previamente, a varios estímulos. Incluso, hasta una idea original es algo mecánico, pues depende de la operación correcta del tejido cerebral, de las enzimas, de las hormonas, de las co­nexiones eléctricas y así sucesivamente. bajando hasta el fondo de la cadena de la inteligencia. Algunas reacciones parecen muy diferentes de las otras  una caminata por la calle no nos parece que sean enzimas entrecruzadas con los receptores de la pared celular, pero hay una relación común que organiza y le da un propósito de reacción. desde la más pequeña hasta la mas grande, y eso es la inteligencia.

La inteligencia creativa en el ser humano es la “expresión final del conocimiento, que ha ido acumulándose con el tiempo en toda la naturaleza. Ya hemos visto que la información existente en nuestro ADN es como una enciclopedia que abarca toda la evolución del universo. La simple evolución de un electrón se tiene que conservar y transmitir al átomo, el cual se basa en este electrón y transmite su información a la molécula y. de esa manera, este proceso continúa a través del tiempo. Toda esta inteligencia infinita y universal le es útil a la evolución. Hasta este momento, según la ciencia. no existen excedentes en el universo. Todo lo que pudo existir ya se ha usado. La corriente de la evolución ha abarcado todo y lo ha organizado como “debe ser", para que podamos vivir y tener pensamientos creativos.

El cerebro humano es la gloria de la naturaleza. no sólo por­que es complejo y porque todos tenemos uno, sino porque siem­pre puede seguir evolucionando. Eso significa que toda la inteligencia del universo es capaz de reaccionar ante el desarro­llo de la mente humana. Charles Darwin, padre de las teorías modernas de la evolución. escribió: En muchos casos. el continuo desarrollo de cierta parte, como por ejemplo, el pico de un pájaro o los dientes de un mamí­fero. no ayudarían a dicha especie a conseguir su alimento o cualquier otro objeto, pero en cuanto al adelanto del hombre se refiere. no podemos ver ningún límite definitivo para el con­tinuo desarrollo del cerebro y de las facultades mentales.

La inteligencia infinita del universo se enfoca en el hombre. Si, por lo general, no pensamos de esa manera, puede ser debido a que consideramos que el intelecto creó la inteligencia, cuando es todo lo contrario: la inteligencia creó el intelecto. Naturalmen­te, al ser el intelecto solamente una manifestación de inteligen­cia. es limitado. Por ejemplo, después de muchos siglos de estudio. ni siquiera sabemos cómo trabajan nuestros órganos. Sin embargo. la inteligencia no tiene límites, todo lo penetra y es infinita. Expresa el ilimitado poder organizador de la natura­leza. En una escala menor, se manifiesta el comportamiento del electrón: en una escala mayor, se manifiesta en los grandes lo­gros de la creatividad humana. Cada nivel de inteligencia es di­ferente, pero todos trabajan en una infinita correlación: "Cuando un electrón vibra, el universo se estremece."

La ciencia moderna investiga todos los aspectos del orden in­finito de la naturaleza, pero sólo hasta hace poco dirigió su aten­ción hacia la naturaleza como un todo (en el siguiente capítulo trataremos sobre lo que se ha descubierto recientemente sobre la mecánica de la creación). En el Oriente, la tradición del co­nocimiento del todo es muy grande, pero no en la forma que denominamos ciencia. Por ejemplo, en la India, los grandes sa­bios han hablado de la inteligencia. al consultar su propia con­ciencia. Este es un pasaje del Bhagavad Gita que explica la manera en que la naturaleza ha ordenado los peldaños de la inteligencia en el hombre: "Se dice que los sentidos son sutiles. pero más sutil que ellos es la mente: aún más fino que la mente es el intelecto y lo que está aún más allá del intelecto es “El”." Al decir "El". el sabio quiere decir el origen de la inteligencia antes de que siquiera surja un pensamiento, en otras palabras, el yo.

Las grandes tradiciones orientales todavía tienen personajes modernos que las representan. Maharishi Mahesh Yogi, quien nos ha instruido por tres décadas acerca del infinito potencial humano, acentúa particularmente la importancia de "la cien­cia" de la inteligencia creativa. Su lenguaje no es metafórico o arcaico, sino literal: "Las galaxias no se mueven de una a otra parte al azar; existe un orden en la creación, existe un sistema en la creación. Sin el valor fundamental de la inteligencia, no se podría encontrar todo este orden y desarrollo." Me interesé en su manera de abordar la inteligencia. primero porque toma como algo evidente el hecho de que el orden se encuentra a nuestro alrededor y puede apreciarse como un todo. Segundo. él cree que cuando una persona llega al origen de su propia inteligencia, puede cambiar la realidad en dirección hacia la sa­lud, la felicidad, el conocimiento y la paz; Maharishi llama a es­to "un paso adelante hacia la plenitud de la vida". Lo que queremos descubrir es la mecánica que nos permite crear la realidad. Dicha mecánica comienza en nuestra mente como una débil conciencia del "existo" y luego, por medio de pasos progresivos, surge la plenitud “de nuestro mundo. Aun­que parece sorprendente pensar que podemos empezar a cam­biar la realidad desde el nivel de la conciencia, de hecho. la estamos cambiando a cada momento. La mecánica de la inteli­gencia creativa no sólo está "allá afuera", creando galaxias. fo­tones, secoyas y monos aulladores. El flujo de la inteligencia creativa se mueve a través de nosotros, permitiéndonos estar "en fase" con nuestra propia versión de la realidad.

Maharishi Mahesh Yogi no es sólo un filósofo que habla so­bre la inteligencia creativa, sino que, como veremos en el capi­tulo 35, propone técnicas muy específicas para llevar nuestra conciencia al origen del pensamiento, sin esfuerzo alguno. Una vez establecidos ahí. podemos aprender a controlar nuestro propio flujo de inteligencia y. de ese modo. todas las cualidades deseables de la existencia humana  amor. compasión. salud. realización personal  aumentarán en nuestra vida. Debo men­cionar que lo que estamos analizando no es solamente de ori­gen oriental. Henri Bergson. filósofo francés. quien ganó el Premio Nobel en .1927. por sus obras literarias que exponían sus teorías sobre "la evolución creativa". pasó desapercibido por la simple razón de que la ciencia experimental no podía ratificar que lo que él afirmaba tenía alguna base práctica. Lo que falta­ba era una técnica que hiciera de la inteligencia creativa una rea­lidad viviente, algo que las tradiciones orientales han estado perfeccionando por siglos.

Es posible tener una ciencia de la inteligencia creativa. por­que la inteligencia trabaja de manera sistemática en toda la na­turaleza. Comprende "desde lo más pequeño de lo pequeño hasta lo más grande de lo grande", usando la clásica descrip­ción hindú, pero ciertos principios encierran una verdad en to­dos los niveles. Nombraré sólo algunos de ellos; la inteligencia expresa orden; integra las partes en un todo unificado; se alter­na en ritmos de descanso y actividad; avanza sin esfuerzo, al quitar todos los obstáculos de su camino; hasta la parte más pe­queña de un sistema la contiene por completo, y dicha inteli­gencia muestra, al mismo tiempo, estabilidad y adaptabilidad infinitas.

Como endocrinólogo estoy fascinado con la manera tan per­fecta en que el cuerpo humano muestra estos principios. Por ejemplo. con referencia al orden, puedo citar a Claude Bernard, comúnmente reconocido como el padre de la fisiología moder­na. Habla de la rígidas leyes de la física y la bioquímica que los procesos del cuerpo deben seguir, pero señala: "éstos se some­ten y se siguen uno al otro, bajo un patrón, de acuerdo con una ley preexistente; se repiten con orden, regularidad y cons­tancia y armonizan de tal manera que crean la organización y el desarrollo del individuo". Bernard pudo apreciar esta expre­sión tan perfecta del orden y desarrollo del individuo, en los ani­males y en las plantas; en un principio de la inteligencia que se encuentra en toda la naturaleza.

Para ilustrar los otros principios, analicemos el sistema endo­crino; es fácil ver que este sistema funciona en ciclos alternados ¿”e descanso y actividad. La biología constantemente explora nuevas y sofisticadas “periodicidades" que regulan la secreción de todas nuestras hormonas. El sistema endocrino se compone de las diferentes glándulas del cuerpo. Estas, a pesar de encon­trarse situadas a distancias considerables una de la otra, en el cuerpo, forman una sola red, un todo; esta red se encuentra conectada por medio de las vías hormonales, las cuales siguen una secuencia y cada una de ellas está consciente de las necesi­dades de toda la fisiología. Dichas hormonas son secretadas y reguladas, sin ningún esfuerzo, por el sistema nervioso autóno­mo y, en sólo fracciones de segundo, pueden hacer que sus procesos sean reversibles, para afrontar cualquier cambio en el medio ambiente interno. De esta manera, podemos decir que son infinitamente estables en su funcionamiento tan preciso, pero son infinitamente flexibles durante las situaciones en que el cuer­po las puede necesitar; cada pensamiento o cada acción requiere de una reacción específica de la red endocrina.

El sistema endocrino parece ser la solución creada por la na­turaleza, para las condiciones específicas del cuerpo humano Sin embargo, la biología celular está descubriendo que los pro­cesos de nuestro sistema hormonal se repiten siguiendo patro­nes similares a través de la vida. Por ejemplo, el mecanismo para usar la glucosa es el mismo en una bacteria que en una célula humana. Además, la insulina, que desempeña un papel importante en nuestros procesos metabólicos, aparece en la ca­dena de la evolución siglo tras siglo, tanto en un pescado de sangre fría como en el ser humano.

No sólo nuestro cerebro, sino cada célula de nuestro cuerpo muestra la misma complejidad de inteligencia. Cada célula per­cibe un mundo alrededor de ella; cada una “recuerda" el pasa­do y “predice" el futuro, en sus reacciones bioquímicas,. y gracias al ADN, cada célula contiene toda la información que crea la inteligencia que lo conforma a usted. Hablar de un flujo de in­teligencia infinita dentro de nosotros es hablar de una manera literal, puesto que dicha inteligencia gobierna cada célula y cada tejido. Se encuentra en nuestras uñas, en nuestros dientes, en nuestros intestinos y en nuestras glándulas. Establece nuestros relojes biológicos de una manera tan precisa como lo hace en la mariposa monarca o en la estrella enana blanca. Los ríos que fluyen hacia el océano, las abejas que son atraídas por el néctar y el águila que se eleva en un agosto cálido, comparten con nosotros los mismos principios de la inteligencia creativa; la vi­da no es nuestra prerrogativa.

No obstante, captar estos principios y usarlos de acuerdo con nuestros deseos es una singular habilidad que tenemos. Toda inteligencia se encuentra interconectada y es siempre la misma, sólo se expresa en diferente forma. Controlar la inteligencia en nuestra conciencia es controlar toda la inteligencia. El proyecto de perfeccionar la creatividad humana, hasta tal grado, es más importante, para nuestro bienestar, que cualquier otro proyec­to que podamos concebir. Hemos comenzado este proyecto examinando la naturaleza de la inteligencia. Ahora analiza­remos la mecánica de la creación, que es el tablero de con­trol de la naturaleza y que nos otorga el poder para alterar la realidad.

  1. La mecánica de la creación

Volviendo hacia mi interior, puedo crear una y otra vez.  Bhayavad Gita

La creación es una función de la inteligencia. Algunos procesos de cambio se encuentran implicados. Generalmente es un cam­bio que hace que algo nuevo aparezca. Cuando hablo de la me­cánica de la creación me refiero al proceso de cambio. Si podemos captar la manera en que la inteligencia realiza los pro­cesos de cambio, entonces podemos usarla para originarlos. Sa­bemos que queremos crear una realidad benéfica para nosotros, por lo tanto, no tenemos que restringirnos a un nivel mecánico de la creación, como aquél en el cual interactúan los electro­nes. En lugar de eso, tomaremos la perspectiva de nosotros mis­mos, el nivel donde nuestra inteligencia ya crea un cambio en todos los aspectos de la vida; y, en particular, ya que queremos crear salud, felicidad y autorrealización, debemos saber como funciona la conexión mente cuerpo, para que nos dé estos re­sultados.

La inteligencia humana no crea en un solo nivel. Considere­mos el Empire State Building;  su creación tuvo que ver con diseños arquitectónicos, con todo tipo de ingenieros y construc­tores, con el trabajo físico de construcción y así sucesivamente. Sin embargo, en el nivel más profundo, fue la conciencia co­lectiva la que hizo que existiera dicho edificio; los deseos orde­nados y coherentes de diferentes individuos hacia un propósito. En pocas palabras, se compartió un pensamiento y éste se convirtió en algo físico.

Para que el edificio se volviera algo real, alguien tuvo que moverse desde el reino del pensamiento hasta el reino de la ac­ción. Se tuvo que emplear cemento y acero, pero la inteligen­cia puede trabajar en una forma mucho más directa. Digamos que a un paciente se le diagnostica un tumor maligno y even­tualmente se cura. Como este libro ya nos ha mostrado, la ma­nera en que se curó puede ser directa o indirecta. Si el doctor receta un tratamiento de radiación y medicamentos, está crean­do una curación desde fuera. Claro que es el cuerpo, realmen­te. el que está creando un estado de salud para sí mismo, pero la inteligencia del doctor proviene del exterior y le proporciona al cuerpo agentes curativos que le ayudan a actuar. No obstan­te. los tumores malignos se pueden curar cuando la inteligencia actúa directamente. La mujer de la que hablé previamente en este libro, quién se trató a sí misma con el uso de las técnicas de la visualización Simonton, se curó al aplicar una rutina men­tal, consciente, que abrió un canal para la salud. Otra paciente. la señora Di Angelo, usó su inteligencia en una forma aún más directa. Se curó con sólo tener deseo: “Nunca quiero volver a estar enferma y por eso nunca volveré a estarlo."

¿Cuál de los niveles de curación fué el mejor? Obviamente, el último. La mecánica de creación más eficaz es aquélla en que la inteligencia actúa desde su interior. Si, podemos alterar la rea­lidad desde ese nivel profundo y sutil, entonces los niveles más burdos seguirán automáticamente. Un deseo de la mente. ac­tuando directamente, a través de la conexión mentecuerpo, pue­de, sin ningún esfuerzo, transformarse en una realidad física en el cuerno. En este caso, se trataba de la curación de una en­fermedad maligna, pero pudo haber sido cualquier cambio diri­gido a la salud y la autorrealización.

Ya hemos descubierto las leyes más profundas de la creación, por medio de las cuales opera ]a inteligencia. La primera ley es que la inteligencia funciona por sí misma para ejercer un cam­bio en sí misma; no se requiere de nada externo al sistema, por­que, para empezar, nada se encuentra fuera del dominio de la inteligencia, puesto que penetra todo. A este principio se le lla­ma autorreferencia. La siguiente ley dice que la inteligencia pu­de encontrar la manera de lograr lo que sea; no importa si la medicina nos dice que alguna curación es imposible. Para cada pensamiento que podamos tener, la naturaleza puede proveer

una forma directa de lograrlo; a esto le podemos llamar la exis­tencia de todas las posibilidades. Tercera, la inteligencia que lo­gro la curación funcionó de un modo ordenado, automático e integrado. Sin importar qué clase de curación observemos. los sistemas del cuerpo realizaron el proceso de curación efectuan­do un hecho tras otro, siguiendo la secuencia correcta y sin ne­cesidad de que interviniera la mente consciente.

En otras palabras, una vez que el pensamiento establece el estado inicial, toda la mecánica para llevar a cabo dicho pensa­miento trabaja sola. Mahareshi Mahesh Yogi pone mucho én­fasis en este principio al que llama “lo más alto, primero". Es realmente el principio de la eficiencia, porque dice que la me­jor manera de llegar a una meta es la más rápida. la más cor­ta y la más fácil. Si recurrimos a los medicamentos, la natura­leza acepta este hecho como una situación determinada y traba­ja por medio de los mecanismos específicos de la terapia con medicamentos. No obstante, dichos mecanismos son muy dé­biles, lentos, laboriosos, complejos y a veces hasta dolorosos. Si podemos comenzar un proceso de curación simplemente con un pensamiento. como el efecto placebo, la naturaleza toma eso seriamente, como un estado inicial, pero en este caso puede lo­grar una curación mucho más rápida, más fácil y con menos dolor y complicación que con los medicamentos.

El secreto más grande en la mecánica de la creación es en­contrar la manera de que la naturaleza haga todo el trabajo Para encontrarla se necesita creer en los demás principios de la creación, porque sin la creencia en que la inteligencia es infi­nita, ordenada y capaz de hacer todas las posibilidades. inevi­tablemente usted decidirá que sólo hay una manera correcta de lograr una meta, aquella que su visión de la realidad le ha inculcado. Por ejemplo, siempre usará medicamentos y radiación porque rehusa creer que la naturaleza cura en otra forma. Obviamente, esto es lo mismo que decir que jamás nadie se ha recuperado de cáncer antes del siglo veinte. lo que es absurdo. Por esto, el principio de lo más alto. primero". es primordial en todas las situaciones en que usted tiene que escoger el comi­no que su creatividad seguirá.

Lo que hemos aprendido acerca de la mecánica de la crea­ción va aún más lejos. Debido a que la naturaleza opera a través de la inteligencia. por medio del conocimiento resuelve un problema y al establecer la mecánica para resolver dicho pro­blema, la naturaleza tiene que correlacionar todas las partes. En el caso de la curación, la conexión mentecuerpo trabaja por medio del sistema inmunológico, del hormonal, del cardiovas­cular, y así sucesivamente. Sin embargo, el grado de conoci­miento que se usa y la capacidad de correlación de la conexión mente cuerpo varía de un caso a otro. Por ejemplo, los medi­camentos interfieren con el cuerpo, por eso tienen efectos secundarios, y lo fuerzan a cooperar con las propiedades quí­micas de aquéllos. Por lo tanto, las curaciones que se efectúan sin emplear medicamentos son más efectivas, puesto que mues­tran un conocimiento más completo e integral y una mayor correlación.

El principio de creación al que llegamos por medio de esta conclusión es que la naturaleza contiene un poder organizador infinito y una correlación infinita. En la operación del univer­so. a nada le falta ese conocimiento infinito o esa correlación infinita; no hay excedentes en la naturaleza. No obstante, por medio de nuestra selección consciente, podemos limitar la na­turaleza a canales muy restringidos. Antes de abrir el canal de la electricidad, podíamos crear la luz solamente con fuego. La mente creativa más eficiente es aquella que permite que surja el máximo conocimiento y la máxima correlación, de la provi­sión ilimitada de la naturaleza. Esto es muy importante cuan­do consideramos lo que se denominan "estados superiores" de la conciencia. porque el conocimiento y el poder organizador que nuestra mente puede emplear dependen directamente de qué tan conscientes estamos de su existencia. Tenemos que estar conscientes de la existencia de la electricidad. antes de que la podamos usar; también tenemos que estar conscientes de nues­tro infinito potencial creativo. antes de que lo podamos usar. De hecho, sólo la conciencia puede activar dicho potencial.

Ninguno de estos principios parecerán válidos hasta que acep­temos su realidad. Para la gente moderna, la ciencia es la única medida de validez; ha tomado el lugar de la fe, de la autoridad. y del instinto. ¿Cuál es la mecánica de la creación, según la ciencia? La creación de objetos materiales, ya sea a escala del universo o a la del fotón, es el dominio de la física. Lo que la física tiene que decir sobre la creación apoyará en gran manera los conceptos sobre mente y cuerpo de los que hablo aquí. En particular queremos considerar la "nueva física", la de la era que comenzó con el trabajo de Einstein y sus grandes colegas europeos.

La nueva física alteró por completo la idea de la realidad sólida y predecible que la gente del Occidente daba por hecho desde los tiempos de Aristóteles. Antiguamente, se creía que el tiempo y el espacio eran entidades separadas y que los obje­tos se movían a través de éstos como bolas de billar, y que, en otras palabras. seguían caminos fijos que los sentidos podían. detectar. Ahora hablamos del “espaciotiempo" como de algo con­tinuo y, por costumbre, desde que nos dimos cuenta del po­der atómico, damos por hecho que la materia se puede cambiar por energía. haciéndola desaparecer de la mesa de billar para llegar a la nada. El famoso principio de incertidumbre de Wer­ner Heisenberg nos dice que no podemos ni siquiera saber con certeza las "verdaderas" propiedades de un objeto porque, en realidad, el proceso de observación cambia la naturaleza del objeto que se observa.

Para lograr el trabajo de la nueva física, se ha requerido de más de un siglo y de la inteligencia de mentes notablemente brillantes. El nuevo panorama del mundo que el pensamiento de estas personas produjo. ha logrado una aceptación popular tan sólo en los últimos quince años puesto que, sin tener algún co­nocimiento sobre matemáticas. las implicaciones de esta nueva perspectiva son muy difíciles de captar. Todavía hay mucha po­lémica al respecto. y los físicos se pasan la vida en controver­sias teóricas. Sin embargo. es posible extrapolar ciertas ideas básicas y aplicarlas a nosotros mismos, no como rigurosos cien­tíficos, sino como gente común y corriente que se interesa en enfrentarse a la realidad tal como es.

Les presentaré, en forma sencilla, algunos de los descubri­mientos iniciales de la física moderna. El primero. es que los objetos no tienen una solidez distinta. en ningún nivel. Las par­tículas que componen los objetos son. en realidad. transforma­ciones de energía; como tales. son básicamente, ondas, pero cuando se encuentran bajo ciertas condiciones, pueden com­portarse como partículas, en otras palabras, como materia. Mencionaré el famoso ejemplo que dio Bertrand Russell acerca de su escritorio; afirmaba que éste no era algo sólido. que se com­ponía de energía y de un vacío que ocupaba más del 99.9999%  del total. Lo que lo hacía parecer sólido era la mane­ra en que nuestros sentidos lo percibía; ya hemos hablado so­bre la importancia de esto.

En segundo lugar, ninguna partícula o ningún cúmulo de ener­gía se puede aislar. Son minúsculas manifestaciones de las funciones de ondas que se extienden infinitamente, en el tiempo y el espacio. Como las puntas de un iceberg, surgen de una realidad mucho más vasta que no se puede apreciar. En el ca­so de la materia y la energía, la mayor parte de las ondas literal­mente existe fuera del tiempo y el espacio. Todos los objetos del universo han surgido del vacío no manifiesto y algún día re­gresarán a él. El vacío en sí es la "verdadera" realidad y cual­quier objeto que podamos imaginar que existe, se encuentra ahí en forma "virtual", según el termino que emplean los físi­cos. De hecho, es posible suponer que cualquier cosa que pue­da existir en donde estamos sentados en este momento, existe de verdad, pero en forma virtual. Millones de realidades habi­tan nuestro cuarto, sólo que nuestros sentidos las excluyen, en favor de la escena que aceptamos como verdadera aquí y aho­ra. Por lo que toca a la nueva física. el pasado y el futuro ya abarcan nuestro cuarto. Nuestra silla, nuestras paredes y nuestro cuerpo no son más que probabilidades que han surgido del campo eterno, infinito y no manifiesto, que sostiene el universo y lo mantiene organi­zado. Cuando dejamos caer una bola de tenis, se va hacia el piso, pero existe una mínima pero precisa probabilidad de que, por el contrario, se vaya hacia el techo. Se pueden hacer consi­deraciones importantes acerca de la realidad sólo con obser­var las interacciones existentes en lo no manifiesto, aunque no se puedan apreciar. La totalidad de la naturaleza se encuentra ahí, comprendida en campos virtuales de masaenergía. Los prin­cipios de ia correlación infinita y de "todas las posibilidades", que ya he mencionado en relación con la inteligencia de la mente humana, se expresan al máximo en lo no manifiesto. Todos los posibles universos que pudieran existir, existen ahí realmente y crean la totalidad del "verdadero" universo.

Los físicos consideran lo no manifiesto como algo casi impo­sible de captar con la intuición. El universo tiene propiedades que nuestro intelecto no puede entender fuera del lenguaje es­pecial de las matemáticas. Al hablar sobre esta nueva realidad, el físico Michael Talbot observa que "no sólo es más rara de lo que pensamos, sino que es más rara de lo que podemos pensar". Por ejemplo, la idea de que el espaciotiempo surgió de lo no manifiesto significa que algo existe, que ya estaba ahí "antes de que el tiempo comenzara" y que es "lo más pequeño de lo pequeño y lo más grande de lo grande". Estas ideas pare­cen contradecirse por completo y cuando leemos algo similar en textos de las grandes tradiciones orientales, nos sentimos un poco abrumados. Sin embargo, los principios son realmente muy sencillos de comprender, una vez que nuestra mente comienza a aceptar la posibilidad de una realidad flexible.

La clave está en considerar la inteligencia de la naturaleza exactamente como la nuestra y, de esa manera, la nueva física tendrá sentido. Si entro a un cuarto y veo a un amigo senta­do en una silla, puede voltear a verme y decirme "hola". No obstante, dentro de él existen infinitas opciones de lo que pudo haber dicho o hecho en ese momento preciso. Pudo haber dicho "Albuquerque" o pudo haberse parado de cabeza, todas estas posibilidades existen dentro de él, pero en una forma no manifiesta y se encuentran siempre ahí, a cada momento. Asi­mismo, todo su yo no manifiesto, mente y cuerpo, está tra­bajando todo el tiempo para correlacionar cualquier pensa­miento, palabra o acción potenciales, a pesar de que yo sólo observo algunos de éstos cuando interactúo con él. Además, gracias a que el ADN codifica el completo desarrollo de mi amigo y de que es una enciclopedia de la evolución humana, podemos hasta decir que su pasado y su futuro están dentro de la persona que yo veo aquí y ahora.

Debido a que la inteligencia del universo y la inteligencia del yo son la misma, la nueva física resulta ser un gran apoyo al punto más importante de esta parte del libro, que la realidad se puede cambiar una vez que alcanzamos el nivel del yo. Lo que la nueva física llama lo no manifiesto o el estado virtual de la realidad, nosotros lo llamamos nuestro yo. El universo y el organismo humano están unidos a nivel de la inteligencia y el origen de la inteligencia es el yo. A la propiedad que hace del universo y del yo lo mismo, Maharishi Maheh Yogi la lla­ma autorreferencia. Esta idea expresa el hecho básico de nues­tra inteligencia: que ésta opera desde su interior. Podemos ver cómo funciona la autorreferencia en los casos de "remisión espontánea": un impulso de pensamiento que surge del yo y que se mueve a través de la relación psicosomática, cura las partes materiales del cuerpo.

La autorreferencia nos proporciona una manera simple y sencilla de explicar cada acto de creación. Mientras pensemos que la mente y el cuerpo son entidades separadas, parecerá im­posible usar un pensamiento para cambiar el cuerpo. No obs­tante, una vez que veamos que la conciencia simplemente trabaja a través de varios aspectos de sí misma. para desarrollar otros aspectos de sí misma, todo se nos aclarará. Maharishi se­ñala lo siguiente: "Para que todas las leyes de la naturaleza pue­dan generarse desde su origen común, dicho origen debe con­tar con las propiedades de autoreferencia y dinamismo infi­nito; y debe tener la capacidad de crear desde su interior. Estas son las cualidades de la conciencia." El origen de la crea­tividad se encuentra dentro de nosotros, en ninguna otra parte. Puede cambiar la realidad, puesto que la inteligencia, nues­tra inteligencia, crea la realidad.

Esta conclusión no nos sorprende, teniendo en cuenta lo que sabemos sobre la creación. Aún las ciencias más rigurosas están estudiando constantemente circuitos de retroalimentación y me­canismos autorreguladores. Por lo general, se les considera co­mo los mecanismos esenciales para conservar el equilibrio de todos los organismos vivientes, para formar estrellas. galaxias. y hoyos negros, y para crear, incluso. la explosión gigantesca con la que se expandió el universo (teoría cosmológica del Big Bang). Las ciencias exactas están en el umbral de la autorrefe­rencia. Ya que estemos de acuerdo en que nuestro yo es inteli­gente. entonces toda la creación estará dentro de nuestro alcance por medio del principio de la autorreferencia: "Volviendo hacia mi interior. puedo crear una y. otra vez", dice el Bhagavad Gita.

En muchas culturas, el hombre precientífico captó muy bien este principio y existen pruebas considerables que nos mues­tran que, gracias a ello, su mundo era más creativo y vivaz que el que tomamos como nuestra realidad. He aquí una buena des­cripción de la autorreferencia, proveniente de un antiguo texto de la India, el Mundaka Upanishod: Eso que no se puede ver y que se encuentra más allá de todo pensamiento, lo que no tiene ni causa ni parte alguna, lo que ni percibe ni actúa. lo que no cambia y todo lo penetra, lo que es omnipresente, lo más sutil de lo sutil.

Eso es lo eterno, lo que los sabios conocen como el origen de todo.

Así como la araña teje y reteje su hilo, toda la creación proviene de Brahman. y hacia Eso regresa.

Así como las plantas echan raíces en la tierra, todos los seres se sustentan en Brahman. Así como el cabello nos crece en la cabeza, todo surge de Brahman.

A través de generaciones, este pasaje y otros similares han sido un enigma para los intérpretes, porque no captan la verdad práctica que contiene. Brahman es la palabra sánscrita para "el grande" y quiere decir "eso que es la realidad de todo", en otras palabras, la inteligencia. Ya que comprendamos esto, el verso será completamente claro para nosotros. Esto es lo que hemos” encontrado a lo largo de esta obra: la única realidad es la inteli­gencia infinita. la cual crea sin esfuerzo cada parte del universo, a partir de sí misma.

  1. Introducción a la trascendencia: La técnica de la meditación

Dentro de ti existe una quietud y un santuario al que puedes acudir a cual­quier hora y ser tú mismo. Hermann Hesse. Siddartha

Quédate quieto y sabrás que yo soy Dios. Salmo XLVI. 10

He establecido las bases para demostrar que podemos cambiar la realidad por medio de la inteligencia creativa. Para mostrar que ésta es una realidad práctica y verdadera, les contar cier,­tos hechos que ocurrieron en mi vida, en el otoño de 1980, hechos que cambiaron mi manera de ver la vida. en forma rá­pida y drástica.

Hojeando libros en una librería del centro de Boston. tomé uno sobre la Meditación Trascendental. El autor. Jack Forem. quien llegó a ser un buen amigo posteriormente. exponía un medio de experimentar la trascendencia. a través de una senci­lla técnica mental. El término trascendencia me fascinaba cuan­do lo leía en los libros. pero siempre había sido algo abstracto para mí. puesto que en ningún lado se le consideraba como una experiencia fácil. Como yo lo entendía. el reino de la trascen­dencia era el reino de la existencia pura. la conciencia pura y el "ser puro. Igual que a muchos otros. ese vocabulario me confundió. Sin embargo. en muchas grandes tradiciones orien­tales estos términos elevados se emplean al hablar de la gente común y corriente: Al preguntarse el Ser puro: ¿puedo convertirme en muchos, puedo tomar una forma?, creó la luz. Al preguntarse la luz:

¿puedo convertirme en muchos, puedo tomar una forma?, creó las aguas. Al preguntarse las aguas lo mismo,, crearon la tierra. De esta manera, todo el universo nació del Ser puro, ese Ser que es la sutil esencia de todo, la realidad suprema, el propio yo de todo lo que existe: eso, eres tu.

Estas palabras provienen de un antiguo texto védico de la In­dia, en donde un padre le habla a su hijo que llega a la mayoría de edad. Sin embargo, a mí me intriga su significado. a pesar de ser un adulto. A través de mis lecturas sobre la psicología del desarrollo, sabía que a las experiencias máximas Abraham Maslow las había llamado trascendentales también y, como me­dico. me parecieron absolutamente sorprendentes:

Durante estas experiencias, la percepción visual, auditiva y sen­sitiva es total y verdadera. Es muy característico que en las ex­periencias máximas el universo se perciba como un todo unifi­cado e integrado. En mi práctica profesional conocí a dos indi­viduos, quienes después de haber pasado por tal experiencia, se curaron de una manera total, inmediata y permanente; uno de ellos de neurosis de ansiedad crónica y el otro de pensa­mientos obsesivos de suicidio.

Se comprende perfectamente que Maslow estuviera tan impre­sionado con dichas experiencias, a las que consideró semejan­tes a las revelaciones, iluminaciones y éxtasis descritos por los santos de todo el mundo. No obstante, no existía modo alguno de tener esas experiencias y lo que de ellas se decía las hacían parecer como una disposición divina, no como realidades de la vida diaria.

Motivado por la lectura de este libro sobre la Meditación Tras­cendental, me dirigí al centro local de MT, en Cambridge, para escuchar una conferencia introductoria. Descubrí que necesita­ba acercarme a la trascendencia y a la meditación. de una ma­nera muy diferente. Igual que mucha gente de Occidente, tenía nociones sobre la meditación que, para empezar. eran bastante negativas. Nunca formulé mis sentimientos como objeciones definitivas, pero todos ellos concordaron con la lista que formuló el doctor Lawrence Domash, físico profesional y excelente es­critor sobre Meditación Trascendental. Señaló que la mayoría de la gente cree lo siguiente: 1) que la meditación requiere de concentración y control mental; 2) que la meditación es sólo para ciertos individuos con determinados estilos de vida, en par­ticular para el ermitaño, el muy religioso y el místico pasivo, quie­nes están deseosos de separarse de la sociedad por completo; 3) que la meditación es difícil y sólo se puede lograr después de años de práctica; 4) que la meditación ilumina" a la gente, a través de alguna clase de autoalucinación y no proporciona ningún beneficio práctico en la vida ordinaria.

Estos puntos de vista todavía son muy comunes en nuestra sociedad y aunque se tengan vagamente no permiten que mu­cha gente tome en consideración la meditación. El conferencis­ta de Cambridge, quien tenía un aspecto completamente normal, señaló que no todas las meditaciones eran iguales. lo que tiene mucho sentido, ya que docenas de culturas orientales han prac­ticado muy diferentes estilos de meditación durante miles de años. Los puntos más importantes de la conferencia fueron los siguien­tes: 1) la técnica que enseña la MT es fácil de aprender y para practicarla no se requiere de esfuerzo alguno; 2) el hecho de trascender es, en realidad, un proceso y tiene su origen en la tendencia natural de la mente a buscar una experiencia más pla­centera; 3) para ser meditador no se necesita tener ninguna creencia religiosa ni orientación filosófica, y no se requiere de ningún cambio en nuestro estilo de vida, sólo dedicarle a la prác­tica de 15 a 20 minutos en la mañana y en la tarde; 4) los mayores beneficios de la técnica provienen de la expansión de la capacidad consciente de la mente y de la eliminación de ten­siones profundamente arraigadas en nuestro cuerno; ambos he­chos tienen lugar automáticamente desde la primera meditación.

Debo admitir que no acepté todo lo que se me dijo, pero el conferencista parecía ser una persona muy honesta e inteligen­te, que creía en la técnica absolutamente, por lo que decidí aprenderla. Los resultados fueron inmediatos y obvios para mí desde un principio. Me di cuenta de que al aprender a trascen­der, estaba abriendo la conexión psicofisiológica, de una ma­nera consciente, por medio de una técnica mental: estaba creando salud.

A partir de ese momento, he observado en forma más profunda lo que es exactamente el proceso de trascendencia. He descubierto que la conciencia ha llegado a ser un tópico de gran estudio científico, desde que Maharishi comenzó a enseñar la técnica MT hace tres décadas. (Según la organización MT, más de tres millones de personas en todo el mundo la han aprendi­do, entre ellas casi un millón de norteamericanos.) Los científi­cos interesados en la técnica han presentado y publicado documentos de investigaciones de seriedad absoluta y, en la ac­tualidad, dichos documentos forman cuatro volúmenes. Ya que la trascendencia requiere de apertura de todas las facultades y el empleo de la conexión psicofisiológica, la MT promueve cam­bios en todo el sistema mentecuerpo, cambios de los que he­mos estado hablando en este libro. En esencia, con la MT el cerebro funciona de una manera mucho más coherente. La actividad de las ondas cerebrales, pro­movida por medio de los procesos de trascendencia, no se habían tomado en consideración antes de que se estudiara la MT. Sin embargo, sólo se ha visto algo parecido en los momen­tos máximos que Maslow describe, cuando una persona resuelve un problema, se involucra en una actividad creativa o descubre algo maravilloso. Hay una correlación general de señales de los dos hemisferios y de todos los lugares del cerebro, así como una sensación subjetiva de libertad, relajación, felicidad y aceptación total del medio ambiente. Maharishi ha señalado que la inspira­ción  el descubrimiento no crean esta actividad cerebral; la ac­tividad cerebral los crea a ellos. Esto afirma lo que ya sabemos sobre la creación de la salud: para que la inteligencia pueda de­sarrollarse y traer cambios positivos, se tienen que abrir nuevos canales. Aparentemente, esto es con exactitud lo que sucede, al trascender durante la meditación.

Como la mente y la inteligencia, la trascendencia no es una cosa, es una función. Implica toda fisiología, pero, específica­mente, funciona a través del sistema nervioso central. En un estudio sobresaliente que se publicó en 1971 sobre la psicofi­siología de la meditación, el doctor R. Keith Wallace, asociado en ese entonces con la Escuela de Medicina de la Universidad de California en Los Angeles, descubrió los cambios más im­portantes que ocurren en la fisiología cuando una persona tras­ciende. Durante la práctica de la técnica el cuerno muestra señales de profunda relajación, como por ejemplo: respiración lenta, disminución en el consumo de oxígeno y en los latidos del corazón. La actividad metabólica del cuerpo, que se mide directamente por la cantidad de oxígeno que emplea, disminu­yó a niveles más profundos que los del sueño profundo. Este descubrimiento fue uno de los más sorprendentes, algo único que le daba validez en la trascendencia. Normalmente, el cuer­po humano requiere de cinco a seis horas de sueño, antes de llegar al punto en que el consumo de oxígeno se reduce alrede­dor de un 12%. Los meditadores mostraron, en pro­medio, una disminución del 16% y el tiempo nece­sario para esto fue de 10 a 20 minutos. (Experimentos posterio­res que se hicieron con meditadores con más experiencia mos­traron que muchos de ellos podían lograr un nivel de descanso dos veces más profundo que el del sueño, casi en el momento en que cerraban los ojos).

Sin embargo, mientras el cuerpo estaba relajado la mente se mantenía alerta. Las ondas cerebrales de los meditadores, que se medían por medio de un electroencefalograma (EEG), indi­caban un estado de alerta total, que aumentaba durante la se­sión de meditación. No obstante, el cerebro no se encontraba muy activo; estaba alerta, vivaz y tranquilo al mismo tiempo. Esto llevó a Wallace a la conclusión de que la meditación pro­duce un "estado de alerta hipometabólico", descripción fisioló­gica del proceso de la trascendencia. Los mismos meditadores dicen experimentar sensaciones de alerta, de silencio interno, de profunda relajación y de tranquilidad.

Todos los estudios subsecuentes han corroborado al descubri­miento de que dichos efectos comienzan con la primera medita­ción y se van acumulando con el tiempo, hasta llegar al punto en que el estado de relajación de la conciencia expandida se man­tiene durante el día. Parece ser que el hecho de trascender actúa sobre el sistema nervioso central de tal manera que el organismo se acostumbra a estar en el estado de conciencia de si mismo: la MT aprovecha, de esta manera, la poderosa fuerza del hábito. Los beneficios a largo plazo son notables, en todas las áreas de la vida. Como ya existen cientos de estudios al respecto, los cen­tros de MT cuentan con publicaciones sobre ellos, y como ya sabemos los beneficios de lograr la conciencia de sí mismo, sim­plemente mencionaré algunos puntos sobresalientes: 1. Mejoría en la salud, que incluye descensos en la hipertensión y en los niveles de colesterol de la sangre. Los que meditan obtienen las primas más bajas en pólizas de seguro de gastos médicos, y un reporte reciente indicó que usan su seguro un 50% menos que otros grupos con los que se pueden comparar.

  1. Disminución voluntaria del uso del alcohol. el cigarro y las drogas recreativas. Esto indica que fumar, beber y el abuso de las drogas disminuyen sin ningún esfuerzo, simplemente por­que ya no se apetece.
  2. Notoria mejoría en el resultado de pruebas que miden la inteligencia. la creatividad. las habilidades motoras y la capaci­dad de aprendizaje. Muchas autoridades consideran que el coeficiente de inteligencia del adulto ya no varía”. este resultado es muy interesante en particular, ya que muestra lo que la inte­ligencia puede lograr cuando el estrés se elimina del sistema ner­vioso central. En los estudios básicos, los estudiantes de secun­daria y preparatoria obtuvieron mejores calificaciones después de aprender la técnica MT. Desde entonces, se fundó, en Fair­heid, Iowa, una escuela privada afiliada a la Universidad Inter­nacional de Maharishi, en la cual a todos los estudiantes se les enseña a meditar y los resultados son sorprendentes. Aun cuando la política de admisión de la escuela es de apertura a todo el público, sus estudiantes se mantienen de una manera firme dentro del percentil 99 en los exámenes estandarizados. en todos los grados. La secundaria de esta escuela ganó el pri­mer lugar en el estado de Iowa. y sus sistemas escolares se, han mantenido, entre los cinco mejores de Estados Unidos. Esto muestra los logros tan notables alcanzados cuando se introduce la trascendencia en sistemas nerviosos que no están fatigados por años de estrés.
  3. Inversión del proceso de envejecimiento. Cuando inicialmente se estudió la MT, ciertos indicios de las concentraciones hormonales de la sangre eran opuestos a los que se relacionan con el envejecimiento. Esto se confirmó en 1982. en un estu­dio precursor que mostró que la meditación parece invertir el proceso de envejecimiento. El envejecimiento biológico es un pro­ceso complicado, pero se puede evaluar con mucha certeza. por medio de una prueba generalizada que mide la presión arterial, la habilidad auditiva y la vista. que se deterioran a medida que la gente envejece. Se encontró que los individuos que habían meditado durante menos de cinco años tenían, en pro­medio, una edad biológica cinco años menor que su edad ac­tual. Por otro lado, los que habían meditado más de cinco años, tenían una edad biológica de doce años menor que su edad ac­tual. Esto significa que un individuo de 50 años puede tener las características físicas de una de 38. Nada en la medicina pue­de igualar este resultado y parece que este proceso supera, in­cluso, estos promedios, pues un individuo de 70 años tenía las características de uno de 30.

Estos descubrimientos se refieren a grupos de meditadores que generalmente se estudiaron durante un tiempo corto. Tam­bién se efectuaron estudios individuales a meditadores cuyo sis­temas nerviosos estaban ya habituados a trascender por largos periodos. y que dicen tener las mismas experiencias que Mas­low encontró en el 1% de la población más feliz, sa­na y creativa. Estas experiencias se pueden describir así; silen­cio interno duradero, alegría, conciencia abierta, gran afabi­lidad, amor, compasión, aumento en la creatividad, notable mejoría en las reacciones sensoriales y muchas otras señales de que la conciencia se encuentra en contacto verdadero con el Ser puro y con sí misma.

Estoy convencido de que la Meditación Trascendental pro­porciona una técnica para alcanzar el nivel del yo, sin esfuerzo alguno. Desde ese nivel, la mente canaliza su propia inteligencia infinita para lograr muchos beneficios en todos los aspectos de la vida. En esencia, el cuerpo elimina de manera espontánea, el estrés que tiene acumulado, y mientras más canales se abran para el flujo de inteligencia, más emerge nuestro verdadero po­tencial humano. Ya hemos visto que pocas personas d nues­tra sociedad tienen el don de tener una fisiología que pueda mantener la salud, la felicidad, las emociones positivas y la no­ción de crear la vida como debe ser. No obstante. toda fisiolo­gía quiere hacer lo mismo. Al trascender, se activan los caminos que la mala salud, el estrés, los hábitos erróneos, las actitudes negativas y las malas experiencias han deteriorado. (Incluso exis­ten algunas investigaciones preliminares que muestran que la inteligencia puede mejorarse en el nivel del mismo ADN). Al trascender, todos podemos lograr lo mejor de nosotros mismos.

  1. La acción naturalmente correcta y los estados superiores de conciencia

Nuestra conciencia normal al estar des­piertos, o conciencia racional. como lo llamamos, es tan sólo un tipo particu­lar. Alrededor de ella, separadas por la más tenue de las capas, yacen for­mas potenciales de conciencia total­mente distintas. Podemos pasar la vida sin sospechar su existencia,, sin embar­go, al aplicar el estímulo necesario. es­tarán disponibles de inmediato, en su totalidad. William James

Lo que usted quiere y disfruta resulta ser también bueno para usted. Este concepto, del cual ya hemos hablado varias veces nos proporciona el único criterio fácil para evaluar nuestros pen­samientos y deseos. Sabemos que queremos promover en no­sotros sólo lo que es positivo, lo que progresa, lo que evoluciona y lo que realza la vida. No obstante, la intención de vivir según esa norma no se ha transformado en realidad; y no se va a po­der hacer, a menos que, por medio de la conexión psicofisioló­gica, se tenga el hábito espontáneo de rechazar todos los tipos erróneos de funcionamiento y de promover los correctos. Ya que cada pensamiento, como vimos, corresponde a una dife­rente organización de cada parte de la fisiología, ¿cómo es posi­ble, entonces, que podamos controlar los millones de conexiones neurales, funciones celulares, interacciones hormonales y enzi­máticas, que ni siquiera se pueden ver y sin embargo se rela­cionan con cada pensamiento que tenemos? Es obvio que no podemos, puesto que el intelecto no puede controlar a aquello. No obstante, debemos lograr "la acción naturalmente correcta" palabras de Maharish Mahesh Yogi, si queremos lograr la salud Perfecta y la autorrealización. ¿Cómo podemos juzgar si  una acción es correcta o incorrecta,  en Primer lugar? Nos guia­mos por los resultados. En el momento en que se origina cada pensamiento se convierte en palabra o en acción puede dar como resultado algo correcto o algo diferente de lo que esperábamos. Si se ha cultivado un canal Para la acción naturalmente correcta, se logra una habilidad. Un cirujano no sutura y luego quita los puntos equivocados; Sus manos tienen la habilidad de hacer lo correcto todo el tiempo. Lo mismo sucede con los pia­nistas, de quienes no podemos pensar que, en un concierto disimulen las notas equivocadas con una sonrisa. Todos estamos acostumbrados a las reacciones naturalmente correctas de

este tipo; todos tenemos alguna habilidad. La conexión Psicofi­siológica coordina nuestros pensamientos y acciones todo el tiempo. Por lo tanto, si queremos progresar en lo que se refiere a ac­tuar correcta y naturalmente, solo necesitamos cultivar y per­feccionar lo que la conexión mentecuerpo ya está haciendo de manera natural. Para nosotros, el Proceso de darle forma a la realidad es algo natural; es la función básica de la porción de inteligencia infinita que sabemos emplear. Podemos imaginar cómo usar mejor dicha inteligencia para que nuestra propia realidad progrese y evolucione y para que nuestra vida mejore. Ese sería el estado perfecto de la acción naturalmente correcta. También es el único significado válido y práctico de “los estados su­periores de conciencia”. Ser capaz de crear una realidad positiva, de manera consciente y todo el tiempo, significa estar en un es­tado superior de conciencia. Hemos llegado a una magnifica conclusión, pues es obvio que no tenemos que hacer nada di­ferente de lo que hacemos todos los días, Para lograr un estado superior de conciencia. Cada día, nuestra inteligencia le da for­ma a la realidad; nosotros tan sólo tenemos que mejorarla. Si observamos nuestras acciones con detenimiento, descu­briremos que juzgar una acción por sus resultados no es real­mente efectivo para determinar si fue correcta o incorrecta. Seguir una dieta "correcta" de manera consciente no nos ase­gura que jamás nos enfermaremos, sólo disminuye el riesgo. Además, nuestras acciones están entrelazadas de manera com­pleja y están profundamente arraigadas en un medio ambiente humano muy complicado. La mente consciente probablemen­te no puede juzgar si cada palabra que decimos promueve la paz, la compasión, el bienestar y la armonía. La vida es dema­siado compleja para eso, y habría gran tensión en nuestra vida si tuviéramos que detenernos y juzgar todo lo que hacemos. (Es por eso que las escuelas de pensamiento positivo y de in­trospección crearon, en la conciencia, tensiones fuera de lo normal.)

No podemos hacer retroceder las palabras ni las acciones. Por lo tanto, aun si tuviéramos la habilidad de saber de inmediato cuándo es errónea una acción, ¿en qué nos beneficiaría? Lo he­cho, hecho está. Sin duda, el único modo de actuar y hablar correctamente, es. tener la habilidad para hacerlo. Desde un principio, los pensamientos, las palabras y las acciones tienen que ser correctos. Si desde que se originan, a nivel del yo, son co­rrectos, entonces la naturaleza automáticamente dirigirá las fun­ciones necesarias hacia la superficie. Cuando un pianista. quiere interpretar una pieza de Mozart, simplemente se sienta y lo ha­ce. Su intención, junto con fa habilidad que ha cultivado en su fisiología, de manera natural crea los resultados deseados.

Ahora vemos, con toda claridad, la razón por la cual el yo ha sido tan importante para crear salud. Las intenciones tendientes a lograr salud, alegría, amor o cualquier otro aspecto de la realidad, deben comenzar en algún lugar. Estamos cons­cientes de ellas como pensamientos, pero no es ahí donde co­mienzan.. La gente difiere en sus pensamientos, los cuales pueden ser claros o confusos, profundos o superficiales, refina­dos o burdos. Sin embargo, todo el que posee inteligencia crea realidad. Es un proceso de inteligencia y, por lo tanto, debe co­menzar donde la inteligencia comienza, a nivel del yo. El yo es, simplemente, el nivel más general de la inteligencia. Si quere­mos que nuestros deseos se conviertan en una viva realidad, deben ser de apoyo vital, a nivel del yo.

¿Es necesario mejorar el yo? No, por definición el yo es el nivel más general de la inteligencia. Debido a que la inteligen­cia ya es infinita y capaz de manejar todo el universo, ¿cómo es completamente flexible y, al mismo tiempo, rígida. Si le es­tablecemos un canal, lo sigue por hábito, hasta que cambiamos la dirección, de lo cual ya hemos hablado con detalle. Sin em­bargo, establecer un hábito tras otro no es muy eficaz. Al utili­zar el principio de "lo más alto, primero", que introduje en el capítulo 34, debemos ser capaces de establecer contacto con el yo, simplemente, y después dejar que la inteligencia haga el, resto.

En apariencia, eso es exactamente lo que sucede en el proce­so de la trascendencia. Cuando los científicos escuchan que los meditadores han logrado los beneficios extraordinarios que mencioné en el capítulo anterior, no pueden encontrar razón alguna al respecto. Aunque parece que uno no hace nada cuan­do trasciende, algo sucede. Una frase famosa de los Upanis­hads dice: "Conoce eso, mediante lo cual conocerás todo lo demás." Esto es lo que logra la trascendencia. Canaliza la conciencia hacia el yo, permitiendo que éste se conozca y la natu­raleza se encarga del resto.

Cada segundo, nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso central coordinan millones de funciones fisiológicas, con una efi­ciencia increíble. Si son óptimas las condiciones iniciales, automáticamente tienden a trabajar mejor. Nuestros pensamientos más profundos, que operan a nivel de la conciencia colectiva, controlan totalmente la realidad que aceptamos a través de los sentidos. Cuando dichas condiciones iniciales son óptimas, auto­máticamente producen una realidad más coherente, inteligente y evolutiva. Esto explica, en el lenguaje moderno, lo que las grandes tradiciones de sabiduría han estado mencionando des­de que la humanidad tuvo conciencia: Conócete a ti mismo, y toda la naturaleza será tuya.

Examinemos más de cerca el proceso de la trascendencia. Su descripción fisiológica es la de "un estado de alerta hipome­tabólico"; esto significa que el cuerno descansa mientras la mente está vigilante. Los fisiólogos que han estudiado la meditación a fondo, tienden a aceptar en concepto de que la trascendencia constituye un estado especifico de conciencia. Durante el proceso de la meditación, el funcionamiento del sistema ner­vioso central no es el mismo que el que tenemos al estar despiertos soñando o durmiendo; las diferencias son muy notables cuando se estudia a meditadores avanzados. La respiración de éstos al meditar es mucho más suave que cuando están des­piertos; las ondas cerebrales muestran una coherencia total, par­ticular de la trascendencia, y los niveles de bióxido de carbono de la sangre siguen un patrón muy diferente al que los fisiólo­gos habían observado. Esto confirma lo que nos dicen los anti­guos textos védicos de la India: el yo va más allá del despertar, dormir y soñar.

¿Qué significa "más allá"? Una de las principales y más co­munes interpretaciones erróneas sobre el proceso de trascen­der es que nos lleva fuera de la realidad. Algunas veces se emplea la frase " trascendiendo el yo", pero es incorrecta. El proceso de trascender nos acerca al yo. Lo que desechamos son los pensamientos extraños y las reacciones habituales al es­trés. El precepto de los sabios "olvidar el yo y llegar hasta el Yo" no quiere decir que dejemos nuestra personalidad en el camino. El yo es nuestra inteligencia; cambiar el "yo" por el "Yo" significa convertir nuestra pequeña porción de inteligencia en una porción infinita. Por ejemplo, el talento es la expresión más grande de la individualidad. Cuando Maslow describe los senti­mientos "divinos" que la gente experimenta en sus experien­cias máximas, se refiere al cambio total de la conciencia que ocurre cuando, repentinamente, una inteligencia pequeña se da cuenta de que es capaz de una expansión infinita.

El proceso de trascender los pensamientos es mecánico. En la técnica de la Meditación Trascendental se emplea un sonido especial, sin significado, que se llama mantra; este permite que la conciencia alcance niveles más sutiles de pensamiento. Em­plear este sonido como vehículo para trascender es muy eficaz. La conciencia va alcanzando niveles cada vez más profundos hasta que trasciende o va más allá de todo pensamiento. A es­tas alturas, la conciencia ya logró, según palabras de Maharishi, la conciencia pura o el conocimiento puro, o sea, el nivel del yo. En otras palabras, en cada nivel de pensamiento existe un estado correspondiente de la conexión psicofisiológica. Somos como un campo en el que actúan organizaciones de pensamien­to específicas, conexiones neurales, reacciones hormonales y así sucesivamente.

Cuando la conciencia trasciende y se ve a sí misma en el momento de alcanzar un nivel más sutil del pensamiento, lo que sucede físicamente es una nueva proyección del funcionamien­to mente cuerpo. El pensamiento es sólo la punta del iceberg: la realidad más extensa se compone de millones de procesos fisiológicos coordinados. Cuando, finalmente. la conciencia al­canza el estado de silencio o conocimiento puro, la conexión mente cuerpo está proyectando el estado óptimo de funciona­miento, en el que nada es fortuito, ni existen tensiones. De he­cho, en este estado se puede eliminar el estrés. del sistema nervioso central, porque ya no existe una tendencia fisiológica, que lo estimule. En este nivel del yo, la fisiología se dirige auto­máticamente hacia un funcionamiento óptimo, puesto que, por naturaleza, esa es la tendencia del flujo de la inteligencia.

En otras palabras, la conciencia es la proyección total de la actividad de nuestro sistema nervioso, Cada proyección es dis­tinta. así como cada pensamiento, Lo que llamamos "estados superiores de conciencia" deben ser, también, diferentes nive­les de funcionamiento del cerebro; de otra manera no podrían estabilizarse y no tendrían una realidad fisiológica. De hecho. todo lo que sucede durante el proceso de trascender debe te­ner una correlación fisiológica o no sería verdadero, la mente estaría simplemente engañándose a sí misma. Cuando decimos que la conciencia se ha expandido y que la inteligencia ha en­contrado un nuevo canal por el cual fluir, es porque algo real tiene que estar sucediendo.

Me gustaría mencionar que la técnica MT no es, obviamente, la única manera de trascender. El proceso es tan antiguo co­mo la conciencia humana y lo han experimentado algunas personas talentosas a través de la historia. Es por esto que Mas­low pudo relacionar sus estudios sobre las experiencias máxi­mas, con las experiencias trascendentales del pasado. La técnica MT es eficaz. fácil. sistemática y útil para todos. La ciencia la ha registrado minuciosamente, paso a paso; además no requiere de una orientación doctrinaria. Por estas razones la recomien­do ampliamente. Si al escribir este libro hubiera descubierto al­go que se pudiera comparar con la MT, lo recomendaría también

Más allá de la trascendencia: Estados superiores de conciencia

Cada estado de conciencia, crea una nueva realidad. Cada Uno es un nivel diferente de la relación mente cuerpo; cada uno hace que entre en operación un aspecto diferente de la inteli­gencia infinita. Gracias a la flexibilidad ilimitada del sistema ner­vioso central, nuestra inteligencia, puede suprimir partes de si misma y hacer que funcionen otras cuando lo desea. Cuando estamos dormidos, nuestra inteligencia activa la bioquímica del sueño. Cuando estamos despiertos, activa una bioquímica dife­rente. Las posibilidades son ilimitadas, a pesar de que no todas son evidentes en cualquier momento. Las que están ausentes no son irreales, sólo no se pueden ver. El gran psicólogo nor­teamericano William James, al hablar de otros estados de con­ciencia escribió: "Al mínimo toque, están ahí, en su totalidad."

Esto es exactamente lo que vemos cuando el acto de tras­cender se vuelve un hábito arraigado. Esta situación introduce nuevos estados de conciencia que portan realidades completa­mente diferentes, tan diferentes como despertar, dormir o so­ñar. Estos son los tres estados de conciencia; a la conciencia trascendental, la que se logra por medio de la meditación, la podríamos llamar el cuarto estado de conciencia. Es el estado de silencio de la autoconciencia; en él, la actividad cerebral es totalmente coherente y se coordina con el cuerpo. sin ningún esfuerzo, para producir la corriente de inteligencia pura. Por lo tanto, y hablando de manera general, ese estado es el mismo para todos, como lo es dormir o soñar. Claro que todos tene­mos diferentes clases de sueños y no hay dos sueños iguales; por consiguiente, podemos esperar la misma variación cuando la gente experimenta la trascendencia. No existen dos experien­cias exactamente iguales, pero los principios generales son los mismos, en lo que concierne a la relación psicofisiológica.

Cuando se ha cultivado la trascendencia durante cierto tiem­po (lo cual varía ampliamente, de persona a persona), la con­ciencia retiene su contacto con el yo, durante los otros tres estados de conciencia. Cuando se miden, con un electroence­falograma, las ondas cerebrales de alguien que medita, se pue­de apreciar que la coherencia propia de la trascendencia se mantiene aun al estar despiertos, durmiendo o soñando. Es así como la trascendencia nos puede brindar sus beneficios, puesto que persiste en la fisiología del sistema nervioso central incluso después de los 20 minutos de meditación. En otras palabras, la inteligencia la prefiere; pues la atención reconoce esta prefe­rencia como una sensación de claridad, sinceridad, tranqui­lidad interna, incremento de la vitalidad y silencio mental que no excluye la actividad. Según la terminología de la Meditación Trascendental, misma que continúa una tradición que viene de tiempo atrás, este nuevo estado se llama conciencia cósmica. Aquí, la palabra cósmica significa total, que abarca todo; o sea, que la trascendencia se ha implantado por completo. Es el estado en el cual se ha activado, por primera vez, el flujo infinito de la inteligencia universal. Al trascender, se limpia el escena­rio; en la conciencia cósmica comienza el drama completo de la vida.

En efecto, el fisiólogo puede confirmar, realmente que la con­ciencia cósmica es distinta en sí y que se puede calificar como el quinto estado de conciencia. No sólo se mantiene la co­herencia de las ondas cerebrales día y noche, como ya he mencionado, sino que aparecen otros cambios biológicos. La cantidad del aminoácido fenilalanina aumenta en la sangre y disminuye la cantidad de hormonas típicas del estrés, como el cortisol de las glándulas suprarrenales. Hay un sinnúmero de cambios correlacionados en las hormonas de la pituitaria, in­cluyendo la tiroestimulina, la hormona del crecimiento y la pro­lactina. A medida que se demuestre que hay más personas en estado de conciencia cósmica, los investigadores esperan que aparezcan nuevas sustancias, aquellas que habían sido supri­midas por la fisiología en tensión; parece que esto es una ver­dadera posibilidad. Extendería la conexión psicofisiológica hacia los estados superiores de conciencia.

Con la conciencia cósmica termina nuestra búsqueda del yo. Cuando se logra este estado, la persona puede crear su propia realidad. Los canales de la inteligencia infinita están totalmente coordinados y la naturaleza está lista para actuar. Cualquier pen­samiento de compasión, amor, esperanza y superación perso­nal que pueda surgir, se integra a la vida diaria. Esta se vuelve totalmente positiva y armoniosa. Las profundidades de la con­ciencia salen a la superficie, con toda su vitalidad y creatividad. Todas las acciones se hacen bien, naturalmente; cada deseo tie­ne como objetivo las metas más grandes de la vida. Por lo tan­to, siguiendo el principio de "lo más alto, primero", sólo hay que tener un deseo y la naturaleza hace el resto. Estar en con­ciencia cósmica es crear la vida a partir de toda nuestra inteli­gencia.

Debe quedar claro que esto constituye una necesidad. Nues­tras buenas intenciones y las emociones positivas no han hecho nada para cimentar una realidad totalmente positiva. Al nivel de la conciencia colectiva. hemos estado de acuerdo con el mie­do, el odio, la guerra. la enfermedad. el sufrimiento y la muer­te. Se han convertido en nuestra herencia. y cada día dispone­mos de ella. El cambio sólo es posible a nivel del yo. como ya lo hemos comprobado muchas veces a lo largo de esta obra. Si la vida se debe fijar en un plano más elevado. debemos bus­car ese plano. Existe en nuestra mente y en nuestro cuerpo; es la posibilidad de lograr la conciencia cósmica.

Hoy en día. no hay nada más importante para la humanidad que comprender que este estado se puede lograr fácilmente. todos estamos creando ya la realidad. Al cambiar levemente el énfasis lío que se logra sin ningún esfuerzo, a través del proce­so de la trascendencia). podemos crear una realidad que me­rezca llamarse humana. Nuestras acciones normales de todos los días no son las correctas todavía; somos testigos de que pre­valecen los asesinos silenciosos: cáncer y enfermedades del co­razón. Las personas que desarrollan estas enfermedades no han decidido hacerse daño conscientemente. Han adoptado estilos de vida comunes. en los que participan quienes están a su alre­dedor. No obstante. muchas de sus acciones diarias las llevan a la autodestrucción completa. Su conciencia no ha comprendido esto; nadie siente que él mismo es responsable de la en­fermedad. mucho menos del sufrimiento humano y de la guerra. Cada quien actúa simplemente desde su propio nivel de con­ciencia; esto ocurre con todas las personas. sin importar lo que pensemos de sus acciones. si son correctas. incorrectas. bue­nas o malas.

De hecho. es totalmente irrelevante lo que pensemos de nuestras propias acciones; simplemente actuamos como nos dicta nuestro nivel de conciencia. Si queremos cambiar nuestra exis­tencia de una manera significativa. entonces debemos cambiar nuestro nivel de conciencia; tenemos que hacerlo. Hablar. pensar, discutir, esperar y rezar por una vida mejor sólo satisface un nivel superficial de la mente, a duras penas. Cuando en ver­dad ocurre el cambio, es algo real, no es sólo una disposición; no tiene nada que ver con el hecho de observar nuestros pro­blemas o tratar de controlar nuestros impulsos lo mejor posible, pues ellos son nuestra realidad. Los deseos son, en efecto, el camino hacia la conciencia cósmica.

El deseo es el padre de la realidad; lo que deseamos es. sim­plemente, lo que queremos hacer. Los deseos son los impulsos de la inteligencia que surgen dentro de nuestra conciencia y. por lo tanto, son todo lo que tenemos que seguir. Momento a momento, nuestros deseos nos guían. De esa manera, llega­mos al punto esencial: lo que queremos, y gozamos resulta ser bueno para nosotros. Esto sólo puede ser cierto en la concien­cia cósmica.

Se puede apresurar el proceso de coordinación de la mente y el cuerpo en el mayor grado posible. Al aprender a trascen­der, el sistema nervioso logra un estado en el cual pensar se vuelve más provechoso. Los impulsos del Pensamiento pueden surgir y dirigirse hacia el nivel de la acción, directamente. De esta manera, un deseo se realiza instantáneamente. De hecho, todos los pensamientos de iluminación surgen sin oposición al­guna, y de manera eficiente; no se encuentran con ninguna fric­ción en forma de estrés o de impulsos contrarios. Esos pensa­mientos perfeccionados se llaman sidhis, en sánscrito, y es po­sible practicar su mecánica aun antes de que la mente esté en estado de iluminación.

En efecto, los sidhis hacen posible el movimiento durante la trascendencia. He encontrado muy útil cultivar este refinamiento del proceso de trascender (he seguido el programa Sidhis, MT por muchos años, el cual es una extensión de la técnica MT), pero como es absolutamente necesario aprender a trascender para que estos pensamientos perfeccionados tengan algún sig­nificado, los guardaré para obras posteriores. Sin embargo, para mostrar hasta dónde puede llegar la coordinación mente cuerpo, permitan me” mencionar que los sidhis se utilizan pa­ra expander las emociones positivas como el amor y la compa­sión; para refinar en gran medida todos los sentidos, permi­tiendo una apreciación directa de la naturaleza en sus niveles más sutiles; para adquirir mayor relajación metabólica por medio del control de la respiración y de otras funciones corporales y para contar con el apoyo de la naturaleza en toda tarea. Cons­tituyen la tecnología del futuro para cualquiera que haya logra­do conocer la trascendencia a fondo.

Después de la Iluminación

Así como trascender es un requisito previo para lograr la concien­cia cósmica, ésta es un requisito previo para lograr una evolu­ción superior. Los estados superiores de conciencia surgen de aquí. No tomaré mucho tiempo hablando de ello, pero son los ni­veles supremos de la experiencia humana. Aquellos que los logran son los guías de la humanidad y los progenitores de todo lo que consideramos noble y digno en el ser humano. Cuan­do efectuemos un cambio en nuestra conciencia que nos haga considerar la enfermedad, el sufrimiento, la violencia y la muer­te como pesadillas, como realidades que no existen y que no merecen llamarse humanas, entonces los estados superiores de la vida del hombre se volverán naturales. Son la primavera de nuestro año, pero nosotros todavía estamos en invierno.

Una vez que la fisiología ha estabilizado la conciencia cósmica, se dice que se ha iluminado. En un sentido literal, no hay más rincones oscuros. Las diferentes clases de tensiones y el mal funcionamiento que permiten que la inteligencia no trabaje adecuadamente y que cree la enfermedad, ya se han elimina­do. Donde una vez hubo oscuridad, ahora hay luz, que es sim­ple inteligencia. En nuestros mejores momentos de amor. salud. alegría y creatividad, ya estamos iluminados. Continuar con estos momentos en nuestra realidad diaria es lograr la conciencia cós­mica. No tenemos que adquirir ninguna habilidad nueva para iluminarnos; sólo tenemos que permitir que la naturaleza eli­mine los obstáculos para que la conexión mente cuerpo actúe con óptima eficacia.

Maharishi Mahesh Yogi nos ha proporcionado algunas bellas descripciones de los niveles más altos de la existencia humana común. En el sexto estado de conciencia, un nivel superior a la conciencia cósmica, obtenemos la habilidad de percibir los valores relativos más finos presentes en la superficie de cada objeto al mismo tiempo que mantenemos una conciencia ilimi­tada". A esto se le llama conciencia cósmica depurada. En la conciencia cósmica, la conciencia ha abierto la brecha, pero una vez que se ha refinado, todo lo que los sentidos pueden ver, tocar, escuchar, oler y saborear, se vuelve muy hermoso. En el séptimo estado de conciencia, "cada objeto se percibe con su valor infinito y el abismo que existe entre el conocedor y el objeto de conocimiento, desaparece, al unirse por medio de un puente. El conocimiento es total y completo". Maharishi lo lla­ma conciencia de la unidad y expresa. "No existe un desarrollo más amplio fuera de este estado unificado, porque el que per­cibe y el objeto de la percepción se han elevado al mismo valor infinito." La vida comienza a vivirse como un todo, como uni­dad, y a disfrutarse como una realidad diaria.

Se le ha hecho un gran daño a la vida al desconocer estas posibilidades. Ahora que las conocemos, nos haría más daño seguir como si la realidad anterior, con sus continuas amena­zas, fuera permanente. La realidad anterior no es permanente, está cambiando a nivel de la conciencia colectiva y cediéndole el paso a algo nuevo, a algo mejor. Estudiaremos la prueba de ello en el último capítulo, que es una visión de integridad.

  1. Uno es todo y todo es uno

Cada gota de savia contiene el valor completo de todo el árbol.  Maharishi Mahesh Yoyi

Ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor silvestre; atrapa al infinito en la palma de tu mano, y a la eternidad en una hora Wlliam Blaka

La realidad existe porque estamos de acuerdo con ella. Cada vez que la realidad cambia es porque este acuerdo ha cambia­do. En la historia de la ciencia a esto se le llama un cambio pa­radigmático El notable historiador de la ciencia Tomás Kuhn propuso por vez primera esta idea en su libro La estructura de las revoluciones científicas, en el cual describe el paradigma co­mo un sistema científico que explica la realidad. Es como una cerca que encierra todos los hechos científicos de la época y que abarca la visión actual del mundo. Por ejemplo, hasta 1453 to­do el mundo estaba de acuerdo en que el sol salía del Este y se metía en el Oeste. Esta creencia se afirmaba por medio de los sentidos y todos los sucesos que necesitaban explicación cien­tífica concordaban con este hecho. Sin embargo, en el siglo XV se efectúo un cambio. Los observadores comenzaron a darse cuenta de nuevos acontecimientos que ocurrían en la naturale­za. Como la naturaleza es infinita y siempre se encuentra pre­sente, sería más acertado decir que el hombre comenzó a darse cuenta de cosas que había pasado por alto o que no quería per­cibir. Cuando Copérnico expuso su teoría de que no era el sol el que se movía en el cielo, sino que era la tierra la que giraba alrededor del sol. causó una revolución: el antiguo paradigma se vino abajo.

Revolución es la palabra adecuada para este proceso. por­que todo lo que la antigua realidad explicaba se tuvo que inter­pretar de nuevo. Una vez que se voltea el carro de manzanas, todo su contenido tiene que recogerse de nuevo. Lo que debe­mos comprender es que nadie pensó que él quería que el para­digma cambiara. Con una perfecta retrospectiva, vemos que las teorías de Copérnico, Galileo y Newton dieron origen a una nue­va realidad intensa muy interesante. La gente de esa época no pensó lo mismo al respecto, y aquellos que tenían intereses crea­dos con la opinión pública “ortodoxa", así como todas las perso­nas “razonables" se opusieron totalmente a la "nueva ciencia.

El paradigma no es un hecho en sí, sino un concepto. Para que la realidad cambie, se debe aceptar el concepto y eso sólo puede suceder a nivel de la conciencia colectiva. Genios como Newton y Einstein van por delante  se puede decir que ellos aceleran primero, la nueva realidad  pero todos necesitamos seguirlos, si se va a aceptar el cambio como un acontecimiento "verdadero". En nuestros días, más de medio siglo después de que se planteó por primera vez la teoría general de la relativi­dad. su comprensión no forma parte del conocimiento común. Hasta hace quince años, se pensaba que la relatividad era de­masiado difícil para que la comprendieran alumnos de secun­daria y muchos maestros de física sólo tenían una vaga idea al respecto; no obstante, es la realidad. La realidad es aquello con lo que estamos de acuerdo y cualquiera que haya observado la naturaleza, a través de los ojos de Einstein y de las dos gene­raciones siguientes de nuevos físicos, comprende que ha ocu­rrido un gran cambio, cuyas consecuencias derribarán, tarde o temprano, todas las opiniones ya aceptadas.

La naturaleza es infinita y, por lo tanto, ningún paradigma científico puede explicarla toda. Una vez que cambiamos nuestra visión de la realidad, la naturaleza tiene mucho más realida­des que mostrarnos. Debemos comprender que la realidad pue­de cambiar siempre que nuestra visión de nuestra naturaleza, con sus infinitas posibilidades, decida que debe haber un cam­bio. La mayoría de la gente no toma en cuenta esto. Por ejemplo, piensa que es verdad que la tierra gira alrededor del sol y no lo contrario. De hecho, este interrogante es meramente una cuestión de pers­pectiva. tanto la tierra como el sol se encuentran suspendidos en el espacio. Sus movimientos forman parte del movimiento de rotación de nuestra galaxia. la cual se está alejando del ori­gen del big bang, a una velocidad asombrosa.

El que usted crea que la tierra se mueve alrededor del sol. o viceversa, depende de dónde esté parado. de lo que quiera saber y de cómo actuaría al saberlo. Los astrólogos medievales colocaban a la tierra en el centro de sus cartas astrológicas, con el ánimo de que los conocimientos se comprendieran claramente. Así, si queremos ser muy precisos. lo mejor y más sencillo es trazar un sistema solar en el que el sol esté en el centro, por­que de esa manera todos los planetas se mueven a su alrededor, en elipses simples y regulares. En el sistema antiguo, los planetas tenían que retroceder y experimentar "un movimiento retrógrado". como lo indica el término. Para el ojo que observa el cielo de noche, eso es exactamente lo que los planetas pare­cen hacer. Para ellos, esa era la realidad y por lo tanto, ahora se encuentra así en las cartas astrológicas.

La gente no acepta hechos que no encajen en su visión del mundo. Si se le dice o, incluso, si ve por sí misma que el cáncer se puede curar de manera espontánea, o que algunas porciones del cerebro se pueden extirpar sin pérdida para la mente, o que un retardado mental pueda interpretar a Chaikowsky en un concierto de piano sin siquiera haber tomado clases, o que idiotas congénitos pueden hacer complicados cálculos matemá­ticos en un instante, o que algunos seres humanos pueden ca­minar sobre carbones calientes (por mencionar sólo unas cuantas noticias periodísticas que usted pudo haber leído en los dos úl­timos años), estos hechos, para ellos no tienen realidad, hasta que suceda algo más esencial. Lo que se necesita es, primero, una explicación mejor que la anterior, y segundo, un cambio en la conciencia colectiva para crear plenamente la nueva realidad.

Lo que he venido planteando aquí es que la salud perfecta es una realidad para todos y que cada uno puede expandir la inteligencia infinita que corresponde. Cualquier hecho que la mente humana pueda concebir, se puede lograr. Una gran por­ción de la naturaleza, que la visión común del mundo y la ciencia actual no pueden explicar, está a punto de mostrarse. A medida que esto suceda, la conciencia colectiva descubrirá una realidad humana mucho más intensa que la que conocía. De hecho, esa es la única razón para que la humanidad, como una colección de mentes individuales, cambie su visión de la reali­dad; la posibilidad de desarrollo es intrínseca en nosotros. Nues­tra mente es una parte esencial de la naturaleza y por eso compartimos la fuerza de la evolución que hace que todo pro­grese en la naturaleza, manifestando más y más las posibilida­des de la inteligencia. Se comprende que cualquier paradigma encuentre resisten­cia para ser aceptado. Cada paradigma explica todo; nuestro paradigma actual, que afirma que es "imposible" que la reali­dad interna de una persona y la realidad externa del mundo armonicen por completo, se considera correcto hoy en día. El nuevo paradigma explicará también todo, pero explicará aún más. He aquí algunos signos del cambio y de hecho podrán ex­plicarse.

  1. Algunos investigadores han descubierto que cuando se en­trena a un grupo de ratas de laboratorio para una tarea nueva, por ejemplo, aprender a correr a través de un complicado labe­rinto, otras ratas, en otras partes del mundo, son capaces de hacer lo mismo, con mayor facilidad. Estas ratas no tienen nin­guna relación genética con las del primer grupo sólo el hecho de ser ratas. No tienen ninguna conexión física ni comunica­ción alguna con el grupo original. Parece que aprenden con más rapidez sólo porque el primer grupo ya aprendió la tarea.
  2. Aún más interesante es la historia de unos monos japone­ses que viven en estado salvaje, en la isla de Koshima, lejos de las principales islas de Japón. Este relato científico se hizo fa­moso gracias a LyaIl Watson, biólogo inglés que reportó el inci­dente en su libro Lifetide. (Ha escrito una serie de libros, todos fascinantes, sobre sucesos de la naturaleza que retan a la razón en los límites de la ciencia.)

Un poco después de que terminó la segunda guerra mun­dial, los científicos japoneses que estudiaban a estos monos de­jaron unos camotes en la playa, para que se los comieran. Sin embargo, a pesar de que los camotes les gustaban, se les difi­cultaba comerlos porque se ensuciaban de arena, pues los científicos los tiraron en la playa. Más tarde, en 1952, a cierta hembra

joven de ese grupo de monos, a la que los científicos llamaron Imo, se le ocurrió la idea de llevar los camotes a un manan­tial para lavarlos. A la inteligencia que empleó la mona para encontrar una solución tan original al problema, Watson la lla­ma ingenio y la compara con el descubrimiento de la rueda por el hombre. Los otros monos jóvenes observaron a Imo, se die­ron cuenta de su truco y pronto muchos de ellos comenzaron a hacer lo mismo.

Con el tiempo, todos los “nonos jóvenes lavaban su comida. sin embargo. lo interesante fue que los monos mayores de cin­co años sólo hacían eso si imitaban directamente a un mono joven. En el otoño de ese mismo año un gran número de mo­nos de Koshima lavaba su alimento, pero ahora en agua de mar, porque Imo, "el genio" de la tribu había descubierto que el agua salada no sólo lavaba el alimento, sino que le daba un sabor que les gustaba a los monos. De manera arbitraria Watson men­ciona que el número más grande de monos que hacia eso era ya de 99. Después, una noche, el mono que faltaba para com­pletar los 100 aprendió a lavar su alimento. Watson comenta un fenómeno extraordinario que ocurrió:

Aparentemente el hecho de que se llegara al número 100 hizo que se cruzara una especie de umbral, llevando al grupo hacia una especie de masa crítica, ya que esa noche casi todos en la colonia lavaban su alimento; y no sólo eso, sino que el hábito parece haber saltado barreras naturales para aparecer, de ma­nera espontánea, como cristales de glicerina en frascos sellados de laboratorio. en colonias de otras islas y en el territorio conti­nental de Japón, en un grupo de Takasakiyama.

Según la teoría de la evolución propuesta por Darwin y que sostienen en la actualidad los especialistas en genética, esto es imposible. ¿Cómo puede transmitirse una característica de manera espontánea, en la misma generación de especies. al mis­mo tiempo y en diversos lugares. distantes unos de otros? La glicerina en frascos. que Watson menciona, es un ejemplo si­milar, en el cual ni siquiera fue una especie viviente la que aprendió el nuevo comportamiento. Es extremadamente difícil hacer, que la glicerina se convierta en cristales; no obstante, después de la primera vez que esto se logró, la glicerina que se encon­traba en frascos sellados. en otros laboratorios. se cristalizó de manera espontánea. Igual que en “el fenómeno del centésimo mono", la inteligencia estaba actuando con una autorreferen­cia, cruzando barreras de una manera imposible". Sin embar­go, éste es el comportamiento simple y natural de la inteligencia: se afecta a sí misma, por si misma y a través de si misma no conoce barreras absolutas. Es obvio que la inteligencia no se sale de sus límites así nada más, sino que respeta sus propios caminos. No obstante, sabe cómo establecer nuevos caminos. Cuando surge la necesidad de nuevas realidades, éstas se crean.

El comentario más revelador de Watson, considerando lo que ya hemos hablado sobre la conciencia colectiva, fue el siguien­te: “Puede ser que cuando la mayoría de la gente piensa que algo es verdad, se vuelve verdad para todos." Einstein decía algo muy parecido respecto a sus ideas sobre la teoría de la rela­tividad.

  1. Si la conciencia colectiva es algo real, debemos ser capa­ces de hacer algo con ella. Desde este punto de vista, la organi­zación de la Meditación Trascendental ha llevado a cabo experimentos para ver si la conciencia colectiva se puede esti­mular, con el fin de que sea de mayor apoyo vital. Los resulta­dos de los experimentos son sorprendentes, puesto que prueban que el nuevo paradigma es cierto. Hasta el momento, se han llevado a cabo docenas de estos experimentos. Sólo mencionaré lo más sobresaliente: En 1976, en un estudio publicado por el psicólogo doctor Candace Borland, se encontró que cuando el 1% de la población de una ciudad ha comenzado a meditar, dismi­nuye, espontáneamente, el número de crímenes en la ciudad. Al estudiar a un grupo de once ciudades norteamericanas en las cuales se había registrado un 1% de personas que habían aprendido la MT, el doctor Borland encontró que el cri­men había disminuido un 16% en un año, al comparar dichas ciudades con otras en las que, como en el resto del país (EUA), en ese momento había un aumento en dichos delitos. Este estudio se ha repetido muchas veces en cientos de pue­blos y ciudades, siempre con resultados similares.

En 1979, se reunió un grupo muy grande de meditadores en la Universidad de Massachusetts, en Amherst, para asistir a una asamblea que incluía varias sesiones de meditación en grupo cada día. Los fisiólogos de la Universidad Internacional de Maharishi, en Iowa, midieron la actividad cerebral de los in­dividuos que se encontraban meditando aquí al mismo tiempo.

Sin tener contacto alguno con el grupo de Amherst y sin saber a qué hora meditaba éste (empleaban una técnica que se llama Sidhis, MT), los meditadores de Iowa mostraron un aumento en la coherencia de ondas cerebrales, exactamente al mismo tiempo que el grupo de Amherst comenzaba a practicar sus técni­cas. No había coherencia ni antes ni después de este periodo específico.

En el invierno de 1983, un grupo bastante grande de medi­tadores, alrededor de 7.500, se reunió en Iowa, para otra asamblea; ahí se practicó la MT en grupo y las técnicas avanza­das de las Sidhis, MT. Los sociólogos estudiaron más de una do­cena de variables que podían afectarse a nivel de la conciencia colectiva. Utilizando técnicas estadísticas muy sofisticadas y con­fiables, encontraron que habían ocurrido cambios notables jus­tamente durante este periodo, la bolsa de valores, después de meses de inactividad, comenzó a recobrarse, teniendo un alza continua hasta el último día de la asamblea. Una vez que las 7.500 personas terminaron su meditación en grupo, la bol­sa de valores comenzó a bajar casi de golpe. Aunque no de una manera tan drástica, otros índices cambiaron también: los acci­dentes automovilísticos disminuyeron, así como los delitos, y en las noticias se informó sobre menos conflictos internacionales. Estos resultados parecen imposibles, a menos que uno com­prenda que la realidad se forma a nivel de la conciencia colec­tiva; en ese caso, los resultados son sorprendentes y muy pro­metedores para lograr que la realidad humana sea positiva y progrese. En los últimos quince años, se ha llegado a resulta­dos. similares. en docenas de experimentos, observando los efec­tos de la meditación en los índices nacionales de delitos. conflictos militares. accidentes automovilísticos, incidencia de enfermedades,  en varios sistemas que miden la calidad de vida en general. Según el paradigma actual, estas variables no tie­nen ninguna relación entre sí. No hay razón para que mejoren al mismo tiempo. ni para que lo hagan de manera espontánea. en correlación con la meditación de los grupos de personas que se encuentren distantes. La razón por la que tales resultados son posibles es que la inteligencia es una. Si la inteligencia individual puede curar de manera espontánea una enfermedad. y puede hacer que sur­jan más pensamientos de paz y amor, así como eliminar el estrés interno y dirigir la mente hacia actitudes positivas, entonces no hay nada que impida que este proceso suceda en una esca­la mayor. Toda realidad se comparte y la realidad de uno es la realidad de todos. A nivel de la conciencia colectiva, hemos estado de acuerdo sólo con esta realidad. Tenemos que estar­lo. pues sólo al compartir la inteligencia se puede crear cual­quier realidad.” sólo hay una inteligencia, pero ésta se manifiesta a través de canales completamente diferentes.

El nuevo paradigma se está formando a partir de muchas fuentes diversas. Ya hemos hablado sobre la nueva física, la cual dio principio al cambio paradigmático por medio de la teoría de la relatividad. Algunos pensadores, físicos de vanguardia, plantean actualmente, que la conciencia colectiva es la única hipótesis que puede explicar el universo que vemos y acepta­mos como verdadero. El doctor Rupert Sheldrake. biólogo in­glés, está promoviendo el estudio de la "fuerza escondida" que puede explicar hechos como el fenómeno del centésimo mo­no. Plantea que los cambios en la forma de las plantas y los animales pueden ser causados en un nivel más sutil que el del ADN. En otras palabras, en lugar de basarse sólo en la estruc­tura de los genes, está observando su calidad abstracta, o sea, la información que codifican. Como ya lo hemos visto, los ge­nes no sólo son algo físico; transmiten el conocimiento completo de toda la evolución. El doctor Sheldrake ha descubierto la exis­tencia de campos de información que, efectivamente, le dan a la vida las formas que vemos. Estos "campos morfogenéticos" mol­dean la vida antes de que se manifieste en forma física. En esen­cia, son la versión de los pensamientos que tiene la naturaleza.

La idea de un campo le sirve de fundamento a muchos de los conceptos de la nueva física. Lo que una vez se consideró como electrones aislados o como ondas de luz aisladas, ahora se cataloga como manifestaciones de campos infinitos. Los cam­pos son la "verdadera" realidad.” lo que vemos son sólo suce­sos locales que surgen de ellos. Sheldrake está extendiendo dicho concepto del campo, a la biología y los investigadores de la MT lo están llevando al ámbito de la conciencia humana. De esta manera se esparce el paradigma, moviéndose de un lado al otro. hasta que se recojan todas las manzanas que se caye­ron del carro. ¿Por qué la conciencia debe ser un campo? Los doctores R Keith Wallace, Michael Dillbeck y David Orme,Johnson, cientí­ficos de la MT, propusieron el concepto de un campo de con­ciencia sólo para explicar los resultados de los experimentos que se mencionaron aquí. ¿Cómo es posible que dos cerebros se afecten uno al otro, a distancia? ¿Cómo puede la meditación, ya sea en grupos grandes o pequeños, hacer que disminuya el índice de crímenes? Contando ya con cientos de descubrimien­tos confiables y certeros y teniendo la necesidad de explicarlos, los científicos de la MT han aprovechado el nuevo paradigma. Si consideramos la conciencia humana como un campo infini­to, del cual cada persona es una expresión local, entonces se vuelve factible que una parte del campo pueda afectar a la otra. Así es exactamente como funcionan los campos. Una brújula en cualquier parte del campo magnético de la tierra se alineará con éste de manera espontánea y apuntará hacia el Norte. Por lo tanto, si el proceso de trascender permite que mentes indivi­duales se tranquilicen y alcancen un estado de máxima cohe­rencia cerebral, parece lógico que otras mentes humanas sientan el efecto. Una fuerza escondida en el campo de la conciencia está moldeando los efectos que luego surgen como realidad. Una vez que comprendamos lo que es la conciencia, la fuerza deja de ser un misterio. Cuando la conciencia canaliza a la inteligencia a nivel del yo, nos brinda los beneficios de la medita­ción. En una escala mayor beneficia a la sociedad, que es la expresión de la inteligencia. Los investigadores de la MT le han dado un nombre al efec­to general que están estudiando, lo llaman el efecto Maharishi. Esto es debido a que Maharishi Mahesh Yogi, en sus enseñan­zas sobre la conciencia, fue el primero en predecir que el pro­ceso de trascender podía causar cambios a distancia, caracte­rística principal de un efecto de campo. También dedujo que tan sólo un pequeño número de personas seria necesario para producir dicho efecto. La base para dicha deducción también se origina en la física, donde se conocen muy bien los casos en los cuales sólo un pequeño número de partículas tiene que cambiar para que la totalidad cambie. Por ejemplo, si mag­netizamos el 1% de los átomos de una barra de hie­rro, el resto de la barra se magnetizará también. Esto sucede, igualmente. en las reacciones químicas: tan pronto como reac­ciona un porcentaje pequeño de una solución, el resto lo hace también, casi instantáneamente. Muchos otros efectos físicos, incluyendo el rayo laser, funcionan de la misma manera.

Por lo tanto, la misma lógica se extendió a la conciencia hu­mana. Lyall Watson ha llegado a la siguiente conclusión: si un número suficiente de nosotros piensa que algo es verdad, se vuelve verdad para todos. Aparentemente, el efecto Maharishi muestra que no se necesita de muchos de nosotros. El adelan­to importante tuvo lugar cuando se descubrió que dicho efecto debe ocurrir en un nivel más profundo que el del pensamiento. Durante el proceso de trascender, un meditador no está pen­sando en el crimen, la guerra, o la enfermedad, tratando de ven­cerlos. Simplemente está exponiendo su percepción (al nivel del yo), a la conciencia tal y como ésta existe antes de la creación de los pensamientos; una vez hecho esto, la inteligencia hace el resto, espontáneamente. Los investigadores de la MT comen­tan: “esta nueva tecnología para crear coherencia en la concien­cia colectiva podría conducir, potencialmente, no sólo al mejo­ramiento de la calidad de vida de las ciudades, tal como lo muestran los estudios sobre delitos criminales que se citaron previamente, sino que también podría llevarnos hacia la so­lución de los conflictos internacionales y a establecer la paz mundial. En otras palabras, el efecto se puede esparcir. La conciencia coherente, pacífica y callada posee una fuerza extraordinaria, como nos lo demuestran las vidas de Gandhi. de la Madre Te­resa y de muchos otros no tan famosos. Si nuestra conciencia pudiera evolucionar hasta igualar la de ellos, entonces la mis­ma influencia se extendería a mayor distancia. Si pudieramos profundizar en nuestra conciencia más allá de lo que ellos lo hicieron. entonces la influencia perduraría.

La curación y la paz duraderas son reales sólo a nivel de nues­tro ser. Mientras que nos encontramos aislados de la naturale­za, no tendremos su apoyo, y esto incluye a nuestra propia naturaleza. El gran filósofo alemán Martín Heidegger dijo que la amenaza que acecha a la humanidad viene de” su interior, porque el hombre va contra el flujo de la naturaleza, o sea con­tra el Ser. cuando nació para vivir con él: "La naturaleza huma­na se encuentra en la relación del hombre con el Ser." Este Ser es nuestro origen. Al tratar de vivir fuera de él. todo se inte­rrumpe: "El mundo se vuelve profano y sin remedio." La gente le teme al peligro de la bomba nuclear, pero el ver­dadero peligro es este mundo sin remedio, dice Heidegger. Las demás amenazas, guerras, enfermedades. odios, muertes se derivan de él. Es aquí donde la nueva visión del mundo aca­ba con todas las amenazas. Heidegger continúa: "No obstante, donde hay peligro también nace la salvación." Sólo tenemos que regresar a nuestro origen, a nuestro ser, y la naturaleza se recuperará.

No tenemos que ser científicos para comprender la razón por la cual una realidad está esforzándose por entrar en nuestra men­te. Un mundo sin remedio es algo intolerable para nosotros. La enfermedad no es natural. No sólo sufrimos por su causa, sino que en nuestra esencia más profunda, la enfermedad nos ofen­de, pues limita nuestra libertad y lo único que la inteligencia no puede tolerar, en lo absoluto, es la pérdida de la libertad. El co­razón se expande ante las posibilidades de la salud, la alegría y el amor. Cuando comenzamos a crear salud, el mundo profa­no que nuestra mente creó se transforma en una realidad supe­rior, el mundo del corazón. El corazón humano une a todos los seres, a través de su compasión. Es el reino interno del mundo y es más grandioso que el del espacio material. Nuestros pen­samientos son como un consejero que murmura al oído de un rey”. por más sabio que sea, no es el rey. El rey es mente y co­razón, emoción e inteligencia, todo en uno. Debido a que cada individuo contiene todo esto en su interior, cada uno se puede regir a sí mismo. A nivel de nuestro ser, tenemos todo el poder que pudiéramos necesitar para crear una nueva realidad. Una vez que damos la bienvenida a nuestra conciencia de regreso a su origen. los problemas de la vida desaparecen. Uno se da cuenta de que los problemas no existen en realidad. A partir de esa creencia surge un mundo diferente, sano y sagrado.

Epilogo: El futuro

Finalmente , las nuevas realidades no son tan nuevas. Los con­ceptos que se han presentado en este libro son sólo un aspecto de una "ciencia íntegra de la vida", que se remonta miles de años en la conciencia humana. No tiene límite ni en el tiempo ni en el espacio, pero existe una tradición viva centrada en ella, en la India, y se le conoce como Ayurveda. El nombre provie­ne de dos raíces sánscritas: ayus, "vida", y vedo, "conocimien­to". Ya he hablado de algunas de sus premisas básicas: a) La naturaleza es inteligente; b) el hombre es parte de la naturale­za, y, por lo tanto, el la misma inteligencia los impregna. a am­bos. Tomando estas pocas ideas como hechos evidentes por sí mismo, el Ayurveda descubre una riqueza en tecnologías para mantener la salud, no solamente en el hombre, sino en todos los aspectos de la naturaleza que comparten la inteligencia in­finita.

El Ayurveda emplea sus técnicas para lograr equilibrio. Cuan­do la naturaleza está desequilibrada, el todo está en peligro a causa de la desorganización de sus partes. Para estar sanos, todos los seres deben interactuar con la naturaleza, a través de canales de inteligencia abiertos y balanceados. El valor del cambio, o sea, el dinamismo, debe estar en equilibrio con el "no cambio", es decir, la estabilidad. A esto le llamamos ho­meostasís, que es el equilibro de las funciones que mantienen estable la fisiología de un organismo vivo. El conocimiento de la homeostasis que ha logrado la medicina moderna a partir de la mitad del siglo pasado, es compatible por completo con el Ayur­veda. Sólo se tiene que construir un puente entre la visión de un mundo y la del otro.

En general, ése ha sido el propósito de este libro. El Ayurve­da consta de volúmenes que hablan sobre la relación existente entre el alimento, el comportamiento, los ritmos biológicos, el medio ambiente y el pensamiento; y eso lo examina en relación con el todo. Debido a que el hombre y la naturaleza son totalmente compatibles en el sistema ayurvédico, el médico que comprende el Ayurveda puede recetar una serie de hierbas, terapias purificadoras y técnicas rejuvenecedoras para curar la enfermedad y promover la longevidad de la manera más natural posible. Cuando se practica de manera correcta. el Ayurveda no tiene efectos secundarios. Actúa desde el nivel de la inteli­gencia común al hombre y a la naturaleza. En verdad, el Ayurveda ve al hombre como la personificación de todo el poder de la naturaleza. completo e infinito. Un famoso aforismo sobre los textos ayurvédicos dice: "El Ayurveda es para la inmor­talidad." El potencial humano es llevado hacia lo máximo.

En un futuro escribiré sobre las técnicas ayurvédicas. tan sen­cillas y excelentes que no requieren de ningún esfuerzo. Quie­ro mencionar que todas ellas comienzan con la conciencia; por lo tanto, al describir el proceso de la trascendencia, ya les he hablado de la terapia más poderosa que se conoce en la ciencia de la vida. La última parte de este libro se ha enfocado hacia la conciencia como un campo. Debido a que no se puede se­parar del campo universal que origina la realidad, nuestro cam­po de conciencia contiene todas las posibilidades. El futuro, hasta donde yo lo puedo ver, revelará esta verdad, que encierra la llave maestra para la salud perfecta y la felicidad; está a punto de formarse una nueva realidad.

En las siguientes líneas planteo, de manera más específica, la forma en que se desarrollará la realidad que compartimos:

  1. Un mayor número de gente logrará acceso a la com­prensión del campo de la conciencia.
  2. Debido a que habrá una elevación en la conciencia, pre­senciaremos cómo disminuye el número de muertes causadas por las enfermedades comunes de hoy en día, cáncer, apoplejía, hipertensión y ataques cardiacos, y el de los decesos causados por accidentes de todo tipo.
  3. La gente vivirá más y con más salud. El alcohol, el ci­garro y las drogas recreativas perderán su dominio so­bre la vida de las personas. Habrá un adelanto en la ciencia gracias a la comprensión de la verdadera natu­raleza humana. Actuaremos de manera correcta naturalmente, eso será una característica normal.
  4. Los grupos de personas que hayan aprendido el pro ceso de trascender, activarán el campo de la conciencia de manera cada vez más profunda y con beneficios cada vez mayores para ellos. Surgirán individuos sumamente desarrollados que experimentarán y comprenderán realmente la conciencia de sí mismos. Las experiencias máximas ya no serán accidentales. Esta gente sumamente desarrollada logrará una salud óptima y se mantendrá así.
  5. A medida que se investigue más la dinámica de la con­ciencia en grupo, se utilizará con éxito para solucionar problemas sociales a una escala más amplia. El crimen y el comportamiento anormal de la sociedad disminuirán de manera drástica. La prosperidad y el progreso avanzarán de igual manera. La paz mundial se volverá una posibilidad práctica y no será sólo una esperanza. La mente humana encontrará el poder de lograr lo que conciba. Cada tradición de sabiduría sostiene que nuestro alcance es ilimitado. El campo de la vida humana es un campo de posibili­dades infinitas. Dentro de cada hombre hay un dios en embrión que sólo tiene un deseo: nacer.